miércoles, 9 de octubre de 2013

"Si, después que yo muera...", un poema de Fernando Pessoa - CLUB DE LECTURA


Hermenegildo Sábat


Si, después que yo muera, se quisiera escribir mi biografía...

Si, después que yo muera, se quisiera escribir mi biografía,
Nada sería más simple.
Exactamente poseo dos fechas -la de mi nacimiento y
                                                                            la de muerte.
Entre una y otra todos los días me
pertenecen.
Soy fácil de describir.
He vivido como un loco.
He amado a las cosas sin ningún sentimentalismo.
Nunca tuve un deseo que no pudiera colmar, pues nunca anduve ciego.
Incluso escuchar para mí fué nada más que un complemento del ver.
Comprendí que las cosas son reales y totalmente diferentes una de otra:
Lo comprendí con los ojos, jamás con el pensamiento.
Comprenderlo con el pensamiento hubiera sido encontrarlas
todas iguales.

Un día me sentí dormido como un niño.
Cerré los ojos y dormí.
Y, a propósito, yo era el único poeta de la Naturaleza.




Versión de Rafael Díaz Borbón




Club de Lectura
Coordinación: Cecilia Maugeri, Virginia Janza y Karina Macció.
Dirección General: Karina Macció
Lugar: Guarida Literaria de Siempre de Viaje
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martes, 8 de octubre de 2013

"Los caracoles" de Andrea Larrieu


Jamie Kovach


Los caracoles



Afuera lloran las nubes
Andrea sabe que al salir  
lo va a encontrar 
arrastrándose 
su casita a cuestas.

No tenés que ir por  ahí, le dice
lo levanta con cuidado
lo deposita en lugar seguro
sobre la tierra 
escondido entre el pasto
arbustos gigantes como árboles
Lo cuidan.

Su hijo hace lo mismo
Nunca lo deja en el camino de baldosas rojas
Él sabe.

Un pie indiferente
ejecutor de una mente ignorante del mundo
-que su hijo sí ve-
-que ella sí ve-
lo va a pisar.

Un pie indolente 
sentirá ese crujido con sonido a roto 
y le enviará una vibración al cuerpo que lleva a cuestas
-como una casita-


Un pie apurado
tendrá la oportunidad de experimentar una descarga eléctrica de vida.
Sólo por unos segundos.
Retomará el movimiento 
seguirá la marcha. 

Su hijo pisó uno.
El sonido quebrado les duró por varios interminables minutos.
Él se afligió
se horrorizó
se preocupó.
Andrea también
Experimentó su pena como suya
Ríe, sonríe
Sufre, llora
Contesta, se enfurece
No sabe de él, se desespera
La abraza, se siente en el paraíso
Es la luna, él la tierra.

Las nubes secaron sus lágrimas
Andrea va a salir.

Mirar el piso,
se resiste.

Encontrar casitas aplastadas,
Intolerable.

Los ojos apuntan al cielo.

Pies insolentes. 
Ignoran las casitas 
buscan sus propios placeres.

Pies egoístas.
Avanzan para llegar a su propia meta
sin detenerse.

Andrea los contradice:
un salvavidas
una balsa
un remolque
una mano extendida.

Rescatar las casitas que no fueron aplastadas.
Ese es su destino.

Mirar el piso.
Está bueno.
Ser parte del mundo 
descubrir las maravillas más insignificantes
encontrar un sentido al camino de baldosas.
Aunque están esos pies
apresurados
guiados por ojos que apuntan al vacio
irrespetuosos
ensimismados en su propio universo
atolondrados
tapan la visión. 

Pies invasores.
Confunden
casi la llevan a su mundo.
Se repone
aferra sus ojos al piso.

Observa esos pies
Los mira con el alma. 

Están cansados
gastados
enajenados
necesitados
deshabitados
cargando su cuerpo como a una casita pesada
transitando el camino de baldosas.

Todos son como caracoles
las personas
los seres queridos
los caracoles.

Es cansador levantarlos todo el tiempo 
guiarlos a un lugar seguro. 

No puede con todos
la oscuridad la invade.

Vuelven al camino de baldosas
se hunde en un río de lágrimas

Piensa en los que rescató
están a salvo entre los arbustos altos.

Se llena de luz.


Andrea Larrieu
Texto producido en los talleres de Siempre de Viaje



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domingo, 6 de octubre de 2013

¡A escribir! A partir de "La máscara de la muerte roja" de E. Allan Poe


Javier Antu Dominguez


La máscara de la muerte roja

El príncipe se había ocupado personalmente de gran parte de la decoración de las siete salas destinadas a la gran fiesta, su gusto había guiado la elección de los disfraces. Grotescos eran éstos, a no dudarlo. Reinaba en ellos el brillo, el esplendor, lo picante y lo fantasmagórico. Veíanse figuras de arabesco, con siluetas y atuendos incongruentes, veíanse fantasías delirantes, como las que aman los locos. En verdad, en aquellas siete cámaras se movía, de un lado a otro, una multitud de sueños. Y aquellos sueños se contorsionaban en todas partes, cambiando de color al pasar por los aposentos, y haciendo que la extraña música de la orquesta pareciera el eco de sus pasos.
Mas otra vez tañe el reloj que se alza en el aposento de terciopelo. Por un momento todo queda inmóvil; todo es silencio, salvo la voz del reloj. Los sueños están helados, rígidos en sus posturas. Pero los ecos del tañido se pierden -apenas han durado un instante- y una risa ligera, a medias sofocada, flota tras ellos en su fuga. Otra vez crece la música, viven los sueños, contorsionándose al pasar por las ventanas, por las cuales irrumpen los rayos de los trípodes. Mas en la cámara que da al oeste ninguna máscara se aventura, pues la noche avanza y una luz más roja se filtra por los cristales de color de sangre; aterradora es la tiniebla de las colgaduras negras; y, para aquél cuyo pie se pose en la sombría alfombra, brota del reloj de ébano un ahogado resonar mucho más solemne que los que alcanzan a oír las máscaras entregadas a la lejana alegría de las otras estancias.
Congregábase densa multitud en estas últimas, donde afiebradamente latía el corazón de la vida. Continuaba la fiesta en su torbellino hasta el momento en que comenzaron a oírse los tañidos del reloj anunciando la medianoche. Calló entonces la música, como ya he dicho, y las evoluciones de los que bailaban se interrumpieron; y como antes, se produjo en todo una cesación angustiosa. Mas esta vez el reloj debía tañer doce campanadas, y quizá por eso ocurrió que los pensamientos invadieron en mayor número las meditaciones de aquellos que reflexionaban entre la multitud entregada a la fiesta. Y quizá también por eso ocurrió que, antes de que los últimos ecos del carrillón se hubieran hundido en el silencio, muchos de los concurrentes tuvieron tiempo para advertir la presencia de una figura enmascarada que hasta entonces no había llamado la atención de nadie. Y, habiendo corrido en un susurro la noticia de aquella nueva presencia, alzóse al final un rumor que expresaba desaprobación, sorpresa y, finalmente, espanto, horror y repugnancia. En una asamblea de fantasmas como la que acabo de describir es de imaginar que una aparición ordinaria no hubiera provocado semejante conmoción. El desenfreno de aquella mascarada no tenía límites, pero la figura en cuestión lo ultrapasaba e iba incluso más allá de lo que el liberal criterio del príncipe toleraba. En el corazón de los más temerarios hay cuerdas que no pueden tocarse sin emoción.

A escribir! Describí con el mayor detalle posible una reunión social con mucho movimiento (puede ser desde un cumpleaños hasta un acto político, lo que quieras!) haciendo énfasis en las formas, colores, sonidos y olores de los participantes. Luego, la imagen se congela con la irrupción de un personaje que queda fuera de código (es “el diferente”) y hace que el movimiento se detenga y todos lo miren estupefactos.

Jaime Blaset


The mask of the Red Death

He had directed, in great part, the movable embellishments of the seven chambers, upon occasion of this great fete; and it was his own guiding taste which had given character to the masqueraders. Be sure they were grotesque. There were much glare and glitter and piquancy and phantasm - much of what has been seen in 'Hernani.' There were arabesque figures with unsuited limbs and appointments. There were delirious fancies such as the madman fashions. There were much of the beautiful, much of the wanton, much of the bizarre, something of the terrible, and not a little of that which might have excited disgust. To and fro in the seven chambers stalked, in fact, a multitude of dreams. And these the dreams - writhed in and about, taking hue from the rooms, and causing the wild music of the orchestra to seem as the echo of their steps. And, anon, there strikes the ebony clock which stands in the hall of the velvet. And then, for a moment, all is still, and all is silent save the voice of the clock. The dreams are stiff-frozen as they stand. But the echoes of the chime die away - they have endured but an instant - and a light half-subdued laughter floats after them as they depart. And now the music swells, and the dreams live, and writhe to and fro more merrily than ever, taking hue from the many-tinted windows through which stream the rays of the tripods. But to the chamber which lies most westwardly of the seven there are now none of the maskers who venture, for the night is waning away; and there flows a ruddier light through the blood-coloured panes; and the blackness of the sable drapery appalls; and to him whose foot falls on the sable carpet, there comes from the near clock of ebony a muffled peal more solemnly emphatic than any which reaches theirears who indulge in the more remote gaieties of the other apartments.
But these other apartments were densely crowded, and in them beat feverishly the heart of life. And the revel went whirlingly on, until at length there commenced the sounding of midnight upon the clock. And then the music ceased, as I have told; and the evolutions of the waltzers were quieted; and there was an uneasy cessation of all things as before. But now there were twelve strokes to be sounded by the bell of the clock; and thus it happened, perhaps that more of thought crept, with more of time into the meditations of the thoughtful among those who revelled. And thus too, it happened, that before the last echoes of the last chime had utterly sunk into silence, there were many individuals in the crowd who had found leisure to become aware of the presence of a masked figure which had arrested the attention of no single individual before. And the rumour of this new presence having spread itself whisperingly around, there arose at length from the whole company a buzz, or murmur, of horror, and of disgust.
In an assembly of phantasms such as I have painted, it may well be supposed that no ordinary appearance could have excited such sensation. In truth the masquerade license of the night was nearly unlimited; but the figure in question had out-Heroded Herod, and gone beyond the bounds of even the prince's indefinite decorum. There are chords in the hearts of the most reckless which cannot be touched without emotion. 


Club de Lectura
Coordinación: Cecilia Maugeri, Virginia Janza y Karina Macció.
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sábado, 5 de octubre de 2013

Sentimentario de Dante Castelao


Arianna Papini


Sentimentario


Miedo:

Del latín, metus. Es una sensación de impotencia. Es una mano que te aprieta el corazón. Es un escalofrío que para por todo tu cuerpo y te deja inmóvil. Es un shock que no te deja pensar. 
Hace mucho tiempo, cuando el hombre empezaba a existir, no había miedo. Una noche de luna llena una madre estaba con su hijo. Ella se fue a buscar comida. El niño niño se quedó en la cueva unas cinco horas. A pocos metros su mamá estaba tirada en el suelo, muerta, con mordidas por todas partes. 

Esperanza:

Del latín expectatio. Es una sensación de esperar algo sentir que se puede hacer todavía. 
La esperanza se creó cuando en el pasado, una familia andaba sin nada pero aún pensaban que todo saldría bien. Así el padre consiguió trabajo y pudieron vivir felices.

Furioso:

Del latín furiosus. Es el descontrol total del ser humano. Es el odio que te transmite otro. Es una flama que se va haciendo más grande a medida que pasa el tiempo.
 

Guerra:

Peleas de personas que dienten odio o desprecio por el otro. La guerra siempre trae consecuencias. Lo único que se quiere es conseguir algo del otro. En ella mueren personas y se gasta mucha plata en municiones y armas cuando esa plata se podría usar para el bien. 

Pasado:

Es el atrás de hoy.

Mano:

Con una mano se pueden hacer muchas cosas. Es la parte del cuerpo con la que se expresan sentimientos a través del arte. 
La mano se puede relacionar con la amistad, con ella se pude saludar a los amigos. 

Nariz:

Es la parte del hombre con la cual se pueden sentir olores. Por ejemplo el de la comida. La nariz puede traer alegría porque cuando olés algo rico te ponés contento. 


Dante Castelao (12 años).


Carlos C. Laínez


CLUB DE CUENTOS
La propuesta de Siempre de Viaje para los chicos
Lugar: Guarida Literaria de Siempre de Viaje
Coordinación: Cecilia Maugeri y Nicolás Pazos
Dirección General: Karina Macció
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viernes, 4 de octubre de 2013

CLUB DE LECTURA - Fernando Pessoa, su filosofía y sus heterónimos

FERNANDO PESSOA EN EL CLUB DE LECTURA





Horarios de octubre

Viernes 11 de 14 a 16. Coordina: Cecilia Maugeri
Lunes 14 (feriado) de 18 a 20. Coordina: Cecilia Maugeri
Sábado 19 de 17 a 19. Coordina: Cecilia Maugeri
Miércoles 23 de 20 a 22 (por Skype). Coordina: Cecilia Maugeri
Miércoles 30 de 18 a 20. Coordina: Virginia Janza 
Miércoles 30 de 20 a 22. Coordina: Karina Macció
Jueves 31 de 18 a 20. Coordina: Karina Macció
Jueves 31 de 20 a 22. Coordina: Virginia Janza 
Viernes 1 de noviembre de 18 a 20. Coordina: Karina Macció
Viernes 1 de noviembre de 20 a 22 (Edición en inglés con el heterónimo Alexander Search). Coordina: Cecilia Maugeri



En este viaje recorreremos estos textos y algunos más.
Para ir leyendo: 

Carta a Adolfo Casais Monteiro.
“El cuidador de rebaños” (Alberto Caeiro).
“Lluvia Oblicua” (Fernando Pessoa “él mismo”).
“Ven a sentarte conmigo, Lidia, a la orilla del río”, “Prefiero rosas, amor mío, a la patria”, “Sufro, Lidia, del miedo al destino”(Ricardo Reis).
“Tabaquería”, “Lisbon revisited” y “Oda Triunfal” (Álvaro de Campos).
"El libro del desasosiego" (Fernando Pessoa).
“The picture”, “Flashes of madness”, “Epigram”, “Here And There”, “Men Of Science”, “Men Of To-day”, “The Game”, “The Giant's Reply”. (Alexander Search).



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jueves, 3 de octubre de 2013

"entreparéntesis", por Axel Levin


Jo Whaley


entreparentesis


No es temprano, ni la mañana, ni me acabo de despertar. En realidad, es la tardecita, y el aire tiene esa sensación de ficción que solo se logra en estas horas. Pero el mate está igual, bien rico y amargo, con un poco de jengibre, marcando el fluir del tiempo. Torta de zanahoria, intercalando un mordico, interrumpiendo.

Cuando me desperté me prometí escribir, lo sentía, era el momento, y no pude. Ahora lo hago, sí, pero más como una nostalgia de lo que podría haber sido. Una repetición de lo que no fue.
¿No se dio así todo mi día, acaso? ¿Porqué no pude escribir a la mañana, por qué? ¿No habría sido todo definitivamente distinto?

Para ser sinceros ni siquiera lo intenté. Dudé un instante, y me rendí a ese gesto fatal. Como si supiera que estaba entrando, irreversiblemente, a un escenario sin luces, y me sirviese de ello para negarlo.

Lo cierto, es que no puedo caer en la ingenuidad del efecto mariposa. Precisamente, porque creo en ello, en el eslabón con alas, hasta tal punto que yo, a veces, como ahora, me siento una. La mariposa del cuento que no escribí. Viviendo el día a tientas, haciendo exactamente cada una de las cosas que hice hoy, engañado. Esos bichos solo viven un día, ¿sabés?

Por qué no escribí a la mañana, por qué. Lo habría sabido. Necesité toda la tarde, y ya pasó, el día ya pasó, y el tiempo no se repite, nunca.
Al menos ahora, con las luces apagándose de verdad, cierro el paréntesis que abrí sin darme cuenta. Para que este que fui muera, y sea solo un eslabón.




Axel Levin, 2013.




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miércoles, 2 de octubre de 2013

CLUB DE LECTURA - Octubre: Fernando Pessoa

Un poeta que vale por mil

En octubre el Club de Lectura descubre los heterónimos del poeta portugués Fernando Pessoa

José Sobral de Almada Negreiros


¿Cómo escribo en nombre de estos tres?... Caeiro por pura e inesperada inspiración, sin saber o siquiera imaginar que iba a escribir. Ricardo Reis, después de una deliberación abstracta, que súbitamente se concreta en una oda. Campos, cuando siento un súbito impulso de escribir y no sé lo qué. (Mi semiheterónimo Bernardo Soares, que además en muchas cosas se parece a Álvaro de Campos, aparece siempre que estoy cansado o somnoliento, de suerte que tengo un poco suspensas las facultades de raciocinio y de inhibición; aquella prosa es un constante devaneo. Es un semiheterónimo porque, no siendo la personalidad la mía, es, no diferente de la mía, sino una simple mutilación de ella. Soy yo menos el raciocinio y la afectividad. La prosa, salvo lo que el raciocinio da de tenue a la mía, es igual que ésta, y el portugués perfectamente igual; mientras que Caeiro escribía mal el portugués, Campos razonablemente pero con lapsus como decir “yo propio” en vez de “yo mismo”, etc.; Reis mejor que yo, pero con un purismo que considero exagerado. Lo difícil para mí es escribir la prosa de Reis —aún inédita— o de Campos. La simulación es más fácil, hasta porque es más espontánea, en verso).


Además recorreremos las páginas del Libro del desasosiego.





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