lunes, 2 de abril de 2018

Lengua viral * Mariana Cambareri

   Lengua viral*


En la mano 
esta cooptación lenta
irrefrenable
esta onda expansiva
una lengua viral
desatada
que explota
muta en lo que existe
y lo que no
existe

inventa 
crea
liberada

rompe la pa-la-bra
el cuerpo
el tiempo
rompe el tiempo
de la palabra cuerpo
e x p l o s i ó n       s a n i t a r i a
que cura
inocula silencio



derrumba el lenguaje
lo obliga 
a moverse
palabracinética
poéticacción
hay barro en el cursor
que pulsa por seguir
por salir 
de la hoja
del texto
ir afuera
oler a tierra
saltar las letras
escribir agua
y sentir 
los pies mojados
la piel fresca
escribir                    a i r e
                   ver el viento
                               revolver los versos
escribir poema
y escarbar
hasta el cansancio
una puerta









*Escrito a partir de la idea de William S. Burroughs, según la cual el lenguaje es literalmente un virus.



Mariana Cambareri, 2018.




jueves, 29 de marzo de 2018

Miniapuntes de taller * Karina Macció









Nos detenemos sobre la palabra grifo, ¿agua del grifo? Pero no decimos así. En algunas partes, acotan, como en Santiago del Estero (y de pronto un lugar dentro del mismo país parece la China) llaman al “agua de la canilla”, del grifo. Parece un animal mitológico, y lo es, alguien más agrega, de Harry Potter. El grifo, ser mestizo cuya parte superior se ve águila, pero el tronco y cola pertenecen al león. Las patas vienen del pájaro o del mamífero, quién sabe. El grifo parece hecho a collage. ¿Y entonces? Alguien agrega, buscamos decir “agua corriente”, ¿no? Reconfirmamos. Lo cierto es que el agua nunca es corriente, el grifo es una canilla o un animal hecho de animales, una invención. Lo cierto es que cada vez que elegimos una palabra inventamos en esa línea un nuevo sentido, porque el rodeo y el rodearse es lo que importa. Las interferencias, escucharlas, importan. Cada voz es muchas. Traen regiones enteras, y a veces, ni siquiera de este mundo. Detener la corriente de las palabras es también percibirlas en el esplendor de fluidez.






Karina Macció, 2018.



miércoles, 28 de marzo de 2018

Aliento léxico * Lorena Di Scala



Tengo palabras en el cuerpo
me salen por los poros
afloran a cada momento
casi siempre en los peores
a veces cuando no las necesito
y cuando sí, se esconden.


Tengo palabras en el cuerpo
las siento al vomitar
en cada paso que doy
hacia lo que quiero ser
las siento en tu aliento y en mi respiración
se interponen en cada bocanada de aire puro
y producen las oraciones más incoherentes
los poemas peor construidos.


Tengo palabras en el cuerpo
revoloteando en cada sensación
con cada aleteo suyo
se desata un tornado
frío que cala los huesos.


Tengo palabras en el cuerpo
no dejan huellas ni rastros de vida
ellas sólo pasan
y sobrepasan
los límites de la conversación
reclaman su autonomía lingüística
cada vez que me ahogan sin aviso
y me dejan sin vocales
para respirar.


Lorena Di Scala, 2018.
Selección para lectura en Mardelfip.

Imogen Cunningham


martes, 27 de marzo de 2018

Salí a buscarte * Javier Pizarro


Salí a buscarte
en esta última semana de julio
salí a buscarte
en invierno
hacia el atlántico
y me fui lo más al este que pude
viajé novecientos veintisiete kilómetros
y fue justo esta semana
en este invierno
porque asomaban cinco días con lluvias
cinco días fríos
de vientos
olas enojosas golpeando contra las piedras.
Te busqué en la violencia del temporal
te imaginé ancha
amplia
explotando con cientos de brazos
como rayos que no saben si suben o bajan.
Te busqué en la estridencia del trueno
te busqué con esa energía violenta
te pensé subiendo estrepitosa e invasiva
desde el suelo mismo
con ese aliento que huele a humus mentolado
el mismo que te sorprende
en medio del bosque de eucaliptos.
Te busqué
para que me encuentres
y te pegues a mí como cálida humedad.
Quise perderme en tu costa
para que la llovizna salada nublara mi vista
para que una vez ciego cayeras en mí
como baño que inunda
en lluvia torrencial
ahogando cada poro con tu humedad.
Quise caer rendido
agotado en la lucha
–en esa que siempre me dejabas ganar–

Quise volar de fiebre
infesto en tu delirio
en tu tormenta
en tu agitar
quise
quise
quise…
y me quedé en el deseo

llegué al punto
en el momento
en el instante calculado para el temporal

novecientos veintisiete kilómetros al este.

No vi una sola nube
la brisa apenas me arremolinó algunos pensamientos
no hubo olas acariciando la costa
el atlántico: un gran lago de fronteras invisibles
el sol arrasaba las playas como si fuera carnaval.

“¡Qué suerte tuvo!”
me arengaban los locales

“Un verano en pleno julio no es fácil de encontrar”.

Y yo
corrí seguro a buscarte en la tormenta
tan seguro como seguro estoy de que en medio de esta calma
no te voy a encontrar.

Salí a buscarte
desconsolado vuelvo
porque perdí el tino
preciso
exacto
para volver a verte.

Salí a buscarte
vacío vuelvo
lastimosamente entero
indemne
limpio
seguro de no haber sido atropellado por vos.

Vacío y desconsolado vuelvo
no sé a dónde
vuelvo
no sé cuándo
vuelvo
a ser yo
vuelvo
sin límites ni bordes
a ser este borroso que queda de mí.
¿Dónde estás para fijar mis límites?
¿Dónde estás para saber dónde estoy?
¿Cómo hago para encontrarte?
Si ya nada quiere hablarme de vos.



Javier Pizarro, 2018.




jueves, 22 de marzo de 2018

buena ropa interior * Sabri Rayo Canción



buena ropa interior                    por si algo te pasa
buenas medias buen carisma buen sostén una sonrisa
así
brasier coqueto
corpiño maqueta nada nada de teta
más dos melones
buena ropa interior                    por si algo te pasa
buenas bragas
relajada buen carácter mucho zen
así
más dócil
fajada entrepierna una cola de ahorque
anti transpiración anti respiración
anti shock
elástica aspirante formante auspiciante
algodón no
formol plástico sí bien plástico elástico ahorcante sí
si algo me pasa, estándar la tanga
me forma la forma la norma la talla
                       única
buena ropa interior                       por si algo te pasa
elegante sport chic
que no se note
cheap
si algo te pasa, buen broderie
si algo me pasa, cool lingerie
si algo te pasa, vos sonreí
buena ropa interior                      por si algo te pasa
                                                       por si algo te pasa
                                                       por si algo te pasa
¿qué nos pasa?




Sabri Rayo Canción, 2018.
A partir de un poema de Ferlinghetti.
Selección de lectura para MardelFIP.



Guy Bourdin

miércoles, 21 de marzo de 2018

Lámpara mágica * Nicolás Segi


Un día encontré una lámpara, fue hace aproximadamente unos veinte o veinticinco años. No me acuerdo si iba de mi casa a la escuela o de la escuela a mi casa pero de alguno de los dos me estaba escapando. Sea yendo o volviendo, el caminar era lento, no quería llegar. Arrastraba los pies distraído cuando la vi. Estaba apoyada, tranquila, en el borde de un cantero, casi parecía estar esperando a alguien.
Creo que apenas la vi nunca pensé que podía llegar a ser mágica, no tenía el aspecto, era más bien una especie de tetera pero no de porcelana, era algo así como de lata o tal vez bronce y un poco más chata. Por ese entonces yo tenía un libro de cuentos de Aladín, por lo que habría reconocido una lámpara mágica sin la menor duda y a un kilómetro de distancia, por eso no la froté, sólo la miré dubitativo un rato, pispié que no hubiera nadie cerca, la metí en mi mochila y me fui.
Al llegar a casa no saludé a nadie. Corrí a mi habitación, saqué el extraño objeto similar a una tetera de la mochila y trepando por las repisas, lo dejé en el estante más alto y oculto (deseaba que nadie lo encontrara). Y así fue, nadie lo encontró; mi familia evidentemente no era tan curiosa y yo, después de una panzada de Nesquik y dibujitos, me olvidé por muchos, muchos años.
Lo que quedaba de mi niñez pasó, mi adolescencia pasó y también empezó a pasar mi adultez, todo esto sin pena ni gloria o, para ser más exactos, sin gloria.
Hubo muchos momentos donde tener un genio que me conceda deseos hubiera resuelto no todos pero sí la mayoría de mis problemas, sin embargo, ¿quién pudiera tener semejante suerte?
Todo esto lo pensaba mientras observaba las cajas de mi última mudanza. La casa era un caos: la heladera en el cuarto, la cama en el living, el cepillo de dientes en la cocina... Nada estaba donde debía. Debía, debía, debía... ¿Qué debía? ¡Debía ordenar! pero, ¿por dónde empezar? Me invadió una sensación de desesperación, un aburrimiento cansado, un miedo indecible. Pateé la primer caja que vi y abrí la segunda, estaba llena de ropa vieja y recuerditos, todo para tirar.

Busqué una bolsa de residuos y empecé a tirar todo pero debajo de la última muda de ropa el tiempo se detuvo, o tal vez sólo mi corazón. Ahí estaba, olvidada por segunda vez ¿Cómo llegó ahí? ¿En qué momento? ¿Seguía esperando? No, no esperaba ser encontrada, esperaba encontrar, estaba buscando y me volvió a encontrar, a mí, esta vez con más pinta de lámpara mágica que nunca. ¿Cómo no lo vi antes? ¿Cómo pude haber perdido tanto tiempo? ¡Siempre tuve la posibilidad al alcance de la mano y nunca la tomé por haber confundido una lámpara mágica con un objeto ordinariamente desconocido! Otra vez no me iba a pasar, ¡no señor! Agarré la lámpara con las dos manos, mi corazón decidió recuperar todos los latidos perdidos palpitando frenéticamente. Con el puño de mi buzo cubrí la palma de mi mano y froté fuerte y rápido. Fuerte y despacio. Despacio y débil, hasta que por fin, al ver que nada pasaba, dejé de frotar.
No podía salir de mi asombro. No lo podía creer, estaba convencido de que esas cosas existen; las lámparas, los genios... Pero nada había sucedido.
Me quedé un rato pensando en los porqués y en los cómos y no encontraba respuesta, no podía ni escuchar mis pensamientos.
Después de un rato de nada, me di cuenta de que algo había que hacer, así que decidí volver a colocar la lámpara en una repisa. Esta vez no iba a estar oculta, esta vez no iba a ser ignorada ni olvidada. Esta vez iba a formar parte de mí y de mi hogar.


Nicolás Sergi, 2018.
Selección para la lectura en MardelFIP.

martes, 20 de marzo de 2018

Hay luces * Franco Vignatti



Hay luces de neón reflejadas en las ventanas del balcón, el cartel dice: 24/7. Son rojas y titilan exactamente cada tres segundos. Hay unas cortinas negras, teñidas de rojo cada tres segundos, algo rasgadas, de una tela fina y porosa, desgarrada en los extremos. Hay un reloj que marca las doce y treinta, y mueve sus manecillas cada un segundo. Hay un termo esperando el grito de la pava, que violentamente da aviso que su cuerpo no aguanta más llamas, y su panza escupe vapor y agua caliente en lapsos de dos segundos. Hay un par de flores, sin nombre y sin vida y sin agua, de un blanco opaco cuando no son rojas cada tres segundos. Si, también hay gente en la sala que entran y salen, manchados de rojo cada tres segundos. Antes y después no tienen color.

Hay un cuerpo contra la ventana. Hay tiempo sobre ese cuerpo, sin pisadas a su espalda, solo hay polvo sobre sus pies y contorno. Ese cuerpo mira el asfaltado, rojo cada tres segundos, y espera, espera y sigue esperando. Hay un cuerpo que ya no ríe, que respira por respirar. Pasa un colectivo, uno que es rojo siempre, cada tres segundos, cada cuatro, cada siempre. Hay un segundo que espera, un segundo de ser rojo por siempre, de mirarlo por siempre y escapar. Si, hay un chófer, esperando que alguien suba o baje. Nadie sube ni baja, nadie viaja, y nadie el cuerpo lo espera, del otro lado de la calle en ese departamento oscuro. Solo él, que lo mira irse una vez más. Hay un silencio. Hay una exhalación, una pitada, y luego el humo, igual que el del colectivo al alejarse, rojo cada tres segundos. Hay un cuerpo que sueña ser rojo por siempre.



Franco Vignatti, 2018.
A partir de un fragmento de Big Sur de Kerouac.
Selección para lectura en MardelFIP