martes, 6 de noviembre de 2018

Ostranénie * Lorena Di Scala




Me divierte el concepto de licencia poética
no sé si se embarazó el hipérbaton
o si se operó la rima
quizás la art cubra el tropezón del encabalgamiento
debería preguntarle a Quevedo, Lope, Góngora
qué opinan al respecto
qué falta de respeto
atreverse a escribir un poema
que no cumpla ni un poco
con las condiciones
de la métrica.





Lorena Di Scala, 2018.



domingo, 4 de noviembre de 2018

Nací en primavera * Carla Capozucca



Nací en primavera
cuando la vida es redonda y amarilla
salí como un soldecama
salí como un pezdorado
germiné como un ojo 
del vientrelimón
pero también tiene sus desventajas, margarita
cierta intolerancia
a las vocales oscuras
y a los arabescos que dibujan
las ramas desnudas 
en esos meses
mis piernas entumecidas
tropiezan con las baldosas  
caminan noches prematuras 
busco el sol como una enredadera 
trepo por las paredes de balcones y patios
me estiro en los bancos de plazas vacías
arqueo la espalda
tallo pálido cubierto bajo lana
ensayo una fotosíntesis solitaria
soy flora abandonada de julio a septiembre
busco el sol como la chispa 
que encienda la mecha de una
verdadera rebelión anímica
trunca porque en agosto es tan difícil despegar del suelo 
un cable me ata al centro de la tierra
envía calor 
magma incandescente desde el núcleo ígneo
ocre
fuego
cordón umbilical que descongela
pero también 
la fuerza gravitatoria aplastante
me atrapa
es que soy una mosca en la tela
y este invierno
una araña que intenta
llevarme ahí
intento aferrar cada palabra 
y se me escapan como amarillos peces bajo el agua
qué me queda 
salvo esperar
bajo la colcha 
agazapada
bulbo
qué me queda
salvo esperar
septiembre
renacer 
soldecama 
qué me queda
salvo esperar
germinar
de vuelta
pezdorado




Carla Capozucca, 2018.
A partir de Amarillo Vol. 1 Ocre de Karina Macció.

Paul Klee

viernes, 2 de noviembre de 2018

Está bien * Mari Cambareri





Está bien, no se puede
no puedo ser más que en la lengua
con la lengua
hago figuras agrias
intento hacer un engarce falso
escribir como un contrasentido
está bien, no se puede
lo entiendo
qué me queda?
qué alguien me explique lo otro
lo que aún no dije y nunca diré
esa entrelinea invisible
que late en cada verso
que vibra en la telaraña de un texto amarillo
porque en la palabra está el verbo y el sujeto
no hay
ningún recurso que explique
que evite
volver a lo que no se puede
está bien, lo entiendo
no se puede
decir
decir-se en palabras de color
que corran poco a poco
las mortajas
las telas que tejí con los dedos
como una araña oscura y umbría
para atrapar lo indecible
eso que no
eso que nunca
voy a entender
con este cuerpo obsoleto




Mari Cambareri, 2018.
A partir de versos de un poema de Amarillo Vol. 1 Ocre de Karina Macció.


Louise Bourgeois

jueves, 1 de noviembre de 2018

Agenda poética!



Martes 30 a las 18: Poesía en la Legislatura. Leen en la biblioteca Esteban Echeverría: Ana Guillot, Fernanda Nicolini, Luciana Prodán y Enzo Amarillo. Perú 160, Caba.

Miércoles 31 a las 18:30. Análisis literario de La bella y la bestia, Teseo y el minotauro. El minotauro según Borges y en la ópera. Por Ana Guillot y Claudio Mamud. Amia Pasteur 633. Auditorio. Entrada libre y gratuita.

Sábado 3 de noviembre a las 20:30: Presentación de "Los desiertos efímeros" primer libro de poemas de Angie Pagnotta
Acompañarán con lecturas: 
Gonzalo Zuloaga Mirtha Care Valeria De Vito
Luego habrá brindis extendido: fiesta despedida de Argentina de Angie.
En Esfera Artes, Talcahuano 287, CABA.

Sábado 3 a las 18: Ciclo Serendipia.
Escritoras invitadas: Liliana Díaz Mindurry, Hilda Diaz, Patricia Bence Castilla.
Presentación del libro de Irene Marks : “El séptimo mar”
Música: Coro El Ombú
Coordinación: María Julia Druille y Liliana Lapadula
LA DAMA DE BOLLINI, Pje. Bollini 2281 CABA

Domingo 4 de noviembre de 14 a 21: Feria del Libre 2018
● Feria de editoriales independientes
● Presentaciones
● Charlas
● Jam de escritura en vivo

Más información en: 
https://www.facebook.com/feriadellibre
En Pedro Morán 2147, Agronomía 


miércoles, 31 de octubre de 2018

vos tan feliz y yo tan frágil * Maga Levin



vos tan feliz y yo tan frágil
mareada
con dudas
vos tan fuerte y yo escribiendo sobre el vacío
me cuesta entenderte
acercarme
tanta certeza junta
seguridad
que está bien ir por este camino
cómo sabés

cómo carajo sabés qué camino
qué pasos
qué futuro
te planificás de acá a los próximos cincuenta años
cómo hacés
vos y tus planes
organización, orden
y siempre te resulta
no se cómo
pero te sirve, funciona
estás “bien”

¿nunca te pasa
despertar
a cualquier hora?
en algún colectivo
momento
no entender por qué estás ahí
a dónde estás yendo
dudar
¿y si fuera a otro lado?
¿quiero realmente esto?
¿a dónde estoy yendo?

¿cómo hacés para organizarte así y que las cosas te resulten?
¿no necesitás romperte
tirar la mochila
por momentos
decir basta
dejar de hablar de lo mismo?
No dudás
Te planificás
y te resulta bien

A mi no me pasa
así no puedo
no me sale
me gustaría
lo intento
pero no me sale

con los mandatos entre los rulos
luchando con ellos codo a codo
gracias a ellos
a costa de ellos
“risitos de oro”
“la nena hermosa”
y tener que cuidar mis rulos
y ser una nena hermosa
buena alumna
sacarse buenas notas como si eso fuera una pócima tranquilizante

bueno no
no me quedo tranquila nunca
no me sale
aunque cumpla exactamente con todo
no puedo
aunque lo intente, no me sale
en el fondo
realmente
pienso
qué antipoética es la tranquilidad

maldita tranquilidad
malditos consuelos
siempre con los rulos bien peinados para que estén controlados
vestirme bien
como si hubiera un “buen vestir”
los colores combinados
que no desentone ninguno
que hagan juego,
cada tono en su exacto lugar

y todo esto para decir que no puedo acercarme
no puedo tocarte así
calculador
no entiendo cómo hacés para no necesitar escribir poesía, por ejemplo
cómo hacés
cómo hacés para quedarte tranquilo
dónde está tu intensidad
no puedo tocarte si sos perfecto
combinado
exitoso
y sin dudarlo
y sin llorar
si salís al mundo así
entero
café con leche con tres medialunas
ni más ni menos
y las cosas siempre te resultan

el deseo disciplinado
disciplinador
no puedo tocarte porque no encuentro tus sinsentidos
tus dudas
tus no sé

yo, que soy ondeada
que me caí veintisiete mil veces
me echaron de un trabajo
reprobé materias
perdí amigos
tomé malas decisiones
me equivoqué
lloré mucho
lloro
el mundo me tiembla
y a veces me lo permito
tiemblo
no como palabra bonita
o poética
me tiemblan las piernas
las axilas
me duele el pecho
me emociono
lloro las dudas
los nudos
los rulos enredados que no saben para dónde ir
los puentes que no llegan
las posibilidades infinitas

mostrame qué hay adentro de vos
dale, me intriga
hasta las paredes más firmes tienen grietas
fisuras
de eso estamos hechos
a través de ellas vivimos

que respiren las cosas
no que “funcionen”
darle lugar al vacío
la poesía
la ansiada y temida
eterna
erótica
intranquilidad




Maga Levin, 2018.


Wassily Kandinsky

lunes, 29 de octubre de 2018

Florecer * Soledad Arienza



Los floripondios se fueron gestando de a poco, como lagrimitas estampadas dentro del cráneo con fines decorativos. Descubrir su presencia y palparlos por primera vez fue un acto insumiso, colmado de una delicia transgresora. 
Se entrelazaron en mí subrepticiamente, con una elegancia perseverante. Por las mañanas eran densos, sus colgajos húmedos se bamboleaban con fiaca, como koalas somnolientos interrumpidos en una siesta. A medida que pasaban las horas, se secaban, tornándose frescos, brillantes, con apariencia vital. Nadie los notó, nunca. Eran míos, íntimos, como esos secretos cotidianos que rememoramos en la cama durante una tormenta.  
Los floripondios no pueden ser descriptos porque, al hablar de ellos, se desvanecen. Hay que abordarlos de manera oblicua, con delicadeza. Son sombras que despliegan su contorno en el interior de la mente, manchas tornasoladas que buscarán hacerte tropezar cada vez que puedan. Camaleónicos, vengativos, te van a hacer creer que estás acompañada, cuando en realidad estés charlando con un interlocutor transparente. Se posan en lo más mullido del pensamiento, conversando en un parloteo tenue que, a la larga, se hace espeluznante. La única vez que intenté callarlos, terminé atada de pies y manos, en una cama blanquísima, con espuma a los costados de la almohada. 
Su locuacidad no es el mayor problema. Lo más perturbador es su tacto aterciopelado, su densidad peluda. Acaparadores furtivos, no se conforman con colonizar los vericuetos de la racionalidad. Acechan y descienden, contundentes, hacia el centro. Anidan en el huequito donde yace la personalidad, te la nublan. Escupen sobre ella de manera voraz y la retuercen hasta que queda irreconocible. 
Digo que vivo. Me pegoteo entre los otros cuerpos en las multitudes para intentar desprenderme de este ajuar cada vez más pesado. Espero con espanto la primavera, cuando todo florece.  



Soledad Arienza, 2018.