Paradojas
Paradojas: pisando
finísimo cristal, pisando fuerte
cayendo a plomo sobre fina lámina
y te sostiene.
Así cae el dolor acumulado
-pesada gota de metal al rojo-.
Y una limpia mirada lo recibe
y lo sostiene.
Circe Maia.
Siempre de Viaje - Taller de escritura y lectura, edición de libros-objeto y pliegos artesanales, lecturas de poesía, producción de eventos culturales.
Paradojas
Paradojas: pisando
finísimo cristal, pisando fuerte
cayendo a plomo sobre fina lámina
y te sostiene.
Así cae el dolor acumulado
-pesada gota de metal al rojo-.
Y una limpia mirada lo recibe
y lo sostiene.
Circe Maia.
Todo lo sacrifico a tu memoria
Todo lo sacrifico a tu memoria:
los acentos de la lira inspirada,
el llanto de una joven abrasada,
el temblor de mis celos. De la gloria
el brillo, y mi destierro tenebroso,
lo bello de mis claros pensamientos
y la venganza, sueño tormentoso
de mis encarnizados sufrimientos.
Aleksandr Pushkin.
Las distancias no miden lo mismo
Las distancias no miden lo mismo
de noche y de día.
A veces hay que esperar la noche
para que una distancia se acorte.
A veces hay que esperar el día.
Por otra parte
la oscuridad o la luz
teje de tal manera en ciertos casos
el espacio y sus combinaciones
que los valores se invierten:
lo largo se vuelve corto,
lo corto se vuelve largo.
Y además, hay un hecho:
la noche y el día no llenan igualmente el espacio,
ni siquiera totalmente.
Y no miden lo mismo
las distancias llenas
y las distancias vacías.
Como tampoco miden lo mismo
las distancias entre las cosas grandes
y las distancias entre las cosas pequeñas.
Roberto Juarroz
Subo a la terraza
tengo la infantil sensación de que
estando más alto
la lluvia me cae de más cerca.
Desde lo alto diviso a la tortuga
que tan infantil como yo
camina despacio (más lento de lo habitual)
bajo el agua que cae, estira su largo cuello
inadvertida de que está siendo observada,
muerde la hoja más baja de la dama de noche
y sigue su camino.
M. Luján Sosa.
por qué no sentarse
en la plaza
y comenzar
a mirar al gato
mirarlo
caminar como él
cola en alto
indiferente
hasta que una mano
se desliza, acaricia
Marta Cwielong.
Tratando de ocultar en la basura
el cadáver del zapallo
quemado en la olla,
decido desprenderme
del gerundio, el participio
y las reglas de la estricta ortografía.
Cecilia Collazo.
Un par de noches atrás
vi un documental sobre la vainilla de Papantla.
Un grupo de hombres y mujeres mexicanos
cubrían el suelo de unas enormes esterillas
y arriba, una al lado de otra,
ponían miles de chauchas marrones.
Una al lado de otra en renglones perfectos.
Párrafos justificados y extensos propios de Balzac
absolutamente ilegibles
curándose al sol de vaya una a saber
qué defectos.
Una carta perfumada y asémica
que nadie logra leer
ahora que nuestra Mirta Dermisache ha muerto
y no tenemos a nadie que la pueda traducir.
Verónica Ruscio.