Inservible máquina del tiempo
...y pongamos
que vivimos
toda la vida
tres o cuatro minutos en el futuro...
Jan de Jager
Siempre de Viaje - Taller de escritura y lectura, edición de libros-objeto y pliegos artesanales, lecturas de poesía, producción de eventos culturales.
Inservible máquina del tiempo
...y pongamos
que vivimos
toda la vida
tres o cuatro minutos en el futuro...
Jan de Jager
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Ya
fuera de casa
escapo con la imaginación
no soy nadie
oculta me hundo
en charcos de alcohol
escapan risas
sobre almohadas de hospital
en cada pitada
pregunto
qué vida dejé.
+
Erizada delicia
nos-comimos
sobre las sábanas del loquero
entre risas masticando fugazzeta
quedé hechizada:
en un duelo de medusas.
Gabriela Orlandi
Conseguí Ir-al-hueso acá: https://viajeraeditorial.com.ar/libros/ir-al-hueso-animales-hambrientos-vol-3-gabriela-orlandi.html
Caminaba despacio, tanta gente amontonada me hacía doler los ojos. Cuando había mucho para mirar, me era difícil resignar una parte y me esforzaba por verlo todo al unísono. Así empezaban doliéndome los ojos y después la cabeza entera. Tantos juegos, tantas personas, tantas cosas moviéndose me mareaban. Cuando descansábamos un rato en un banco me encantaba mirar los juegos sin estar en ellos. Desde lejos. Las tazas locas eran mis preferidas. Se veían hermosas desde afuera. Estaban pintadas y me hacían acordar a Alicia en el país de las maravillas. En mí último cumpleaños me habían regalado ese libro con ilustraciones brillantes, en las que estaba Alicia, con botitas rojas, tomando el té al lado del Sombrerero. Y esas tazas girando eran iguales a las del cuento. Las miraba y pensaba que cuando Alicia se encogía hasta hacerse pequeña, las tazas debían haber sido así de gigantes para ella. Me daba un poco de pena, Alicia, cambiando constantemente de tamaño, de espacio, de tiempo. Pero también la sentía curiosa y viva, yendo detrás de ese conejo blanco, de ojos rosados, que sacaba un reloj de su chaleco, y repetía es tarde, es tarde, voy a llegar demasiado tarde, como si fuera un disco rayado.
Sol Medina Boiko.
Conseguí Vapeo acá: https://viajeraeditorial.com.ar/libros/vapeo-sol-medina-boiko.html
La muerte del poeta
Este año
el techo de mi colmena
se abrío al cielo
mis abejas zumban
como ansiosas moscas
¿aprenderán a alimentarse
de ausencia?
mis panales están llenándose
de negros espacios.
Olvido venderme
al primer diente dulce
que husmea por aquí
el aire nocturno me lame
limpiándome de miel.
Este año
el techo de mi colmena
se rindió
dejando todo
abandonado.
¿Importa
que la luna esté derramándose
a través de mis orificios?
Dorothy Porter
Primer grado de primaria
Ahora estoy sentada arriba del árbol
¡y NO voy a bajar!
Ya no me siento segura en la escuela
Y sólo porque mi piel es oscura.
Si me quedo aquí durante la noche
¿me volveré un pájaro?
Y así podré volar lejos de aquí
y de todas esas despreciables palabras.
No es nada divertido ser diferente
¿dónde puedo yo acomodarme?
Algunos niños en la escuela son crueles
y sus palabras tienen harta ponzoña.
Hey tú perra descastada, tiznada, cavernícola,
pinchi aborigen apestosa
no sé lo que significan estas palabras
pero me hieren como una flecha.
Le pedí a mi maestra una explicación
y ella me abofeteó groseramente
y luego a la hora del recreo
fui llevada a empujones al patio.
Ahora estoy sentada arriba del árbol
me esconderé de todos.
No entiendo este sitio
apenas estoy en primer grado.
Alison Cobby Eckerman
Vértigo
La última vez que me caí en la ducha
sangré como un dandy de carroza
y el hotel ansió entonces deshacerse de mí.
Fui llevado a la clínica del pueblo, les conté
cómo me había tropezado en un borde de acero
y aterrizado con la cabeza en el armario.
Con el cuero cabelludo cosido y anudado y marcado
le di las gracias al Frau Doktor y me largué,
deseando que la barra de soporte de la edad pudiera
ser anclada a toda la civilización entera
y pensando en la octava colina de Roma
alzada a partir de ánforas rotas.
Cuando, en cualquier momento después de los sesenta,
o en cualquier momento antes, tropiezas
sobre un par de escalones y haces colapsar tu frente
sobre un rastrillo o azada, sobre ladrillos o bidones de combustible,
ese es el momento de llamar al proveedor
de tubería de acero y barandales interiores,
y pronto estarás aterrizando en cualquier parte
habiendo dejado el equilibrio en el auto
y del cual por favor Dios nunca querrás
ver desde el suelo la suspensión y los neumáticos.
Más tarde llega el día soleado cuando
los detalles de las calles destellan en malva hasta cegarte
y la gente te apresura, o aguarda, en silencio.
Les Murray.
De tu cabello
La sabiduría de un mago me contó una vez
algo de un velo que no pueden traspasar las miradas,
telaraña que esconde al ser en todas sus partes
impidiéndonos ver lo que es real.
Ahora, cuando me oscureces las mejillas y los ojos
con tu cabello
desmayado por sus ricas olas negras,
estoy soñando que el velo, el que transforma en misterio
todo lo ancho del mundo, está tejido
de tu cabello,
y grito,
y grito,
y por primera vez siento
todo el hechizo que me dijo el mago.
Lucian Blaga.