Los pájaros se comen
las migas de pan
que deshago entre mis manos
y arrojo cerca
para atraerte.
Me lamento y sonrío
¿quién puede acaso
detener la fuerza
del tiempo?
Bárbara Alí, Amor animal.
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Los pájaros se comen
las migas de pan
que deshago entre mis manos
y arrojo cerca
para atraerte.
Me lamento y sonrío
¿quién puede acaso
detener la fuerza
del tiempo?
Bárbara Alí, Amor animal.
A menudo decimos
esto es el fin,
ninguna música controla ya
nuestras esperanzas.
Pero hay ojos que no conocemos
que escrutan el horizonte,
labios que susurran.
Oídos que perciben,
que atentos escuchan
allá al fondo de la noche.
Esta es la fuerza que buscamos,
el amor que aprendemos a sostener
contra el borde del tiempo.
Montserrat Abelló
Si me vengo a vivir contigo,
¿me prometerías
un pedazo de carne los domingos,
una hojita de azucena
para olerla en la almohada,
un queso en el refrigerador,
un beso de lengua
entre las pesadillas?
Si no es así,
no me vengo contigo.
Diane di Prima
Enemistada con la vida
que ofrecía tanto,
vaciada,
dispuesta a reír,
a dar algo
hube de hacer las cosas
trastocando
girando un escalpelo
mojado en tinta hube
de limar
punzar
un dibujo
expresionista.
Si la espalda fuera más condescendiente,
si mi enojo con la vida
fuera más liviano… por qué hube
de elegir un estilo
tan antiguo, un dibujo
tan dolido y
raro.
Irene Gruss
el animal que me acompaña siempre
ahora duerme, dormiré también
para acompañarlo yo por una vez
Macky Corbalán.
Un revuelo naranja al poniente
en lucha libre con el violeta
donde se hace de repente un claro
verde como aquel rayo purísimo
perseguido en la juventud
y al fondo el coro de las gallinetas
y un silencio al frente que corta
el tajo de luna
con más silencio
y plata y noche hasta que sólo
quedan las luces de tu casa
a veces como mágicas naranjas
dulces y en la soledad amargas.
Diana Bellessi.
Por último, Paul añadió que lamentaba no haber tenido hijos, y fue una auténtica conmoción oír esas palabras saliendo de su boca, porque era algo que nunca se había dicho a sí mismo y que además era totalmente inesperado, siempre había estado convencido de lo contrario. Nunca había hablado tan íntimamente con su padre cuando estaba en plena posesión de sus facultades, cosa que había echado de menos en numerosos momentos de su vida. Lo había intentado, pero simplemente no había podido. Con su rostro hierático y los ojos fijos en un punto indeterminado del espacio, su padre ya no pertenecía del todo a la humanidad, había claramente en él algo de espectro, pero igualmente de oráculo.
Michel Houellebecq, Aniquilación.