domingo, 3 de junio de 2018

La otra * Fernando Pessoa



Amamos siempre en lo que tenemos
Lo que no tenemos cuando amamos.
El barco para, dejo los remos
Y, uno a otro, las manos nos damos.
¿A quién doy las manos?
A la Otra.


Tus besos son de miel de boca,
Son los que siempre pensé dar,
Y ahora mi boca toca
La boca que soñé besar
¿De quién es la boca?
De la Otra.


Los remos ya cayeron en el agua,
El barco hace lo que el agua quiere.
Mis brazos vengan mi dolor
En el abrazo que finalmente pueden tener.
¿A quién abrazo?
A Otra.


Bien sé, eres bella, eres quien deseé...
No deje la vida que yo deseé...
Más de lo que puede ser tu beso
Y poder ser yo el que te bese.
Beso, ¿y en quién pienso?
En la Otra.


Los remos van perdidos ya,
El barco va no sé para dónde.
¡Qué fresca tu sonrisa está,
Ah, mi amor, y lo que ella esconde!
¿Qué es de la sonrisa
De la Otra?


Ah, tal vez muertos ambos nosotros,
En otro río sin lugar
En otro barco otra vez solos
Podamos nosotros recomenzar
Que tal vez seas
La Otra.


Pero no, ni donde ese paisaje
Está debajo de eterna luz eterna
Te hallaré más que como alguien en el viaje
Que amé con ansiedad tierna
Por ser parecida
A la Otra.


Ah, por ahora, idos remos y rumbo,
Dame las manos, la boca, tu ser.
Hagamos, de esta hora el resumen
De lo que no podremos tener.
En esta hora, la única,
Sé la Otra.



Fernando Pessoa.





jueves, 31 de mayo de 2018

Lisbon revisited (1926) * Fernando Pessoa



Nada me ata a nada.
Quiero cincuenta cosas al tiempo.
Con angustia del que tiene hambre de carne anhelo
no sé bien qué:
definidamente lo indefinido...
Duermo inquieto, y vivo en el soñar inquieto
de quien duerme inquieto, a medias soñando.

Me cerraron todas las puertas abastractas y necesarias.
Corrieron cortinas ante todas las hipótesis que podría
          ver en la calle.
En el callejón que yo encontré no hay el número de
          puerta que me dieron.

Desperté a la m isma vida que me había adormecido.
Hasta mis ejércitos soñados sufrieron derrota.
Hasta mis sueños se sintieron falsos al ser soñados.
Hasta la vida tan sólo deseada me harta -hasta esa vida...
Comprendo a intervalos inconexos;
escribo en los lapsos de cansancio;
y es tedio hasta el tedio lo que me arroja a la playa.
No sé qué destino o futuro compete a mi angustia sin timón;
no sé qué islas del Sur imposible me aguardan, náufrago;
o qué palmares de literatura me darán un verso al menos.

No, no sé esto, ni otra cosa, ni cosa alguna...
Y en el fondo de mi espíritu, donde sueño lo que soñé,
en los campos últimos del alma, donde memoro sin causa
(y el pasado es una niebla natural de lágrimas falsas),
en los caminos y atajos de las florestas lejanas
donde supuse mi ser,
huyen desmantelados, últimos restos
de la ilusión final,
mis ejércitos soñados, derrotados sin haber sido,
mis cohortes por existir, despedazadas en Dios.

Otra vez vuelvo a verte,
ciudad de mi infancia pavorosamente perdida...
Ciudad triste y alegre, otra vez sueño aquí...
¿Yo? Pero, ¿soy yo el mismo que aquí viví, y aquí volví,
y aquí volví a volver y volver,
y aquí de nuevo he vuelto a volver?
¿O todos los Yo que aquí estuve o estuvieron somos
una serie de cuentas-entes ensartadas en un hilo-memoria,
una serie de sueños de mí por alguien que está fuera de mí?

Otra vez vuelvo a verte
con el corazón más lejano, el alma menos mía.

Otra vez vuelvo a verte
con el corazón más lejano, el alma menos mía.

Otra vez vuelvo a verte -Lisboa y Tajo y todo-
transeúnte inútil de ti y de mí,
extranjero aquí como en todas partes,
tan casual en la vida como en el alma,
fantasma errante por salones de recuerdos
con ruidos de ratas y de maderas que crujen
en el castillo maldito de tener que vivir...

Otra vez vuelvo a verte
sombra que pasa a través de sombras y brilla
un momento a una luz fúnebre desconocida
y entra en la noche cual estela de barco al perderse
en el agua que dejamos oír...

Otra vez vuelvo a verte,
mas, ¡ay, a mí no vuelvo a verme!
Se rompió el espejo mágico en el que volvía a verme idéntico,
y en cada fragmento fatídico veo sólo un pedazo de mí,
¡un pedazo de ti y de mí!


Fernando Pessoa.






miércoles, 30 de mayo de 2018

Para decir te amo en un poema * Sofía Brunetto




Para decir te amo en un poema 
hay que escaparse
no hay forma de hacerlo desde adentro
no hay
forma
hay que salirse
observarse 
con el corazón en la boca
señalarse

¡ahí estoy!
esa que no soy 

hay que reírse para decirte
Amo
todo lo que es tuyo hay que romperte
desgranarte en pedazos que te multipliquen
y al buscarte
no poder encontrar
la matriz

para decirte 
Amo
hay que saltarse la regla
señalarse
¡esa no soy vos!

para leerte 
Amo 
en el poema
tengo que hacerlo desde afuera 
de la forma
la norma
para que nunca
jamás
me reconozcas




Sofía Brunetto, 2018.
Para Minuto Doble/Máscara en FILBA.




lunes, 28 de mayo de 2018

Máscaras * María Elena Castro





Hay máscaras que cubren la tristeza y engañan. La sonrisa extraña aparece. Se disfraza la amargura. Se modela la conversación para lo público. La melancolía hay que dejarla para lo privado. Se comparte la sonrisa, lo gracioso, lo que no perturba.

Hay máscaras que esconden la verdad porque es insoportable. Porque nadie la pide. Su dureza lastima y nadie pide ser lastimado. Cuando la verdad aparece duele. Y nadie quiere traspasar el dolor.

Hay máscaras que cubren secretos. Ocultos en el tiempo. La armonía no se rompe. La sinfonía vibra imperturbable. Nadie rompe el silencio y la vida transcurre pero con más peso.



María Elena Castro, 2018.
Para Minuto Doble/Máscara.




domingo, 27 de mayo de 2018

Si te quieres matar… * Pessoa



Si te quieres matar… ¿por qué no te quieres matar?
¡Ah, aprovecha, que yo, que amo tanto la vida y la muerte,
Si me atreviera a matarme también me mataría…
Ah, si te atrevieras, ¡atrévete!
¿De qué te sirve el cuadro sucesivo de las imágenes exteriores a las que llamamos mundo,
El cuadro cinematográfico de las horas que son representadas
Por actores convencionales en poses predeterminadas,
El circo policromo de nuestro dinamismo sin fin?
¿De qué te sirve tu mundo interior, que desconoces?
Tal vez matándote lo conozcas al fin…
Tal vez al acabar comiences…

Y de todas maneras, si estás cansado de ser, 
Ah, ¡cánsate noblemente
Y no cantes, como yo, la vida por borrachera,
No saludes, como yo, a la muerte en la literatura!

¿Haces falta? ¡Oh sombra fútil llamada gente!
Nadie hace falta; no haces falta a nadie…
Sin ti todo marcha bien, sin ti.
Tal vez para los demás sea peor que existas a que dejes de existir…
Tal vez peses más durando que dejando de durar…

¿La pena de los demás…? ¿Tienes anticipados remordimientos de que te lloren?
Descansa; pocos te llorarán…
El impulso vital extingue las lágrimas poco a poco
Cuando no son por cosas propias,
Cuando son por lo que sucede a los demás, sobre todo la muerte,
Que es algo después de lo que nada sucede a los demás…

Primero es la angustia, la sorpresa de que haya llegado
El misterio y la ausencia de tu vida comentada…
Después el horror del cajón visible y material,
Y de los hombres de negro que ejercen la profesión de estar allí.
Después la familia que vela, inconsolablemente contando anécdotas,
Lamentando la pena de que te hayas muerto,
Y tú, mera causa ocasional de aquellos lloros,
Tú, verdaderamente muerto, mucho más muerto de lo que te imaginas,
Mucho más muerto aquí de lo que te imaginas
Aunque te encuentres mucho más vivo más allá.
Después, la trágica retirada hacia el panteón o la fosa,
Y después el principio de la muerte de tu recuerdo.
Primero se da en todos un alivio
De la tragedia un poco aburridora de que te hayas muerto…
Después, la conversación se aliviana cotidianamente
Y la vida de cada día recupera su ritmo

Después, lentamente, se te olvida.
Sólo en dos fechas se te recuerda, cada aniversario:
Cuando se cumplen años de tu nacimiento y cuando se cumplen años de tu muerte.

Nada más, nada más, absolutamente nada más.
Piensan en ti dos veces, cada año.
Suspiran por ti dos veces cada año aquellos que te amaron.
Y alguna que otra vez suspiran, si por azar se habla de ti.

Enfrenta en frío, enfrenta en frío lo que somos…
Si te quieres matar, mátate…
¡No tengas escrúpulos morales, recelos de la inteligencia!
¿Qué escrúpulos, qué recelos crees que tiene la mecánica de la vida?

¿Qué escrúpulos químicos crees que tiene el impulso que engendra
Las savias, la circulación de la sangre, el amor?
¿Qué memoria de los demás tiene el ritmo alegre de la vida?
Ah, pobre vanidad de carne y hueso llamada hombre,
¿No ves que no tienes importancia alguna?

Eres importante para ti, porque es a ti a quien tú sientes,
Eres todo para ti porque eres el universo para ti,
El mismo universo y los otros
Satélites de tu subjetividad objetiva.
Eres importante para ti porque sólo tú eres importante para ti.
Y si eres así, oh mito ¿por qué los demás no han de ser así?
¿Tienes, como Hamlet, pavor a lo desconocido?
Pero, ¿qué es lo conocido? ¿Qué es lo que conoces
Para que llames desconocido a algo en especial?
¿Tienes, como Falstaff, el amor grasoso por la vida?

Si la amas así de materialmente, ámala todavía más materialmente:
¡Vuélvete parte carnal de la tierra y de las cosas!
Dispérsate, sistema físico químico
De células nocturnamente conscientes,
En la nocturna conciencia de la inconsciencia de los cuerpos,
En el gran cobertor que no-cubre-nada de las apariencias,
En la hierba y en el césped de la proliferación de los seres,
En la niebla atómica de las cosas,
En las paredes en vórtice
Del vacío dinámico del mundo…



Álvaro de Campos.