martes, 11 de diciembre de 2018

Confesión * Ivana Pizarro



La noche anterior a mi primera comunión tuve miedo. Cuando mi madre me despertó a la mañana me puse a llorar gritando que no iba a poder recibir el sagrado sacramento. ¿Pero qué pasa? Es que hay un pecado que no confesé y no puedo tomarla. Bueno, no debe ser tan grave. Para mí era gravísimo. 
El papelito ese que se adhiere al paladar y tiene forma de círculo se llama hostia. Ese mismo día mi boca dijo amén, se abrió, entró el cuerpo de Cristo y me fui al banco a hincarme de rodillas. No sentía nada. Nos habían preparado para ese momento. Esperaba algo como una sacudida en el cuerpo, un batido. Nada. Mientras trataba de despegar con la lengua el redondel de papel espiaba a mis compañeras. No era fácil porque tenía que seguir con las manos en posición de rezo. Ningún cuerpo vestido de blanco levitaba o algo por el estilo. Me animé y le pregunté a Romina que estaba a mi lado si sentía algo. Hizo que no con la cabeza. Acompañó con los hombros levantados. Me preguntaba cuánto tiempo más debería estar así de rodillas esperando el milagro. Comportate, hija, acabás de recibir la comunión. Era la voz de la hermana Justina. Un año atrás yo la había corrido para quitarle la cofia. Fue como un trofeo. La tela en mi mano agitándose al compás de los gritos de mis compañeras. A eso le correspondió cita con mi madre y el castigo adecuado a semejante acto de vandalismo. 

Al terminar la ceremonia nos fuimos al patio grande donde nos esperaban sandwichitos de miga y gaseosas. La mejor manera que tuvimos de festejar fue arrojándonos los triples de un lado a otro de la mesa. Dos bandos definidos: jamón y queso y jamón y queso. Todavía recuerdo el griterío y las caras de espanto de las hermanas.  Luego de la batalla de harinas nos mandaron de nuevo al patio para recibir a los familiares. Ahí estaba mi madrina con su regalo: un par de patines Leccese. La abracé, se los saqué de la mano, me los puse y empecé a patinar. Sacate eso por favor. Mirá ma, mirá lo que hago. Ella seguía gritando. A mí me encantaba que me miraran. No me salía ir para atrás. Probé. Me caí. El vestido blanco se manchó y mamá vino a buscarme corriendo. Si no te mataste te voy a matar yo. Mirá cómo dejaste el vestido, por Dios. La rodilla me dolía un montón pero hacía como que no.  
Mi conciencia atormentada por el pecado que no había confesado no me había dejado dormir. En las fotos tengo un hilito rosa debajo de cada ojo. Me quedaba cuando había llorado mucho. También me reía bastante. Arrebatarle la cofia a la hermana Justina, usar un recreo para pintar todo el pizarrón con tiza. La maestra nos enseñaba fracciones con un chocolate Águila. Éramos veinticinco. A ver quién va a traer el chocolate la próxima. Yo me di vuelta y le dije a mi compañera que no pensaba llevar nada porque esta gorda se lo come todo y a nosotras nos da un. ¿Cómo dijiste? Que no quiero traer porque usted se come todo y a cada una nos toca un veinticincoavos. Después me enteré de que en el otro curso a una chica le hacía llevar pizza. El papá era dueño de una pizzería. Un día me llamó al frente para que diera lección de los diaguitas. No estudié. No puede ser. No estudié. Yo era una de las mejores alumnas y era imposible no estudiar. Pasá igual. Ya en el frente me pregunta por qué no estudié. No estudié porque yo nací sabiendo. Risas de mis compañeras y nueva citación a mi progenitora.  
Volvamos al pecado que me condenó largos años. En casa no faltaba nada. Material. Pero mamá no me daba plata para los recreos así que durante un año le robé de su billetera. Antes de ir al colegio pasaba a buscarme Clara, mi vecina. Ella era mi campana. La distraía a mi mamá y yo hurtaba los billetes. En principio Clara no quiso saber nada pero cuando le dije que iba a darle una parte cambió de parecer. Así pasamos un año llenas de golosinas. Hasta que llegó el día de la comunión. ¿Algo más que quieras confesar, hija? En mi mente se repetían todos los movimientos: Clara hablando con mamá, mi mano abriendo la billetera, mis dedos índice y pulgar sacando dos billetes y el miedo. De que mamá se diera cuenta. Un día pensé que nos descubría. Clara y mamá charlando en la cocina y mi hermanito que estaba en el cuarto comenzó a llorar. Yo tenía una mano en la billetera y la solté. Al lado estaba el jarrón gigante y horrible de la bisabuela. Siempre estaba lleno con flores. Tambaleó y casi. El terror que sentí fue enorme. Llegaba a romper ese coso de cristal y ahí sí que no me iban a alcanzar ni tres rosarios enteros. ¿Algún otro pecado, hija? No, no tengo más pecados. Padre, ¿es verdad que Dios sabe todo de nosotros? Sí, hija. Rezá tres Padrenuestros y dos Ave María. Me arrodillé y le dije a Dios que no lo iba a hacer más. 
El día de mi primera comunión yo tenía nueve años. Hoy tengo dieciocho y me voy a sincerar. Ma, ¿te acordás de esa mañana que lloraba sin parar por un pecado que no había confesado? Mamá sacó el humo del cigarrillo por la nariz y asintió con la cabeza. Aplastó suavemente la colilla con los mismos dedos que yo usaba para robarle. Levantó la vista del cenicero. Me miró con dulzura. Tu abuela me enseñó que la plata de la billetera hay que contarla todos los días. 
 
  

Ivana Pizarro, 2018.


viernes, 7 de diciembre de 2018

Todo cambió cuando te conocí * María del Carmen Sarquis




Todo cambió cuando te conocí
tus manos y las mías
se acercaron
se buscaron
fue nuestro encuentro más cercano

Los labios no pronunciaron
nuestros nombres
los dibujaron
en nuestro pensamiento

Te lo susurré
en una voz queda
            cantarina
y vos me nombraste
con amor

Quizás mi ilusión
fue por el eco de tu voz
          de tus palabras
                 por tu sensatez y cariño
O quizás 
porque eras el hombre soñado para mí

Pero el mar
se interpuso entre nosotros
cuando te fuiste
en esa tarde de Octubre
Sólo pensaba
que me había quedado sola
                sin  tus caricias
                sin tus abrazos

                sin tus besos
Sólo pensaba
que volvías a tu mundo
                a tus expectativas
                a tus recuerdos
que no te olvidarías de mí

Pero me equivoqué
yo fui un amor pasajero
un recreo de tu cotidianidad
No regresaste
No me escribiste
Tu silencio fue el que habló
¿Fuiste una realidad
o un sueño en mi vida?
La separación de nuestros cuerpos
precipitó lo irremediable

¿Habrás sido 
una idealización del amor?



María del Carmen Sarquis, 2018.



Monet

jueves, 6 de diciembre de 2018

La palabra EDIFICIO * Ignacio Goldsmit




La palabra EDIFICIO
Yergue sobre los cimientos
Del cuerpo, alma, del quién sabe
Del yomesé
Del ¿yomesé?

Una ventana
Reflejante
La pieza no la ordené
Nunca
EDIFICIO
Sólo escribí edificio
Y se acomodaron los pisos
Obra en construcción
Eso soy-somos
Y se acomodaron las sábanas
Dobladas
Apiladas
EDIFICIO
Escritura
Edioficio
Un oficio que me construye
Se trata de un verdadero trabajo arquitectónico
La palabra sobre el techo
Por salta por volar
Edificio por caer

Atajado en la palabra edificio
Uno sobre otro
Estructura
Escritura
Edificio
Mis pedazos unidos por el cemento
Las ventanas suenan en el viento
Dependiendo de la altura
la frialdad con la que llega la palabra en un soplo
edificio
edificción
sin ser mentira
cuanto más alto
más yo
más inflado
por salta por volar
¿escribir de esta manera 
Será aceptarme
Será quererme?
Escribirme

Nacho
Edinacho
EDIFICIO
Desde el cimiento
Lo que prepienso
De Nacho
Que estalle
Hasta llegar al punto crítico
Que estalle
EDIFICIO
Lo que haya que estallar
Que estalle
Que est-hallé
A Nacho
En la palabra
Edificio.


Ignacio Goldsmit, 2018.
A partir de Amarillo Vol. 1 Ocre de Karina Macció.



Karin Godnic



miércoles, 5 de diciembre de 2018

Tu viaje del año! fiesta de lecturas * 20/12




El jueves 20 nos vemos en la fiesta de lecturas que haremos en el Bar de Kowalski, Billinghurst 835. Te esperamos a partir de las 19:30 con invitados especiales y un recorrido impactante por textos de viajes.  

martes, 4 de diciembre de 2018

Cómo vivir una aventura * Kiara



   Eran las 5am y yo ya estaba despierto. No me pregunten por qué, pero me encanta levantarme temprano. Entro al trabajo a eso de las 8:30 am, siempre, cada día, todas las semanas y todos los años.
   Trabajo en una agencia de turismo, en un cubículo del tamaño de un auto. La verdad siempre me gusto la rutina, siento que estoy en mi zona de confort, que nada puede salir mal. Pero ese día me desperté con ganas de vivir algo nuevo, una experiencia diferente. Me desperté con ganas de vivir una aventura. 
   No fui al trabajo, me la pasé buscando en Internet cómo vivir una aventura. La verdad no creí que aparecieran muchas cosas, pero me sorprendí al encontrar un cuento de Alejandro Dolína que hablaba de una agencia de aventuras. Me entusiasmé con esa idea y busqué por todos lados a ver si existía dicha empresa; pregunté a mis amigos, investigué en Internet, en  libros y en todos los lugares posibles. Hasta que por fin encontré un anuncio que decía “Agencia de aventuras, todo lo que usted necesita para vivir una auténtica AVENTURA” “Calle Brasil 835” “Teléfono: 42090245”. Se me encendió una lamparita apenas leí esas palabras, inmediatamente agarré mi bolso y mi saco, y partí hacia esa agencia de aventuras.
   Cuando llegué me sorprendió bastante el lugar, era una iglesia. Sí, como escucharon, era una  enorme iglesia con un campanario y pintada de un rojo color ladrillo, que me hizo acordar a mi casa de cuando era niño y también a lo feliz que era allí. Al entrar me quede extasiado, era un lugar inmenso y para nada parecido a una iglesia, estaba lleno de colores, era tan radiante que te enceguecía, te llenaba de vida, era un lugar distinto a cualquier cosa que hubiera visto. Una chica, bastante pequeña y con el pelo más lindo que había visto en mi vida, interrumpió mis pensamientos y dijo:
–Bienvenido señor, ¿necesita algo? 
–Eeeh sí, quiero hablar con alguien que me diga como vivir una aventura –le dije yo, bastante seguro para mi sorpresa.
–Genial, venga conmigo. 
   La chica (calculé que tenia doce) me condujo por uno de los miles de pasillos que había en ese lugar y entro en una habitación donde encontré a un chico (calcule unos diez años), que vestía un chistoso traje de muchos colores, que parecía estar camuflado con el lugar, unos zapatos de payasos, de esos muy llamativos, y un sombrero de paraguas, que como se habrán imaginado también era sumamente colorido. La chica me hizo sentarme en una silla y salió de la habitación. Cuando nos quedamos solos, el niño (le diremos “el niño” por que era demasiado pequeño para llamarlo “el chico”) me miro, soltó una carcajada y luego dijo:
–Bienvenido señor, ¡al mundo de los niños!
–Hola, gracias por recibirme. Necesito vivir una aventura –dije yo, otra vez con una seguridad que sorprendía.
–Bueno, genial –dijo el niño mientras agarraba una agenda llena de papeles de todos colores, por supuesto, y la apoyaba en la mesa. Luego agregó –Estas son todas las aventuras que puede hacer.
–Gracias, eeeeh…¿las puedo ver? – dije bastante nervioso.
–Por supuesto.
Cuando empecé a leer había tres opciones: AVENTURAS DE REALIDAD VIRTUAL, AVENTURAS “HÁGALO USTED MISMO” o COMBOS . Opte por la última ya que fue la que mas incluía. Dentro de los combos decía lo siguiente: 
ARRESTO:
Este combo incluye dos aventuras. Para la primera, consiga una cacerola y un palo de madera. Luego, valla a un lugar publico (preferiblemente uno con mucha gente y cerca de un policía) y empiece a pegarle a la cacerola con el palo de madera. Aguarde unos segundos hasta que un policía le diga que pare. Cuando esto suceda no se detenga y re inténtelo , esta vez en el oído de dicho policía. Luego, este lo/la llevara a la estación de policía y lo/la dejaran máximo dos días en prisión.
   Para la segunda, hable con alguno de nuestros niños. Este/a lo/a llevara a una sala de realidad virtual. Cuando este allí deberá abrir completamente su mente y mantenerse calmado en todo momento. El/la niño/a que esté con usted le dará unos lentes un tanto extraños que deberá ponerse de la siguiente manera: abra las “patas” y luego coloque los lentes en forma de vincha arriba de su cabeza. Al apagarse las luces usted deberá colocárselos de manera normal. Después de esto en nuestras paredes 6d especialmente diseñadas para vivir aventuras usted verá la imagen de un policía persiguiéndolo, en ese momento deberá correr y que comience su aventura. Cuando quiera parar solo agite su mano como si saludara.

LUCHA CONTRA UN MONSTRUO 
  Este combo incluye dos aventuras, para la primera usted deberá estar de acuerdo con alguna ideología que este en contra del estado argentino. Luego de que encuentre esa manera de pensar que lo represente asista a una de las marchas que se realicen en el congreso y plaza de mayo. Pronto vendrá gendarmería a reprimirlo. Usted deberá seguir luchando con sus compañeros/as. Es posible que lo lastimen pero usted deberá seguir luchando contra ese monstruo. Cuando decida que haya vivido lo suficiente, puede retirarse (aunque si sigue pensando como esa ideología puede segur asistiendo a las diferentes marchas).
   Para la siguiente aventura usted deberá consultar a alguno/a de nuestros/as niños/as que quiere realizar el combo “lucha contra un monstruo”. Este/a lo/la llevara a una de nuestras salas con pantallas 6d especialmente para vivir aventuras y deberá seguir las instrucciones del combo anterior.

DE FIESTA
   Este combo incluye dos aventuras, para la primera usted deberá seguir los pasos de la segunda aventura del combo anterior, pero en cambio de pedir el combo “lucha contra un monstruo” debe decir que quiere el combo “de fiesta”. En esta aventura podrá descubrir el mundo de las famosas fiestas estadounidenses y hasta conseguir una novia  (virtual).
   Para esta aventura deberá conseguir un amigo que sea popular y lo inviten a fiestas. Luego ir a una fiesta con ese amigo. Cuando este en la fiesta acérquese a un/a chico/a, si este/a lo/a rechaza busque otro/a hasta que encuentra a el/la indicado/a. Luego beba alcohol hasta emborracharse (totalmente opcional). Cuando se halla divertido lo suficiente puede retirarse a su casa.


   Terminé de leer y no sabia cual elegir, estuve como media hora para decidir cual de las tres quería hacer. Por fin me decidí por la segunda, ya que, 1)no me iba a ser difícil encontrar una causa para luchar contra el estado argentino y 2) siempre quise luchar contra un monstruo.
–Decidí hacer el combo “lucha contra un monstruo” 
–Genial, ¿cual de las dos aventuras quiere hacer primero?
–La primera
–Okey, cuando termine vuelva aquí para hacer la segunda aventura
–Le hago una consulta, ¿los medios de pagos cuales son?
–Ah sí, solo efectivo.
–Perfecto, ¿cuanto es?
–Serían unos $500 –le di la plata.
–Disfrute de su aventura.
–Adiós y muchas gracias –me despedí. 
   Salí a la calle y fui directo al quiosco. Busque el diario de hoy, 8 de agosto, y vi que había una noticia de una vigilia en el congreso por la votación de los senadores para que el aborto sea legal seguro y gratuito. Decidí ir a la vigilia del lado de los que están a favor. Al llegar sentí una emoción enorme al ver a todas esas mujeres luchando por lo que quieren. Me quede ahí hasta las dos de la mañana, cuando se dieron los resultados. Al llegar a mi casa tenia una mezcla de sensaciones, porque estaba triste al haber perdido la lucha con el monstruo, pero contento porque había terminado mi primer aventura. Por primera vez en mi vida me sentí satisfecho. Me fui a dormir, pensando en lo que haría la mañana siguiente. 
    Salí de mi casa directo a la agencia de aventuras, cuando llegué no había nadie para recibirme así que me quede esperando en una silla leyendo hasta que alguien llegara, pero unos gritos y golpes me interrumpieron la lectura. Venían de un pasillo que estaba a mi izquierda, así que decidí ver que estaba pasando. Me adentre en el pasillo hasta el final, que era de donde provenían los gritos, y dije:
–Hola, ¿hay alguien ahí?
– ¡Hola! Si –dijo una voz femenina.
–¿Quién sos?
–Me llamo Aisha.
–¿Por que gritabas?
–Eso no importa, tenes que salir de acá
–¿Qué?¿Por que?
Pero Aisha no me llego a contestar, porque apareció la chica que me recibía siempre y dijo:
–¿Qué hacés? No podes estar acá.
–Perdón, es que escuché unos gritos y me acerque para ver que pasaba.
–Está bien, no pasa nada pero para la próxima ya sabes –me dijo con rigidez.
   Me saco fuera del pasillo y mientras me guiaba a la oficina en la que el niño me había recibido el otro día le pregunté:
–¿Por qué gritaba esa mujer?
–Eso no es de tu incumbencia, y ni se te ocurra mencionarlo delante de Jano
   En ese momento me quede callado por que entramos a la oficina del niño, alias Jano. Apenas entre el me estaba esperando con “uno de sus niños”, como los llaman.
–Hola ¿cómo andás?, te presento a Areu. Él es uno de nuestros niños y te acompañara hasta la habitación de realidad virtual.
–Ah, hola, mucho gusto
–Areu, acompáñalo y luego vení acá que tenemos que hablar sobre el tema
–Bueno –le contestó Areu muy serio.
   Salimos sin decir una palabra y yo me quede pensando en que habrá querido decir el niño con “el tema”. Areu me condujo por un pasillo que llamaba tanto la atención como el resto del lugar. Cuando llegue encontré una habitación totalmente en blanco. Seguí las instrucciones y de repente apareció la imagen de una bestia enorme frente a mí. Fue tan real que me sobresalte y caí al piso, me pare al instante y empecé a luchar. Me di cuenta que podía atravesar las paredes y seguir jugando mas allá de la pantalla, así que traspase la pared y agarré una espada y un escudo. Me sentí como un niño con un juguete nuevo, en mis treinta y cinco años jamas me divertí tanto como ese día.
    Cuando ya había pasado un tiempo largo (calcule dos horas) sacudí la mano como indicaban las instrucciones pero no me abrieron. Me empecé a desesperar, salte y agite las manos con mas fuerza pero seguían sin abrirme. Volví a saltar, agite muchísimo las manos, corrí hacia todos lados, golpee fuerte las paredes, hice de todo pero aun así no me abrieron. Pasaron unas horas y me rendí, entendí que no iban a abrirme y no sabía porqué. Estaba indignado con toda esta maldita compañía y ese niño que parecía tan simpático y resulto ser un maldito estafador. ¿Iba a quedarme allí para siempre?

Ya pasaron cinco años desde que estoy encerrado en esta prisión, en esto que iba a ser un juego y termino siendo mi peor pesadilla. En estos años reflexione muchísimo cual era la razón que tenían estos niños para encerrarme aquí, hasta que por fin llegue a una conclusión (aunque suene un poco loco, me pareció la mas lógica): los niños querían dominar el mundo. Cuando lo piensan bien tiene mucho sentido, esta es una agrupación creada solo por niños ya que nunca se ha visto un adulto aquí y, además, eso explica los gritos que escuche en el pasillo que me condujeron hasta Aisha. Seguramente tengan cientos de adultos en todas las habitaciones que hay aquí. 
   Pensando en todo esto hoy, martes 8 de agosto de 2023, decidí que escaparía de este orrible lugar. Mi plan es el siguiente: 
   Todos los días vienen a darme comida por una reja diminuta, pero lo suficientemente grande para que la niña que me trae la comida pueda ver si estoy o no adentro de la celda. Lo que voy a hacer es esconderme en el techo, en una viga gigante y cuando la niña vea que no estoy, entrara a la celda para ver si hui. En ese momento saltaré encima de ella y escaparé. La parte mas difícil va a ser camuflarme para irme, pero por suerte frente a mi celda hay un lugar de donde sacan los vestuarios los niños que trabajan allí. Entonces, cuando salga iré directo a ese cuarto y me pondré un vestuario para camuflarme y luego, salir de allí.
   Mi plan salio a la perfección, cuando salí de la agencia me sorprendí muchísimo al encontrar mi teoría hecha realidad; Miles de afiches por todos lados con caras de niños, en la calle los hijos retaban a los padres, había carteles de series todas protagonizadas por chicos, el mundo que conocíamos había cambiado totalmente.
    Corrí directo a mi casa y al entrar vi que estaba todo justo como lo deje. Fui directo a la computadora y busque toda la información posible sobre este nuevo mundo. Averigüe que nuestro presidente ya no era Mauricio Macri, sino que era Jano alias “el niño”, y que existen muchísimas mas agencias de aventuras por todo el mundo. En cada una de ellas están prisioneros los adultos que más amenazaban el objetivo de la misión de los niños . Lo único que todavía no me queda claro es ¿por qué me encerraron a mi?, si yo no era ninguna amenaza. No lo sabía pero tenía que averiguarlo, así que salí de mi casa y me dirigí hacia la casa rosada para hablar con Jano. 
    Cuando llegue me recibió la misma niña (que ahora no era mas una pequeña) que me había recibido en la agencia hace 5 años.
–Buenos días, ¿se acuerda de mi? – me pregunto con un tono árido
– Perfectamente. Necesito hablar con Jano
–Pase –señaló una enorme puerta
   Entre por una enorme puerta de madera de color verde y el estaba sentado en una enorme silla y  delante de un escritorio, hasta parecía haber estado esperándome. Apenas me vio sonrío y luego dijo:
–Vos, no lo puedo creer. Después de tanto tiempo.
–Sí, yo.
–Lograste escapar.
–Parece que sí.
–¿Por qué estas acá?
– Necesito saber por qué me encerraste a mí, si yo no era ninguna amenaza.
–¿Que no eras ninguna amenaza? Vos la escuchaste a Aisha gritar, no podía dejarte libre después de eso.
–Pero yo no sabía nada, entendí su plan después de escaparme, cuando ya estaba hecho.
–Te investigué, se como eras y como sos, y creeme que hubieras investigado y arruinado nuestro plan
–Y ahora ¿Que vas a hacer con migo?
–Te voy a dejar libre, ya no sos una amenaza. Ahora andate, necesito seguir con mis cosas
    No esperé a llegar a mi casa, vi un colchón en la vereda y lo primero que pensé fue en acostarme a dormir. Hace días no dormía bien y necesitaba una buena siesta. 
     De repente me levanté con el sonido del despertador, eran las 5am y estaba en mi casa, corrí a la computadora y busque información: es el año 2018, nuestro presidente es Mauricio Macri  y el mundo esta gobernado por adultos. Todo había sido solo un sueño y mi vida seguía igual de aburrida que siempre.
     Salí de mi casa para ir a trabajar como todos los lunes. Pero esta vez note algo muy extraño, todos los niños con los que me cruzaba me miraban fijo, casi con una mirada asesina. Tal vez estoy paranoico por el sueño que tuve.
     Empecé a mirar a mi alrededor y yo no estaba siendo paranoico, esos chicos realmente me miraban y lo hacían de una forma muy extraña. Entre al trabajo y fui directo a mi cubículo. Me puse a revisar papeles, ya que no tenia clientes, pero no logre concentrarme. Me puse a pensar en el sueño, si realmente lo fue y en todo lo que viví allí. Me di cuenta de que fui a una marcha a favor de la legalización del aborto, y que el aborto es la interrupción voluntaria del embarazo. Es decir, fui a una marcha a favor de las madres, y no de los niños. 
     Cuando estaba en un mar de pensamientos llego una señora con su hijo, me dijo que iban a viajar a Cancún ellos dos solos y necesitaban una guía de viaje. Su hijo tendría unos siete años y me miraba de la forma que lo hacían todos los chicos con los que me había cruzado: como queriéndome matar, y no exagero.
–Bueno, pueden hacer muchísimas excursiones – le dije yo, con una sonrisa
–Como cuales – me respondió el niño, para mi sorpresa
–Bueno, pueden ir al parque Xcaret y disfrutar de un día de sol y diversión en familia, ademas de conocer la naturaleza y cultura mexicana
–¿Es todo lo que tiene? – pregunto el con un tono amenazado.
–Jano, por favor, un poco mas de respeto –le dijo su madre– Discúlpelo –Dijo, ahora dirigiéndose a mí.
–¿Cómo dijo que se llamaba? –pregunté en un tono alarmante, pensando que me había vuelto loco
–Jano –contestó el niño– ¿no es precioso mi nombre?
–Sí –contesté con voz temblorosa– Disculpen pero me tengo que ir, mi compañero los puede atender a partir de ahora.
     Al decir eso tome mis cosas y salí corriendo de ese lugar. Al llegar a mi casa quise tomar una siesta para que cuando me despierte me de cuenta de que todo esto es una pesadilla, pero no pude dormirme. Lo peor de todo es que jamás sabre si esto fue solo un sueño, y lo que viví recién una extraña coincidencia, o si lo que creí soñar realmente sucedió.


Kiara, 2018.
Desde el Club de la Serpiente, a partir de la lectura de un cuento de Alejandro Dolina.

sábado, 1 de diciembre de 2018

Hay pies en mi pelo * Lorena Di Scala


Hay pies en mi pelo
parásitos sin tiempo
me recorren sin miedo y sin vergüenza
desafían los estándares de la higiene y me invaden
dejan rastros que me pican
comezón insoportable.
Son ellos de nuevo
otra vez 
son ellos
hasta en los sueños me persiguen
lograron atravesar mi cráneo
y jugar con mi inconsciente
los veo cada vez más grandes


como pelotas de pilates


cada vez más negros y con más patas
se suicidan desde mi cabeza 
practican deportes de riesgo
salto bungee- paracaidismo- trapecismo
contorsionistas de la dermis
no hay peine que los atrape.

Son ellos de nuevo
los mismos de siempre
existencialistas
no creen en el destino
su pirámide poblacional es más regresiva
los ancianos vacacionan en mi nuca
amantes del clima cálido
los jóvenes deben mantenerlos
desde la cima de mi frente
la fibra óptica se cuela 
por mis poros
para que usen sus celulares
extraen de mi cuerpo la sangre
que es gasolina de todo su imperio.

Son ellos de nuevo
otra vez 
son ellos
lo tengo decidido
voy a electrocutarme
para que sus casas 
se apaguen
para que sus teléfonos
no sirvan
para que su sociedad
se derrumbe
voy a prenderme fuego
usando vinagre y kerosene
todo lo que encuentre
servirá para extinguirlos
esta vez
soy yo
la que se va
a otra cabeza.




Lorena Di Scala, 2018.



viernes, 30 de noviembre de 2018

Quemado * Fernando Capece



Sonó el timbre y salimos en caravana hacia el patio. Mientras íbamos por el pasillo, lo agarré del codo a Pocho y le digo “Boludo, estoy enamorado groso de la flaca, ¿te diste cuenta que ni pelota me da? Pasa al lado mío y automáticamente me convierto en cactus”.

—Claro que me di cuenta, cómo te va a dar bola a vos, si te saca como tres cabezas —sentenció Pocho mientras se terminaba un alfajor. El gordo era mi mejor amigo, pero siempre me rompía las pelotas cómo me tiraba abajo mi fantasía de ser el novio de la chica más hermosa del colegio, por el sólo hecho de ser petiso, bueno, tampoco mi cara me ayudaba mucho, pero el gordo era así, salvo la comida, no se comía una.

Cuando llegamos al patio, Julio, nuestro profesor de gimnasia, estaba parado en el medio con una pelota, y la misma cara de gil de siempre. Qué tipo impresentable, siempre haciéndose el artista con las chicas y el copado con los pibes más “de onda” del colegio. Claramente Pochito y yo, no éramos de su elite amistosa. 

—Chicos, ¿cómo están? Hoy no vamos a mover las cachas, no no no, hoy haremos un juego, a ver quién se la banca más —tiró el boludo, mientras nos miraba con cara desafiante —Vamos a jugar al quemado, así que divídanse en dos grupos de catorce y arrancamos.

Los grupos no tardaron en formarse, de un lado estaban la flaca, sus amigas y Eric con sus guardaespaldas, todos osos que jugaban al rugby en el club Ciudad después del colegio. Eric era el capo del curso, se había comprado a todos los profesores, se transaba a todas las minas que quería, y encima se hacia el gracioso bardeando a quien se le cruce por delante. Yo lo odiaba, y él a mí. En eso siempre estuvimos de acuerdo. Del otro lado, “los marginados”, o así nos hacían llamar, yo, Pochito, el rengo Javi, peluca Miguel, Isabela, sus amigas, y un par más que no pudieron quedar del otro lado. En síntesis, parecía que iba a ser un quemado de “ganadores contra perdedores”, algo que Julio ya estaba disfrutando.

—¿Quién quiere empezar? —dijo Julio levantando su brazo derecho.

—¡Nosotros! —se escucharon al unísono las voces de Eric y de Isabela.

—Perfecto, largan ustedes —Julio le pasó la pelota a Eric, tomó su silbato, y dio comienzo al juego.

Eric agarró la pelota y la lanzó con toda fuerza a Vero, la pelota impactó en la cara, se escuchó un “¡uhh!” de fondo, mientras Eric levantaba los brazos y se cagaba de la risa con los de su equipo. 

Julio pitó el silbato y paró el juego, Vero estaba llorando, la pelota le había dado de lleno. Fui a buscarla y le pregunté si estaba bien. “No te preocupes, siempre soy la primera que pierda, soy la gorda del curso” dijo mientras se sonaba la nariz. Fue en ese mismo instante donde me di cuenta que lo único que quería, era ganarle al equipo de boludos que festejaban que Vero esté llorando. No iba a permitir que nos humillen, sin embargo, las cosas no iban a ser tan fáciles como deseaba.

Primero fue Vero, después Anita, luego Flor, siguió Lucho, Marian, Coqui, Sandrita, que se le hicieron mierda los anteojos del pelotazo que le tiraron. Nos venían pegando un pesto de aquellos. Angelito le tiró un pelotazo a las gambas de Marcos. Quemado. Afuera el primero de ellos. Vamos, nos quedan trece, nosotros éramos pocos.

El juego siguió picante, ellos a matar, nosotros hacíamos lo que podíamos, nos quemaron a Naty, Corcho y Elsa salieron de toque, y eso que Elsita, a pesar de ser chueca, se la bancó bastante. Les habíamos quemado un par más, pelotazo va, pelotazo viene, con Pochito, Angel y Flavio, veníamos bancando bastante la parada. El gordo estaba rojo, pero tenía una cara de malo que yo mismo lo quería abrazar y rogarle que siga con esa cara, que nos faltaban una banda para ganarles.

En eso lanzo una pelota hacia Eric, le pasó apenas por el hombro, el tipo me miró con una cara de “te voy a matar”. Iba a lanzar Darío, el mejor amigo de Eric, pero éste le pidió la pelota, lo vi tomar carrera y le apuntó a Angelito a los pies, el boludo le estaba preguntando la hora a Corcho, asi que recibió el pelotazo de lleno. Uno menos.

“Dale que queda el petiso, el gordo y el boludo ese”, escuché a Eric decirles a sus amigos. Se cagaba de risa. Más se reían, más verde me ponía. 

El juego transcurrió a cara de perro, noté que de a poco empezaban a asomarse algunos alumnos por las ventanas, viendo el espectáculo, que poco a poco parecía convertirse en un clásico. Les quemamos a un par, con Pocho y Flavio empezamos a movernos bastante bien, esquivábamos bien los pelotazos, y eso que ellos nos tiraban a matar. Nosotros también, pero en ellos se notaba claramente la diferencia física. Quedamos tres contra ocho de ellos.

En el ida y vuelta, Flavio se acercó a Julio para preguntarle si podíamos parar un segundo para ir a tomar agua, éste le dijo que no sea marica, y que se la banque. No llegó a darse vuelta, que Flavio recibió un pelotazo en el medio del estómago.

Julio se empezó a reír y le dijo “Ahora sí, podes ir a tomar agua”. Estaba claro de qué lado estaba Julio, y cómo venía disfrutando del espectáculo. Con Pocho teníamos una calentura tremenda, encima que nos venían quemando como loco, teníamos que comernos la gastada del gil este.

Quedamos de un lado Pocho y yo, del otro, Eric y seis más. La flaca miraba atenta el partido, le festejaba a Eric, yo, modo cactus, ni bola, pero el resto de los chicos nos alentaban. Pochito quemó a Julián y luego a Sandra. Dos contra cinco. Seguía el juego. Picante. Podía verle la cara de enojado a Eric, mientras les daba indicaciones al resto de su equipo, “Vayan por el gordo, que el enano es rápido” les decía. Pelotazo va, pelotazo viene, lanzo una pelota que le doy en la espalda a Willis, vamos carajo, uno menos de ellos. Dos contra cuatro. Yo veía como le tiraban a matar a Pocho, pero el gordo se la bancaba bastante bien, pienso que era porque tomaba clases de salsa hacia unos meses, secreto que tenía prohibido contar. 

La cosa es que cuando me quise dar cuenta, había una banda de chicos de todos los cursos mirando el partido. Eso me daba cierta adrenalina, creo que todos los que estábamos ahí jugando, sabíamos que estaba en juego la gloria misma. ¿Sabés lo que podría llegar a ser el ganador de este juego? Ni me lo quería imaginar. 

Venia parejo el asunto, volábamos, corríamos, esquivábamos, de un lado, del otro. Con Pocho nos mirábamos, estábamos decididos a buscar la gloria, nuestra gloria.

Eric tomó la pelota, ni me miró, lo miraba a Pocho. Yo lo vi eh, si, lo vi. El tipo tomó carrera, pegó un salto olímpico, vi como con su brazo lanzó un proyectil que iba hacia mi amigo. Creo que todos seguimos el trayecto de ese misil enemigo, el gordo se tiró hacia una esquina, como si fuera a atajar un penal, la pelota rozó la punta de la zapatilla. Pochito afuera. Mi mejor amigo había sido eliminado, mi compañero de aventuras, ya no estaba conmigo.

Quedé solo. Solo contra Eric y sus dos amigos. Uno contra tres. Me quería matar por un lado, mi amigo, afuera, sin embargo, había algo de entusiasmo que me daba ser “el único sobreviviente” del equipo. Si, el enano del curso, por primera vez, estaba siendo protagonista de un partido antológico.

Siguió el juego, me tiraban por todos lados, yo como enano, esquivaba bien, Eric era el mejor de ellos, seguía con sus órdenes e indicando estrategias a los otros dos boludos que tenía como soldados. Pude quemar a uno de los soldaditos de Eric, Tincho, estaba escapando y pisó una latita inoperantemente que se tropezó y terminó en el piso. Uno de ellos afuera. Eric lo puteaba, “¡Pero ves que sos un boludo! ¡¿Cómo mierda te caes?!”.

Quedaron Eric y Pato. Estuvimos como quince minutos pelota va y viene, para ese entonces, el patio estaba repleto de alumnos, todos agitando el partido. Yo deseaba ganar, pero más quería quedar a solas con Eric, con lo que empecé a tirarle a Pato con todo. Era bueno jugando, pero tenía un defecto, cada tanto, sacaba su celular para chequear no sé qué. Y así fue, apenas lo vi meter la mano en el bolsillo, le apunté a ese brazo, no le di ni tiempo de reaccionar. Pato quemado. Afuera.

Tremendo final.

La batalla real había comenzado, pelotazo va, pelotazo viene, todos agitaban de un lado o del otro, la adrenalina me explotaba. Me sentía en ganador. 

Mi cansancio estaba llegando a su grado más alto, Eric también lo estaba, y Julio le festejaba las pelotas que me tiraba, indignante, pero yo me hacía más fuerte al ver todo eso. 

—Vamos enano, ¿qué pasa, estás cansada? —me dijo el salame, mientras se reía. 

Me tiraba con todo, pero yo esquivaba como loco. En un momento que tenía la pelota, pude ver a la flaca que me miró y se le escapó una sonrisa. Cómo explicarlo, como si una ráfaga de energía inundaba mi cuerpo. Tomé impulso y empecé a correr, iba decidido a quemarlo a Eric. Corrí hasta la mitad del patio, salté y con un gran grito de guerra, le lancé la pelota directo hacia él.

No lo podía creer.

Lo había quemado.

Una multitud de chicos gritaban la victoria. 

— ¡Falta, falta, tocaste la línea! —saltó Julio —No vale, vamos Eric, tu turno.

Me quedé helado, no tuve ni fuerzas para reclamar la injusticia que me habían cobrado, era una mezcla de impotencia, bronca y no sé qué carajo más. Solo atiné a mirarlo como diciéndole “¿Por qué hiciste esto?”. Eric, al verme parado mirando a Julio, agarró la pelota, se me acercó y tan sólo tuvo que tirármela hacia el pecho.

Quemado.







Fernando Capece, 2018.