sábado, 15 de diciembre de 2018

Se me acaba el papel * Lorena Di Scala




Se me acaba el papel
se confunde conmigo
somos un solo cuerpo
conviviendo en la agonía
de cortarse
acercarse al final
la luz del túnel

el cartoncito del rollo



Lorena Di Scala, 2018.



viernes, 14 de diciembre de 2018

Ligereza * Carla Capozucca




Qué difícil es dejar de pensar
mi primo me decía unos segundos antes
nena, ese es el truco
y ahora mira desde abajo
lo recorta un marco de piedra
húmedo
chiquitito
hormiga
saluda
a lo lejos
apunta hacia el fondo
su dedo acusador
señala mi falla porque
yo no puedo
porque
qué difícil es dejar de pensar
cuando veo que
él siempre salta primero
y un poco lo odio
se ríe de mis
pequeños rituales previos
los saltitos
las palmaditas en la panza
las respiraciones
me inflo como un globo
costillas expanden en direcciones opuestas
como los rayos de una sombrilla abierta
durante
uno
dos
tres segundos
grieta diminuta mi boca
fisura con forma de u
por la que me pincho y se filtran
el aire y el coraje
vos vacías los pulmones
y lo que tenés que vaciar
es la cabeza, tonta
y un poco me odio
porque
qué difícil es dejar de pensar
no poder
encontrarse
suspendida
en el aire
buscar
libre
instante de ligereza
gravedad cero
cegada por el sol de la sierra
intento y todavía
no salto
porque

qué difícil es dejar de pensar



Carla Capozucca, 2018.
Cerca del río en Rosario, a partir de la lectura de un fragmento de Maurice Blanchot.


jueves, 13 de diciembre de 2018

De la Loba a las poetas verdes * Taller de poesía feminista por Virginia Janza


Este verano vení a leer a Siempre de Viaje.
Taller de poesía feminista por Virginia Janza, un recorrido de lecturas de la Loba a las poetas verdes.
info@siempredeviaje.com.ar





Yo soy como la loba,
Quebré con el rebaño
Y me fui a la montaña
Fatigada del llano.

Alfonsina Storni

martes, 11 de diciembre de 2018

Confesión * Ivana Pizarro



La noche anterior a mi primera comunión tuve miedo. Cuando mi madre me despertó a la mañana me puse a llorar gritando que no iba a poder recibir el sagrado sacramento. ¿Pero qué pasa? Es que hay un pecado que no confesé y no puedo tomarla. Bueno, no debe ser tan grave. Para mí era gravísimo. 
El papelito ese que se adhiere al paladar y tiene forma de círculo se llama hostia. Ese mismo día mi boca dijo amén, se abrió, entró el cuerpo de Cristo y me fui al banco a hincarme de rodillas. No sentía nada. Nos habían preparado para ese momento. Esperaba algo como una sacudida en el cuerpo, un batido. Nada. Mientras trataba de despegar con la lengua el redondel de papel espiaba a mis compañeras. No era fácil porque tenía que seguir con las manos en posición de rezo. Ningún cuerpo vestido de blanco levitaba o algo por el estilo. Me animé y le pregunté a Romina que estaba a mi lado si sentía algo. Hizo que no con la cabeza. Acompañó con los hombros levantados. Me preguntaba cuánto tiempo más debería estar así de rodillas esperando el milagro. Comportate, hija, acabás de recibir la comunión. Era la voz de la hermana Justina. Un año atrás yo la había corrido para quitarle la cofia. Fue como un trofeo. La tela en mi mano agitándose al compás de los gritos de mis compañeras. A eso le correspondió cita con mi madre y el castigo adecuado a semejante acto de vandalismo. 

Al terminar la ceremonia nos fuimos al patio grande donde nos esperaban sandwichitos de miga y gaseosas. La mejor manera que tuvimos de festejar fue arrojándonos los triples de un lado a otro de la mesa. Dos bandos definidos: jamón y queso y jamón y queso. Todavía recuerdo el griterío y las caras de espanto de las hermanas.  Luego de la batalla de harinas nos mandaron de nuevo al patio para recibir a los familiares. Ahí estaba mi madrina con su regalo: un par de patines Leccese. La abracé, se los saqué de la mano, me los puse y empecé a patinar. Sacate eso por favor. Mirá ma, mirá lo que hago. Ella seguía gritando. A mí me encantaba que me miraran. No me salía ir para atrás. Probé. Me caí. El vestido blanco se manchó y mamá vino a buscarme corriendo. Si no te mataste te voy a matar yo. Mirá cómo dejaste el vestido, por Dios. La rodilla me dolía un montón pero hacía como que no.  
Mi conciencia atormentada por el pecado que no había confesado no me había dejado dormir. En las fotos tengo un hilito rosa debajo de cada ojo. Me quedaba cuando había llorado mucho. También me reía bastante. Arrebatarle la cofia a la hermana Justina, usar un recreo para pintar todo el pizarrón con tiza. La maestra nos enseñaba fracciones con un chocolate Águila. Éramos veinticinco. A ver quién va a traer el chocolate la próxima. Yo me di vuelta y le dije a mi compañera que no pensaba llevar nada porque esta gorda se lo come todo y a nosotras nos da un. ¿Cómo dijiste? Que no quiero traer porque usted se come todo y a cada una nos toca un veinticincoavos. Después me enteré de que en el otro curso a una chica le hacía llevar pizza. El papá era dueño de una pizzería. Un día me llamó al frente para que diera lección de los diaguitas. No estudié. No puede ser. No estudié. Yo era una de las mejores alumnas y era imposible no estudiar. Pasá igual. Ya en el frente me pregunta por qué no estudié. No estudié porque yo nací sabiendo. Risas de mis compañeras y nueva citación a mi progenitora.  
Volvamos al pecado que me condenó largos años. En casa no faltaba nada. Material. Pero mamá no me daba plata para los recreos así que durante un año le robé de su billetera. Antes de ir al colegio pasaba a buscarme Clara, mi vecina. Ella era mi campana. La distraía a mi mamá y yo hurtaba los billetes. En principio Clara no quiso saber nada pero cuando le dije que iba a darle una parte cambió de parecer. Así pasamos un año llenas de golosinas. Hasta que llegó el día de la comunión. ¿Algo más que quieras confesar, hija? En mi mente se repetían todos los movimientos: Clara hablando con mamá, mi mano abriendo la billetera, mis dedos índice y pulgar sacando dos billetes y el miedo. De que mamá se diera cuenta. Un día pensé que nos descubría. Clara y mamá charlando en la cocina y mi hermanito que estaba en el cuarto comenzó a llorar. Yo tenía una mano en la billetera y la solté. Al lado estaba el jarrón gigante y horrible de la bisabuela. Siempre estaba lleno con flores. Tambaleó y casi. El terror que sentí fue enorme. Llegaba a romper ese coso de cristal y ahí sí que no me iban a alcanzar ni tres rosarios enteros. ¿Algún otro pecado, hija? No, no tengo más pecados. Padre, ¿es verdad que Dios sabe todo de nosotros? Sí, hija. Rezá tres Padrenuestros y dos Ave María. Me arrodillé y le dije a Dios que no lo iba a hacer más. 
El día de mi primera comunión yo tenía nueve años. Hoy tengo dieciocho y me voy a sincerar. Ma, ¿te acordás de esa mañana que lloraba sin parar por un pecado que no había confesado? Mamá sacó el humo del cigarrillo por la nariz y asintió con la cabeza. Aplastó suavemente la colilla con los mismos dedos que yo usaba para robarle. Levantó la vista del cenicero. Me miró con dulzura. Tu abuela me enseñó que la plata de la billetera hay que contarla todos los días. 
  

Ivana Pizarro, 2018.


viernes, 7 de diciembre de 2018

Todo cambió cuando te conocí * María del Carmen Sarquis




Todo cambió cuando te conocí
tus manos y las mías
se acercaron
se buscaron
fue nuestro encuentro más cercano

Los labios no pronunciaron
nuestros nombres
los dibujaron
en nuestro pensamiento

Te lo susurré
en una voz queda
            cantarina
y vos me nombraste
con amor

Quizás mi ilusión
fue por el eco de tu voz
          de tus palabras
                 por tu sensatez y cariño
O quizás 
porque eras el hombre soñado para mí

Pero el mar
se interpuso entre nosotros
cuando te fuiste
en esa tarde de Octubre
Sólo pensaba
que me había quedado sola
                sin  tus caricias
                sin tus abrazos

                sin tus besos
Sólo pensaba
que volvías a tu mundo
                a tus expectativas
                a tus recuerdos
que no te olvidarías de mí

Pero me equivoqué
yo fui un amor pasajero
un recreo de tu cotidianidad
No regresaste
No me escribiste
Tu silencio fue el que habló
¿Fuiste una realidad
o un sueño en mi vida?
La separación de nuestros cuerpos
precipitó lo irremediable

¿Habrás sido 
una idealización del amor?



María del Carmen Sarquis, 2018.



Monet

jueves, 6 de diciembre de 2018

La palabra EDIFICIO * Ignacio Goldsmit




La palabra EDIFICIO
Yergue sobre los cimientos
Del cuerpo, alma, del quién sabe
Del yomesé
Del ¿yomesé?

Una ventana
Reflejante
La pieza no la ordené
Nunca
EDIFICIO
Sólo escribí edificio
Y se acomodaron los pisos
Obra en construcción
Eso soy-somos
Y se acomodaron las sábanas
Dobladas
Apiladas
EDIFICIO
Escritura
Edioficio
Un oficio que me construye
Se trata de un verdadero trabajo arquitectónico
La palabra sobre el techo
Por salta por volar
Edificio por caer

Atajado en la palabra edificio
Uno sobre otro
Estructura
Escritura
Edificio
Mis pedazos unidos por el cemento
Las ventanas suenan en el viento
Dependiendo de la altura
la frialdad con la que llega la palabra en un soplo
edificio
edificción
sin ser mentira
cuanto más alto
más yo
más inflado
por salta por volar
¿escribir de esta manera 
Será aceptarme
Será quererme?
Escribirme

Nacho
Edinacho
EDIFICIO
Desde el cimiento
Lo que prepienso
De Nacho
Que estalle
Hasta llegar al punto crítico
Que estalle
EDIFICIO
Lo que haya que estallar
Que estalle
Que est-hallé
A Nacho
En la palabra
Edificio.


Ignacio Goldsmit, 2018.
A partir de Amarillo Vol. 1 Ocre de Karina Macció.



Karin Godnic



miércoles, 5 de diciembre de 2018

Tu viaje del año! fiesta de lecturas * 20/12




El jueves 20 nos vemos en la fiesta de lecturas que haremos en el Bar de Kowalski, Billinghurst 835. Te esperamos a partir de las 19:30 con invitados especiales y un recorrido impactante por textos de viajes.