jueves, 29 de septiembre de 2016

Fragmentos de un discurso amoroso en el Club de Lectura





Coordinación: Virginia Janza, Eugenia Coiro y Karina Macció.
Dirección General: Karina Macció
Lugar: Guarida Literaria de Siempre de Viaje
fbk: siempredeviajeliteratura
@siempre_deviaje

Tel.: 4867-5964 

África * Eleonora Buffagni


África
LEONES
Vos
CODODRILOS
Yo
     PANTANO
Nosotros
CAMALEONES
          nosotros
ELEFANTES
              nosotros
CEBRAS
Sin tocarnos
AVESTRUCES
        Sin besarnos
  JABALIES
Sin amarnos
GORILAS
       En la maleza
                 LEOPARDOS
            Bajo el sol
HIPOPOTAMOS
         Para no ver
Y quemarnos
            AGUILAS
               Entre gritos
                  BUFALOS
          No hacemos nada
                   HIENAS
                     nada
                  HIENAS
NOSOTROS
NOSOTROS
NOSOTROS
SIN BESARNOS
SIN TOCARNOS
SIN AMARNOS
BAJO EL SOL
PARA NO VER
NO VER
Y NOSOTROS
CALIENTES
EN LA SELVA
NOS QUEMA EL ATARDECER
NOS DERRITE
NOS DERRETIMOS
Y NO HACEMOS NADA
              NADA
         NADA
Y ESTOY ENLOQUECIENDO COMO UN ANIMAL TE GRITO TE GRITO
COMO DOS ANIMALES ME GRITAS me gritas
Nos revolcamos
Mordemos
            Con las manos
Con la boca
Nos arrancamos
Los sentimientos
     Me agarras de la cabeza del pelo me sacudís
Revolcándonos
Entre ellos
Iguales    
        Te grito
      Soy débil ANTE VOS
Y el SOL se va escondiendo entre amarillos naranjas dorados
Sobre nuestros cuerpos giratorios
Salvajes
   Y me caigo entre tus brazos en tus uñas en tus garras en tus ojos
Me dejo
 dejo
      Llevar
Encandilada
Encendida
África



Eleonora Buffagni, 2016.
Texto producido en Siempre de Viaje en ocasión de la visita de Alain Lawo-Sukam, autor de Sueño con África.



miércoles, 28 de septiembre de 2016

Una congoja * Mariel Fini


Una congoja
Llanto a flor de piel
Retorcijón colorido
Rojo 
Violeta
Azul
Llega viene
Mezcla de corteza de árbol
Y sabia
Mezcla de cacao y café
Sabores amanecidos
Al alba de un encuentro
Con uno y con otro
Aquí 
Aquí mismo
En el centro el aire
El fulgor 
El calor 
De un corazón que despierta
Con la caricia 
Acurrucada
En la superficie de la piel
Blanca, suave
Tersa
Aferrada el alma
Respira
inhala
Igualdiferente
Con el resabio de ayer
Y la caricia de hoy
De un hoy 
Convertido, intercalado
En azulesmarinos eternos



Mariel Fini, 2016.
Texto producido en el viaje al Festival Internacional de Poesía de Rosario.


lunes, 26 de septiembre de 2016

Se dibujaba * Gabriel Brajterman







Se dibujaba sola con la arena abierta y el mar descubierto
Después el silencio ajustó los colores
La señal no tenia auxilio ni calor
Nuestros barcos no llegarían a la orilla
A lo lejos imaginamos el amor
Sonrisa de papel mache
Árbol esculpido entre bocetos
Acaricie el firmamento de tu piel alcurnia
El zumbido llega cuando besa la oscuridad
Me arrodille sin peso y espere
Golondrinas
Sólo golondrinas
Busque la palabra que podía estar mejor
Diluido
Me asusto diluido mientras el río abusa de su nombre y deja cicatrices
El vuelo se levanta y la noche elastizada esconde sus estrellas
Yo recojo lo que dejaste vivo.
El caleidoscopio se olvida de tocarme
Él verbo imposible acaba dormido.



Gabriel Brajterman, 2016.
Producido en los Talleres de Siempre de Viaje en el marco del Festival Internacional de Poesía de Rosario.

África * Mercedes Marcer



Existir no existiendo era algo muy complejo. Iba empeorando cada vez más. Un día de inflexión opté por actuar. Pensé en el origen del hombre, en el origen de la vida. Allí tenían que estar mis respuestas.
Armé un pequeño bolso con lo que consideraba necesario: ropa, papel, lápiz y dos libros. Agarré todos mis ahorros y me fui al aeropuerto. Compré el pasaje y sólo dije: África. 
Presté atención al paisaje por debajo, desértico por momentos, verde y agua por otros. 
Al llegar estaba muy cansada. No sabía del todo a donde iba, ya nada importaba. Una española con la cual había intercambiado unas palabras en el avión, me comentó que iría a acampar cerca de un río. Opté por seguirla.
La ida hasta el campamento fue tediosa. Tuvimos que tomarnos más de cuatro colectivos. No entendíamos nada de lo que nos decían. Solo aceptábamos con la cabeza y entregábamos el dinero al subir. Algunas mujeres intentaban comunicarse con nosotras con señas, la española les respondía. Yo miraba por la ventana, una mueca similar a una sonrisa comenzaba a dibujarse en mi cara. 
Llegamos empapadas en sudor. El calor era agobiante, seco, mi cuerpo no estaba acostumbrado. El viento cálido y escaso. La española se quejaba, a mi no me parecía mas que un accesorio. Lo importante era otra cosa.
Las carpas estaban rodeadas de pocos árboles, milenarios, que nos miraban con desconfianza. A lo lejos se divisaban pastizales, parecían no tener fin. El amarillo predominaba. El sol tenía vida. Las nubes estaban ausentes en el extenso cielo. 
Nos ofrecieron algo de tomar. La bebida más exquisita de mi vida. Mi sed fue saciada.
El tiempo parecía no existir en esas tierras: todo sucedía a un ritmo propio. 
Comenzó a anochecer. Ese sol vivaz nos iba despidiendo de a poco, mientras el cielo se tornaba rosado y el lucero entraba en escena. Vimos como desde el horizonte comenzaba a aparecer ella, se elevaba cada vez más. Iluminaba todo el pastizal. Nos iluminaba. A mí más que a nadie. Sentí que su luz penetraba toda mi persona hasta revivir algo que creía estaba muerto. Mis comisuras se habían contraído de tanto regocijo. 
Entendí. Allí y en ese instante. Estaba donde todo comenzó. 


Mercedes Marcer, 2016.
Texto producido en los talleres de Siempre de Viaje a partir de la lectura de poemas de Sueño con África de Alain Lawo-Sukam.




viernes, 23 de septiembre de 2016

Ese otro camino * José Lupia




Cuando tenía diez años soñé con una chica africana.
Ella estaba sentada sobre una gran roca a la orilla de un río zigzagueante. Tenía los pies juntos y limpios por el agua que cada tanto los bañaba. Miraba el atardecer. Miraba a los hombres de la aldea volver de algún lugar que desconocía, al otro lado de las montañas. Se habían ido temprano, cuando ella dormía, y regresaban ahora agotados, pero con la cena a cuestas.
Recuerdo que me levanté aturdido. Era plena madrugada y afuera llovía como si fuera el último diluvio. Quise recuperar el rostro de la chica, pero no pude. Sólo tenía los pies, alguna difusa imagen de piernas largas y flacas, un par de aros enormes y coloridos pendiendo de sus orejas.
El sueño se repitió muchas veces durante aquellos años. Tanto que llegó a convertirse en una obsesión. Por eso, busqué un libro de nombres africanos y elegí uno. Desde entonces la llamo Nashaly, que significa nacida en épocas de lluvia.
Lo extraño es que había, en esa imagen siempre tan endeble de los sueños, una sensación de tristeza que me acompañaba durante varios días. Ella no miraba deleitándose por un atardecer, miraba como quien pregunta, como quien extraña. 
El sueño se quedó en mi niñez, junto con otros.
Sin embargo, nunca me olvidé de Nashaly. Y cada tarde, en la fría oficina en la que trabajo, puedo imaginarla cumpliendo el ritual. Es un momento breve, eterno. Mira el sol escondiéndose detrás de las montañas, transformándose en un esplendor oculto que tiñe todas las cosas. Mira a los hombres que vuelven. Pierde sus ojos contemplando con devoción infantil aquel paisaje, ese lazo entre su mundo y el otro.
Ese otro camino que nunca ha transitado y que, seguramente, nunca será suyo.


José Lupia, 2016.
Texto producido en los talleres de Siempre de Viaje a partir de la lectura de poemas de Sueño con África de Alain Lawo-Sukam.


jueves, 22 de septiembre de 2016

La ampolla * Gabriela Pedrotti



Desperté sensible
Me acerco al cuarto de mi hijo
Me dice: “Mamá me duele acá”. Señalándome su encía. “Viste que tenemos una piel acá. Bueno, arriba me salió otra piel que envuelve la de abajo y queda gordito adentro.”

Qué forma genial de nombrar una ampolla!

Viva la lengua





Gabriela Pedrotti, 2016.
Texto producido en los talleres de Siempre de Viaje.