martes, 20 de agosto de 2019

Me hice añicos * Teresina Papaleo






Me hice añicos
vi
volar
pedazos

partes  
  d e sp  r en d i d  a   s 
   otras       d e s t r u i d a s

al tiempo crecieron
nuevas

¿reemplazos?
nunca encajaron

lo intenté
forcé
resentí

SON OTRAS




Teresina Papaleo, 2019.



Eduardo Leal


lunes, 19 de agosto de 2019

Cautivo - Franco Vignati

Junio 19 – Cautivo


I. 
Hace tanto no soy conductor en ruta de alba. Había olvidado lo que es apoyar mi cabeza contra mi mano vacía y pausar mis ojos en el camino, en el fondo que se dibuja y desdibuja con la velocidad crucero. Escucho a Johnny Cash llorar
My sweetest friend
Everyone I know
Goes away in the end
Por cosa de gravedad o cualquier excusa, los rascacielos se vuelven pequeños, bloques rojos a la vista, el cemento crack crack, resquebrajado. Son frágiles paredes para frágiles cuerpos, invisibles, exiliados a los ojos de carreteras perdidas que solo miran al frente, olvidando el límite, transitan el abismo. Ellos se esconden de nosotros, de nuestra visita fugaz a sus puertas.
El rodado no se detiene. Continúa.

Pasamos por la cárcel de Magdalena. El enrejado bordeaba el perímetro perfecto. Alto, muy alto, y giraba sobre sus espinas como canto rodado sobre un borde. Apenas el aire se atreve a pasar entre las aberturas en forma de brisa lúgubre. Distingo el alba, ya que el gris asegura que no entren cálidos o fríos, de estación. Domina y escupe sus campos de pasto gris y sus enredaderas.
Por la noche volvimos a pasar. No distingo puertas, solo fantasmas y vigilantes nocturnos. Las luces armonizaban la niebla, fusionaron sus etéreas existencias en penumbras, en el falso exilio al medio de la nada misma.
Me pregunto si alguna vez el gris abandona sus cuerpos.
me pregunto
habiendo llegado al fin
verde por doquier
verde en mi piel
te canto
para que no me abandones
te canto
canto a la piel.

II. 
caminos se abren en caminos
sobre las ramas
tierra negra
herida hoja que cae
desandar el camino
campo inmenso
no veo final
una jaula de pájaros floral
barrotes de madera
naranjos
me siento en un banco
lo vi y me imaginé
sentado allí
fumando
en un tercer plano
boceto
se acerca un perro
con pelaje enmarañado
hojas secas sobre el lomo
tanto revolcarse
tanto confiar en extraños
Firulais
pensé
nombre perfecto
para un perro guardián
podría significar
cazador de juegos
en idioma canino
cómo si tener un título
transformara
definiera
algo
lo que sea
no tan distinto a la fundación
concepción
¿registro de la paternidad?
¿aquí se replica?
supongo entonces
ahora
a partir de este instante
tiene nombre
podría a partir de aquí
adquirir la conciencia del ser
que revuelca que corre que salta
entonces
a partir de ahora
¿existe?
¿acaso
su origen
tan trivial
asemeja con las hojas y los árboles?
hoy
hoja es hoja
ayer
folium
antes
mucho antes
UNDR
hoja de caverna
dudo de tu procedencia
¿fuiste alguna vez?
tus ladridos
canto de hoguera
de pueblo sin nombre
o eso creo
y te conquisto sin intención
lo ignoro
sin intención
también
desconozco
cómo llamarte
origen tal vez
vos en mí
el inicio
la palabra
se reduce
a milenios
tal vez
nada al fin
no es tan fácil
Firulais, sabelo
no es nada fácil
ser humano
ser perro
ser hoja
ser nombre
ser
consciente.

III.
recordé
haber nombrado también
tarde de río pulmón
a Johnny Lavaca
en aquel encuentro
el camino
separado por vallas
yo tan tierra
vos tan pasto
tan
gigante
me viste pasar
y te vi
nos vimos en el medio del tránsito
dejaste de rumiar
dejé de caminar
tus ojos
platos negros
abismo profundo
podía bajar por ellos
explorar tus cavernas
lo recóndito
lo extraño
de pie frente a vos
estatua manchada
blanco y negro
belleza natural

Me dejaste pasmado, inerte. Yo camino y vos rumias, nos pasamos la vida así, sin cruzarnos. Suele separarnos un plato. No acostumbramos mirarnos como yo miro la luna, como hipnotizado por la noche nacida en tu iris. Allí no había luna, solo noche, oscuridad eco, ondas que atraviesan el aire y susurran:

miedo
siento dolor
instalado
adormecido en tus párpados
una espera eterna
soy sensible al viento
dice muchas cosas
a mí me dijo:
etéreo

a vos te dice:
sueño
supongo
tan etéreo como el mío
como tus cortes en el cuero
necesario para
cumplir tu cometido
la semilla madre implantada
lo que supone serás
lo que duele
y me duele que te duela
tanto tanto
como si no importara
tu nuevo origen
vos en mi
otra vez
como si fueses
espejo del ser deambulando
reflejo de
mi conciencia
todo lo que se
oh mi amigo,
lo que soy
se evapora
en el regreso
mi piel
como la tuya
grisácea
curtida
flota
vos
perdido
inefable
yo
ser que espera.




Franco Vignati, 2019.

viernes, 16 de agosto de 2019

¿Por qué no te quedás? * Ricardo Czikk




Hace años que lo siento
al principio no lo sabía
pero era ese tic tac y tiquitac
que enlentecía
su ritmo y cadencia
la forma de hablar
como si se hiciera
pastosa


Ahora lo sé
porque la escucho
cuando se preocupa por mi salud
le digo tengo casi sesenta
y me responde
no te preocupes que cuando vos tengas setenta
ya no voy a estar
agregó
no quiero estar para molestarlos
ni a vos ni a tu hermano


Fue siempre modosa
desde chica nunca jorobó
a nadie
siempre en su lugar
prolija del medio
entre varones


tras la muerte de mi padre
desde entonces
también
se las arregla
solita


no resiste que me enferme
ni un poquito
entonces me llama tres veces al día
siente mi voz tomada
estos días están fríos Ricky
no salgas
¿para qué?
¿no podés quedarte con esta humedad?


la escucho paciente
habla cada vez más pausada
una palabra suspendida
finita de la siguiente
en espera
pero no impide
hablarme
tanto como sea necesario
hasta que la autorice a pasar por mi casa
se quede tranquila
verificar que su hijo
ya casisesenta
esté bien, porque dejo
no sé si estaré
cuando cumplas setenta
y
me
acongojó


fue un mensaje de audio
rubricado con risa
(un día se hizo moderna)
graba envía escribe como si fuera
natural
cada tanto mete lío
no sé qué le pasa a mi celular
lo arreglo (me enojo en chiste)
porque es como
si por fin
yo la cuidara
de virus que atacan
y podrían borrar
tu voz
que las memorias
se vacíen


un día se irá
no me llamará
cuando me enferme
me quedará una voz
que un día
comenzó a hablar cada vez
más
pausada


mil veces me pregunté
cómo hizo ya viuda
con la soledad
porque no podría yo
ella sí
sola y tan que está
siempre que uno se enferme
alma cuidadora conmigo
también con sus amigas
llama y me pregunta
¿por qué no te quedás adentro? mirá cómo está el día
me da angustia
cada vez que
me pregunta
me cuida
en cada mensaje llamado
no puedo dejar de perderme en la lentitud
que precede
al silencio.


hace diez años
cuando mi cadera falló
se instaló en un cuarto
que era para mis hijos
caminaba con bastón yo
me cocinaba ella
feliz de hacerlo
lo sé, pero me apenaba
por lo dos
como si nos hubiera soltado la mano
la vida


me prohíbo
sentir este cono sombrío
me aterro
en especial en estos días
de sinusitis que ataca mi cabeza
el moco me invade
invalidado e incapaz
entonces
no puedo imaginar
llegar a los setenta
que ella ya no me llame
ni se preocupe
con ritmo cada vez más lento
diga:


para qué vas a salir hoy
si hace frío
mucho.




Ricardo Czikk, 2019.




Elba Collective

jueves, 15 de agosto de 2019

En este mundo nada hay cierto * Matías Montero



Eran las diez y media de la noche de un jueves. Juan disfrutaba un rato de tranquilidad y esparcimiento armando un rompecabezas de 1000 piezas en el living de su casa. El Everest, el Matterhorn o alguno de esos. Era un modesto departamento de dos ambientes que aunque pequeño, le alcanzaba lo más bien para sentirse bastante solo. Cuando pensaba esto, solía contestarse algo odioso y, al hacerlo en voz alta, se sentía aún más solo. Hoy no le había pasado, era una buena noche. Había terminado rápido los impuestos de un cliente particular para cenar temprano, se sirvió una copa de vino, calentó unas lentejas congeladas. Después peló una mandarina, se dijo en tono sarcástico: pobre pero con postre, y se puso el piyama. En la calma total de luces tenues, fondo de copa de vino y soledad de la sala, inmerso en una montaña de piezas para armar otra montaña, de repente se escuchó:

—Hola Juan, ¿cómo estás?

—¡¡¡Aaaaaaahhhh!!! —gritó Juan desesperado de terror— ¡¡¡Aaaaaaahhhh!!! —su boca abierta tenía el mismo tamaño que su cabeza. 

—Sí, ya sé. Las presentaciones son complicadas para los nuestros —su voz era la misma de Juan con un poco de eco.

—Ss so… so… ¡sos yo!

—Técnicamente no soy vos, soy tu fantasma —el sonido se acercaba hasta que una figura hecha de luz salió caminando de la pared. Juan abrió los ojos tanto como la boca, parecía que se le iban a caer y rodar sobre la mesa. El espectro se detuvo frente a él mientras intentaba recomponerse para preguntar:

—Si vos sos mi fantasma, ¿quiere decir que yo estoy…?

—Nop.

—Ayyy.

—¿Ahora qué te pasa?

—Me pellizqué para ver si estaba soñando y tampoco.

—Tampoco.

—¿Me podés decir qué está pasando? 

—Vine del futuro para charlar un poco con vos…

—Ah, me voy a morir—interrumpió impaciente Juan.

—¡No seas pelotudo! Todos nos vamos a morir —se rieron los dos a la vez. 

—No lo puedo creer. Soy más gracioso muerto que vivo —se rieron de nuevo. 

Juan se puso contento de haber hecho un buen chiste. No pasaba seguido. Pensó necesito un té y le ofreció al fantasma que lo miró muy serio. Hizo un gesto entendiendo la problemática y señaló la puerta para retirarse. En la cocina buscaba el saquito, el azúcar y demás, cuando el espectro atravesó de nuevo la pared sobresaltándolo. No se acostumbraba aún a esta nueva dinámica hogareña. Mientras se hacía el té, el otro empezó a dar detalles sobre su visita. 

Resultó ser que la muerte había recibido un reclamo de la AFIP y precisaba ayuda con su declaración impositiva y los planes de pago. Juan escuchaba atónito, pensó en la frase “En este mundo nada hay cierto, salvo la muerte y los impuestos”. Le parecía todo muy increíble hasta que recordó con quién estaba hablando. 

—Y entonces me ofrecí a ayudarla, a cambio de un favor —dijo la figura con su eco.

—¿Cómo un favor?

—Sí, le dije que yo me encargaba de todo siempre y cuando me dejara tener una charla con vos. O conmigo. No sé bien cómo se diría. Es medio confuso…

—Naaa, te parece. —Juan se hacía el gracioso para agradar. O agradarse. 

—La cosa es así: como no mejora el panorama desde ahora hasta que ella te venga a buscar, se me ocurrió venir antes para tratar de hacer que nuestra vida valga más la pena. Y también que dure más.

Hasta ese instante, Juan no se había dado cuenta de que su versión muerta no era mucho mayor que él. Esto le provocó un inesperado escalofrío.

—¿Che, y no tendría que haber venido la muerte para hablarme de todo esto? Digo… no es por despreciar tu visita. Solo que me resulta poco serio que no se haga cargo ella de este tema. Para mí, es bastante importante.

—Sí, lo sé. Es más, me dijo que te transmitiera que le hubiera gustado estar pero tenía muchas cosas que hacer. Te imaginarás. 

—¿Y entonces? 

—Y entonces te tenés que animar un poco más, Juan. Menos mandarina y más flan con dulce de leche. Mucho dulce de leche. Crema también, si querés.

Terminó de decir esto y desapareció. Juan se quedó pensando un rato largo. Al día siguiente llamó a algunos clientes, consiguió varios nuevos. Dos años más tarde abrió su propio estudio. Contrató a un empleado. Empezó a pintar, conoció a una chica en el taller. Se casó. Llegó a los veinte empleados. Se compró un velero. Tuvo hijos, después nietos. Sonrió mucho y siguió con los chistes, hubo varios buenos. Una noche a los 83 años, cenó lentejas, flan, y lo vinieron a buscar.





Matías Montero, 2019.