miércoles, 15 de enero de 2020

Flor * Mari Cambareri




Dicen que ha nacido una flor
que se abre al aire
en grito de existencia
anuncia su impericia
se declara 
de color incompetente
descoloridos los bordes
apenas jaspeado el interior
dicen 
que la flor no calla
se cercena los pétalos
con alaridos
gangrena
los estambres de dolor
se dobla 
brama enloquecida

dicen que florecer de noche 
es un signo
abrirse a la oscuridad 
para aceptar el día
vaciarse capullo
en lo negro
dicen que duele
aturde
o debilita
dicen sobretodo
que la oyeron
y por eso
una flor ha nacido




Mari Cambareri, 2019.

Robert Ziebell

lunes, 13 de enero de 2020

25 de Mayo * María de los Ángeles Raggio






Como cada sábado ella entró a la casa para la visita ineludible. Sabía que la celebración tendría lugar durante la tarde. Cuando llegó al primer piso, se encontró con la imagen que le desbordaría sus ojos de celeste y blanco.

El 25 de mayo es una fecha que resuena en nuestra memoria como un cumpleaños que no se puede olvidar. Desde muy niños esa fecha es motivo de excitación y desvelo para madres, padres e hijos con caras pintadas con corcho o maquillaje negro, grandes moños, paraguas escarapelas y lluvia de papelitos frente al cabildo, todo acompañado con mazamorra French y Beruti.

Llevaba en su bolsa las golosinas infaltables, y miraba cada detalle con emoción deliciosamente infantil.

La pareja que se encontraba en el centro del salón era curiosa, no se podía más que admirar la destreza con la que bailaban la zamba y el pericón. Daban ganas de aplaudirlos, de pedirle otro baile, un valsecito quizá.

Ella llevaba un vestido típico floreado, la pollera acampanada con volados y las mangas abullonadas y cortas. El cabello estaba recogido con flores en un rodete y sus mejillas estallaban de rubor rosa, igual que sus labios. Él, en cambio, no tenía flores. Era toda seriedad, bombacha beige, botas marrones, camisa de un blanco inmaculado y sombrero de fieltro bien de campo. Un pañuelo de raso celeste coronaba su cuello.

Y bailaban y bailaban y bailaban… La música atestiguaba su ceremonia su cortejo como todos los que en un silencio casi religioso, seguían cada uno de sus pasos y recortes. Aplausos en el zapateo determinado y hasta con algún firulete, sonrisas con algunos portillos que no dejaban dudas que la danza los entusiasmaba.

Ella seguía casi escondida observando la celebración para que su presencia no capturase ninguna mirada, para asegurarse de que el foco permaneciera en la pareja que los transportaba al fogón de campo, en alguna pulpería de aquellos años revueltos.

¡Cuánto le habría gustado abrir un chocolate mientras miraba! Pero no iba a cometer la herejía de desatar el ruido inconfundible del papel dulce abriéndose, dejando a la vista de todos ese deseo oscuro y aterciopelado (que transformaba la boca en éxtasis).

Se preguntó si ese éxtasis era parecido al que gritan los fanáticos del fútbol desgarrando sus laringes cuando su equipo hace un gol.

No, el chocolate debía esperar igual que ella para sumarse a la escena.

Y esperó.

Y se deleitó en las miradas, en la música que no era de su gusto pero le traía alguno de sus pocos recuerdos felices.
Al terminar el baile, escuchó los aplausos, las exclamaciones, vio cómo una de esas sonrisas entregaba a los bailarines un presente y un beso. Todos emocionados, todos con la certeza que da el disfrute dibujada en sus caras.

Era el momento de permitir que la viesen. Entró a la sala, saludó con un beso y compartió el entusiasmo en los ojos de quienes estaban rodeando la pista.

¿Vamos? -Dijo con una sonrisa y se acomodó detrás de la silla de ruedas en la que su madre estaba sentada.
Sí, vamos, ya tengo el termo con agua caliente para el café.
¡Estupendo! Y mientras, ordeno tu armario. Estuvo muy lindo ¿no?



María de los Ángeles Raggio, 2019.




domingo, 12 de enero de 2020

Lo ha visto * Brenda Secco





Lo ha visto
y ahora lo sabe

abrió la puerta
sangran sus llaves

una grieta
la atraviesa

huesos, vísceras
todo al sol
quema

ahora si
pronto
cae la noche




Brenda Secco, 2019.



Halpern

sábado, 11 de enero de 2020

Imprevisible * María Victoria Verzura




Imprevisible
inusual
indeterminado
nunca es el momento oportuno


ese instante fugaz en el que aparece


un resquicio


no es presente ni está por llegar ni ha pasado
salto a lo absoluto
tiempo lineal efímero inalterable
y en mí el tiempo al margen del cosmos
registrado en un recuerdo
pura percepción
fugacidad vacío inquietante


abrasa el ayer como una sombra
cantando en la voz del presente que pasó
estoy rendida y existo
aunque ya no soy


toda la vida en un minuto
y un minuto es todo



María Victoria Verzura, 2019.



Roslyn Julia

viernes, 10 de enero de 2020

Desde hace tiempo * Axel Levín



Desde hace tiempo
hay algo de inminencia
de permanente irrupción
en este ir y venir
ocho cuadras nocturnas
alternando
tu casa y la mía
para habitar de a dos.

Hoy
falta una semana
para que te lea esto
primera noche juntos de vuelta
imagino cómo será
(no te conozco
no sé quién sos
no sé qué viene)
me entrego a esa sensación ficticia
real
de primera vez
sin caminar esas cuadras graciosas
porque en verdad
nunca
estuvimos
así.

Elijo la reinvención
estirar el brazo a la mañana y que esté ahí
nuestra
la palabra
en cada rincón
inaugurando
la textura caótica
desconocida
selecta
de ahora
acá en más
nuestro mundo.




Axel Levín, 2019.


Foto: Ricardo Czikk