domingo, 24 de septiembre de 2017

La noche estrellada * Anne Sexton

Esto no impide que yo tenga una terrible necesidad de (¿debo decir la palabra?) religión. Pues salgo fuera de noche y pinto las estrellas.

Vincent Van Gogh en una carta a su hermano.


La ciudad existe solo
allí donde un árbol de hojas negras crece
como una mujer ahogada hacia el cielo ardiente.
La ciudad está en silencio. La noche hierve con once estrellas.
¡Oh, noche estrellada, noche estrellada! Así es
como yo quiero morir.

Ella se mueve. Todo está vivo.
Incluso la luna se hincha en sus hierros naranja
para pujar niños, como un dios, desde su ojo.
La vieja serpiente oculta se traga las estrellas.
¡Oh noche estrellada, noche estrellada! Así es
como yo quiero morir:

dentro de esa bestia precipitada de la noche,
sorbida por el gran dragón, separarme
de mi vida sin bandera,
sin vientre,
sin grito.



Anne Sexton, Todos mis seres queridos.








That does not keep me from having a terrible need of—shall I say the word—religion. Then I go out at night to paint the stars.

Vincent Van Gogh in a letter to his brother.


The town does not exist
except where one black-haired tree slips
up like a drowned woman into the hot sky.
The town is silent. The night boils with eleven stars.
Oh starry starry night! This is how
I want to die.

It moves. They are all alive.
Even the moon bulges in its orange irons
to push children, like a god, from its eye.
The old unseen serpent swallows up the stars.
Oh starry starry night! This is how
I want to die:

into that rushing beast of the night,
sucked up by that great dragon, to split
from my life with no flag,
no belly,
no cry.


Anne Sexton, All my pretty ones.

viernes, 22 de septiembre de 2017

Vecinas * Mari Cambareri


Mientras barre la vereda que está otra vez llena de hojas de tilo, doña Gertrudis Bertolotti le cuenta a su vecina doña Coca Palombo los profundos motivos que la llevan a no tener más canes en su hogar.
Yo de perros no quiero saber más nada, doña Coca. Con decirle que de vez en cuando al Roque se le daba por olerle por ahí a la Pelusa. Y empezaba por ahí pero terminaba más acá, moviéndose como electrocutado le digo.
¡Qué barbaridad, doña Gertrudis! Habrase visto.
¿Sabe las veces que le tiré un balde de agua encima a ese bicho? Y lo que era aguantarlo después, ni le digo.
Digamé, digamé. Aunque preferiría no escuchar. Le confieso que me impresiona tanto.
Impresión, lo que se dice impresión, era el Roque agarrado a las piernas de cada uno que entraba. Ni una garrapata se aferra tanto.
¡Cómo la hacen quedar a una!
¡Ah! pero mi marido enseguida le daba con la cuarenta y cinco y no jodía más por un rato, le aseguro.
¿Tenía un arma el finado Pepe?
No, que va a tener. Le daba con la chinela, le daba. Cuarenta y cinco calzaba el Pepe, así que imagínese al Roque, la cola entre las patas y al rincón.
Mano dura como siempre digo, mano dura.
Aunque le confieso doña Coca, que la Pelusa no era ninguna santa. Al rato ya andaba moviendo la cola cerca del Roque para excitarlo nada más. Una perra muy licenciosa, demasiado le diría.
El problema de este siglo doña Gertrudis, la licencitú, la licencitú.
Por eso le digo, con las obscenidades que he tenido que ver, yo de perros no quiero saber más nada, doña Coca.
Y lo bien que hace m´hijita, lo bien que hace.


Mari Cambareri, 2017.
Desde los talleres de Siempre de Viaje.



jueves, 21 de septiembre de 2017

Analía Daporta Minuto Fantástico





La nave descendió en el jardín mientras leía los documentos; una luz cálida me me condujo hasta el centro del aparato. Unos seres buena onda con cara de escobillón me recibieron cantando melodías extrañas que entonaban desde sus cerdas. Bailamos mucho, viajamos por agujeros negros, reparamos asteroides rotos.



Luego de varios eones me dejaron en un continente que parecía África. Deambulaba entre arboles de jade y raíces húmedas cuando desde un nido de termitas salieron siete chimpancés furiosos. Creí que me iban a trozar. Resignada, les dije que prefería eso a ser dirigida, legislada, inscripta y adoctrinada. Para mi sorpresa, el más anciano me dio la bienvenida, aclarando que, si bien les gustaba Proudhon, consideraban superior a Bakunin. Con ello aprendí a vivir en la inocencia más absoluta.

 

Un día les dije que extrañaba la historia, que necesitaba volver. Lloramos abrazados nuestras siestas. Caminé hasta ser un esqueleto almibarado. A lo lejos se oía un melancólico sonido circular.



Preparé café bien negro y unté mi pan con dulce de higo. Vestida de oficinista, tomé el sobre con el informe para Gutiérrez, y salí de casa, no sin antes tomar mi plátano violeta.


Analía Daporta, 2017.
Desde los talleres de Siempre de Viaje.




miércoles, 20 de septiembre de 2017

Desde chica * Mercedes Marcer




Desde chica me gustan las plantas. Sentir la tierra entre los dedos, oler la humedad. Comer verduras me da rechazo. Imagino que esa lechuga en el plato es la Ilex canariensis que regué el día anterior y me entristece.

Odio la gente que regala flores, no entienden que han muerto, es como regalar un pescado.
Hoy es un día soleado, sin viento. Miro el jardín con orgullo. Acaricio las plantas, huelo el perfume. Se ven tan cómodas, alegres. Qué lindo sería.
Entierro mis pies al lado del jazmín. Absorbo de a poco el nitrógeno de la tierra, en mis venas hay sangre verde, los dedos se fusionan. Los brazos quedan estáticos y en mis orejas, ahora pétalos, juegan las avispas. De mi nariz sale un pistilo rojo. Lloro savia. Qué lindo es.


Mercedes Marcer, 2017.
Desde los talleres de Siempre de Viaje para Minuto Fantástico.






martes, 19 de septiembre de 2017

Los dos monos de Brueghel * Wislawa Szymborska



Así es mi gran sueño del examen de revalida:
dos monos atados con cadenas, sentados en la ventana,
el cielo revolotea tras los cristales
y el mar se baña.

Me examino de historia de la gente.
Tartamudeo y me atasco.

Un mono clava en mí su mirada y aguza irónico el oído,
el otro finge dormitar,
y, en el silencio que sigue a la pregunta,
me sopla la respuesta
con un débil tintineo de cadenas.



Wislawa Szymborska



”Dos monos”, Brueghel



domingo, 17 de septiembre de 2017

Ellas * Alejandra Malvotti


Mesa, papel y lápiz
¿qué más necesito?
concentración
no tengo.
La gente, el ruido
me saca de acá.
Meterme en mí
no lo consigo.
El lápiz dibuja letras
las letras se hacen palabras
sin darme cuenta algo sale de mí.
Atrapada en un enjambre de ideas
se tejen, se enroscan
agresivas.
No las quiero 
así no.
Las tacho, pero vuelven
se acercan, me abrazan 
dolorosas, sensibles.
No las quiero
son ellas que no me dejan
cambio de lapicera
agrego sinónimos
no me gustan.
No las quiero
las tacho y vuelven.
Agarro otro cuaderno
otra lapicera y me siguen
esas palabras
un tiempo se quedaron 
escondidas
¿Se durmieron?
No, las guachas me estaban esperando
para hacerme recordar
que te extraño,
me dicen al oído
la herida sigue sangrando.



Alejandra Malvotti, 2017.
Desde los Talleres de Siempre de Viaje.





viernes, 15 de septiembre de 2017

Nube en mi frente * María Victoria Verzura



Nube en mi frente
intermitente pesadez
es que no estoy completa
soy parte de algo
qué no sé
que desconozco
¿no es en realidad la verdadera vida un gran paréntesis?
un paso a algo desconocido
como un puente
¿y del otro lado qué?
pagar las culpas de otras vidas
armarse para las próximas
por eso esta melancolía
continua
siempre presente
es que no estoy completa
algo que me falta
que no entiendo
no alcanzo
porque me escapo, lo vivo a medias
miedo
buscando perfección
por querer escaparme
y ser otra
otra vida
ser la espía



María Victoria Verzura, 2017.