lunes, 21 de agosto de 2017

una forma de hundir * Nicolás Alonso



una forma de hundir
el dibujo que produce un barco 
al caer
pausado
en el agua

una forma que deja el barco al hundirse
pesado hacia el fondo que tal vez
nunca llegue
nunca haga el contacto que detenga
la fuerza persistente
que sumerge
que hace pensar
que su existencia
haya sido
nada más que esa dualidad
entre un flotar, apacible 
y la irremediable inmersión que surca el agua hacia el centro
el fondo que uno
supone pedregoso
pero quizá esté
minado de fantasmas 
vivos
sobrevivientes de otros naufragios 
que en lugar de correr el horizonte
solo pudieron
dejarse llevar
por el frio lento
sabiendo que una herida en el agua
solo dura
lo que dura el hundirse



Nicolás Alonso, 2017.
Desde los Talleres de Siempre de Viaje.


Turner



viernes, 18 de agosto de 2017

La nube * Silvina Ocampo



Íbamos a cazar una nube. No es fácil, cualquiera lo sabe. Era una nube blanca, rodeada de pasto y de flores. Cazarla era imposible. ¿Cuál era la nube? Esto era lo difícil. Las nubes estaban en el horizonte, muy lejos; había que alcanzarlas en coche, en automóvil, en avión. ¿Pero quién dispone de un avión, de un automóvil, de un coche? Más fácil sería ir a caballo, galopando, o en bicicleta. Pero todo era imposible. Una vez llegados al horizonte, ¿qué hacíamos? Nos quedamos mirando la nube que no había cambiado de forma, aunque sus compañeras fueran bastante distintas y fáciles de confundir entre ellas. Nos quedamos mirando aquella nube hasta que cayó la noche azul, azul como el interior de uno de los juguetes, el más importante y seductor de todos; un juguete vulgar, si se quiere, pero raro. El juguete era extraño, no puedo describirlo pero se trataba de una bolsa de material plástico, que no existe en este mundo, en forma de raqueta; contenía un mar azul, tan azul que no parecía cierto como el azul de la noche. Cuando el mar se agitaba surgían otros paisajes, de países distintos. El agua que llevaba la bolsa era de mar, tal vez, y los paisajes nunca se repetían, y eran preciosos. —Soy propietaria de la nube —dijo la más tonta de mis amigas— y es mía. Yo me quedaré hasta que desaparezca. Lo dijo con tanta seriedad que todo el mundo la creyó. —Nunca desaparecerá —dijo una señora cubierta de plumas, como si quisiera imitar a los indios. —Entonces me quedaré para siempre —declaró la niña. Y quedó para siempre en aquel lugar, que no sé muy bien dónde se encuentra. Nadie lo conoce. Se llama la Nube o se llama Descubrimiento de Otro Mundo; pero nadie sabe dónde está, ni en qué estación aparece. A veces la nube se transforma en un lecho donde cruza el cielo, un lecho rosado y mullido, que no tienen las lluvias ni los temporales, y duerme durante horas hasta que el sol la despierta y ella, ágil como una liebre, salta de su lecho y baja a la tierra; alguien la espera, alguien que no sabemos quién es. Este es el misterio que hay que descubrir. ¿Quién la espera? ¿Un joven hermoso, un perro, un animal feroz? Nunca lo sabremos. Cuando baja y aterriza, me aseguran que oye un gruñido que la asusta. ¿Una nube que gruñe? En los primeros tiempos creyó que sería la tormenta... Una tormenta nunca gruñe. Después empezó a dudar; el gruñido era acaso de una bestia antediluviana. Rápidamente optó por averiguar de dónde provenía. Lo buscó desesperadamente y olvidó los libros que tenía que revisar y recuperar porque le pertenecían, porque ella los había descubierto. Buscó a todas horas, en todas partes, olvidando lo que tenía cerca de su mano. Ya no comía, ni dormía ni descansaba. El mundo ya no era el mismo. Se arrodilló finalmente sobre el pasto e inventó una oración. Cerró los ojos y la dijo noche y día, día y noche, hasta que recuperó la quietud. Nunca supo cuál era el animal que gruñía. ¿Un lobo, un zorro, un jaguar, un tigre? Como estaba tan cerca de las nubes, no podía distinguirlas. Vistas de cerca, las nubes eran enormes... Nunca supo cuál era la bestia, pero sí que esa bestia la mataría si no abandonaba la nube de su invención. Y ésta es la única verdad de este cuento. 


Silvina Ocampo.



lunes, 14 de agosto de 2017

Y * Mercedes Marcer





Y
yo
con
pena.
Salto,
sorteo
trampas.
Destruyo
pretextos,
alejándome
inalterable.








Mercedes Marcer, 2017.
Desde los talleres de Siempre de viaje, bola de nieve.




domingo, 13 de agosto de 2017

Recete * Sabri Rayo Canción


Enrósquese al amante como una serpiente  exótica
Sea libre como un perro en el campo plateado una noche de luna
Fluya como bote timoneado por un monito sin dirección
Elija el rumbo indicado de sus manos como lo haría un buen pulpo
Vuele como una gacela al viento
Rebote en la cama con la sutileza del canguro
Acaricie los pelos de la pierna como lo haría la lengua de un gato
Suelte su melena de león salvaje
-pero que luzca suave al tacto y sin nuditos-
Bese como dragón cuidadoso
Luzca casual como flor de plástico
Listo.

Brille como bichito de luz recién prendido.




Sabri Rayo Canción, 2017.
Producido en los Talleres de Siempre de Viaje.



jueves, 10 de agosto de 2017

Nadie me escucha *Juanpi Ortigosa


Era el primer día del otoño y Eva juntaba flores para su hogar, mientras Adán cazaba su cena. Cansada de tener que estar haciendo algo tan aburrido, preguntó si se podría cambiar de roles por un rato. Desde hacía tiempo quería cazar, se consideraba bastante buena con el arco. Adán rechazó la oferta, y se rió de lo ridícula que era.
Nunca antes había estado tan enojada, se le pasaba la vida con labores insignificantes. Hoy la casa, ayer cuidar de los animales, el día anterior ni siquiera la habían dejado hacer algo porque estaba lloviendo. No querían que se lastimara. 
Tiró las decoraciones al piso y corrió hacia su lugar favorito, el manzano más grande del mundo. Era precioso. Al tronco, de un marrón muy oscuro, le caía sabia por los bordes. En la cima, rodeadas por hojas de brillo incandescente, se encontraban sus frutos. Esas manzanas de un rojo sangre, totalmente puro, totalmente prohibido.
Su creador les había dicho que no podían comer nada que creciera en ese árbol. Eva, amante de la fruta, estaba decepcionada. Siempre había querido probarlas, se veían deliciosas, pero no se animaba a desatar la furia de Dios.
―¿Por qué nadie me deja hacer lo que quiero? ―gritó llorando ―Adán me trata como su ayudante, su sirviente, y Dios no hace nada al respecto. Lo deja vivir y que haga conmigo lo que quiera. Era obvio que esto iba a pasar, si él es su primogénito. Igual no sé con quién me quejo, si nadie me escucha.
―Yo te ezcucho jovencita ―dijo susurrando una voz áspera y sombría ―dejame ayudarte.
―¿Quién habló...? Ya estoy imaginando cosas.
―No eztaz imaginando nada mi hermoza Eva, vine aquí para zacarte de tus problemaz.
―No puede ser, nadie puede hablar, excepto Adán y yo.
―Otra mentira máz de eze tal “Dios”, tenéz que demoztrarlez que no pueden hacer lo que quieran contigo.
―¿Cómo? Son mi familia.
―La familia nunca te trataría azí ―y, deslizándose por detrás de ella, la serpiente le mordió el brazo ―comé una manzana, como siempre dezeazte.
Eva se encontraba débil, vulnerable. Y bajo el encanto del reptil ya no era la ayudante de Adán, ya no era el objeto de burla de su supuesta familia, era Eva, nada más, ni nada menos. Por fin había dejado de ser un espacio en blanco.
Sin dudarlo se estiró y tomó una manzana, la más grande y jugosa. La acercó a su boca y de un mordisco la incorporó en su interior. Un sabor único, no se comparaba con ninguna otra fruta del mundo. Cuando tragó, el animal la soltó y se fue arrastrando hasta desaparecer entre las plantas. Entonces Eva se dio cuenta, la serpiente la había hipnotizado.
Repentinamente, el suelo se movía con tanta fuerza que los árboles iban a caerse. Los animales corrían hacia cualquier lado, los pájaros volaban aterrados. La joven no sabía qué hacer, hasta que Adán apareció al lado suyo.
―¿Qué está pasando?
―No sé ―le mintió ella, aterrada― tenemos que irnos de acá.
El hombre la tomó de la mano y corrieron hasta la montaña más cercana. La tierra no dejaba de temblar, parecía tan asustada como ellos. Entraron y se escondieron, esperando no salir lastimados. Se pusieron a rezar, buscando que Dios les diera algunas respuestas. Sería la última vez que escucharían su voz.
―Me han fallado. 
Ni Adán ni Eva entendieron lo que había querido decir. Todo volvió la normalidad, o eso parecía. Decidieron esperar unos minutos antes de salir. Comenzaron a avanzar, solamente veían oscuridad adelante. Primero creyeron que era de noche, pero a medida que se acercaban a la salida, podían ver lo que en realidad había sucedido.
Los árboles y el pasto ya no eran verdes, sino amarillos. Los animales que antes los ayudaban ahora los miraban con desprecio, como a una presa. Corrieron hacia su hogar para buscar refugio. Al llegar, se encontraba destruido. No tenían dónde vivir o qué comer, y el frío empezaba a lastimarlos. Se sentían moscas azotadas por el viento. 
Se miraron a los ojos, Adán entendió todo. Ahora estaban ellos dos, no había tiempo para peleas. El mundo se había convertido en un lugar de tinieblas.





Juanpi Ortigosa, 2017.

Lucas Cranach de Oude




martes, 8 de agosto de 2017

Charla de editoras * 8/8



El 9 de agosto a las 19 Karina Macció participa de la Charla de Editoras y acción ritual “Encuentros y fricciones con la edición”. En la Librería La Coop. Bulnes 640.
¿Cómo editan las editoras?
Alda Subpoesía – Juana Subpoesía
Ana Ojeda – El 8vo. loco ediciones
Jacqueline Golbert – Socios Fundadores
Karina Maccio – Viajera Editorial
Laura Ponce – Ediciones Ayarmanot
Laura Quesada – Ronda editorial
María Gómez – Eloísa Cartonera
Monica Sifrim – Cienvolando
Paulina Aliaga – Espacio Hudson Ediciones
Sandra Buenaventura – Metalúcida Editora
Valeria De Vito – Sello Editorial el Ojo del Mármol
Valeria Iglesias – Ediciones Outsider
Vanina Colagiovanni – Gogymagog Ediciones
Natalia Iñíguez – Editorial Mutanta
María Lucía – Derrames Editoras
Clara Inés – Elemento Disruptivo
Nurit Kasztelan – Editorial Excursiones
Sol Echevarría – Editorial Excursiones
Mala Ludwig – Ludwig Ediciones
Julieta Mortati – Tenemos las Máquinas
Lorena Iglesias – Clase Turista
Esperamos la confirmación de otras editoras.
Están todas invitadas.
Convocan:
Nadia Sol – Escrituras Indie: difusión a/terna ediciones
Paula Brecciaroli – Editorial Conejos
Gabi Luzzi – Paisanita Editora