miércoles, 12 de abril de 2017

Yo * Maricel Witomski

Yo, mujer
paciente
lejos de los bordes
sin grieta
buscando mi raíz
acariciando mis alas
recortando estos trozos maduros para armar
sin prolongación
ni aire de viejos huracanes
sin tiniebla
sin censura
divorciada de la inocencia
desatada, desprendida
barrotes fuera
jaula abierta
a cara lavada
y corazón purgado.

Borroneada
tachada
sobrescrita
nueva tinta para poesía
sin renglones
sin titulo
transgresora
emancipada de las métricas,
a ritmo y tono.

Llana, casi plana
acicalada la frente
alta, muy alta
animada y clara
lista para sorprenderme
presente
erguida sin arneses
concluida, entera
trepada a la vida
sin vendas ni velos
elijo ver
buscar
el agua bendita
el túnel
la píldora
la hora
la puerta
la respuesta.

Deslizarme
hacerme risa
burbujear una noche.
Te desafino mi canción
bailo, bailo
escribo, recito
actúo la vida.

Ahora dice el calendario
pasada de aguas
inundada
refloto
respiro
tomo aire hasta los huesos
planeo bajo
y con este cielo en los ojos
toco tierra
rescato mi corazón.


Maricel Witomski, 2017.
Producido en los Talleres de Siempre de Viaje. Compartido en la muestra Mujeraje.








martes, 11 de abril de 2017

La mujer que duerme dentro de mi cuerpo * José Lupia




Durante el día, duerme una mujer dentro de mi cuerpo.

Se despereza entre mis vísceras y huesos.
Estira sus brazos y con sus puños, lenta y constante, presiona mi pecho.
Nada entre mis líquidos que son suyos y a veces, creo escuchar su voz susurrando.
Descansa, piensa, juguetea.

Eso sí: se va por las noches.
Yo finjo estar dormido pero escucho todo.

Con sus uñas, comienza a rasgar mi carne desde adentro hasta crear una hendidura.
Puedo sentir su éxtasis cuando el haz de luz tenue comienza a filtrarse.

Rasga.
Abre.
Rompe.
Por ahí sale.
Contengo reproches, porque sé que no le puedo reprochar nada.
Y la espero. En una noche larga.

Sé que a la mañana vuelve.

Procura no despertarme.
Camina descalza, con los tacos en las manos. A veces, trastabilla.
Abre la hendidura y se vuelve a meter dentro de mi cuerpo para dormir durante el día, para que yo la quiera y le diga que siempre voy a ser su casa.
Una casa florida, de primavera.
Una casa en la que pasar los días, y las noches.





José Lupia, 2017.
Producido en los Talleres de Siempre de Viaje para la muestra Mujeraje de Elizabeth Vita.



lunes, 10 de abril de 2017

Reunión de padres * Giselle Bouso



La primera y última vez que mi papá fue a una reunión de padres, yo estaba en la primaria. 

Mi escuela se llamaba Arco Iris y era muy progre. Izabamos la bandera con “Inconsciente colectivo” o “El jardín de la libertad”.
Yo era la única hija de un padre que admitía haber votado a Menem. La única no-hija de psicólogos, o divorciados, o judíos. La única no descendiente de lectores,arquitectos o artistas.
Mi familia no era ensamblada: Mis viejos eran panaderos. Tenían una confitería grande, al lado del cine Gaumont, frente a Plaza Congreso. Y seis sucursales.
Vivíamos en Balvanera, pero insólitamente yo iba a la primaria en Barrio Norte. Ese era uno de los motivos que mi papá tenía para decir que Arco Iris era “progre en la teoría”.  Un poco de razón tenía: la cuota de popular no tenía nada. 
Cuando salía el tema de lo inusual que era la escuela, de las actividades y los estímulos que nos proponían él decía “Quedate tranquilo que te lo cobran” y mi mamá “Sí Jorge pero yo amo arco iris, ¿vos no?”. Claro que él no. Jamás soltaría un “amo” con tanta liviandad. Desde chica, cuando se juntaban con su mejor amigo me divertía preguntándole “Pá, ¿Vos a Ricky lo amás?”.
Siempre sentí esa diferencia entre mis compañeros y yo. Pero no me acomplejaba sino que creo que me enriquecía. Cuando me quedaba a dormir en lo de mis amigas disfrutaba mucho de charlar con los adultos. Les preguntaba de todo: de música, de arte, de historia, de sus vidas. Ellos también supongo que disfrutaban, porque yo era medio Mafalda y sus hijos estaban ya empachados de tanto psicopedagogo. Me fascinaba hablar con gente tan culta. Una vez mi mamá me fue a buscar a lo de una amiga y bajé a la puerta con Abel, su papá. Claro, mi vieja dijo “¿Y, cómo se portó? ¿Cómo la pasaste?” a lo que yo respondí “Cuando sea grande quiero ser judía y comunista”. 
Por el año 99 hubo un apagón groso en la ciudad. Me acuerdo de mis viejos nerviosos porque los negocios estaban cerrados. Era una tragedia, todo tensión. Así, aprendí qué era un grupo electrógeno. Me gustaba escuchar lo que hablaban los grandes para después tocar de oído. “Imaginate el desperdicio de mercadería, no podés prender una heladera, y el alquiler hay que pagarlo igual”, le contaba yo a los nueve años a Mariel, la secretaria del colegio. 
Alguna razón absolutamente excepcional, hizo que mi mamá lo mandara a Jorge a una reunión de padres. Por primera vez en su vida.
Él obedeció el mandato, claro. Venía de salir en Crónica T.V. puteando a Edenor junto con otros comerciantes.
Cuenta que cuando llegó, preguntó a los padres que esperaban ahí por qué motivo era la reunión y si sabían si iba a durar mucho. “No leíste el cuaderno de comunicaciones, Jorge?”, le respondió Mónica, la mamá de Joaquín a la que mi papá no recordaba haber visto en su vida “La verdad que no, de esas cosas se ocupa mi señora”. Imagino lo mal que le habrá caído esa respuesta. Pero a mi papá le había chupado un huevo e insistió “Será rápido?”. Visiblemente molesta y sin mirarlo ella le respondió “Es por un tema de convivencia en el grupo”. 
El aula donde los hicieron pasar estaba ya preparada: todas las sillas en ronda y un pizarrón con dos nombres: LUCIO Y GIGI (Gigi soy yo, Lucio mi mejor amigo). “Qué hizo, la puta madre, tengo para rato”, pensó. Y se sentó en la ronda, resignado, con un sobre papel madera en la mano repleto de números de reclamo por falta de servicio. 
Durante más de una hora y media mi papá escuchó calladito una exposición sobre la dinámica de las relaciones entre los chicos de mi grado. El pizarrón lo usaron el director y la maestra de la escuela para explicar con un cuadro sinóptico los diferentes grupitos que había y cómo esto afectaba en algunos chicos. Mi nombre y el de Lucio estaban ahí porque nosotros éramos los “LÍDERES/REFERENTES”. 
Como realmente estaba muy apurado, quiso interrumpirlos para preguntar a dónde querían llegar con todo esto pero el director no le dio la palabra y le explicó que la ronda era justamente para eso. Cuando terminaron de exponer, cada padre iba a tener la oportunidad de decir “lo que siente”, pero respetando el orden de la ronda. Jorge era el último. 
Así fue como siguió escuchando que nosotros influenciamos al resto, los posibles motivos por los cuales nos destacábamos y cosas que habían pasado en el último campamento. 
Después arrancó la ronda en donde algunos de los padres dijeron que sus hijos se sentían mal porque Lucho y yo no les dábamos bola, que consideraban que éramos crueles y manipuladores. Otros padres dijeron que yo eran un encanto y Lucio tenía problemas de comportamiento. Otros hablaron de que sus hijos varones querían parecerse a Lucio en todo, y que se habían sentido devastados porque él no había invitado a todos los nenes a su cumpleaños. O de cómo en sus propias infancias habían conocido “otras gigis, otros lucios” que los habían marcado significativamente.
Nancy, mi maestra, tomaba nota y mi papá (Al borde del derrame cerebral) pensaba “Que carajo anotará...”.
Llegó su turno y sé que fue la más políticamente correcto porque sabía que “su visión/ lo que sentía” iba a llegar a oídos de mi vieja. Mario el director, como había hecho con todos, le preguntó “Contanos Jorge, a vos que te pasa con esto”.  Estuvo tentado de recontra cagarse de risa pero dijo “Miren, con todo respeto, la verdad la verdad la verdad me parece una tan pelotuda esta reunión. Sin ofenderlos, no?. ¿No laburan ustedes? Ay... a mi hijo le dicen Paquito, dejate de joder hermano, tienen nueve años! No sé si saben que nosotros tenemos siete confiterias, en cinco no tengo luz. No tengo plata para poner cinco grupos electrógenos y venir acá a esta para esta forrada… por favor, nunca fueron al colegio ustedes? Mi piba será la líder porque es viva, y no es que lo diga yo: engatusa hasta a mi abogado que es un zorro viejo… déjense de joder, por que no nos ponemos todos a llorar todos porque a un nenito le escondieron la campera en un campamento? Por favor, a mi con estas boludeces no. Y Luchito, el otro día vino a casa y me ganó al truco, son pibes rápidos,pero hacer una reunión por esto, yo tengo mil quilombos… ya estamos terminando o todavía falta que nos cuenten de qué hablan en el recreo? Me sangran los oídos de escuchar tantas pavadas. Con todo respeto, eh”.

Volvió de Barrio Norte a Plaza Congreso manejando su Renault nueve y anonadado por lo que acababa de vivir. Se reía solo recordando que algunos de los padres habían lagrimeado y no veía la hora de decirle a mi mamá que en un momento dudó que fuera una cámara oculta.

Esta reunión de padres progre con mi papá es uno de los Hits de las sobremesas de mi familia gallega y de las reuniones de amigos de mis viejos. Mi vieja llora de risa imaginándolo levantando la mano para tener la palabra.  Ella sigue amando Arco Iris y él divirtiéndose contándole a sus amigos de esta “cosa insólita que una cosa es que te lo cuente y otra verlos, gente grande llorando porque la gigi es amiguita de tal y lucio gusta de una” . 
Hoy, cuando se juntan los muchachos a jugar a las cartas no sólo les pregunto si se aman:

“Ricky, cuando eran chicos, mi papá era LÍDER BARRA REFERENTE?”.




Giselle Bouso, 2017.
Texto producido en los talleres de Siempre de Viaje.


sábado, 8 de abril de 2017

Mujeraje * Mariel Fini




I

En hileras avanzan
a cada ondeada se le suman más filas
tienen la destreza de un felino
y a su paso la tierra palpita.

Bum bum.

Un gorrión las mira de reojo,
esas pupilas tiemblan,
ante la estampida femenina.



II

Se mira al espejo,
desnuda de pies a cabeza.
Un deseo la lleva
a recorrer las hendiduras de su cuerpo.

“No se hace”,
interrumpe la otra,
“Así no,
sé femenina.”

La joven sonríe y no deja
que esa
se entrometa en su piel.



III

La chica se abre
cada pliegue es un pétalo,
un fuego sube y sale
por su garganta.

Las yemas de cada dedo
se erizan
al escuchar su exhalar.




Mariel Fini, 2017.
Producido en los talleres de Siempre de Viaje.
Compartido en la muestra Mujeraje de Elizabeth Vita.





viernes, 7 de abril de 2017

Felicidad inocente * Juanpi Ortigosa



No paro de pensar en ella. Sigo reviviendo la primera vez que la vi, parece que fue ayer. Estaba sentada, rodeada de gente. Pero tenía algo que me llamó. 
En cuanto levantó la vista vi sus ojos y quedé hipnotizado. Unos ojos tan café que me despertaron con una simple mirada. Unos ojos tan brillantes, estrellas lejanas, que quise alcanzar. 
Se rió, no pude evitar enamorarme de su sonrisa. Más cautivadora que ninguna, era una demostración de felicidad inocente, de alegría por el simple hecho de estar viva. Me dirigió la palabra como si me conociera de toda la vida, y su voz me terminó de enloquecer.
Rápido pensé qué podía hacer, no había forma de sacarla de mi mente. No hay forma de sacarla de mí, de olvidarme de su voz, de dejar de imaginarla a mi lado.
Ella es la única que quiero. Es la única que puede volverme loco. Ella es única.



Juanpi Ortigosa, 2017.
Texto producido en los Talleres de Siempre de Viaje para Minuto Mujeraje.



miércoles, 5 de abril de 2017

Encuentro * Sol Orozco



Los dueños del tablero
juegan a rompernos

nos cortan en pedacitos
y los guardan 
en cajitas rosas
arman fogatas de terror
con nuestros huesos chisporroteantes
y bailan

El miedo me clava al piso
raíces negras 
brotan 
de entre los dedos  

Estoy adherida 
Vos tampoco te movés

Los dueños del tablero juegan a oponernos 
caemos en la trampa 
el amor cae
la verdad cae
nos hacemos añicos 

Mi fe ya no salta
tiene miedo, sí 

pero no se rinde

Así cierro los ojos
extiendo los brazos
alargo los dedos
estiro las uñas

Siento un cambio en aire
la vibración de tu cuerpo que se acerca 
la calidez de tu mano que busca  la mía

mi fe se estira
se agranda se expande se propaga
y te alcanza 



Sol Orozco, 2017.
Producido en los Talleres de Siempre de Viaje. Compartido en la muestra Mujeraje.








lunes, 3 de abril de 2017

trabajo * Federico Castro Walker

Trabajo
rescato
de lo inerte
algo
un brote
trabajo
ansioso
paciente
ansioso
trabajo
con las manos
poco
mucho
viendo las cosas de un lado
de otro
trabajo
cantando
alguna vez
renegando
bastante
trabajo
amaso
me amaso
me enojo
conmigo
y el resto
río
trabajo
por debajo
de mis ánimos
trabajo
filtrado
inútil
desconcentrado
trabajo
en otros
si admiten
trabajo
en cosas
a la larga
a lo largo
del tiempo
de dónde saco tiempo
trabajo
vacío
seco
alegre
trabajo
mis excusas
motivos
trabajo
pienso
vuelvo
voy
ordeño
ordeno
trabajo
con olvidos
quejas
compromiso
trabajo
abrocho
agujereo
corto
pego
trabajo
revuelvo
tomo
escribo
borro
trabajo
me siento
me paro
retrocedo
camino
trabajo
oigo
dudo
yerro
acierto
trabajo
llego
tardo
empiezo
trabajo
meto
fuerzo
saco
trajeo
trajino
trabajo
hago ruido
con teclas
zapatos
birome
puertas
trabajo
prendo
me encandilo
apago
termino
trabajo
navego
llego a
puerto
trabajo
anoto
corrijo
guardo
imprimo
trabajo
me preocupo
me olvido
sueño con 
trabajo
cazo
conversaciones
silencios
humores
trabajo
acato
discuto
acuerdo
trabajo
celebro
huyo
respiro
me ahogo
trabajo
esquivo
regulo
encaro
trabajo
sin fin
sin compadecerme
compadeciéndome un poco
trabajo
cinco días
paro dos
un año
paro un mes
trabajo
cebo
agarro
mate
trabajo
sin ver el sentido
si valdrá
si servirá
trabajo
por orden de un juez
condeno
absuelvo
trabajo
por orden de un juez
digo libre
digo preso
trabajo
organizo
desarmo
convoco
trabajo
relato
proyecto
desestimo
trabajo
llamo
me llaman

mando un mail
me mandan
trabajo
me alarmo
me tranquilizo
reviso
empiezo de nuevo
trabajo
observo
gasto los ojos
la paciencia
trabajo
 qué hago
cómo hago
si será entendible
trabajo
en una mesa 
de sueños
de miserias
congelo lágrimas
trabajo
hago un chiste
hablo en serio
hablo en difícil
pocas veces
trabajo
oculto
talentos
los hago jugar
pido clemencia
trabajo.


Federico Castro Walker, 2017.
Texto producido en los Talleres de Siempre de viaje.