miércoles, 17 de agosto de 2016

Despiadados * Mariana Avendaño

Despiadados. Aparecen de repente. Colmillos agudos, piel musgo, ojos saltones, cuerpo con escamas.
De diferentes tamaños, se deslizan. Vienen de atrás del sillón, salen de la cama, se meten en la ducha.
A veces hay solo uno. Otras, son miles. No avisan que están y se reproducen como si fueran lombrices.
Me muerden, sacan pedazos enteros. Siento el dolor en los pies, las caderas, a veces se estiran hasta los brazos. La sangre se espesa y el dolor en mi cuerpo crece día a día. Dejan marcas infecciosas en la piel, paredes manchadas de sangre.
Tuve que pintar toda la casa con rojo purpura.
La primera vez que fui a la guardia médica con la piel herida, aceptaron mandar una inspección.
No encontraron nada, ni siquiera rastros de estos cocodrilos. Están en mí.
Aprendí a hacerme las curaciones cuando me atacan, a registrar en un cuaderno qué los hace aparecer para protegerme de sus mordeduras y cicatrices.
Dudo elegir la vida o la muerte, deseando solo descansar.



Mariana Avendaño, 2016.

Texto producido en el Club de Lectura de Siempre de Viaje a partir de Bestiario de New York, de Anne Sexton.


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