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jueves, 16 de febrero de 2017

Siempre el amor * Marcelo Trumper


Siempre el amor
me hemorragia suave
en coreografía de palabras
me abismo
lento
sin prisa
bebiendo a pequeños sorbos
el amor
siempre
esa fisura fue el inicio
y resonó el latido
donde debo escarbar
llenar profundo
acercarme
a este amor
después será
la carne que lo alberga
después
el cuerpo en que se abre
después
la cicatriz y la distancia
el amor siempre
entre nuestros cuerpos
no para decirlo
sólo escuchar
la calma
allí
donde nos desnudamos
oscurecernos en esta oscuridad
de toda maravilla
siempre
siempre el amor
con un nudo en el estómago
y aleteo en la garganta
entiendo
se desliza siempre
el amor como arena
imposible retener




Marcelo Trumper, 2016.
Texto producido en los Talleres de Siempre de Viaje.























viernes, 10 de febrero de 2017

en un café * Lucía Imperatore



Pelo engominado, morocho, voz fuerte
Monologuea
EL

De espaldas, pelo lacio y castaño
Nada singular 
ELLA

Tal vez hermanos, amigos
Seguro víctimas de la estación: el verano

EL
No quiere ser el “mientras tanto de ella”
ELLA
No cree que él sea lo que esta buscando
¿Pero sabrá lo que esta buscando?
Lo que se busca se encuentra 
O 
Alguien la encontró a ella 
Y ella acepto  

Frívola, de shorts verdes
Gran nariz
Aries su signo
Calculadora
Perfecto manejo de los sentimientos
ELLA

Amaga cuatro veces con irse
A la mierda
Todavía no le exprimió del todo
El corazón
La “vampira new age” lo trata así

EL
Un número más para las estadísticas

Amor liquido
-Que vergüenza- reniega Bauman

En un café
¿Lugar apropiado para terminar con una relación?
Mejor una carta, mejor en terapia
Mejor 



Lucía Imperatore, 2016.
Texto producido en los Talleres de Siempre de Viaje para El texto del año.



jueves, 2 de febrero de 2017

Hablame * Mariana Avendaño

Preparo todo para cenar. Te espero. Te mando un mensaje. No lo leés. Mando un audio de tres minutos y medio. Lo escuchás, contestás “está bien”. Te vuelvo a escribir. No leés. 
Si tardás dos segundos en responder es porque no leés. No vas a venir. Me lleno de ira. Rompo cosas de mi casa.

Hablame háblame hablame háblame háblame.

Te bloqueo. No quiero verte más. Te elimino. 
Sigo con mis cosas. Sigo con mi vida. 
Sigo. 
Voy a ver a mi psicóloga. 
No quiero verte más. 

Hablame hablame háblame hablame hablame.

Sin vos tengo paz. 
Mejor así. 
Estoy muy bien sin vos.
Así. 
Mi psicóloga dice que me haga amiga de la soledad. Lo estoy haciendo. Lo estoy haciendo muy bien.

Hablame hablame hablame hablame hablame.

Estoy mejor sin tu impotencia. Yo sí sé, yo sí puedo, yo sí valgo.

Hablame.

Es domingo, voy al parque. La soledad y yo no nos llevamos bien. Te extraño. Te mando mensaje. Me hacés chistes. Hablamos de cosas que no me importan nada. Me adapto. 
Te vuelvo a invitar a casa. Me preparo. 
Esta vez sí venís. 
Cocinas mientras tomamos juntos una cerveza. 

Cuánto durará. 




Mariana Avendaño, 2016.





miércoles, 1 de febrero de 2017

Entre los árboles * Daniel Lerner


En un momento de la noche, abrí los ojos y dilaté las pupilas. Tres golpes retumbaron en la cabaña. Después se escuchó un estruendo. La puerta había sido derribada. 
“Érica”, grité. Ella dormía profundamente. ”¡Érica, despertate, ahí está de nuevo!”
Otra vez  escuché las mismas pisadas. Quise levantarme, pero estaba paralizado. Traté de gritar, pero de mi boca no brotaba sonido. Erica seguía sumergida en ese sueño inexplicable. La silueta de la anciana se dibujó en la puerta. Despacio, se sacó el camisón. Avanzó desnuda hacia nosotros. Sus hombros eran huesudos y su vientre hundido.  Los brazos no tenían carne. Sus pechos arrugados eran dos colgajos. Esta vez miró con odio a Érica. Se lanzó sobre ella y la empezó a estrangularla. Érica abrió súbitamente los ojos. Su espalda se arqueó en un espasmo, tratando de respirar, mientras me miraba aterrorizada, sus ojos desencajados me decían que ahora comprendía. Después cayó muerta, con la garganta destrozada. Yo seguía observando, paralizado. Cuando la anciana comprobó que la había matado,  liberó su cuello. Luego me miró a mí; era mi turno. Con rapidez felina, se me abalanzó.  Sus manos pétreas se apoderaron de mi cuello. Inmovilizó mi cuerpo con sus piernas. Me estaba ahorcando. Intenté luchar, pero no podía moverme. Mi cuello se estaba quebrando. Empecé a perder la conciencia. Entonces recordé la noche anterior; lo que había hecho durante el sueño. Si ahora también estaba soñando, lo podía repetir. Le di un cabezazo, luego otro, y otro. La mujer comenzó a sangrar por el entrecejo. Logré soltar mis manos. Empecé a luchar. Le daba golpes. Logré liberar mi cuello de sus manos. Seguí pegándole. La arrastré con furia hasta el balcón. Caímos a través de la baranda hasta el piso. Encontré una piedra, y le pegué con fuerza en la cabeza. La anciana se incorporó y me miró. Detrás de ese rostro, vi la cara de Luciana. 
La mujer giró veloz sobre sí misma, y se perdió entre los árboles.



Daniel Lerner, 2016.
Para El texto del año.


viernes, 27 de enero de 2017

Javier Pizarro * El texto del año



Uno de los puntos más sensibles en la vida de un adulto es el sueño, de nuestros hijos. Noche tras noche, pensamos lo impensable con tal de conseguir que los infantes se duerman en los horarios mentalmente sanos para las personas de bien que habitan éste y cualquier otro rincón de la galaxia.
La clásica escena es tenerlos dormidos en nuestros brazos (sí sí, pedagógicamente está mal, pero es lo que hay). Mantenemos tensión, ritmo de respiración, cadencia de movimientos. Todo debe sostenerse en un perfecto equilibrio. Cualquier cambio podría alterar el orden natural del sueño y llevarnos al punto sin retorno de la vigilia. Con exagerada lentitud buscamos depositarlos en su lecho. Alcanzamos el colchón. Su cuerpo logra la perfecta horizontalidad. A continuación la parte más difícil: salir del cuarto llevándonos nuestras extremidades superiores, ahora atrapadas entre el colchón y el pequeño. Siempre que estamos llegando al éxito de esta práctica, aparece algo: el maldito reloj marcando que son las 12, un torpe codo golpeando la baranda de la cuna, un celular que suena (en la calle, no importa… SUENA), un estornudo contenido, una mosca que vuela. ¡UN CABELLO QUE SE PRECIPITA HACIA EL SUELO!
Los gritos y el llanto nos ponen sobre aviso: esto ha sido el primer round.
Con todo lo traumático que puede ser esta rutina para un adulto, no tiene comparación con la sensación de desamparo que se experimenta al comprobar que luego de luchar contra viento y marea para que el pequeño concilie el sueño, el destino nos impone que nuevamente debemos entrar a su cuarto.
En un estado de absoluta resignación, lo primero que se nos ocurre, es que la incursión debe realizarse en completa oscuridad. Esto es para evitar que la luz LO despierte. Porque sabemos que si se durmió y se despertó, volver a dormirlo, será mucho, pero mucho más trabajoso.
Entonces, nos ubicamos en la puerta, del otro lado de la frontera, nos descalzamos porque de esta forma también minimizaremos el ruido de los pasos. Descubrir nuestros pies envueltos de una media que absorberá cada partícula sonitiva nos transporta, nos materializa en un YO desconocido hasta este momento. Somos los ninjas del hogar. Una suerte de héroe anónimo que se mueve sigilosamente entre las sombras, como si no existiera, como si fuera una brisa. La onda de un pensamiento apoyado en el aire en busca de cumplir su único objetivo.
Estamos listos, ágiles y valientes. Nuestra mano envuelve el picaporte de esa puerta que nos separa de la próxima aventura. La abrimos con esmerada lentitud. Sabemos que tenemos contados segundos antes de volver a cerrarla desde adentro, para ubicar a la distancia la “cosa” olvidada.
Avanzamos sigilosamente.
Alrededor del tercer paso, nos damos cuenta de nuestro error: ingresar descalzos. Cuando no le damos una patada a la mesa de actividades, descansamos nuestro peso sobre alguna pieza angulosa de madera o sobre algún juguete de goma (de esos que chiflan cuando sacan aire y chiflan más cuando entra). Todo esto si es que tenemos la fortuna de no triturar algún juguete de plástico que en su ejercicio de inmolación se vengará dejándonos la planta del pie llena de pedacitos incrustados. Con el primer paso fallido, comienza el efecto en cadena y sabemos que indefectiblemente que el siguiente será más escandaloso que el anterior.
Si la criatura no se despertó por el estridente concierto, seguramente lo hará cuando reconozca nuestra voz, arengando una variada y surtida colección de epítetos y guturalidades en múltiples idiomas, todos a la vez.
Poco importa, para qué entrábamos. Nos reconocemos víctimas del perverso juego de la vida, esa gran oca omnipresente que nos devuelve a un primer casillero que dice: "debés dormir a tu hijo antes de continuar la partida".




Javier Pizarro, 2016.
Fragmento del libro Paternidad se estrena.



miércoles, 25 de enero de 2017

El texto del año * Karina Macció


Me decís el texto del año
En mayo casi no dormí 
Enumeración
Te enfermaste
Qué es un texto
Balance
Qué es un año
Perdiste un diente, perdiste otro diente
La ropa te queda chica
Hacer cuentas
1 millón 453 mil 587 preguntas realizadas
Tu voz chiquita enlazando palabras
Bérgamo
No puedo contar las veces que nos dijimos
Te amo
Qué?
Te amo
Qué dijiste?
Nada
París
Je t’adore
Saqué tantas fotos para vos
Shakespeare and Co
donde escribimos en una cama rodeada de bibliotecas con un piano mirándonos
Marché de la Poésie
El momento justo en el que tus ojos son galaxias en eclosión
Tu voz cuando se deshace en mi oreja
Lluvia de estrellas
Esplendor
Lago di Como
Miles de cartas escritas y enviadas
AmorAtada
Tablero discursivo
¿Quién sos?
Infinitas líneas en el Messenger
Tomo todo Dejo Nada
El momento exacto en el que me rompiste el corazón 
Como si en cámara lenta pudiera ver el vidrio dibujar una telaraña
La expansión de rotura en círculos duros
El pecho partido
Temblar
Abrirse
Llorar a cántaros
Esa mañana impensable cuando posaste tu mano en mi espalda
Te voy a tocar
Me quedé quieta, el corazón en la boca
Pompeya
Las ruinas más bellas y morbosas
Camino al rayo del sol totalmente resfriada, afiebrada
I’m fucking happy
Naranja a pleno
Módulo traducción, una forma de supervivencia
Hacer agua a mares
Mojarte
Buscar que el límite de mi pierna izquierda se pierda en el límite de tu pierna derecha
Hacer como si nada cuando estalla la electricidad
Piel vibrada
Delirio en la luz que encandila
Milán
Personas andando en bicicleta con stilettos y trajes
Todo está arruinado, de ahí partimos
No vale la pena mirar a nadie más que a vos
Autostrada
Cargar nafta en una estación atravesando Italia y que Julia fuera una perfecta publicidad
Vamos a Verona
Nos enamoramos y el balcón de Julieta no existe
La luz de verano pinta nubes rosas
Tus dibujos ultradetallados
Creo que estoy soñando todo el tiempo
Moulin Rouge
Champagne
Una diatriba inolvidable sobre el sistema capitalista
Reina de las palabras
Sobre el fondo de las cosas
Dame agua
¿Tenés chocolate?
Todo lo que me gusta comer está en Francia y en Italia
Queso
Más queso
Diversidad de quesos
Vino tinto
La noche en la que parecía que habías perdido todo y yo me resistí
Cuando llego a casa Maaaaaaaamiiiiiiiiiiiiii
Sos una artista
Venecia
Todo inundado, un nocturno de Van Gogh
Andar en carretilla llevada por un vikingo irlandés
Andar en góndola y quedar hipnotizada
Capri, la ilusión
No podía creer que lo estaba pasando
Suculentas y cactus
Fucsias o pendientes de duquesa
Orquídeas salvajes
Quedarnos en el balcón hablando y hablando
Helados de gustos exóticos 
El río Paraná, un árbol blanco que parecía nevado y el sol derritiéndose
Sueño con África
Soy tu animal descubierto
Estás más sexual
Tu risa se escucha apenas entrás
Sólo quiero abrazarte
Upa navideño
Papá Noel sos vos
Soy creyente dudosa
Escribo
Te cuento
El tiempo es el capricho eterno
Olvidate
Una Navidad en el Tigre
Que el té sea un rubí en una taza de florcitas y borde dorado
Leerte
Inventar una lengua para esta intensidad
Sale una luna enorme, rojísima, en el ventanal de la Guarida mientras estamos escribiendo
Luna Poe, susurro
Luna Poe, convoco
En tu deslumbre provocador nos dejamos nombrar. 


Karina Macció, 2016.