Compra mantequilla. Úntate los dedos. (Olvídate de Marlon Brando.) Chúpatelos. Y di como si fuera una oración: Dios mío, qué vida tan solitaria. (Resígnate.)
Hilda Hilst, fragmento del cuento "Lisa".
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Compra mantequilla. Úntate los dedos. (Olvídate de Marlon Brando.) Chúpatelos. Y di como si fuera una oración: Dios mío, qué vida tan solitaria. (Resígnate.)
Hilda Hilst, fragmento del cuento "Lisa".
No hablemos.
Y que las primeras ganas
permanezcan
gigantescas y deformes
sin ningún camino
hacia el mundo de los hombres.
Hilda Hilst, Baladas.
Traducción de Salvador Biedma.
¿Quién eres?, le pregunté al deseo.
Respondió: lava. Después polvo. Después nada.
II
Verte. Tocarte. Qué fulgor de máscaras.
Qué dibujos y rictus en tu cara
Como los frisos vehementes de los tapices antiguos.
Qué sombrío te pones si repito
El sinuoso camino que persigo: un deseo
Sin dueño, adorarte vivaz, pero libre.
Y qué oscura me pongo si obtienes de mí
Palabras y residuos. Me da hambre
Agonías de grandes espesuras, lunas palidecidas
Cuchillos, tempestad. Verte. Tocarte.
Cordura.
Crueldad.
Hilda Hilst, Del deseo.
Traducción de Salvador Biedma.