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miércoles, 12 de junio de 2024

Ventana a la escritura 879: Voy sin mentirme

 





Animal de invierno



Otra vez es tiempo de ir a la montaña

a buscar una cueva para hibernar.


Voy sin mentirme: la montaña no es madre, sus cuevas

son como huevos vacíos donde recojo mi carne

y olvido.

Nuevamente veré en las faldas del macizo

vetas minerales como nervios petrificados, tal vez

en tiempos remotos fueron recorridos

por escalofríos de criatura viva.

Hoy, después de millones de años, la montaña

está fuera del tiempo, y no sabe

cómo es nuestra vida

ni cómo acaba.


Allí está, hermosa e inocente entre la neblina, y yo entro

en su perfecta indiferencia

y me ovillo entregado a la idea de ser de otra sustancia.


He venido por enésima vez a fingir mi resurrección.

En este mundo pétreo

nadie se alegrará con mi despertar. Estaré yo solo

y me tocaré

y si mi cuerpo sigue siendo la parte blanda de la montaña

sabré

que aún no soy la montaña.



José Watanabe.





Propuesta de escritura para hoy:


─¿Para qué es el tiempo del invierno para vos?


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Arte: #almahaser

sábado, 2 de enero de 2021

Ventana a la escritura 286: turbia

 


La turbia


A mi hermana Dora le debo

la limpieza de mis camisas

y de mi alma.

Mujer más solidaria 

no hay:

cuando me hieren

ella odia por mí.

Si te miro con limpieza

es porque ella está turbia.



José Watanabe, Poesía completa.


Propuesta de escritura para hoy:


─Escribir un poema que sea un agradecimiento.

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El libro recomendado de hoy es Poesía completa de #JoséWatanabe

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Usui


lunes, 7 de diciembre de 2020

Ventana a la escritura 260: tarjo

 Los versos que tarjo


Las palabras no nos reflejan como los espejos,

así exactamente, pero quisiera.


Escribo con una pregunta obsesiva en las orejas:


¿Es ésta la palabra exacta o es el amague de otra que viene

                   no más bella sino más especular?


Por esta inseguridad

tarjo, 

toda la noche tarjo, y en el espejo que aún porfío

sólo queda una figura borrosa, mutilada, malograda.


Es como si cumpliera la amenaza de la madre sibilina

Al niño que estaba descubriéndose, curioso,

en su imagen:

“Tanto te miras en el espejo que

algún día terminarás por no verte”.


Los versos que irreprimiblemente tarjo

                   se llevarán siempre mi poema.






José Watanabe.

De El huso de la palabra, 1989.


Propuesta de escritura para hoy:


─Buscá una palabra que no uses habitualmente ni en la escritura ni en la cotidianeidad (puede ser alguna de este poema de Watanabe) y escribí a partir de ella.

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 El libro recomendado de hoy es El huso de la palabra de #JoséWatanabe


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lunes, 20 de agosto de 2018

La mantis religiosa * José Watanabe




Mi mirada cansada retrocedió desde el bosque azulado por el sol 
hasta la mantis religiosa que permanecía inmóvil a 50 cm. de mis ojos.
Yo estaba tendido sobre las piedras calientes de la orilla del Chanchamayo
y ella seguía allí, inclinada, las manos contritas, 
confiando excesivamente en su imitación de ramita o palito seco.

Quise atraparla, demostrarle que un ojo siempre nos descubre, 
pero se desintegró entre mis dedos como una fina y quebradiza cáscara.

Una enciclopedia casual me explica ahora que yo había destruido
a un macho 
                    vacío.
La enciclopedia refiere sin asombro que la historia fue así:
el macho, en su pequeña piedra, cantando y meneándose, llamando
hembra
y la hembra ya estaba aparecida a su lado,
acaso demasiado presta
                              Y dispuesta.

Duradero es el coito de las mantis.
En el beso
ella desliza una larga lengua tubular hasta el estómago de él
y por la lengua le gotea una saliva cáustica, un ácido,
que va licuándole los órganos 
y el tejido del más distante vericueto interno, mientras le hace gozo,
y mientras le hace gozo la lengua lo absorbe, repasando
la extrema gota de sustancia del pie o del seso, y el macho
se continúa así de la suprema esquizofrenia de la cópula
                                        a la muerte.
Y ya viéndolo cáscara, ella vuela, su lengua otra vez lengüita. 

Las enciclopedias no conjeturan. Ésta tampoco supone qué última palabra
queda fijada para siempre en la boca abierta y muerta del macho.
Nosotros no debemos negar la posibilidad de una palabra
          de agradecimiento.



De El huso de la palabra.
José Watanabe.


INGVILD MELBERG EIKELAND




miércoles, 15 de agosto de 2018

Los versos que tarjo * José Watanabe




Las palabras no nos reflejan como los espejos,
así exactamente, pero quisiera.

Escribo con una pregunta obsesiva en las orejas:

¿Es ésta la palabra exacta o es el amague de otra que viene
                   no más bella sino más especular?

Por esta inseguridad
tarjo, 
toda la noche tarjo, y en el espejo que aún porfío
sólo queda una figura borrosa, mutilada, malograda.

Es como si cumpliera la amenaza de la madre sibilina
Al niño que estaba descubriéndose, curioso,
en su imagen:
“Tanto te miras en el espejo que
algún día terminarás por no verte”.

Los versos que irreprimiblemente tarjo
                   se llevarán siempre mi poema.





José Watanabe.
De El huso de la palabra, 1989.



domingo, 29 de julio de 2018

José Watanabe * Agosto en los talleres de Siempre de Viaje



El lenguado



Soy
lo gris contra lo gris. mi vida 
depende de copiar incansablemente
el color de la arena,
pero ese truco sutil
que me permite comer y burlar enemigos
me ha deformado. He perdido la simetría
de los animales bellos, mis ojos
y mis narices
han virado hacia un mismo lado del rostro. Soy
un pequeño monstruo invisible
tendido siempre sobre el lecho del mar.
Las breves anchovetas que pasan a mi lado
creen que las devora
una agitación de arena
y los grandes depredadores me rozan sin percibir
mi miedo. El miedo circulará siempre en mi cuerpo
como otra sangre. Mi cuerpo no es mucho. Soy 
una palada de órganos enterrados en la arena
y los bordes imperceptibles de mi carne
no están muy lejos.
A veces sueño que me expando
y ondulo como una llanura, sereno y sin miedo, y más grande
que los más grandes. Yo soy entonces
toda la arena, todo el vasto fondo marino.


José Watanabe