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viernes, 1 de marzo de 2019

Vamos a lo animal: marzo a pura escritura en Siempre de Viaje






Una mujer con pañoletas trae el cesto, y allí, los huevos. Huevos bellos, ánade y codorniz; unos gruesos, celestes; otros, menudos, como pimpollos de jazmín.

En el aire hay figuras que casi se alcanzan; nunca se puede.

Pero, yo soy sirena. De plantas, de arboleda. Ondulo mi cola oscura, fuerte. Tengo las escamas, blancas y plateadas; el pecho desnudo, crespo el pelo; el sexo es una marca apenas de coral, y echa un perfume específico, humo, gotas de aceite y sangre, y brasitas.

Marosa Di Giorgio, Rosa mística.




EN MARZO
VAMOS A LO ANIMAL
VENÍ A SOLTAR TU ESCRITURA


info@siempredeviaje.com.ar








martes, 13 de marzo de 2018

Por escrito gallina una * Julio Cortázar


Con lo que pasa es nosotras exaltante. Rápidamente  del posesionado mundo hemos nos, hurra. Era un inofensivo aparentemente cohete lanzado Cañaveral americanos Cabo por los desde. Razones se desconocidas por órbita de la desvió, y probablemente algo al rozar invisible la tierra devolvió a. Cresta nos cayó en la ¡paf!, y mutación en la golpe entramos de. Rápidamente la multiplicar aprendiendo de tabla estamos, dotadas muy literatura para la somos de historia, química menos un poco, desastre ahora hasta deportes, no importa pero: de será gallinas cosmos el, carajo qué... 



Julio Cortázar, La vuelta al día en ochenta mundos.



jueves, 22 de febrero de 2018

Escritura de un mundo imaginario * Taller por Eugenia Coiro

Teoría del agujero pegajoso

Se llama por ejemplo Ramón, y lleva el nombre pegado lo mismo que todo lo demás, lo que la gente ve de él y lo que él mismo ve de él. Pocos saben que en realidad Ramón es un agujero pegajoso, a nadie le resulta fácil imaginar semejante objeto. Hasta los quince años no hubo nada, es decir que había solamente agujero rodeado de amor materno y tricotas y tablas de aritmética y partidos de fútbol. Entonces alguna mañana al despertarse el agujero tuvo, cosa rara ciertamente, una especie de entrevisión de sí mismo, se cayó en sí mismo como dice el profesor de Bahía Blanca plagiando al de Friburgo, y se dio cuenta de que había que hacer algo para no reventar como una pompa de jabón. Por un acto que no deja de tener su mérito, el agujero se volvió pegajoso en su borde externo, la pompa de jabón atrapó primero unas pelusitas del aire, después a elegante costumbre de fumar tabaco inglés en un sitio donde los otros fumaban picadura, y el nombre de Ramón, fluctuante hasta entonces porque era como un sinónimo del agujero, empezó a pegarse firmemente, se rodeó de una chaqueta de tweed, Ramón se vistió deportivamente y compró gadgets para resolver los problemas de la higiene, la cocina y la calefacción, se volvió una autoridad en marcas de jabón de afeitar, la mejor gasolina para los autos suecos, la sensibilidad adecuada de la película fotográfica en un día de niebla, se abonó a Time y a Life, se hizo una idea de Picasso y otra idea de los tocadiscos y las playas de veraneo y la alimentación, y ahí va carrera arriba, subjefe, jefe y jefazo, un entendido en las cuestiones más diversas, con una voz sonora donde solamente unos pocos adivinan que la sonoridad le viene del agujero, que el agujero habla mientras Ramón golpea delicadamente su pipa de brezo comprada en Londres porque no hay otras pipas comparables, te lo dice Ramón.

Julio Cortázar, La Vuelta al Día en Ochenta Mundos.



sábado, 28 de noviembre de 2015

Recaer * Andrea Larrieu

Recaer
No toda recaída va de arriba abajo
porque arriba y abajo no quieren decir gran cosa
cuando ya no se sabe donde se está
Me caigo y me levanto, Julio Cortázar



Caigo.

Piedra intrusa, amarga
enfrenta mis pasos
cuerpo caído, golpeado
estrellas dolorosas
giran sobre mí
impulsos
violentos
un deseo
subir
cerca del cielo.

Levanto
mi espíritu tropezado
miembros decaídos
salen del bajo
fondo.

Incorporada
corto el aire
con mi
cuerpo.

Me caigo y Me levanto.

Un hámster
girando en una rueda
mi vida
hasta el
in finito
tirada
pisoteada
derramada
subo.

Subo
el cielo

tocaré algún día



Andrea Larrieu, 2015.
Texto producido en los talleres de Siempre de Viaje a partir del Club de Lectura.


miércoles, 5 de agosto de 2015

Cucadios * Juanpi Ortigosa



Mi familia quiere internarme, esto ya es el colmo. Es solo un simple miedo, nada de qué preocuparse. No entiendo cómo lo exageran así. ―le dijo Juanpi al psicólogo, que lo miraba con cara rara.
¿Pero qué es ese miedo del que tanto hablan? ―le preguntó.
Ve una cucaracha y sale corriendo y grita tan fuerte que nos deja sordos a todos los que tiene a su alrededor. ―repondió su hermano. Estaban en terapia familiar, habían decidido ir para tratar todos juntos el problema de Juanpi.
No es tan grave entonces, mucha gente le tiene miedo a las cucarachas, ¿Por qué lo quieren internar? ―dijo el especialista, tratanto de entender su problema.
Es cómo lo exagera, lo grave que está su miedo. ―Empezó diciendo el papá, preocupado―. Tiene una fobia tan grande que, si una noche ve una cucaracha en su cuarto, viene a dormir con nosotros. ¡Y tiene veintidós años!
Su miedo lo llevó a unirse a foros de internet donde gente como él putea a la cucarachas, las critica y hace planes para exterminarlas del mundo, ¡a un simple insecto! ―Lo interrumpió la mamá, temblaba al hablar―. El otro día le revisamos la computadora y estaba a punto de iniciar con un plan llamado “Cucadios”, que consistía en comprar toneladas de Cucatrap y tirarlas en todos los basureros de Vicente López, para dejar a la ciudad libre de cucarachas.
¿Es cierto esto Juanpi? ­―preguntó el psicólogo, que no emitía gesto alguno, solo tomaba notas.
Sí, lo es. Pero piénselo, ¿quién no se beneficiaría con esto? Con todas las cucarachas exterminadas, la vida sería mucho más tranquila y feliz. Nadie correría ni gritaría al ver a esos monstruos negros en la calle porque no existirían más. Las casas serían mucho más limpias y no habría que preocuparse por dejar la basura en cualquier lado, porque ya nada vendría a comérsela. ―Juanpi comenzaba a volverse loco, sonreía diabólicamente, de una manera que sorprendió a todos, al imaginase a las cucarachas muertas.
¿Ve eso? Está loco, señor. Siempre es así, todas las noches se pone a pensar planes para exterminarlas, para hacerlas sufrir. Grita en el cuarto y se ríe como si fuera Cruela De Vil, pero apenas ve una corre del miedo y se esconde adentro de la cama, y termino matándola yo. Necesita ayuda profesional, no puede seguir así. ―dijo enojado su hermano, y tenía razón.
Bueno, les voy a pedir que me dejen solo con Juanpi para terminar de hablar, les prometo conseguir ayuda, él no está bien. ―le respondió el psicólogo, y la familia salió aliviada del cuarto.
¿Va a internarme? ―preguntó Juanpi preocupado.

No ―dijo el psicólogo, mostrando la remera que tenía puesta debajo de su camisa. Era completamente blanca, excepto un punto negro en el medio de la panza, rodeado de un rojo sangre. ―Estoy de tu lado, contame más acerca de ese “Cucadios”. 


Juanpi Ortigosa, 2015.
Texto producido a partir del Club de Lectura de Julio Cortázar.


lunes, 20 de julio de 2015

Secreto familiar * Mariana Avendaño

Secreto familiar 

A la casa de Martina nadie quería ir en momentos silenciosos. Salvo aquel que quisiera morir.
Casa de techo a dos aguas, rojo agrisado. Paredes blancas con marcas sutiles, como las arrugas de un rostro. Chimenea amplia. Varios cuartos. Patio y una terraza. Enormes ventanales de madera rústica, siempre cerrados, con las luces prendidas por dentro. Alejada de la ciudad, cerca de la ruta, con calles de tierra y pocos vecinos.
Perros que no eran de nadie dormían en la puerta, merodeaban.
Siempre estaba llena de gente, personas que entraban y salían, no existían las cerraduras ni las llaves. Reuniones con amigos, vecinos, familiares.
Nosotros no entendíamos cómo a los dueños no les molestaba esa cantidad de gente, tantos ruidos. Por eso decidimos investigarla.
Elegimos la hora de la siesta un día de verano y así descubrimos su secreto. Cuando la casa estaba en silencio, alguien moría. Era una especie de maldición.
Al menos en verano se escuchaban las moscas, algún gallo lejano, el polvillo de la tierra, el rechinar de los árboles, los autos que pasaban por la ruta, los grillos. Cuando no, llegaba el miedo.
Quienes vivían ahí se inventaron una manera de generar ruidos constantes. Los niños tenían amigos invisibles y conversaban con ellos durante la hora de la siesta y los padres invitaban a gente todo el tiempo, aún durante la noche. La presencia de personas comenzó a ser valuada cada vez más.
La casa envejecía. No importaba tanto la estética como sí garantizar la presencia de los invitados. Fue re diseñada para fomentar las visitas, en lugar de la comodidad de las cuatro personas que la habitaban.
Se agregaron más cuartos, un baño cercano al patio. Se construyó una enorme pileta y comenzó a llenarse de gente. La puerta nunca se cerraba con llave, las personas ingresaban sin llamar siquiera, a cualquier hora. La parrilla duplicó el tamaño al igual que la mesa y la cantidad de sillas. Los dueños de la casa garantizaban los asados para los visitantes así como las bebidas.
En invierno las cosas empeoraban, porque ante la falta de necesidad de pileta y de asados al aire libre, nadie acudía a la casa e inevitablemente llegaba la soledad. En ese caso los habitantes también se habían armado de estrategias. El padre trabajaba afuera la mayor parte de del día. La madre hacía lo mismo, mientras los niños estaban con sus abuelos. Llegada la noche, dormían con los televisores encendidos.
Los invitados sabían cuál era el secreto, pero no se animaban a decirlo. Temían que la maldición se trasladara a otras casas y se reprodujera. Que la muerte los alcanzara a todos. O tal vez la soledad.



Mariana Avendaño, 2015.
Texto producido en los talleres de Siempre de Viaje a partir del Club de Lectura de Cortázar.


miércoles, 13 de mayo de 2015

Esbozo de un sueño * Julio Cortázar en el Club de Lectura



Bruscamente siente gran deseo de ver a su tío y se apresura por callejuelas retorcidas y empinadas, que parecen esforzarse por alejarlo de la vieja casa solariega. Después de largo andar (pero es como si tuviera los zapatos pegados al suelo) ve el portal y oye vagamente ladrar un perro, si eso es un perro. En el momento de subir los cuatro gastados peldaños, y cuando alarga la mano hacia el llamador, que es otra mano que aprieta una esfera de bronce, los dedos del llamador se mueven, primero el meñique y poco a poco los otros, que van soltando interminablemente la bola de bronce. La bola cae como si fuera de plumas, rebota sin ruido en el umbral y le salta hasta el pecho, pero ahora es una gorda araña negra. La rechaza con un manotón desesperado, y en ese instante se abre la puerta: el tío está de pie, sonriendo detrás de la puerta cerrada. Cambian algunas frases que parecen preparadas, un ajedrez elástico. «Ahora yo tengo que contestar...» «Ahora él va a decir...» Y todo ocurre exactamente así. Ya están en una habitación brillantemente iluminada; el tío saca cigarros envueltos en papel plateado y le ofrece uno. Largo rato busca los fósforos, pero en toda la casa no hay fósforos ni fuego de ninguna especie; no pueden encender los cigarros, el tío parece ansioso de que la visita termine, y por fin hay una confusa despedida en un pasillo lleno de cajones a medio abrir y donde apenas queda lugar para moverse.
Al salir de la casa sabe que no debe mirar hacia atrás, porque... No sabe más que eso, pero lo sabe, y se retira rápidamente, con los ojos fijos en el fondo de la calle. Poco a poco se va sintiendo más aliviado. Cuando llega a su casa está tan rendido que se acuesta en seguida, casi sin desvestirse. Entonces sueña que está en el «Tigre» y que pasa todo el día remando con su novia y comiendo chorizos en el recreo Nuevo Toro.


Julio Cortázar



CLUB DE LECTURA DE SIEMPRE DE VIAJE 
Coordinación: Virginia Janza, Eugenia Coiro y Karina Macció.
Dirección General: Karina Macció
Lugar: Guarida Literaria de Siempre de Viaje
fbk: siempredeviajeliteratura
@siempre_deviaje
Tel.: 4867-5964