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lunes, 9 de julio de 2018

–¡No necesito nada, nada, querido! * Dostoievski




–¡No necesito nada, nada, querido! Lo haré solo, lo haré todo solo. Por ahora no me haces falta, y además puede que el asunto se arregle –murmuró el señor Goliadkin a Petrushka al tropezar con él en la escalera; después salió corriendo al patio y luego a la calle; tenía el corazón en vilo; no sabía aún qué decisión tomar... cómo obrar, qué hacer, cómo proceder en su crítica situación actual...
–Porque esa es la cuestión; ¿cómo proceder, Santo Dios? ¡Y vaya falta que hacía todo esto! –gritó al fin desesperado, cojeando por la calle adonde lo llevara el viento–. ¡Vaya falta que hacía todo esto! Porque si esto, precisamente esto no hubiera pasado, todo se arreglaría de una vez, de golpe, de un golpe hábil, enérgico y firme. ¡Que me corten un dedo si no se arreglaría! E incluso sé de qué modo preciso se arreglaría. Todo sucedería así: yo agarraría y este... le diría así y asá, que a mí, muy señor mío, dicho sea con su permiso, no me va ni me viene; que las cosas no se hacen así, con la impostura no se nos engaña; el impostor, muy señor mío, es un hombre este... despreciable, que no aporta ningún beneficio a la patria. ¿Lo comprende usted? ¿Lo comprende usted, muy señor mío? Así es como sucedería... Pero no, qué va... no es en absoluto así, no es en absoluto así... ¡No hago más que mentir, tonto de remate! ¡Vaya suicida que soy! Eres todo un suicida, te digo, la cosa no es así...      


Fiódor Dostoievski, El doble.



viernes, 6 de julio de 2018

Todas las cartas de amor * Álvaro de Campos



Todas las cartas de amor son
ridículas.
No serían cartas de amor si no fuesen
ridículas.

También en mi tiempo escribí cartas de amor, 
como las demás,
ridículas.

Las cartas de amor, si hay amor,
tienen que ser
ridículas.

Pero, al final, 
sólo las criaturas que nunca escribieron 
cartas de amor
son las que son
ridículas.




Álvaro de Campos.
Extraído de Cartas a Ophélia.





miércoles, 20 de junio de 2018

Estética del desaliento * Fernando Pessoa



Ya que no podemos extraer belleza de la vida, busquemos al menos extraer belleza del hecho de no poder extraer belleza de la vida. Hagamos de nuestra ineptitud una victoria, una cosa positiva y alta, con columnas, majestad y aquiescencia espiritual.
Si la vida (no) nos dio más que una celda de reclusión, empeñémonos en ornamentarla, aunque solo sea en las sombras de nuestros sueños, dibujos y colores mixtos, esculpiendo nuestro olvido sobre la inmóvil exterioridad de los muros.
Como todo soñador, soñé siempre que mi destino era crear. Como nunca supe hacer un esfuerzo o activar una intención, crear fue algo que, en mí, coincidió siempre con soñar, querer o desear, y hacer gestos con el hecho de soñar los gestos que desearía poder hacer.



Fernando Pessoa como Bernardo Soares, Libro del desasosiego.



miércoles, 13 de junio de 2018

Guiso al estilo de Oporto * Fernando Pessoa




Un día, en un restaurante, fuera del espacio y tiempo,
me sirvieron el amor como guiso frío.
Dije delicadamente al misionero de la cocina
que lo prefería caliente,
que el guiso (y era al estilo de Oporto) nunca se come frío.

Se impacientaron conmigo.
Nunca se puede tener razón, ni en un restaurante.
No comí, no pedí otra cosa, pagué la cuenta,
y me fui a pasear por la calle.

¿Quién sabe qué quiere decir esto?
Yo no lo sé, y me pasó a mí...




Fernando Pessoa.


Marta Moro

jueves, 31 de mayo de 2018

Lisbon revisited (1926) * Fernando Pessoa



Nada me ata a nada.
Quiero cincuenta cosas al tiempo.
Con angustia del que tiene hambre de carne anhelo
no sé bien qué:
definidamente lo indefinido...
Duermo inquieto, y vivo en el soñar inquieto
de quien duerme inquieto, a medias soñando.

Me cerraron todas las puertas abastractas y necesarias.
Corrieron cortinas ante todas las hipótesis que podría
          ver en la calle.
En el callejón que yo encontré no hay el número de
          puerta que me dieron.

Desperté a la m isma vida que me había adormecido.
Hasta mis ejércitos soñados sufrieron derrota.
Hasta mis sueños se sintieron falsos al ser soñados.
Hasta la vida tan sólo deseada me harta -hasta esa vida...
Comprendo a intervalos inconexos;
escribo en los lapsos de cansancio;
y es tedio hasta el tedio lo que me arroja a la playa.
No sé qué destino o futuro compete a mi angustia sin timón;
no sé qué islas del Sur imposible me aguardan, náufrago;
o qué palmares de literatura me darán un verso al menos.

No, no sé esto, ni otra cosa, ni cosa alguna...
Y en el fondo de mi espíritu, donde sueño lo que soñé,
en los campos últimos del alma, donde memoro sin causa
(y el pasado es una niebla natural de lágrimas falsas),
en los caminos y atajos de las florestas lejanas
donde supuse mi ser,
huyen desmantelados, últimos restos
de la ilusión final,
mis ejércitos soñados, derrotados sin haber sido,
mis cohortes por existir, despedazadas en Dios.

Otra vez vuelvo a verte,
ciudad de mi infancia pavorosamente perdida...
Ciudad triste y alegre, otra vez sueño aquí...
¿Yo? Pero, ¿soy yo el mismo que aquí viví, y aquí volví,
y aquí volví a volver y volver,
y aquí de nuevo he vuelto a volver?
¿O todos los Yo que aquí estuve o estuvieron somos
una serie de cuentas-entes ensartadas en un hilo-memoria,
una serie de sueños de mí por alguien que está fuera de mí?

Otra vez vuelvo a verte
con el corazón más lejano, el alma menos mía.

Otra vez vuelvo a verte
con el corazón más lejano, el alma menos mía.

Otra vez vuelvo a verte -Lisboa y Tajo y todo-
transeúnte inútil de ti y de mí,
extranjero aquí como en todas partes,
tan casual en la vida como en el alma,
fantasma errante por salones de recuerdos
con ruidos de ratas y de maderas que crujen
en el castillo maldito de tener que vivir...

Otra vez vuelvo a verte
sombra que pasa a través de sombras y brilla
un momento a una luz fúnebre desconocida
y entra en la noche cual estela de barco al perderse
en el agua que dejamos oír...

Otra vez vuelvo a verte,
mas, ¡ay, a mí no vuelvo a verme!
Se rompió el espejo mágico en el que volvía a verme idéntico,
y en cada fragmento fatídico veo sólo un pedazo de mí,
¡un pedazo de ti y de mí!


Fernando Pessoa.






domingo, 27 de mayo de 2018

Si te quieres matar… * Pessoa



Si te quieres matar… ¿por qué no te quieres matar?
¡Ah, aprovecha, que yo, que amo tanto la vida y la muerte,
Si me atreviera a matarme también me mataría…
Ah, si te atrevieras, ¡atrévete!
¿De qué te sirve el cuadro sucesivo de las imágenes exteriores a las que llamamos mundo,
El cuadro cinematográfico de las horas que son representadas
Por actores convencionales en poses predeterminadas,
El circo policromo de nuestro dinamismo sin fin?
¿De qué te sirve tu mundo interior, que desconoces?
Tal vez matándote lo conozcas al fin…
Tal vez al acabar comiences…

Y de todas maneras, si estás cansado de ser, 
Ah, ¡cánsate noblemente
Y no cantes, como yo, la vida por borrachera,
No saludes, como yo, a la muerte en la literatura!

¿Haces falta? ¡Oh sombra fútil llamada gente!
Nadie hace falta; no haces falta a nadie…
Sin ti todo marcha bien, sin ti.
Tal vez para los demás sea peor que existas a que dejes de existir…
Tal vez peses más durando que dejando de durar…

¿La pena de los demás…? ¿Tienes anticipados remordimientos de que te lloren?
Descansa; pocos te llorarán…
El impulso vital extingue las lágrimas poco a poco
Cuando no son por cosas propias,
Cuando son por lo que sucede a los demás, sobre todo la muerte,
Que es algo después de lo que nada sucede a los demás…

Primero es la angustia, la sorpresa de que haya llegado
El misterio y la ausencia de tu vida comentada…
Después el horror del cajón visible y material,
Y de los hombres de negro que ejercen la profesión de estar allí.
Después la familia que vela, inconsolablemente contando anécdotas,
Lamentando la pena de que te hayas muerto,
Y tú, mera causa ocasional de aquellos lloros,
Tú, verdaderamente muerto, mucho más muerto de lo que te imaginas,
Mucho más muerto aquí de lo que te imaginas
Aunque te encuentres mucho más vivo más allá.
Después, la trágica retirada hacia el panteón o la fosa,
Y después el principio de la muerte de tu recuerdo.
Primero se da en todos un alivio
De la tragedia un poco aburridora de que te hayas muerto…
Después, la conversación se aliviana cotidianamente
Y la vida de cada día recupera su ritmo

Después, lentamente, se te olvida.
Sólo en dos fechas se te recuerda, cada aniversario:
Cuando se cumplen años de tu nacimiento y cuando se cumplen años de tu muerte.

Nada más, nada más, absolutamente nada más.
Piensan en ti dos veces, cada año.
Suspiran por ti dos veces cada año aquellos que te amaron.
Y alguna que otra vez suspiran, si por azar se habla de ti.

Enfrenta en frío, enfrenta en frío lo que somos…
Si te quieres matar, mátate…
¡No tengas escrúpulos morales, recelos de la inteligencia!
¿Qué escrúpulos, qué recelos crees que tiene la mecánica de la vida?

¿Qué escrúpulos químicos crees que tiene el impulso que engendra
Las savias, la circulación de la sangre, el amor?
¿Qué memoria de los demás tiene el ritmo alegre de la vida?
Ah, pobre vanidad de carne y hueso llamada hombre,
¿No ves que no tienes importancia alguna?

Eres importante para ti, porque es a ti a quien tú sientes,
Eres todo para ti porque eres el universo para ti,
El mismo universo y los otros
Satélites de tu subjetividad objetiva.
Eres importante para ti porque sólo tú eres importante para ti.
Y si eres así, oh mito ¿por qué los demás no han de ser así?
¿Tienes, como Hamlet, pavor a lo desconocido?
Pero, ¿qué es lo conocido? ¿Qué es lo que conoces
Para que llames desconocido a algo en especial?
¿Tienes, como Falstaff, el amor grasoso por la vida?

Si la amas así de materialmente, ámala todavía más materialmente:
¡Vuélvete parte carnal de la tierra y de las cosas!
Dispérsate, sistema físico químico
De células nocturnamente conscientes,
En la nocturna conciencia de la inconsciencia de los cuerpos,
En el gran cobertor que no-cubre-nada de las apariencias,
En la hierba y en el césped de la proliferación de los seres,
En la niebla atómica de las cosas,
En las paredes en vórtice
Del vacío dinámico del mundo…



Álvaro de Campos.




miércoles, 23 de mayo de 2018

Lisbon Revisited * Pessoa



No: no quiero nada.
Ya dije que no quiero nada.

¡No me vengan con conclusiones!
La única conclusión es morir.

¡No me traigan estéticas!
¡No me hablen de moral!
¡Sáquenme de aquí la metafísica!
No me pregonen sistemas completos, no me alineen conquistas
De las ciencias (¡de las ciencias, Dios mío, de las ciencias)-
¡De las ciencias, de las artes, de la civilización moderna!

¿Qué mal hice yo a los dioses todos?

¡Si tienen la verdad, guárdenla!

Soy un técnico, pero tengo técnica sólo dentro de la técnica.
Fuera de eso soy loco, con todo el derecho a serlo.
Con todo el derecho a serlo, ¿oyeron?

¡No me importunen, por amor de Dios!

¿Me querían casado, fútil, cotidiano y tributable?
¿Me querían lo contrario de esto, lo contrario de cualquier cosa?
Si yo fuese otra persona, les haría, a todos, la voluntad.
¡Así, como soy,  tengan paciencia!
¡Vayan al diablo sin mí,
o déjenme ir solo al diablo!
¿Para qué tenemos que ir juntos?

¡No me tomen del brazo!
No me gusta que me tomen del brazo. Quiero ser solo.
¡Ya dije que soy solo!
¡Ah, qué inoportunidad querer que yo sea compañía!

¡El cielo azul -el mismo de la infancia-
Eterna verdad vacía y perfecta!
¡Oh sedoso Tajo ancestral y mudo,
Pequeña verdad donde el cielo se refleja!
¡Oh dolor revisitado, Lisboa de otrora de hoy!
Nada me dais, nada me sacáis, nada sois que yo me sienta.

¡Déjenme en paz! No tardo, que yo nunca tardo...
¡Y mientras tarda el Abismo y el Silencio quiero estar solo!


Álvaro de Campos



Lisbon Revisited (1923)

Não: não quero nada
Já disse que não quero nada.
Não me venham com conclusões!
A única conclusão é morrer.
Não me tragam estéticas!
Não me falem em moral!
Tirem-me daqui a metafísica!
Não me apregoem sistemas completos, não me enfileirem conquistas
Das ciências (das ciências, Deus meu, das ciências!) —
Das ciências, das artes, da civilização moderna!
Que mal fiz eu aos deuses todos?
Se têm a verdade, guardem-na!
Sou um técnico, mas tenho técnica só dentro da técnica.
Fora disso sou doido, com todo o direito a sê-lo.
Com todo o direito a sê-lo, ouviram?
Não me macem, por amor de Deus!
Queriam-me casado, fútil, quotidiano e tributável?
Queriam-me o contrário disto, o contrário de qualquer coisa?
Se eu fosse outra pessoa, fazia-lhes, a todos, a vontade.
Assim, como sou, tenham paciência!
Vão para o diabo sem mim,
Ou deixem-me ir sozinho para o diabo!
Para que havemos de ir juntos?
Não me peguem no braço!
Não gosto que me peguem no braço. Quero ser sozinho.
Já disse que sou sozinho!
Ah, que maçada quererem que eu seja de companhia!
Ó céu azul — o mesmo da minha infância —
Eterna verdade vazia e perfeita!
Ó macio Tejo ancestral e mudo,
Pequena verdade onde o céu se reflecte!
Ó mágoa revisitada, Lisboa de outrora de hoje!
Nada me dais, nada me tirais, nada sois que eu me sinta.
Deixem-me em paz! Não tardo, que eu nunca tardo...
E enquanto tarda o Abismo e o Silêncio quero estar sozinho!


Álvaro de Campos. 






jueves, 10 de mayo de 2018

sobre los espejos * Las máscaras de Silvina



–¿Y no hay que reprimir los deseos?
–No. Mi imagen en el espejo es la mejor parte de mí misma. Salgamos. Espero que apague las luces. ¿Pero qué es esa luz que se ve en las persianas?
–La luz de la luna. Buenos Aires es mi única ciudad desconocida. Siempre es un puerto al que acabo de llegar.
–Los espejos son muy importantes. Son el alma de una casa. Los espejos romanos eran pequeños y a propósito para tenerlos a mano.
–No me gusta ver mi perfil. Uno es cruel y el otro idiota. Rompería todos los espejos.



Silvina Ocampo, Cornelia frente al espejo.
    



martes, 1 de mayo de 2018

UN DÍA (zigzag) * Fernando Pessoa



¡Ah, no haber sido una Madame de burdel! ¡Qué pena tengo de mí porque eso no ocurrió!
Al final de este día resta lo que de ayer sobró y sobrará mañana: el ansia insaciable e infinita de ser siempre el mismo y otro.
Por peldaños de sueños y cansancios míos desciende de tu irrealidad, desciende y ven a reemplazar el mundo.


Fernando Pessoa como Bernardo Soares, Libro del desasosiego.



domingo, 22 de abril de 2018

Dostoievski en SDV! * ser uno ser mil





En mayo leemos El doble de Fiódor Dostoievski.

"era otro señor Goliadkin, otro completamente, pero, a la vez, completamente similar al primero, de la misma estatura, de la misma complexión, con la misma ropa, con la misma calvicie; en una palabra, nada, decididamente nada había sido olvidado para una similitud completa, de modo tal que si se los agarrara y se los pusiera uno al lado del otro nadie, decididamente nadie se habría arriesgado a decir cuál era precisamente el verdadero señor Goliadkin y cuál el falso, cuál el viejo y cuál el nuevo, cuál el original y cuál la copia".