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domingo, 23 de octubre de 2022

Gaby en Ventana a la escritura


 


La herida...
Cuál de todas?
Digo con los ojos 
hundidos en el fondo 
de sus fosas 


La herida 
dice la voz muda
del  médico 
Muéstreme su herida 
Los puntos en diagonal
y prolijos
mapean lo que no hay 


de mi boca sale 
dolor de hilachas
historia todavía
abierta.


Gaby Bravetti 


 



viernes, 21 de octubre de 2022

Quién creés que alucina * Maricel Witomski

 




Quién creés que alucina 

vuela nubepájaro

flameando entre cielos con los ojos arrancados

quién suponés que lo dice todo 

y reparte secretos en sus silencios

quién desnuda el cuerpo al abrazarte

pero cobija el alma de las malas palabras

quién es la distinta desprejuiciada

ambigua actriz de la rutina diaria

quién escribe poesías bravas

traduciendo el harto miasma de su alma

¿Quién?



hay alguien más

de esas muchas

de esas múltiples

entre todas

oculta

arengando salir

espiando

voluble

disimulando la mueca empática



tácita

implícita

la yo, la de mí

la de soy y estoy

ella, esa

                                                      única

agazapada al juicio



ahuecada

entre nosotras




































la otra








Maricel Witomski.
Arte: #raycaesar

sábado, 8 de octubre de 2022

Mi bosque * Andrea Larrieu

 



Mi bosque


Camino entre los árboles

infinitos

en el tiempo de soledad

no hay brújula

norte o sur

¿acaso importa?


Anochecida

la luz se transforma

un resplandor ínfimo

casi ciega

a tientas busco 

la luna

¿vendrá acaso el lobo?

los miedos saben

a misterio.


Amanece

la arboleda se ilumina

de naranjas y rojos

¿vendrá la bruja

con la manzana?

incógnitas que inspiran

historias.


La lluvia se cuela entre hojas 

que tapan el cielo

la dejo 

inundarme completa

corro, me pierdo

para encontrarme

aunque los pájaros se coman

las migas y me dejen

sin camino.


El bosque en la tarde

un sol iluminado

brilla junto al lago 

sumergida

asoma la criatura

el cuerpo escarchado

suspirando vapores.


Desnuda

se cobija entre los árboles

vestida con sus hojas

me habita

la espesura habla

escucho sus voces

el llamado

vibran mis extremidades

los pasos me llevan

al corazón.


Andrea Larrieu, 2022.

Arte: #raycaesar

martes, 27 de septiembre de 2022

Nada eterna * Juanpi Ortigosa

 



Nada eterna

Un mapa único

Desdibujado

Bajo las sábanas del hada

Alma - Gustavo Cerati



Mi cuarto está oscuro todo el día

no me gusta

no me gusta el negro, el terror

la soledad


tengo el alma en un desierto

muerto de sed no veo el oasis

el final

solo arena que me encierra

la esperanza de encontrar

una voz


me duele si me quedo

pero me muero si me voy

no quiero ser 

como ellos quieren

quiero poder florecer

mi cuerpo tiene un alma

y si mi ser estalla

será un corazón que sangre


¿y ahora, gente? ¿y ahora?


mi cuarto está oscuro 

nació de la nada 

quedó en la nada 

algún día necesitaré oscuridad

necesitaré desaparecerme


¿extrañaré la soledad?


Juanpi Ortigosa. 

Arte #angelesagrela 

martes, 9 de agosto de 2022

Volare * Ariel Lora

 


Volare



Los domingos a la noche no era fácil volver a casa. Para hacerlo lo más rápido posible existía una sofisticada estrategia que requería rapidez y concentración. 

Esperaba el colectivo en una de las paradas que están pegadas a las vías del tren. Sobre la Avenida Rivadavia se podía vislumbrar si a lo lejos aparecían las cuatro lucecitas del tren Sarmiento. A esa hora la frecuencia de los trenes y colectivos no era alta, así que las largas esperas eran seguras. Entonces la misión era no desaprovechar el primer medio de transporte que apareciera y abalanzarme desesperadamente hacia él.

La dificultad consistía en que si primero asomaba el tren, había que correr, llegar al acceso del andén, girar a la derecha, atravesar a toda velocidad el mini laberinto de pasarelas, cruzar al galope sobre las vías, volver a doblar y correr otros 30 metros, escalera mediante, para llegar antes de que se cerraran las puertas del tren. Muy difícil, pero no imposible.


Una noche, repentinamente, veo las luces del tren aparecer, no estoy concentrado. Para mi desgracia ya está demasiado cerca. Perdí unos segundos valiosísimos que me harían pagar caro esa distracción. Pero no me desanimo. Empiezo a correr lo más rápido que puedo, cual velocista al escuchar el disparo de largada. En esa aceleración fantástica, mi cuerpo se desbalancea. Como si las piernas hubieran tomado más impulso que el resto del cuerpo, comienzan a elevarse del piso. ¿Qué está pasando? Casi sin darme cuenta, estoy volando. A mi derecha, la gente que espera en las paradas se transforma en el público no deseado de una escena que desafía los sentidos.

Los veo con el rabillo del ojo: están entre el asombro, la sorpresa y la carcajada. Como si todo transcurriera en cámara lenta, siento que me observo a mí mismo. Mientras estoy planeando, el zapato de mi pie derecho se sale y empieza a volar caprichosamente en forma independiente, un satélite, digamos. Alguna vez tengo que empezar a caer, pienso, ¿qué más puede pasar? Ya a esta altura del acontecimiento el aterrizaje se vislumbra. Y la gente de la parada sigue mirando. 

Todavía queda un detalle. Un libro que llevo en mi mano se abre frente a la falta de gravedad y esparce su contenido de señaladores románticos y papelitos de colores sueltos, haciendo aún más surrealista el extrañísimo evento. Como si fuera una hora después, voy descendiendo elípticamente hacia lo inevitable, hasta desparramarme.

Me levanto.

Aunque me quiero ir lo más rápido posible, debo juntar los escombros del desastre aéreo.

Y ponerme el zapato.


Esa noche no llegué rápido a casa. Ni ileso.



Ariel Lora, 2022.

lunes, 4 de julio de 2022

Groenlandia * Elisabeth Fontana




Groenlandia

Sostiene una foto en la que el balde de plástico amarillo está en su cabeza. Las tardes jugando en el parque.
Es un soldado persa que marcha hacia el polo. Quiere llegar hasta donde viven los osos polares. 

Está dispuesto a recorrer el mundo, atravesar continentes, hasta llegar al hielo y poder tocarlos. Será divertido jugar con los osos. 

Ahora, mientras mira la foto, se da cuenta de que ese balde, ya roto, lo tiró su madre hace tiempo. Que los hielos se derriten, y entonces, los osos van desapareciendo. 

Solo queda él. Sin el deseo. 


Elisabeth Fontana, 2022.

Arte: #jennybidart 

domingo, 8 de mayo de 2022

Llegar al hueso * Gabriela Orlandi

 




Llegar al hueso en forma poética es la metamorfosis de un animal libre.




Gabriela Orlandi, 2022.


Arte: #ChrisBerens




viernes, 6 de mayo de 2022

en su fragilidad de ojo oscila el otoño * Majo Medei

en su fragilidad de oso oscila el otoño

un perfume fantasma

pincha mis dedos con insistencia


en medio de mis cavilaciones intuyo

toda nuestra vida puede ser revisada desde los aromas


olor a mamá dice uno

los minutos del anochecer los domingos

agrega otra

la única copa que no se rompió

todos sus muertos beben de ella

todavía

otra rememora

corren sobre el escritorio

entre los libros

las caras de quienes quiso

el olor del tren

la naftalina

nube de incienso

talco de azucenas

la piel bajo el sol


todos tenemos un hueco en el corazón

le demos el nombre que le demos







Majo Medei
, 2022.

Arte: #ChrisBerens




miércoles, 27 de abril de 2022

Cómo será sentir que uno ha llegado * Liliana Levy


Como será sentir que uno ha llegado

no más horas 

acechando el aire de la noche

no más nombres 

que los ya escritos

ni palabras por decir 

ni piedras que sortear

ni números que cifren verdades

no más incertidumbre en cada esquina

dirán que eso no existe

yo también creía

se hace camino al andar

amo el poema y su significado

pero como será 

encontrarse con la música 

que ha sonado siempre en la cabeza

las sombras ya pintadas 

con los colores del olvido

como será

ese instante pleno

mil veces soñado 

mil veces

inventado 



Liliana Levy, 2022.

Arte: #LenaRushing



martes, 25 de enero de 2022

Rotación mental * Carolina Ojcius

 Rotación mental


Juan estaba estudiando cuando sonó la alarma a las doce de la noche, el único horario disponible en toda la residencia estudiantil para lavar la ropa.

Aquel imponente edificio era un antiguo hospital refaccionado, de siete pisos, ocupaba toda una manzana, de color blanco, con ventanas grises.

La habitación de él era la ciento veintidós en el primer piso. Contaba con todas las comodidades para un estudiante: un pequeño baño, un escritorio de pino con su silla haciendo juego, una mesada de granito con bacha y anafe.

Si él hubiera querido abaratar los costos del alquiler, podría haberla compartido, pero no le gustaba que la gente tocara sus cosas. Además era muy meticuloso con sus horarios de estudio y descanso. 

Tenía planeado recibirse de ingeniero mecánico en cinco años como le había prometido a sus padres y pretendía cumplir dicha promesa sin perder el tiempo en banalidades.

Antes de salir de la habitación, sacó de la ducha un fuentón con su ropa sucia, el paquete de jabón en polvo y las llaves.

Como siempre, cuando recorría el pasillo de su piso, se cruzaba con otros estudiantes, hablando en voz alta, fumando y escuchando música a todo volumen. 

Dos chicas estaban conversando.

-¿Che no viste al negro?

-No ¿Por?

-Es que no viene a comer hace tres días.

-Bueno no te preocupes, a él le gusta andar por ahí, además si quiere sabe cómo volver.

Juan llamó al ascensor, luego de varios minutos cuando por fin llegó, abrió las rejas como un acordeón y marcó el séptimo piso. Los engranajes sonaron primero, luego un ruido estridente como el de una máquina cortando madera, hasta que comenzó a moverse. Parecía que el artefacto se quejaba del malestar de los años, así como un viejo adolorido se queja al arrastrar su andador con dificultad.

Aquella especie de Jaula de Faraday tenía los números del tablero desgastados por el uso, sólo se podía encontrar el piso indicado por intuición. El techo tenía una luz blanca muy tenue que titilaba y estaba repleta de bichos muertos. 

Las paredes estaban vandalizadas por los mismos estudiantes con mensajes y dibujos obscenos, en una de éstas había un pequeño mapa de las instalaciones, donde se podían ver las salidas de emergencia, también se indicaba que el sexto piso estaba clausurado por remodelaciones. Los estudiantes tenían terminantemente prohibido el acceso a dicho lugar.

A medida que Juan se acercaba al quinto piso, el sonido de las personas era casi imperceptible, mientras que el de las máquinas comenzaba a sonar con fuerza. Motores y bombas de agua sonando rítmicamente como un enorme corazón bombeando sangre.

Luego él se percató que en el suelo había un cartel “Atención, ascensor en revisión por las próximas veinticuatro horas, por favor utilice las escaleras. Atte la administración”. 

En ese preciso instante el aparatoso transporte chilló. Se detuvo en seco en el sexto piso, la luz blanca se apagó, en su lugar se encendió una pequeña luz roja de emergencia.

Ese pasillo era completamente distinto al del primero, era el único que aún conservaba el aspecto de un hospital abandonado. Estaba totalmente oscuro de no ser por la luz roja del ascensor, además el aire era pesado y asfixiante.

El techo estaba roto, desgarrado con fierros colgando, las paredes descascaradas, enmohecidas, con profundas líneas de humedad como extensas lágrimas negras. 

A lo largo de este se podía encontrar mucha basura de hospital: camillas, sillas de rueda, jeringas, batas de médicos, frascos de pastillas y documentos de pacientes olvidados desparramados por el suelo.

Él marcó nuevamente el número del piso al que quería ir pero el aparato no hizo nada, decidió entonces intentar abrir las rejas pero estaban trabadas. Activó algo rojo que identificó como la alarma de emergencia y entonces una chicharra comenzó a sonar como un grito agudo agonizante retumbando en todas las paredes del lugar.

En la lejanía del pasillo, donde todo estaba completamente oscuro, se escuchó un pequeño objeto metálico caer al suelo.

Él se quedó inmóvil e intentó encontrar la fuente de aquel sonido, pero no podía ver ni escuchar nada. Unas gotas de sudor le cubrieron la frente.

Presionó esta vez el número siete varias veces con impaciencia. El ascensor hizo un chirrido, se tambaleó en un vaivén de arriba a abajo y unos engranajes al girar sonaron como una risita. 

Fue entonces cuando se dio cuenta de que una silla de ruedas ya no estaba en el mismo sitio. Sintió que su corazón latía con taquicardia.

Golpeó desesperado todos los botones juntos y en ese momento un frasco estalló contra el suelo a unos pocos metros de distancia.

-¡Por el amor de Dios, movete de una vez! -Gritó angustiado. Y sólo luego de exclamar aquella súplica la jaula decidió liberarlo. Apagó la alarma, encendió la luz blanca y destrabó las rejas. 

Juan descubrió entonces, que frente a él, detrás de las rejas, había un gato sentado mirándolo fijamente.

-¡Ah eras vos mequetrefe! ¡Casi me matás de un susto! ¿Qué haces acá Negro? Vení -Le dijo al gato y lo metió al ascensor.

Mientras lo acariciaba y se reía de su miedo irracional, al retornar su viaje, un momento antes de abandonar completamente el sexto piso, vio como una camilla se estrellaba con furia contra una pared.


Fin.


Carolina Ojcius, 2021.



Artista: #NicolettaCeccoli




domingo, 9 de enero de 2022

Órbitas * Carolina Ojcius



Todo el sistema solar había sido infectado por cefalópodos gigantes, una mortífera especie alienígena.

En cuestión de días la población fue exterminada y los recursos consumidos.

Sólo un grupo de quince personas en una nave llamada Alpha logró sobrevivir debido a que no se encontraban en la tierra.

Buscaron por varios meses un lugar apto para colonizar, pero ninguno cumplía con los requerimientos mínimos.

Sus reservas se agotaron y como última esperanza enviaron a una pequeña nave de reconocimiento llamada Epsilon para investigar un exoplaneta.


-¡Capitán! Perdimos conexión con la nave de reconocimiento -Indicó el teniente David Swinton mientras observaba el radar.

-¡Envíen la señal infrarroja! -Alzó la voz el capitán Mattew Stamper.

-¡Enviada!

-¿Cuántos tripulantes son?

-Cinco.

-La señal luminosa indica que están a tres segundos luz de distancia.

-Señor logramos acceder a la caja negra de la Epsilon, tiene una bitácora grabada del general Henry Racoon -Informó el cabo Robert Wazowski mientras arrastraba el registro audiovisual al dispositivo de reproducción en tres dimensiones.

-Reproduzcan los registros ahora.


Semana 1.

El planeta de reconocimiento tiene características atmosféricas similares a la Tierra, creemos que es posible realizar una exploración in situ.


Semana 2.

Decidimos recolectar varias muestras de flora para poder analizar su composición química, por el momento no hemos tenido contacto con fauna.


Semana 3.

Hemos recibido un registro de movimiento térmico en el norte del planeta, no sabemos qué tipo de vida encontraremos, pero es mejor averiguarlo.


-Señor, esa fue la última grabación.


-Preparen la nave Alpha para velocidad estelar a las coordenadas de Epsilon.

En ese momento, una voz sintética se escuchó en toda la nave.

*Capitán Stamper, no es recomendable activar la velocidad estelar a largas distancias, no se pueden pronosticar posibles obstáculos y requiere desactivar el escudo* -Advirtió Atenea, la asistente artificial de navegación.

-No tenemos opción ¡Activala ahora, es una orden!

*Activando velocidad estelar.*

Los tripulantes por seguridad fueron contenidos por Atenea en una gran red de protección antigravitacional.

Mientras la nave avanzaba a máxima velocidad, un enjambre de meteoroides los interceptó.

La nave recibió el impacto de cientos de rocas estelares en todas las direcciones.

-¡Atenea levanta los escudos!

*Falla integral del sistema, daños irreparables en toda la nave, aterrizaje de emergencia activado.*

El descenso de la nave fue turbulento, se arrastró por el suelo, chocó contra una enorme formación rocosa que le desgarró todo el costado izquierdo como un abrelatas. 

Debido a la falla del sistema, la red de protección se apagó. Los tripulantes fueron despedidos, rebotaron contra las paredes y el suelo. El cabo Ryan Watterson salvó la vida de un tripulante que iba a ser expulsado de la nave, pero fue herido gravemente en el abdomen por un pedazo de fierro suelto.


El planeta en donde se habían varado tenía tres lunas, la tierra y los ríos eran púrpura, mientras que las plantas eran turquesa. Todo resplandecía con un color fluorescente.

El suelo parecía ser de una consistencia gomosa, una gran cascada desembocaba en una laguna llena de extrañas plantas esféricas púrpuras.

Toda la tripulación de Alfa se equipó con trajes de protección y armas radiactivas antes de salir de la nave.

Tuvieron que escalar varios peñascos para alcanzar la locación de la nave Epsilon.

Cuando llegaron, no había nadie, sólo encontraron un pequeño dispositivo para respirar en una de las cápsulas. No había reservas de combustible, ni alimentos suficientes para alimentar a todo el grupo.

-¡Capitán mire el radar! Hay movimiento térmico en el norte como había indicado el general Racoon. -Dijo el teniente Swinton, mientras señalaba una pequeña pantalla holográfica de la nave.

-¡Partiremos de inmediato al norte!

El terreno se volvía cada vez más irregular a medida que avanzaban.

Todo el contingente tuvo que afrontar diferentes obstáculos:trepar montañas empinadas, tomar lianas para cruzar precipicios y lanzarse por varias cascadas púrpuras de diferentes altitudes.

Cuando llegaron a la posición donde el movimiento térmico era mayor, vieron una imponente pirámide metálica púrpura rodeada por un enorme precipicio.

El único camino para llegar era una especie de puente formado por peldaños metálicos, una caída a esa altura era mortal. Todos pasaron con dificultad, sólo quedaba una persona del otro lado, el cabo Wazowski. La herida de su abdomen había empeorado con el trayecto.

-Capitán, no puedo hacerlo. -Dijo mientras miraba el puente.

-Vamos Wazowski, son sólo un par de peldaños nada más.

El cabo dio tres pasos, pero luego vio el precipicio, se mareó, se resbaló y quedó colgado de un peldaño con las manos. Debido al mal movimiento la herida se le abrió.

-Capitán, ya no tengo fuerza. -Dijo mientras se le resbalaba una mano y quedaba colgado de la otra.

-¡Wazowski, resista! -El capitán intentó llegar a la posición del cabo pero era demasiado tarde.

-Capitán ha sido un honor. -Realizó el saludo especial y se soltó.

-¡NOOOO!


La pérdida del cabo Wazowski había afectado moralmente a todo el grupo, algunos querían regresar a la nave Epsilon y buscar otro planeta.

El capitán se subió a una roca y comenzó a hablar.

-Escuchen, no tenemos combustible suficiente para buscar otro planeta, ni provisiones para sobrevivir fuera de aquí. Buscaremos al equipo de reconocimiento y luego crearemos una fortaleza en el sur. Si nos mantenemos unidos lograremos tener al fin un hogar.

El discurso del capitán ayudó a tener esperanza y todas las personas aceptaron la misión.


-Capitán hay una señal de emergencia envíada por el general Racoon en una cámara de la pirámide.

-Enciendan las linternas intermitentes, activen las luces de sus zapatos de seguridad y preparen las armas, puede que lo que encontremos no sea agradable.

La gran cámara era oscura, sus paredes de cientos de metros de altura estaban cubiertas con circuitos integrados y tenían varios ductos a los costados.

Pronto divisaron una pulsera de neón a pocos metros.

-Capitán es la pulsera de la teniente de Epsilon, Diamond Abadeer.

-GRRRRRR -Un gruñido grave retumbó cerca de ellos.

Comenzaron a sonar gruñidos desde todas partes, desde los ductos se podía escuchar que algo se movía en su dirección. 

-¿¡Qué es eso!? -Preguntó uno de los integrantes aterrorizado mientras temblaba.

De pronto un tentáculo gigante, de color turquesa con ventosas púrpura, lo succionó del brazo y lo arrastró por un ducto hacia la oscuridad.

-¡AYUDAAAAA!

-¡Disparen!¡No dejen que los atrapen! -Gritó el capitán.

-¡Pum!¡Pum!

-¡AHHHHHHH!

Otro par de tentáculos los atacó. Parecía que la radiación de las armas no les afectaba.

-¡Corran al interior de la cámara ahora! -Gritó el capitán. 

Apenas un puñado de personas consiguieron seguirlo.

Cuanto más tiempo pasaba, los gruñidos parecían duplicarse.

Los sobrevivientes se escondieron en la oscuridad y permanecieron en silencio. Escucharon como los gritos y llantos de sus compañeros se acrecentaban para luego apagarse uno a uno.

-Reporte de bajas.

-Cinco personas.

-¡Demonios!

-El capitán activó una luz de neón y descubrieron al general Henry Racoon en el suelo, muerto, su cuerpo estaba cubierto con ácido.

Los gruñidos los alcanzaron, los tentáculos tomaron de las extremidades a tres personas más, sólo quedaron el capitán y el teniente.

-Capitán, ha sido un honor luchar a su lado.

-Lo mismo digo, teniente.

Ambos levantaron la mano y realizaron el saludo espacial.

Dos pares de tentáculos los succionaron con las ventosas desde los tobillos, se sostuvieron de las paredes tanto como pudieron, pero la fuerza de estos era superior, les infligieron tanto dolor que se soltaron y fueron arrastrarlos hacia los ductos.

-¡Matías, te estoy llamando hace diez minutos! Ya nos tenemos que ir a casa. - Dijo su mamá enojada mientras le soltaba el pie después de sacarlo por el tobogán.

Ella llevaba un gran sombrero de cotillón: fluorescente, con luces que cambiaban de color.

-Daniel, no te traigo a ningún cumpleaños más si te portas así.

-¿Disculpen no vieron a Hernán? -Preguntó una mujer. 

-Hay un nene durmiendo en el pelotero -Le respondió la mamá de Matías.

-Mariana ¿Dónde dejaste tu puff para el asma?

-¿Alguien se quedó sin lucecitas del cotillón? -La mamá del niño que cumplía años estaba repartiendo pulseras de neón y luces intermitentes led.

-Yo quiero una pulsera -Dijo una niña llamada Diana.

-¡Hernán te manchaste la remera nueva con el helado!.

-Ramiro ¿Cómo te raspaste la panza?


Mientras, la mamá de Matías lo llevaba de la mano fuera del salón de fiesta.

El capitán Mattew Stamper fue elevado por los tentáculos hasta el cielo y pudo ver todo el panorama con claridad.

Cientos de cefalópodos gigantes habían invadido todo el planeta.

Por primera vez, pudo ver el rostro de uno de estos seres, su gran cabeza fluorescente latía, sus enormes ojos negros lo observaron fijamente por un momento, antes de lanzarlo al interior de su boca repleta de cientos de dientes puntiagudos.


Fin.

Carolina Ojcius, 2021.


Foto: Tanaka Tatsuya

#TanakaTatsuya