MI CUERPO
Hay momentos en que mi cuerpo me parece
como una casa abandonada.
Y no sé si soy yo
o es mi fantasma
que ha entrado en él
por error.
Estela Figueroa.
Siempre de Viaje - Taller de escritura y lectura, edición de libros-objeto y pliegos artesanales, lecturas de poesía, producción de eventos culturales.
MI CUERPO
Hay momentos en que mi cuerpo me parece
como una casa abandonada.
Y no sé si soy yo
o es mi fantasma
que ha entrado en él
por error.
Estela Figueroa.
Sentimental
Mis sentimientos rodean
la cintura del mundo
como dos largas manos
cuyos dedos se rozan.
O como un elástico
demasiado tensado
que de pronto se corta.
Estela Figueroa.
El año pasado
por este mes
me compré un bolso
que tenía muchos compartimientos.
Me acompañó un año.
El año más atroz de mi vida.
Pero para qué extenderse
en una descripción de situaciones
que reclaman olvido.
Este año el cierre se rompió
y compré otro.
Ya sin compartimientos
y del mismo color.
Pasaron unos días
hasta que llegó el momento de la ceremonia.
Sobre la colcha floreada de mi cama
vacié el bolso viejo.
Todos sus compartimientos.
Aparecieron recibos de sueldo
propagandas de distintos comercios
remedios
boletos de ómnibus
una libreta en blanco
mi documento de identidad
monedas
y una carta enviada desde Madrid
donde un joven me escribe
que momentáneamente está allí
que todas las noches
piensa en mí que
fue una pena que
sabré de él por
otra carta o…
He orado
por él
por mí.
Bolso de la vida:
sé benévolo.
Estela Figueroa, El hada que no invitaron.
Consigna 2: Probá cambiar la sentencia "bolso de la vida, sé benévolo" por el objeto que vos elijas ("cartera de la vida, sé benévola"; "ollita de la vida, sé benévola") y armá tu propio rezo, tu oración propia.
El gomero
De entre todos los árboles
que miro en mis caminatas
prefiero el gomero.
Quisiera parecerme a él.
No se pierde en dádivas de flores.
No sucumbe a las tormentas.
Da sombra al fatigado.
Sus hojas de un verde intenso
son fuertes, nervadas y lechosas.
La raíz es profunda y se extiende desaforada:
levanta veredas
resquebraja paredes.
En el invierno las hojas
se tornan de un amarillo purísimo
y caen una a una sobr
e la calle
como lágrimas
de un enorme Dios que llorara.
Estela Figueroa, El hada que no invitaron.
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