Mostrando entradas con la etiqueta Roland Barthes. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Roland Barthes. Mostrar todas las entradas

jueves, 14 de febrero de 2019

El rapto * Roland Barthes



El episodio hipnótico, se dice, es ordinariamente precedido de un estado crepuscular: el sujeto está de algún modo vacío, disponible, ofrecido sin saberlo al rapto que lo va a sorprender. De la misma manera Werther nos describe por extenso la vida insignificante que lleva en Wahlheim antes de encontrar a Carlota: nada de mundanidad, de ocio, sólo la lectura de Homero, una suerte de acunamiento cotidiano un poco vacío, prosaico (se hace cocer guisantes). Esta “maravillosa serenidad” no es más que una espera –un deseo–: no caigo nunca enamorado, si no lo he deseado; la vacancia que he creado en mí (y de la que como Werther, inocentemente, me enorgullezco) no es otra cosa que ese tiempo, mas o menos largo, en que busco con los ojos, en torno mío sin que lo parezca, a quien amar. Ciertamente que al amor le hace falta un desencadenante, como el rapto animal; el señuelo es ocasional, pero la estructura es profunda, regular, como es estacional el acoplamiento. Sin embargo el miro del “flechazo” es tan fuerte (cae sobre mí sin que me lo espere, sin que lo quiera, sin que tome en ello la menor parte), que uno se queda estupefacto al oír que alguien decide caer enamorado: como Amador viendo a Florinda en la corte del gobernador de Cataluña: Después de haberla mirado largo tiempo resuelve amarla”. ¿Cómo, voy a decidir si debo volverme loco (el amor sería esta locura que yo quiero)?



Roland Barthes, Fragmentos de un discurso amoroso. 
Taller de deseo en Siempre de Viaje.



Gian Lorenzo Bernini

lunes, 6 de marzo de 2017

Y la noche alumbraba la noche * Sofía Tagle


Y la noche alumbraba la noche
y me devolvía mi inseguridad
"todo es mi culpa" pensaba en silencio
mientras sus ronquidos
inundaban la habitación
agua
no puedo respirar
me ahogo
agua
sobreviviré?
agua
flotará el colchón?
esto me pasa por no prestar atención
a las normas de seguridad
la azafata estaba lejos
no la pude escuchar
y su voz...
su voz me arrulló hasta el sueño
y ahora estoy acá
despierta
a oscuras
en una sala inundada
agua
por todas partes
agua
que sale de adentro
brota
agua verde
brota
agua estancada
brota
mi enojo
brota
mi angustia
todo mojado
agua
las sábanas húmedas
agua
la frazada se deshace
agua
la almohada se hincha
agua

y vos

seco





Sofía Tagle, 2017.
Texto producido en los Talleres de Siempre de Viaje a partir de la lectura de Roland Barthes.


martes, 14 de febrero de 2017

Ola * Gisel Bouso




lo que vuelve, convierte en algo viejo el horizonte
me repito
una vez
más
una vez
con los ojos tapados
una vez más
la sonrisa me repite
me expulsa bien lejos
ya sé

por momentos, sólo soy esa misma falla
[lo que vuelve podría cansarte]
podrías 
-de pronto-
apagarme



nada me define más
que mi error de cálculo
mi exceso de caudal
ese surco en la arena
mi agua turbia

[lo que vuelve]

a traerme el mar
una vez
otra vez más
la misma ola
mareada
-la misma calma-
el tiempo, que corre detrás
podrías esfumarte
[entonces me escondería]

lo que vuelve es mi demanda
mi deseo-ciego
mi sed
de errar te veo 
desaparecer
te veo apagándote a lo lejos
diez mil escenas impecables
que arruiné
[sin ruido]
con la fuerza de mi voz
con la yema de mis dedos

quedás tapiado en el fondo del mar
te confundo con lo que vuelve
así es más fácil
no estoy yo: es algo más
una vez
más
otra
[tesoro y bomba]
me cuesta creer en mí
alguna vez podré ser exacta?
filtrarme
recorrer el canal
fresca
impulsada

me cuesta pensar
en no volver nunca
yo
excesiva
irregular
fallada
perder mi matiz
heridas
la parte inevitable

me cuesta siempre
escribir el final
no repetirme

el fin
una vez más

otra
           chicle
   palabra
                    niebla

una vez más
soy esa

agua
faro
[por eso regreso]
vuelvo con todo
mezclada 
con sal
junto con todas las cosas
camuflada
soy esa

             me pierdo
                  otra vez
te traigo
      te salvo en el mar
me ahogo
                me voy

vapor

soy esa
que siempre me vuelve
intratable

no se cómo terminar un amor
          
          cómo despedirMe.  



Gisel Bouso, 2016.
Texto producido en los Talleres de Siempre de Viaje a partir de la lectura de Fragmentos de un discurso amoroso de Roland Barthes.




martes, 31 de enero de 2017

La noche alumbraba la noche * Marcela Manuel

La noche alumbraba la noche
la noche densa
la noche melosa

alumbrada

relajada

en la noche de la noche
la noche más profunda
inmensa
vasta
de vastedad absoluta
tan vasta como células hay en la piel
la noche
melosa
vasta
dérmica
alumbrada en la noche
vasta 
melosa
melosa
de esta noche 
tan noche de noche
extrapolada
amalgama de noches y noches

la noche alumbrada de sí

de esta tan imprescindible noche
noche de noches

sin tiempo

superlativa



Marcela Manuel, 2016.
Texto producido en los Talleres de Siempre de Viaje a partir de la lectura de Fragmentos de un discurso amoroso de Roland Barthes.




jueves, 19 de enero de 2017

Valgo * Mercedes Marcer



Anoche soñé con vos.

Caminaba por una playa. La arena se incrustaba en mis pies descalzos. Los granos gruesos dolían. La oscuridad reinaba. Grité un nombre distinto al tuyo. No era a vos a quien buscaba.
Él no aparecía.
Desesperación: el miedo nutría todas mis células. Frío, lluvia, susurros desconocidos. Quería correr pero los músculos no obedecían, necesitaban de él para moverse.
Mis extremidades comenzaron a ser atadas con sogas invisibles. Intenté un grito que se perdió en el aire. Lluvia de cuchillos. Olí la sangre, discurría. Giré la cabeza hacia un costado, el autor de la masacre miraba indiferente.
Cerré los ojos.
Tus manos fueron el rescate. Desatabas todos los nudos, suturabas cada incisión. No había pasado el tiempo en tu rostro. Esos ojos compasivos, esa sonrisa con la que nos despedimos hace cinco años.
La arena ya no dolía. Podía oír el mar. El sol entró en escena. Había luz, había claridad. Un abrazo igual que el de nuestro comienzo puso fin al sueño.

Te reviví para convencerme: Valgo.


Mercedes Marcer, 2016.
Texto producido a partir de la lectura de Fragmentos de un discurso amoroso, de Roland Barthes.


lunes, 2 de enero de 2017

Decir Te amo * Alejandra Malvotti


Entreabro los ojos. Tres de la mañana. En nuestra habitación la oscuridad es casi total. Por la ventana, que dejé un poco abierta para que entre el frescor de la noche, se cuela un rayo lunar brillante. Impactando justo en la piedra que nos trajimos de Córdoba. Esa en forma de corazón.
Acostada boca abajo. Me niego a girar la cabeza. Me quedo inmóvil. Entumecida. Casi paralizada.
Sé la hora. El despertador está de mi lado. ¿Te acordás de que te olvidabas de programarlo? Después de unas cuantas llegadas tarde al trabajo, lo cambiamos de lugar. Me enojé mucho. Te dije palabras irrepetibles. ¿Por qué te traté así, si te amaba?
Te amo
Solía observarte sin aburrirme. Mi mirada acariciaba tus sueños, mis pensamientos luchaban contra tus pesadillas.
Nuestro juego preferido era quién decía el mejor te amo, el más ocurrente.
Cuando yo te decía “te amo ahora” vos me regalabas un “te amo cuando camino”. Si a mí se me escapaba un “te amo comiendo naranjas”, vos me acestabas con “te amo cuando cantás”. Un día te dije “te amo cuando te odio” y me ganaste con el “te amo porque sí”.
Vuelvo a pestañear. Tres y catorce de la mañana. No hay cambios en la oscuridad. Estiro el brazo. Nada.
No estás.
Tanteo la almohada insensible a mis lágrimas nocturnas. Sigue esponjosa, intacta.
No es un sueño. No.
Te fuiste en ese viaje inesperado “son solo dos días”. Besos hubo.
Besos de despedida.
Hoy te amo en silencio

Te amo sola.
     


                                     

 Alejandra Ligia Malvotti, 2016.
Texto producido en los Talleres de Siempre de Viaje.                         





lunes, 12 de diciembre de 2016

Te amo * Ricardo Czikk


Vos y yo somos 
fragmentos de un aglutinado teamo
sabores en la piel                                           y esto ¿qué es?

pigmentos que se pegan
emanaciones de colores 
glúteos arracimados                                      ¿qué sería?

no sé
me dejás nublado                                          no sé

estupefacto                                                      esto ¿qué es?
sin habla o puro blablá
tegumento escamoso de incógnito
verde amargo y azahar
a veces rojo flash loco
de noche me quedo en blanco                 ¿qué es?

ando a tientas de día
en bolas sin saber                                          no sé

¿me olerás o chuparás?
yo degustaré cada pezón
te arrancaré cada centímetro cuadrado                               ¿qué?

aún si quedo hecho pedazos                     no sé, quizá
fragmentario
como mi amor.



Ricardo Czikk, 2016.



miércoles, 23 de noviembre de 2016

Errabundeo * Barthes



Errabundeo. Aunque todo amor sea vivido como único y aunque el sujeto rechace la idea de repetirlo más tarde en otra parte, sorprende a veces en él una suerte de difusión del deseo amoroso; comprende entonces que está condenado a errar hasta la muerte, de amor en amor.

¿Cómo terminar un amor? -¿Cómo, entonces, termina? En suma, nadie -salvo los otros- sabe nunca nada de eso; una especie de inocencia oculta el fin de esta cosa concebida, afirmada, vivida según la eternidad. Sea lo que fuere del objeto amado, que desaparezca o pase a la región Amistad, de todas maneras no lo veo desvanecerse: el amor que ha terminado se aleja hacia otro mundo a la manera de un navío espacial que cese de parpadear: el ser amado resonaba como un clamor y helo aquí de golpe apagado (el otro no desaparece jamás cuándo y cómo se lo espera). Este fenómeno resulta de una limitación del discurso amoroso: no puedo yo mismo (sujeto enamorado) construir hasta el fin mi historia de amor: no soy poeta (el recitador) más que para el comienzo; el fin de esta historia, exactamente igual que mi propia muerte, pertenece a los otros: a ellos corresponde escribir la novela, relato exterior, mítico.

Actúo siempre -me obstino a actuar, por más que se me diga y sean cuales fueren mis propios desalientos-, como si el amor pudiera un día colmarme, como si el Soberano Bien fuera posible. De ahí esa curiosa dialéctica que hace suceder sin obstáculo el amor absoluto al amor absoluto, como si, a través del amor, accediera yo a otra lógica (donde el absoluto no estuviera obligado a ser único), a otro tiempo (de amor en amor, vivo instantes verticales), a otra música (ese sonido, sin memoria, separado de toda construcción, olvidado de lo que le precede y le sigue, ese sonido en sí mismo musical). Busco, comienzo, pruebo, voy más lejos, corro, pero nunca se dice que se muere sino solamente que renace (¿puedo, pues, renacer sin morir?).


Roland Barthes, Fragmentos de un discurso amoroso.


martes, 22 de noviembre de 2016

Exploro tu cuerpo, ¿Qué encuentro? * Sofía Tejón


Exploro tu cuerpo, ¿Qué encuentro?

Esa marca graciosa que te queda en el puente de la nariz cada vez que te sacás los anteojos

¿Qué encuentro?

Lunares, muchos lunares, puntitos dispersos. 
Si los uno ¿Se formará mi nombre?

¿Qué encuentro?

Grietas en tus labios secos. Eso no puedo permitirlo, me parece que voy a tener que hacer algo al respecto.

¿Qué encuentro?

No te sonrojás, pero tu cara luce exactamente como si fueras a hacerlo. Al ángel que te pintó, se le debe haber acabado el rojo. 

¿Qué encuentro?

Tu nariz, si la veo por mucho tiempo, deja de ser nariz. Se vuelve esa cosa amorfa, abstracta.
¿Respiras con eso?
Se desarma, al igual que el resto de tu cara, como si pateara un rompecabezas.

¿Qué encuentro?

Lagañas, ojeras… ¿Estás durmiendo bien?

¿Qué encuentro?

Mi preocupación, pesada y molesta, se cuelga de tus labios y los vuelve una muequita. 

¿Qué encuentro?

Que sos experto en poner cara de nabo para evadir preguntas.

¿Qué encuentro?

¡Dejá de comerte las uñas, nene! Te vas a quedar sin cutícula 

¿Qué encuentro?

Dejá de comerme a mi, en tus dientes todavía quedan mis sobras.

¿Qué encuentro?

Ese beso, el de hace un rato, el sello de mi pintalabios en tu cachete izquierdo

¿Qué encuentro?

Ese beso, el primero, no usé pintalabios, pero sé que esta ahí.

¿Qué encuentro?

¿Otra vez con esa camisa? ¡Hace mil años que te vengo diciendo que la tires! ¡Como dos agujeros tiene!

¿Qué encuentro?

¡Otro más! ¡Tres! ¡Tres tiene!

¿Qué encuentro?

Tu risa. ¿Te diste cuenta de que me di cuenta?

¿Qué encuentro?

Otra vez, esa cara de nabo de cuando te haces el desentendido. Sos un pelotudo.

¿Qué encuentro?

Que no te puedo tomar en serio con esa camisa.


¿Qué encuentro?

Agradece que esos jeans te quedan pintados

¿Qué encuentro?

¡El culo redondito te dejan! 

¿Qué encuentro?

Por ahí cerca hay otro beso también, pero de ese no se habla en público.

¿Qué encuentro?

¡Cuatro! ¡Cuatro agujeros son! 

¿Qué encuentro?

No encuentro. Me encontrás, tomando mi mano de sorpresa.

¿Qué encuentras?

Sudor, probablemente. Me pongo nerviosa cuando se encuentran nuestras manos.

¿Se encuentran?

Si, se encuentran. Pero actúan como si no se conocieran. Siempre tardas en darme la mano cuando nos encontramos.

¿Nos encontramos?

Constantemente.

¿Qué encontramos?

Que el amor es raro, eso. 

¿Nos encuentra?

Siempre nos encuentra, el amor es muy bueno buscando. O nosotros muy malos escondiéndonos.

¿Qué encuentra?

Pies enlazados bajo una frazada, desayunos en la cama, una enciclopedia de todas tus muecas, manos sudadas y una camisa con agujeros.

¿Dónde nos encontramos?

En nuestro hogar.

Exploro tu cuerpo. ¿Qué encuentro?

Me encuentro.




Sofía Tejón, 2016.
Producido en los Talleres de Siempre de Viaje a partir de la lectura de Fragmentos de un discurso amoroso de Roland Barthes.


viernes, 18 de noviembre de 2016

¿Cuánto valgo? * Alejandra Ligia Malvotti




¿Cuánto valgo?

Pienso en silencio
ahogada en mi pena 
de no saber
¿cuánto valgo?
¿es un valor material?
¿acaso mi peso en oro?


Camino incansable 
busco respuestas. 
El tic tac del reloj me apuñala
se aguijona en mí 

Tic tac, tic tac

más profundo 
más duele
minutos, horas
espero
días, meses 
y nada

Tic      tac

¿acaso a los demás les importa?


Tic tac.





Alejandra Ligia Malvotti, 2016.
Producido en los Talleres de Siempre de Viaje a partir de la lectura de Fragmentos de un discurso amoroso de Roland Barthes. 




jueves, 17 de noviembre de 2016

¿Qué pienso del amor? * Barthes



¿Qué pienso del amor? - En resumen, no pienso nada. Querría saber lo que es, pero estando dentro lo veo en existencia, no en esencia. Aquello de donde yo quiero conocer (el amor) es la materia misma que uso para hablar (el discurso amoroso). Ciertamente se me permite la reflexión, pero como esta re flexión es inmediatamente retomada en la repetición de las imágenes no deriva jamás en reflexividad: excluido de la lógica (que su pone lenguajes exteriores unos a otros), no puedo pretender pensar bien. Igualmente discurriré bellamente sobre el amor a lo largo del año, pero no podré atrapar el concepto más que "por la cola": por destellos, fórmulas, hallazgos de expresión, dispersados a través del gran torrente de lo Imaginario; estoy en el mal lugar del amor, que es su lugar deslumbrante: "El lugar más sombrío -dice un proverbio chino- está siempre bajo la lámpara."


Roland Barthes, Fragmentos de un discurso amoroso.



martes, 15 de noviembre de 2016

El corazón * Ayelén Konz

El corazón
no lo quiero
hacerme cargo de algo que no es mío
no entiendo
por amor la dependencia de entregarlo todo 
a cambio de algo?
de qué?
qué querés?
ya te conozco
vos sos un mercader de emociones
conozco tu teoría de negociación
te doy mi corazón
y vos?
que me das?
me amas? 
pregunta cotidiana
No te voy a responder
no sé la respuesta.
La presión hace que no piense
que no sienta.
Cuando respondí:
yo también…
Ví tu corazón roto,mi corazón roto
de culpa
eras mi víctima?
o
eras tú víctima
sentía que era tu títere y así pasó todo;
el noviazgo pasó
proyectos juntos
los domingos tirados en la cama mirando peliculas
las cenas romanticas
la convivencia
lo molesto de tus mensajes cuando salía
la obligación de llamarte 3 veces por día
las vacaciones con tu familia
mi mate y tu café con leche
nuestras mil separaciones
tus juegos de rol 
terminó.
Eso era una granada inactiva en Hiroshima
un corazón bomba
la opresión que exige cuando se exige
rupturas
liberaciones
volver a una 
a mi mitad olvidada
regalada
donada?
no mi corazón no está roto
es mi motor del día a día
la falta de emociones
pasajera
restructurante
las células se regeneran
lo partido se vuelve a armar.


Ayelén Konz, 2016.
Texto producido en los Talleres de Siempre de Viaje.



martes, 8 de noviembre de 2016

Los interrogantes se multiplican * Viviana Redondo



Los interrogantes se multiplican
no sirven las tablas aprendidas 
no hay respuesta certera
a ese

cuanto valgo para ti?
Cuanto valgo para mí?

Silencio
sin interpretaciones
instantes perpetuados
vacío que me ahueca
 .
Nunca supe ser ´normal´ 
nunca deje de intentarlo
hasta ...

Pasó el tiempo
corrió agua
me sumergí en ella
no respiré
me desnude
mojada
mi lengua se destrabó
lleva mi deseo 
lo lanza tímidamente
sin interpretaciones
sin acusaciones 
en el aire
suelta mi palabra
transitoria efímera
sin destinatario
viajando en ráfagas
dibuja respuestas
me da movimiento

susurra

Valgo 

valgo Todo

cuando el amor
en mi piel
en mis sonidos 
me da  cuerpo

capaz de estar

de no perderse

en la tuya

sin perderte
a 
vos.



Viviana Redondo, 2016.
Producido en los Talleres de Siempre de Viaje a partir de la lectura de Fragmentos de un discruso amoroso de Roland Barthes.





lunes, 7 de noviembre de 2016

El cuerpo del otro * Roland Barthes

CUERPO

Todo pensamiento, toda emoción, todo interés suscitados por el cuerpo amado.

1.
Su cuerpo estaba dividido: por una parte, su cuerpo propio -su piel, sus ojos-, tierno, cálido, y, por la otra, su voz, breve, contenida, sujeta a accesos de distanciamiento, su voz, que no daba lo que daba su cuerpo. O incluso: por un lado, su cuerpo mullido, tibio, justamente suave, afelpado, jugando con la timidez, y, por el otro, su voz -la voz, siempre la voz- sonora, bien formada, mundana, etc.

2.
A veces una idea se apodera de mí: me pongo a escrutar largamente el cuerpo amado (como el narrador antes el sueño de Albertina). Escrutar quiere decir explorar: exploro el cuerpo del otro como si quisiera ver lo que tiene dentro, como si la causa mecánica de mi deseo estuviera en el cuerpo adverso (soy parecido a esos chiquillos que desmontan un despertador para saber qué es el tiempo). Esta operación se realiza de una manera fría y asombrada; estoy calmo, atento, como si me encontrara ante un insecto extraño del que bruscamente ya no tengo miedo. Algunas partes del cuerpo son particularmente apropiadas para esta observación: las pestañas, las uñas, el nacimiento de los cabellos, los objetos muy parciales. Es evidente que estoy entonces en vías de fetichizar a un muerto. La prueba de ello es que, si el cuerpo que yo escruto sale de su inercia, si se pone a hacer algo, mi deseo cambia; si, por ejemplo, veo al otro pensar, mi deseo cesa de ser perverso, vuelve a hacerse imaginario, y regreso a una Imagen, a un Todo: una vez más, amo.




Roland Barthes, Fragmentos de un discurso amoroso.


domingo, 6 de noviembre de 2016

Una escena (como tantas otras) * Marcelo Trumper



Pará de hablar (!)
escuchame
podés callarte
prestame atención
lo que te tengo que decir es muy importante para mí
no (!) 
no niegues con la cabeza mientras te hablo
necesito que me escuches
no te hagas el sordo
estoy muy angustiado
así no llegamos a nada
pero
dejame terminar
no puedo meter un bocado
hablás sin parar
me tenés harto
yo para vos no existo
no 
no existo (?)
te dás cuenta cómo sos (?)
siempre
pero siempre
me hacés lo mismo
querés tener la última palabra
y esto no funciona así
no es todo como vos querés 
y a tu modo
ese dedito acusador (!)
guardátelo 
sabés muy bien donde
cómo
no sabés (?)
donde no llega el sol
sí
sí
sos un culo sucio (!)
y un boca sucia
estás agresivo conmigo
lo que decís no tiene sentido
no te das cuenta
no tiene ni pies ni cabeza
vos (?)
vos tenés cabeza
pero pensás más con la de abajo
sos un tonto
un pelotudo egoísta
por no decir algo peor
y no ofender a tu madre
mi suegrita a la que respeto y quiero
a pesar del hijo que tiene
querés hacerme sentir que lo que te digo no tiene importancia (?)
siempre tratás de minimizar lo que me pasa
para vos lo único importante es lo que te pasa a vos
andate a cagar
sos un engreído
anda a la mierda
pero
pero si seguís así
nos separamos y listo
no es una amenaza
me voy
me voy a dar un paseo
para refrescarme y olvidarte
aunque más no sea un rato
y no me sigas
eh (!)
no me sigas
ni me llames al celu
eh (!)
voy a volver cuando se me cante el culo
sí (!)
escuchaste bien 
sí (!)
o vos 
quién te pensás que sos (!)
hace veintisiete años que nos conocemos
y todavía no te diste cuenta lo que necesito
ahora te callás (?)
ahora 
decí algo
tenemos que hablar
no aguanto tu silencio
pará
no te hagás el mimoso ahora
no te queda 
justo ahora (!)
pará
que no te soporto 
justo ahora 
no me toques
soltame
sacá esa mano
no me abraces
no quiero tus besos falsos
te dije que saques la mano
salí
tenemos que hablar
dale
tenemos 
que
hablar
………………………
dale
…………………..
sos un hijo de puta
mirá que sabés cómo
me estás calentando 
huacho
mira que sabes ponerme al palo
bueno
no soy de piedra eh
bueno
vamos 
dale
vamos a la cama
dale
sí mi amor
así (!)
así sí (!)(!) 
así sí así (!)(!)(!)
me tenés cachondo 
sacate todo
dale 
apurate
antes que me vuelva esa otra calentura
y te mande a la mismísima mierda

te amo bobo
mi bobito
                                                           nadie es de un metal tan puro
                                                           que deje al otro sin voz






Marcelo Trumper, 2016.
Texto producido en los Talleres de Siempre de Viaje a partir de la lectura de Fragmentos de un discurso amoroso de Roland Barthes.