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sábado, 24 de junio de 2023

Ventana a la escritura 773: un submarino

 




“CHRISTUS PANTOKRATOR”

La postal viene de marineros, de pugilistas viejos
en ese bar estrecho que parece un submarino—de
maderas y latas—hundiéndose en el sol de la ribera.
La postal viene de un Christus Pantokrator que
cuando bajo las persianas, apago la luz y cierro
los ojos, me pide que filme Su Silencio dentro
de una botella varada en un banco infinito.



Héctor Viel Temperley



Propuesta de escritura para hoy:


─Inventá una postal recibida.

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Arte: #henrirousseau


lunes, 15 de agosto de 2022

Ventana a la escritura 572: Veo cómo comienzan las naranjas

 



Unas macetas de amarillo


No tengo para ver sólo los ojos.
Para ver tengo al lado como un ángel,
que me dice, despacio, esto o lo otro,
aquí o allí, encima o más abajo.
Siempre soy el que ve lo que ya ha visto,
lo que ha tocado ya, lo que conoce,
no me puedo morir porque ya tengo
la muerte atrás, vestida como novia.
Voy entrando, de a poco, en lo que es mío,
en lo que ya fue, en lo que me nombra,
campos azules y altos hasta el pecho,
con el machete centelleante y rápido.
Veo cómo comienzan las naranjas
a nadar por el aire, a perfumarlo,
girando velozmente en sus semillas.
Veo moverse ese árbol, luego el otro,
pierdo el sentido de mirar la vida,
me lleva el mar, el pecho hacia lo alto,
muevo el cielo en el puño como un poncho.
Me quieren despertar y estoy despierto,
no me pueden tocar, me aman, me gritan,
me lloran como a un muerto y estoy libre.
Yo puedo separar filo y cuchillo,
guardar el uno y arrojar el otro,
terminar con un truco la semana,
pintar unas macetas de amarillo.
Yo tengo como un ángel que me dice
aquí o allí, más cerca todavía,
habla, calla, resiste, estira el brazo,
toca despacio todo lo que es tuyo.


Héctor Viel TemperleyEl nadador.

 




Propuesta de escritura para hoy:


─Escribí usando el verso "Me quieren despertar y estoy despierto".
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Arte: #sharahughes

lunes, 1 de agosto de 2022

Ventana a la escritura 561: cuando paso a su lado

 




Creo que la muerte es algo

 

Creo que la muerte es algo

que se puede pensar

hasta sin cerebro.

Uno pasa por delante

de algunas casas

y las oye pedir muerte.

 

Qué destino

el de esos nuevos frentes

de casas de departamentos.

Yo he escuchado a sus materiales

pedir muerte,

volver a ser lo que eran

antes, en cualquier parte.

 

Me lo piden a mí

que oigo pensar su muerte

cuando paso a su lado

y oyen pensar la mía.

 

Héctor Viel Temperley, Humanae vital mia.



Propuesta de escritura para hoy:


─Escribí sobre algo que se pueda pensar "sin cerebro".

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jueves, 24 de marzo de 2022

Ventana a la escritura 465: sin poner ni una nube

 

Mérida


Vi meditar

a la mujer en Mérida. 

Sentada sobre ruinas, 

de hierro la cabeza,

a una luz, a una altura

de colocar banderas.


Lagartijas, calor,

y allá sus lágrimas,

yo sé que piensa en mí

como es muy raro

que se piense en el hombre;

sin poner ni una nube,

abandonándolo

al azul de su España.


Héctor Viel Temperley.


  Propuesta de escritura para hoy:



─Escribir sobre un monumento que haya llamado tu atención.

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Libro recomendado de hoy: Obras completas de #HectorVielTemperley

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Arte: #MikeWorrall




lunes, 11 de enero de 2021

Ventana a la escritura 295: qué ganas tengo

 


Y ha de haber lugares

donde ha de llover tan lindo...


Qué ganas tengo

de estornudar el alma

y verla hacerse añicos 

contra el agua.



Héctor Viel Temperley, Obra completa.



Propuesta de escritura para hoy:


─¿Qué significa para vos "estornudar el alma"? ¿Qué otra forma de decirlo se te ocurre?

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 El libro recomendado de hoy es Obra completa de #HectorVielTemperley 

Editada por  @edicionesdeldock

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martes, 22 de octubre de 2019

El nadador * Héctor Viel Temperley









Soy el nadador, Señor, soy el hombre que nada.

Soy el hombre que quiere ser aguada

para beber tus lluvias

con la piel de su pecho.

Soy el nadador, Señor, bota sin pierna bajo el cielo

para tus lluvias mansas,

para tus fuertes lluvias,

para todas tus aguas.

Las aguas como lonjas de una piel infinita,

las aguas libres y la de los lagos,

que no son más que cielos arrastrados

por tus caídos ángeles.



Soy el nadador, Señor, soy el hombre que nada.

Tuyo es mi cuerpo, que hasta en las más bajas

aguas de los arroyos

se sostiene vibrante,

como en medio del aire.

Mi cuerpo que se hunde

en transparentes ríos

y va soltando en ellos

su aliento, lentamente,

dándoselo a aspirar

a la corriente.



Soy el nadador, Señor, soy el hombre que nada

hasta las lluvias

de su infancia,

que a las tardes crecían

entre sus piernas salpicadas

como alto y limpio pajonal que aislaba

las casonas

y desde sus paredes

celestes se ensanchaba.



Soy el nadador, Señor, el hombre que nada

por la memoria de las aguas

hasta donde su pecho

recuerda las pisadas,

como marcas de luz, de tus sandalias.



Y recuerda los días cuando el cielo

rodaba hasta los ríos como un viento

y hacía el agua tan azul que el hombre

entraba en ella y respiraba.

Soy el hombre que nada hasta los cielos

con sus largas miradas.



Soy el nadador, Señor, sólo el hombre que nada.

Gracias doy a tus aguas porque en ellas

mis brazos todavía

hacen ruido de alas.









Héctor Viel Temperley.






martes, 11 de agosto de 2015

Verde Claro * Víctor Quintero


Verde claro, o tal vez azul, no lo sé.  El sofá donde estoy sentado quizás tenga esos dos colores. Es mejor apagar las luces y tratar de no pensar en las heridas. Encender un cigarrillo y dejarse llevar por las olas verdes claras, o azules, no lo sé, no lo sé…

Cómo me gustaría tomar una Canada Dry o Ginger Ale, en sus botellas pequeñas de un vidrio verde claro con muchas burbujas, o un poco de champagne con fresas, pero sólo me queda dormir un poco antes que amanezca. Sueño yendo a la playa y ella metiéndose al mar en su traje verde claro, con la luz del sol cegándome.

Me sentaría ahora en una silla eléctrica, luego de estar mirando en la tarde un cultivo infinito de manzanas verdes claras, casi flúor. Sentarse en esa silla de madera y amarrarse las manos esperando la corriente. Cantar una canción sin sentido en el momento de la descarga mientras voy corriendo en la larga autopista en mitad de una pampa llena de pasto verde claro. Soñaría que iría en un Mustang verde claro de ocho cilindros a toda velocidad hasta ver la luz verde clara.

Mis pies me llevan a un bar con un hada verde clara, que me inspira, casi me libera. Ahora que no tengo nada que perder, podría buscar la cura de mi tristeza en aquella bebida verde clara y brillante, absenta. Sería como un rímel verde claro que corrija las lágrimas de mis ojos verdes claros. Entiendo que no puedo suplicar una vez más, pero nada se detiene en esta oscuridad. Te pediría un beso lleno de paz verde clara que me alcance hasta morir.

Me consumo con el ardor de la bebida, la luz pasa por los vitrales verde claros o azules no lo sé. Nada se detiene, sólo se acelera mi verdad, y me vuelvo a consumir. Este es un vicio verde claro que duele. Sólo quiero mirarte una vez más a través de esos ojos peridotos, verdes claros, en la cuna de tus pensamientos, mientras la tierra se abre al compás de tus tacos verdes claros. 

Allá abajo la ciudad está encendida. Es viernes y por eso la gente va de un lado al otro buscando entretenimiento. Yo sólo quiero unos labios que me cuenten palabras rasgaditas, esas palabras nocturnas que salen oliendo a absenta, a lengua seca, a olor verde claro, a semáforo con luz roja o amarilla titilante, mientras espero que se haga verde claro.

Después tomo la línea 28 con esas rayas verde claras, u oscuras, no lo sé, no lo sé. ¿Que te enseñe que es verde claro? Siento que prefiero cruzar el mar a bordo de una lata de cerveza Heineken o dentro de un vaso lleno de absenta que explicarte que es verde claro, mientras sueño como fluye el tiempo cuando se detiene la General Paz en medio de canciones llenas de espuma, burbujas verde claras o azules, no lo sé, no lo sé.  



Víctor Quinteros, 2015.
Producido en los talleres de Siempre de Viaje a partir del Club de Lectura de Héctor Viel Temperley.

miércoles, 22 de julio de 2015

El verde claro * Héctor Viel Temperley

El verde claro

Entre el faro y la espuma y los peñascos verdes
una de las mujeres nos enseñó más todavía:
Nos enseñó que los viejos elefantes marinos
que tienen que apartarse de las hembras
Frotan sus penes contra los pequeños
elefantes marinos
sujetándolos con una aleta

Yo le conté otra historia:
Hace muy poco conocí a un nuevo monje de clausura
que escribe himnos para los oficios
Pero no solo escribe letra y música
También los firma y además los canta
con buena voz
tocando bien y solo la guitarra

Pero así no vamos a ninguna parte!
Soñé con algo más cercano más posible:
El otro y yo somos dos bolsas de color verde claro
unidas por un cordón umbilical
y de nuestras sombras de color verde claro
Huyen los tiburones
mientras nos hundimos en el mar verde claro
en el aliento
Verde claro del mar cerca del África...

Soñé que nos hundíamos y que después nadábamos
hacia la costa lentamente
y que de nuestras sombras huían los tiburones
Porque habíamos caído fe una goleta virgen
Y que el verde claro
era tal vez aquella frase dada vuelta
“Si me enseñaras qué es el verde claro...”
Era ese vientre blanco de goleta
que sin dolor y sin descomponerse
Se había dado vuelta
para dejarnos caer cerca del África...

Y el viento nos drogaba
y no íbamos así a ninguna parte
Yo pensaba en el monje
que cree que es poeta
y cree que está en la punta de todas las penínsulas
cuidando el fuego del silencio
mientras canta
Y ya que no podemos hacer la verdad que hace falta
“Que grite ña goleta virgen
y que nadie maneje la materia!” pedimos

Afuera vi caer el guante de su mano
y lo miré sobre la arena:
la cabritilla nueva
Los cordones como cordones umbilicales
El pulgar como un elefante marino recién nacido
junto al cuerpo abultado de una hembra
Entre el faro y la espuma y los peñascos verdes
y le dije:

Mira en silencio el fuego un monje vanidoso
y hace frio en la ruta
por donde pasa el ómnibus
Pero siempre los viejos elefantes marinos
frotan sus penes contra los pequeños
elefantes marinos
Y un guante de boxeo cae sobre una península...


Hector Viel Temperley (Legión extranjera).





CLUB DE LECTURA DE SIEMPRE DE VIAJE
Coordinación: Virginia Janza, Eugenia Coiro y Karina Macció.
Dirección General: Karina Macció
Lugar: Guarida Literaria de Siempre de Viaje
fbk: siempredeviajeliteratura
@siempre_deviaje
Tel.: 4867-5964



sábado, 4 de julio de 2015

Héctor Viel Temperley / Club de Lectura de Julio


EL NADADOR


Soy el nadador, Señor, soy el hombre que nada.
Soy el hombre que quiere ser aguada
para beber tus lluvias
con la piel de su pecho.
Soy el nadador, Señor, bota sin pierna bajo el cielo
para tus lluvias mansas,
para tus fuertes lluvias,
para todas tus aguas.
Las aguas como lonjas de una piel infinita,
las aguas libres y la de los lagos,
que no son más que cielos arrastrados
por tus caídos ángeles.

Soy el nadador, Señor, soy el hombre que nada.
Tuyo es mi cuerpo, que hasta en las más bajas
aguas de los arroyos
se sostiene vibrante,
como en medio del aire.
Mi cuerpo que se hunde
en transparentes ríos
y va soltando en ellos
su aliento, lentamente,
dándoselo a aspirar
a la corriente.

Soy el nadador, Señor, soy el hombre que nada
hasta las lluvias
de su infancia,
que a las tardes crecían
entre sus piernas salpicadas
como alto y limpio pajonal que aislaba
las casonas
y desde sus paredes
celestes se ensanchaba.

Soy el nadador, Señor, el hombre que nada
por la memoria de las aguas
hasta donde su pecho
recuerda las pisadas,
como marcas de luz, de tus sandalias.

Y recuerda los días cuando el cielo
rodaba hasta los ríos como un viento
y hacía el agua tan azul que el hombre
entraba en ella y respiraba.
Soy el hombre que nada hasta los cielos
con sus largas miradas.

Soy el nadador, Señor, sólo el hombre que nada.
Gracias doy a tus aguas porque en ellas
mis brazos todavía
hacen ruido de alas.

Héctor Viel Temperley



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