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lunes, 18 de noviembre de 2019

No es tocarlo, es tocarlas * Karina Macció





No es tocarlo, es tocarlas
esponjosas, suavecitas, planicies redondeadas
tan cerca no podés ver
su elevación
gemelas dialogan en un movimiento redondo
brincan, que es su manera
de sonreír
nunca sería tocarlo si es dos partes y son tan ellas
tan montañas y laderas
tan nubosas y juntas que se rozan, se acarician, lo pasan exquisito 
deslizarse en su medio es aventura intrépida
el corazón de las tinieblas no es tal
es más oscuro, más salvaje y a la vez
más pulpa de nube
más emoción de vuelo o caída
porque al fin y al cabo
la inmersión en las sombras del cuerpo
siempre es un acto de arrojo 
que halla tesoro
en el enjambre del temblar. 




Karina Macció para Cuerpos Poéticos, 2019.



Ilachinski



sábado, 16 de noviembre de 2019

cabeza o cuerpo * Sofía Brunetto





cabeza o cuerpo
cabeza o cuerpo
cabeza con patas
como los monigotes
del dibujo infantil
todos los miembros salen

de la cabeza

renacuajo escuerzo pura
cabeza sos pura cabeza sos
pura
cabecita
de novia se olvida las cosas
qué tonta
cabeza o cuerpo cabeza o cuerpo cabeza cada

pieza

en su lugar cabeza
de novia novia
con cabeza

quisiera ser
desmontable

¿cabeza con novia?

desarticularme

¿quién dijo que
lo mejor era integrarse?

cabeza cuerpo cabeza cuerpo cabeza
con pelo
cabeza con velo

cabeza bien
peinada o bien
pensada cabeza

o cuerpo cabeza o cuerpo cabeza
una

monigota

cabeza
con palotes al costado
todo es
cuerpo
o cabeza y nada
lo es


¡decidite!
no podés ser
cabeza de novia novia con cabeza cabeza con cuerpo cuerpo con cabeza

¡no se puede
ser toda en esta vida!
no se puede
ser
toda junta
todas
a la vez




Sofía Brunetto, 2019.


Jocelyn Allen


lunes, 11 de noviembre de 2019

de modo que esto es erguirse * Ignacio Goldsmit




de modo que esto es erguirse
un despliegue vertical
la búsqueda del sol
esperar

me sostengo 
me sostengo
respiro por última vez
sonrío porque esta es una despedida, pero no una despedida triste

la planta de mis pies inmaculada 
reposando sobre el marrón luminoso de la tierra
donde realmente descubro
una nueva forma de desnudo
en la tierra porosa, húmeda
maleable como un légamo de agua dulce
una selva que recubre 
flores esmaltando uñas
en la contracción sísmica

de modo que esto es erguirse
un desinflar que comienza sin más:
las falanges se extienden
el calcáneo se desarrima
los cuboides duermen ensemillados

solo quiero lo imprescindible
agua luz
vitamina
la eternidad
una balanza
equinoccio 
ecosistema

estoy listo 

adiós aire
hola mundo






Ignacio Goldsmit, 2019. Para cuerpos poéticos.



Alinka Echeverría



miércoles, 30 de octubre de 2019

No quiero ser * Sofía Tejón




No quiero ser 
este ser vivo
impostora de carne tibia
que se defiende 
de la putrefacción
de un alma empapada, fértil
llena de bichos
quiero sentir
los pelos de la nuca
hundidos 
en la tierra húmeda
sacando raíces
germinando 
ser un insectario 
de los traumas que me caminan 
quiero
que me picoteen los cuervos
y que los gusanos me recorran
como a una fruta agujereada
me quiero podrida
sola
confeccionando organismos
sucia, capaz
de morir todos los días
deshacerme en la tierra con la boca abierta
y que todas mis palabras
sean mis últimas palabras.




Sofía Tejón para Cuerpos Poéticos 2019.



Sam Golanski

lunes, 28 de octubre de 2019

Rita Corigliano para Cuerpos Poéticos



Y fue tan cuerpo que fue puro espíritu. Clarice Lispector

La escena se repite
en la vigilia
y en los sueños.

Caigo hacia atrás
y en el instante mismo
me transformo.

No me miren con pena
ni lamentos.
Nadie me empujó.
No hubo cómplices
ni traidores
que urdieron
la embestida.

Santa Rita me soltó
su brazo de rama
y el descenso veloz
fue irreversible.

Caí de mañana
de lado a lado
con un grito
pegado a la inercia.
El suelo se abrió
en un abrazo
de tierra y de hierro.

Sangra una herida
y no sé dónde.
Duele la piel,
la carne,
la corteza del hueso.
Soy la caída.
Barro hecho de llanto
y desconsuelo.

No me miren
con pena
ni lamentos.

Para levantarse
solo hace falta una caída.



Rita Corigliano, 2019. 
Para cuerpos poéticos.



Xanthoupoulos

sábado, 26 de octubre de 2019

Cuerpo tomado * Delfina Uriburu




Las cartas quedaron dadas vueltas
vértebra por vértebra la escalada de aire asciende
quizás llegue a la cabeza

habrá que tomar un vaso con agua para atravesar el patio
detrás el cuerpo está tomado
un rehén a punto de caer a un pozo sin final 

el viento aturde las ventanas 
un diluvio está por empezar y los invitados no llegaron




Delfina Uriburu para Cuerpos Poétivos, 2019.


David Julian


viernes, 25 de octubre de 2019

Vibraciones * Liliana Levy



Vibraciones
deshilachadas en el viento
que atraviesan
el cuello, la espalda
los pies
bailan seductores
un dos tres, un dos tres
danza 
de manos que vuelan
como abanicos en el aire
cuerpos abrazados
y prendas desparramadas
caricias
que habitan el espacio 
y permanecen 
como puntos luminosos
estrellitas pegadas en la memoria
que se encienden sin permiso
y vuelven 
en cada rincón
como una sinfonía interminable



Liliana Levy, 2019.



Colleen Fitzgerald

miércoles, 23 de octubre de 2019

mano * Clarisse Nicoidski




mano
te quedas abierta frente a mí
como un libro
que no supe leer

te quedas
en lo alto a la espera
como si quisieras jugar
sin saber

y nos miramos
eres mía
soy tuya
cuándo nos conoceremos



Clarisse Nicoidski, El color del tiempo.




Bela Doka

martes, 22 de octubre de 2019

El nadador * Héctor Viel Temperley









Soy el nadador, Señor, soy el hombre que nada.

Soy el hombre que quiere ser aguada

para beber tus lluvias

con la piel de su pecho.

Soy el nadador, Señor, bota sin pierna bajo el cielo

para tus lluvias mansas,

para tus fuertes lluvias,

para todas tus aguas.

Las aguas como lonjas de una piel infinita,

las aguas libres y la de los lagos,

que no son más que cielos arrastrados

por tus caídos ángeles.



Soy el nadador, Señor, soy el hombre que nada.

Tuyo es mi cuerpo, que hasta en las más bajas

aguas de los arroyos

se sostiene vibrante,

como en medio del aire.

Mi cuerpo que se hunde

en transparentes ríos

y va soltando en ellos

su aliento, lentamente,

dándoselo a aspirar

a la corriente.



Soy el nadador, Señor, soy el hombre que nada

hasta las lluvias

de su infancia,

que a las tardes crecían

entre sus piernas salpicadas

como alto y limpio pajonal que aislaba

las casonas

y desde sus paredes

celestes se ensanchaba.



Soy el nadador, Señor, el hombre que nada

por la memoria de las aguas

hasta donde su pecho

recuerda las pisadas,

como marcas de luz, de tus sandalias.



Y recuerda los días cuando el cielo

rodaba hasta los ríos como un viento

y hacía el agua tan azul que el hombre

entraba en ella y respiraba.

Soy el hombre que nada hasta los cielos

con sus largas miradas.



Soy el nadador, Señor, sólo el hombre que nada.

Gracias doy a tus aguas porque en ellas

mis brazos todavía

hacen ruido de alas.









Héctor Viel Temperley.