martes, 18 de mayo de 2021

Ileana en Ventana a la escritura

 


El error más grande que cometí,

fue creer que tus sonrisas dulces,

tus mohines seductores,

tus canciones con letras que me hablaban de amor,

estaban dirigidas a mi.

Di por sentado el esquema de comunicación más básico:

que si me hablan a mí 

y me lo dicen a mí,

Es para mí.

Con vos descubrí,

que los autores leídos por años

en la facultad de comunicación,

omitieron contar los casos,

en los que alguien

hace todo eso,

vos sonreís de alegría

Y cuando te acercás

a darle un beso

Que selle acto y palabras,

Sale corriendo

Y quedas sola

A la deriva 

De la perfección comunicativa

Transformada en error.




Ileana Stofenmacher, 2021.
@ileana_v_s

#ventanaalaescritura




Kawauchi


lunes, 17 de mayo de 2021

Lorena en Ventana a la escritura

 


ey



por qué tanto yollar

responde

y hasta cuándo

Oliverio Girondo



ey, vos

entendés lo que pasa?

no

estás vivo?

ESTÁS VIVA

sí, y ¿

no entiendo

qué con eso?

no lo ves?

no es

raro?

sentir tanto pensar

tanto

incontrolable

a veces parece

una montaña que se desliza

delante de los ojos

los dedos inútiles

queriendo retener un instante

y vuela

delante nuestro

pero qué?

tas bien¡

¿

no,

claramente

no

necesito

necesito aire

qué pasa??

se siente mal

mucha vida adentro

no lo puede procesar

¿te ayudo?

¡cómo?

querés sentir menos? pensar menos?

vivir menos?

no

si no te arriesgás, sentís menos

no

si te quedás quieta, sentís más

si sólo escuchás

te hace mal

hablá hablá hablá

no dejes que

te digan cuánto

cómo

dónde

vos sólo

dejate

pero

y si duele?

si me equivoco?

es lo mejor!

siempre tenés otra

decís?

si no, la inventás

pero hay?

¿tanto? es necesario?

hace falta tanto?

y no

la verdad que

no

pero es así

qué cosa es así?

mirá, si vas a tener que vivir

que se sienta real

no?



Lorena Di Scala, 2021.



Brandon Hall


domingo, 16 de mayo de 2021

Ventana a la escritura 373: felices

 


Epigrama


Dijiste algo y entendí mal.

Los dos reímos:

yo de lo que entendí, 

vos de que yo festejara

semejante cosa que habías dicho.

Como en la infancia,

fuimos felices por error.



Laura Wittner, Lugares donde una no está.


Propuesta de escritura para hoy:


─¿Pensás que se puede ser feliz por error? Creá vos también una escena en la que eso ocurra.

Sumate a esta #ventanaalaescritura mandá tu texto a info@siempredeviaje.com.ar para que lo publiquemos en nuestro blog 

El libro recomendado de hoy es La condesa sangrienta de #LauraWittner

Publicado por @gogymagog

#ventanaalaescritura

¡Compartamos leer y escribir!

Cartier Bresson


sábado, 15 de mayo de 2021

Notas de Ignacio Goldsmit

 


15 de Enero del 20…


Notas III.


Definir el Mal se parecería menos a Newton describiéndole la fuerza de gravedad a un colega con cara -que seguramente y por su época hubiese portado una espectacular cara de “qué le pasa a este sujeto”- y más a Shakespeare escribiendo la corrupción de Macbeth a la luz de la vela (o como yo la llamo, la mejor amiga de los escritores sin electricidad). Está más cerca del corazón, de las historias, de los mitos y de las narraciones. Nuestros más grandes relatos hablan sobre hombres que pudieron aproximarse a Dios, que es su camino, o a su contraparte luciferina el Infierno. Nuestra acción interviene, irrumpe, y es capaz de destruir a sus anchas si no se la constringe. Ha sido así, en mi opinión, desde el principio. Las historias han explorado esos sucesos inexplicables que solo el humano logra, preguntan por las buenas y malas maneras que conocemos para habitar el mundo, nos dan una mirada sagaz sobre nuestra naturaleza confusa. Lo que podemos concluir es que tenemos una curiosidad enorme sobre cómo deberíamos vivir y sobre cómo vivimos, y quizás sea tan vieja como la primera historia jamás contada.



Ignacio Goldsmit, 2021.

Notas para una novela en construcción.



Audubon


viernes, 14 de mayo de 2021

Fernando en Ventana a la escritura

 

Nankurunaisa


Necesito escribir. Es urgente esto. Tengo que dejar en este absurdo papel algo que me alivie.

Esta mañana me levanté, literalmente, sin ganas de vivir. Desperté increpado por el maldito sonido del despertador, me quedé en la cama y dije: “¿Para qué? ¿Cuál es la idea de seguir sufriendo esta absurda vida pandémica?”. Basta, que se acabe todo esto de una buena vez.

Salir de la cama, prender la compu, ir a mear, poner la pava a calentar, darle de comer a los gatos, darme una ducha rápida, sacar la pava, preparar el mate, ir hasta mi pieza, sentarme, escribir: “Buen día. Sí, todo bien por acá, gracias”, contestar mails, armar informes, cortar al mediodía, ir al chino, comprar fiambre, saludar al verdulero, “Hola Carlitos, buen día, ¿todo bien? Sí, acá también todo bien, nos vemos”, seguir camino, entrar a casa, TRA GAR el fiambre, volver a la compu, seguir contestando mails y armando informes, cerrar la compu, mirar la ventana y esperar la constante incertidumbre.

Hoy, mis días son así.

Yo tenía una vida y un armario con ropa a mi medida. Salía, visitaba amigos, iba a bares, fiestas, eventos, reía, comía, cada tanto garchaba, salía a caminar, disfrutaba del sol, de la noche. Disfrutaba.

Pero #pandemia.

Escribo esto vestido de negro, pantuflas viejas y pullover repleto de pelos de gatos, outfit oficial de mi presente. Antes tenía un lado oscuro, ahora soy el lado oscuro.

El año pasado crucé el puente de la dignidad y mi aburrimiento burgués pandémico me condujo a realizar las siguientes terapias alternativas: registros akáshikos, carta natal y revolución solar, curso primer nivel de reiki y tarot. En el taller de reiki me encontré con un tipo que apagaba la pantalla para decirme a mí y a mis compañeras que nos estaba enviando energía. Al finalizar me puso en un grupo de whatsapp, del cual no podía escribir mensajes y solo recibía bendiciones de él y auspicios sobre su próximo nivel a realizarse con descuentos para los que se inscriban a la brevedad.

Salir del grupo. Bloquear contacto.

En el registro akáshiko, la médium comenzó diciendo que iba a estar toda la sesión con los ojos cerrados para poder bajarme la información del más allá. Los primeros cinco minutos interrumpió cuatro veces el trance debido a que su celular sonaba. Cuando lo puso en silencio (recién en la cojonera cuarta vez que sonó) continuó y dijo que me esperaban hechos muy fortuitos. Aún los estoy esperando.

La carta natal y revolución solar fue dada por un personaje muy simpático que me dijo un montón de cosas hermosas para mi nuevo año, que van desde el amor a la abundancia económica. Solo me hago la paja y mi hermana me prestó guita para pagar la deuda de la tarjeta.

En el tarot salieron cartas de mucha posibilidad y prosperidad a futuro. Bueno, gracias.

Del amor ni hablemos, mi última novedad fue escribirle a la chica con la que me estaba viendo para invitarla a cenar y recibí una agradable respuesta: “Hola, estoy saliendo con alguien, te mando un beso”. Le pedí ir a buscar mi bermuda negra, que es la única que me entra, no me contestó.

Una amiga me recomendó empezar a ser más consciente con mi respiración y que intente meditar, acepté la sugerencia sabiendo que, al lado de mi casa, pegada a mi habitación, se murió el vecino y unos gitanos tomaron la casa, la tiraron abajo y están construyendo una nueva. Esto implica que, desde las ocho de la mañana hasta las seis de la tarde, mi pared retumba de golpes y mazazos. Siempre sonando de fondo cumbia y cuarteto al palo.

Podría ir al parque que tengo a unas cuadras, el frío y la escarcha me esperan muy amablemente.

Mis papás viven lejos y los extraño. Las harinas me llaman para drogarme con ellas y así pasar a otros estados de conciencia y evitar la realidad, sin embargo, mi celiaquía no me lo permite.

Tengo una regla infalible: cuanto más quiero tener el control, mayor es el desequilibrio en mi vida. Algo de eso me está pasando.

Me quedo pensando que los gitanos de al lado destruyen para construir y ese concepto puede que no esté nada mal.

Recuerdo que hace mucho, pero mucho tiempo, estaba en mi pieza muy triste, mi viejo se acercó y dijo: “Siempre que llueve, sale el sol”, acto seguido, me abrazó. No sé por qué me acordé de esto.

Voy hacia la cocina, pongo la pava de nuevo, agarro el celu y voy a Instagram, si no soy feliz, al menos quiero ver cómo la gente es feliz ahí. Chusmeo un poco y me aparece un posteo que es un fondo verde con una palabra en grande, “Nankurunaisa”.

Nankurunaisa, me llama la atención, jamás la vi ni mucho menos oí. Como en el posteo no dice nada, voy a la compu y googleo “Nankurunaisa”.

Descubro que es una palabra japonesa cuyo significado es: “El tiempo todo lo cura”.


La pucha.


Fernando Capece, 2021.

@fersacce




jueves, 13 de mayo de 2021

Una ficción distópica: Karina y las preguntas de neón

 


Soy un replicante en el universo Blade Runner, camino entre la oscuridad de una ciudad distópica y opresiva. Tal vez sea Los Ángeles, como en la película, tal vez Buenos Aires. En mi bolso llevo Ama de Caza, el último libro de Karina Macció. Lo cuido porque sé que esta ciudad es peligrosa.

Arriba hay grandes carteles de neón, acompañan mi paso y no puedo evitar mirarlos. Hay preguntas en esos carteles, no hay sentencias ni afirmaciones, hay preguntas.

¿Qué hacemos con la casa, los hijos, el esposo?

Continúo y procuro indiferencia. No tengo esposo y esa pregunta no está dirigida hacía mí. Pero aparece, cortita y huérfana, otra duda: ¿qué hacés? Y entonces yo empiezo a pensar en lo que hacemos para completar nuestro sentido, para crear sentido de alguna manera. Repaso actividades, rutinas, lo que tratamos de hacer para seguir, lo que aprendemos, estudiar, ser espiritual, no saber, saber, hacer cursos, conocer gente.

Trato de despejarme del pensamiento y sigo. No quiero descuidarme. Está ciudad del futuro en la que camino, ya lo he dicho, es de temer. Alzo la solapa de mi sobretodo y me siento Rick Deckard. Otra pregunta me saca de mi desvarío ciberpunk, este cartel es más gran grande, titila y su luz es verde.

¿Qué hago ahora cuando no alcanza / y nunca / nunca alcanzará / todo, nada?

Detengo mi andar, esto es grave. Esas preguntas me hablan a mí. Karina las escribió para mí y estamos todos en problemas. Serios problemas. Se proyectan desde el libro por algún artificio imposible y marcan mi paso. Me salgo del camino y me oculto en un callejón oscuro, me protejo de los carteles con preguntas, de los colores. Debo pensar sin el martilleo constante de las preguntas de Karina.

A ver, en la literatura la sinceridad no importa, no existe, y no es Karina quien habla en el libro, el yo poético se erige como un personaje. ¿Cómo no voy a tener en claro ese principio básico si creo en él como en un mantra? Fernando Pessoa habló de “la exaltación íntima del poeta y la

despersonalización del dramaturgo”. Claro que sí. ¡Muy bien Pessoa salvándome de estas preguntas que vienen a atormentarme tan innecesariamente! Entonces repito para convencerme y tranquilizarme: Karina Macció no escribe esas preguntas, o mejor, las escribe pero no es ella la que habla en el poema, es una creación suya, todo es ficción. Esas preguntas no están pensadas para atormentarme. Tranquilo. ¡Tranquila!¡Tranquilos!

Vuelvo al camino, cabeza gacha. Veo el reflejo. Las preguntas siguen ahí e intento no mirarlas. Las siento como una sombra, un fantasma nuboso que vemos pasar de un cuarto a otro en una película de terror.

En una esquina, el agua estancada de un charco me traiciona, no puedo entender bien las palabras así que alzo la vista y me doy vuelta: ¿Quién soy yo para expresarme? ¿Quién soy yo para prohibirme? Comienzo a creer que en este mundo futurístico tal vez Karina haya encontrado la manera de meterse en mi mente. Tal vez se esté divirtiendo con cinismo. Pero no, ella es buena. Sigo y a esta altura del camino o del libro o de lo que fuera, no sé si las palabras son mías o de ella, comprendo tan poco que vivo en lo raro y en lo fuerte.

Tal vez todo sea una ficción, en realidad puede ser eso. Debo haber malentendido / ni siquiera soy / un personaje de Beckett / si así fuera / me quedaría al borde / de una cuneta sin preocupación / en una playa desierta pasando piedritas / de una mano a otra / en una estación de policía sin responder / quien soy.

Es hora de volver a casa. A alguna casa. Escucho a Karina (ahora perfeccionó el mecanismo y es una voz que me habla): hago estas líneas que van de la prosa a la poesía / simulo una historia / mezclo hechos / ¿Qué sería escribir después de todo?

Y sí, tenía que terminar con una pregunta. Y esa pregunta me deja pensando en cómo voy a catalogar a este libro si la noción de género importa nada.

Lo bueno de vivir en un lugar tan lúgubre, tan nihilista, es llegar a casa. La sensación de cierto lugar cuidado, apacible.

Abro la heladera y no hay nada. Me siento en un sillón mugriento, me desplomo. Saco el libro del bolso. Sonrío y hay alivio en ese gesto. No tengo respuestas, solo preguntas, duras, dulces, precisas, preciosas. Las sentencias se hundieron en el camino y ya no estoy tan seguro del yo poético y toda esa historia.

Abro el libro y Karina empieza a hablarme a mí, solamente a mí. Afuera sigue el gris y la violencia, adentro yo escucho y leo.

Se pierde la noche, las páginas se suceden, no estoy tan solo.



Por José Lupia, 2021.






miércoles, 12 de mayo de 2021

Patricia en Ventana a la escritura

 

¿acaso te asemejas al espino, siempre la misma cosa en el mismo lugar, o a la dedalera inconsistente, que brota primero como espiga rosada en la ladera (…) y al año siguiente es púrpura en el rosedal? MAITINES (LOUISE GLÜCK)



mi imagen de mí

la más acabada

(¿hay tal cosa?)


me detengo a mirarme

busco mi mejor perfil

soy para el mundo

¿una foto?

retrato de algún yo

freezado

me siento más bien una película

un drama con pasos de comedia

una novela de aprendizaje

un poema eterno

escrito borrado

reescrito

como Orlando

lo llevo

como en la novela

a escondidas del mundo

mi permanencia es búsqueda

pura contradicción

¿o acaso en mi más preciada siembra puro arraigo

no he sido capaz de apostatar?

aunque más no sea

en pensamiento

desertar escabullirme

¿cuál es mi imagen más

acabada?

me encuentro de a ratos

siendo

frágil e intacta

salvaje o liviana

nutricia y fatal

joven infinitamente añosa

así

me veo

en el devenir

reescribiendo un poema eterno



Patricia Casartelli, 2021.




David Paul Bayles









martes, 11 de mayo de 2021

¿Qué me importa? Si me encanta volar * Lucía Imperatore

 


¿Qué me importa? Si me encanta volar



Si me cortan las alas

vuelo con la imaginación



Si me queman las neuronas

con frases hechas

yo las quemo con el fuego

de la pasión



Para volar necesito de

mi intuición

mis sentidos

no de conocimientos baratos



Qué me importan tus frases

psicópatas

si tengo pista para despegar

sin permiso



Qué importa vivir en un contexto

austero

si lo que siempre van a sobrar son

las palabras



Voladas



Volá conmigo

y si no

yo te miro desde arriba



Lástima que hayas elegido lo

terrenal

lo que no vuela

está muerto en vida



Una pena



Lucía Imperatore, 2021.



Kim Boske


lunes, 10 de mayo de 2021

Ventana a la escritura 372: el piso se movía

 



Tuve estas sensaciones de ver, oler y oír en mi viaje cuesta abajo por el sendero hacia mi escuela. Cuando llegué al camino y lo pisé con mis pies recién calzados, fue la primera vez que lo hacía. Era consciente de esto. Era un camino de piedras pequeñas y tierra apretada, y cada paso que daba era torpe; el piso se movía, mis pies se patinaban. El camino seguía y desaparecía en una curva; seguimos caminando hacia esa curva y cuando llegamos se abrió a más camino y después a otra curva. Llegamos a mi escuela antes del final de la última curva.


Jamaica Kincaid, Autobiografía de mi madre.


Propuesta de escritura para hoy:


─Contar una primera vez.

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El libro recomendado de hoy es Autobiografía de mi madre de #JamaicaKincaid

Editado por @lapartemaldita

#ventanaalaescritura

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domingo, 9 de mayo de 2021

noche * Majo Medei

 


noche



I

me despierto pegajosa entre las sábanas

todavía debe ser de noche

porque no se ve la sombra tenue de las cosas



el ventilador a un metro

repite su sonido mecánico



abro las persianas

me asomo al silencio de la calle

y escucho el ronroneo de cada aire acondicionado

hay estrellas, no muchas

aunque sea de noche

no puedo adjetivar a la ciudad como “dormida”

porque este silencio es una línea de tensión

sobre la que se apoya todo lo que hay

un hilo invisible

que entra por las cañerías

sale por los inodoros

se mete por los poros

y después se va a otra casa

tirando bien fuerte la tanza

convirtiéndonos en equilibristas

miembros de una fraternidad circense

cada noche.



II

tal vez sea por eso

que cuando las luces públicas encienden

siento yo esta nostalgia

de los cuerpos que me rozan fugazmente

en la calle en el colectivo en la facultad en los bares

me pregunto

quiénes son / a dónde van

y si en verdad es cierto que nos une

este hilo que nos recorre

como a una costura




Majo Medei, 2021.


Dave Jordano




sábado, 8 de mayo de 2021

Un traje hecho a medida * Lucía Imperatore

 


Un traje hecho a medida



Soy un camaleón

Tengo naturaleza mutable

Me camuflo entre varios colores diferentes

Cuando me relaciono con distintas personas

Me pueden acusar de no ser auténtica

Yo les digo que es una coraza

La que cambia

No la esencia

El ser mutable está mal visto

Poco confiable

Pero así es géminis

Con una alta capacidad para el cambio: propios y ajenos

el camaleón que cambia de colores según la ocasión”

Es de esta forma como quiero que los demás me vean

Es mi traje hecho a medida



Lucía Imperatore, 2021.



Liu Di



viernes, 7 de mayo de 2021

Franco en Ventana a la escritura

 




IV.

siento el vacío

repetirse

fluyendo

se propaga lentamente

es mi piel

titilando.




Franco Vignati, 2021.



Jon Riordan


jueves, 6 de mayo de 2021

Me busco y no me encuentro * Marcela Manuel

 


Me busco y no me encuentro
tengo una especie de compilado de emociones
fútiles

¿de seda?
¿de brocato?

me busco y no me encuentro
tengo una especie de pudor de existir

me busco
soy
emociones
brocato
furcio
sed
fulgor
furor
fuego

me busco
no soy búsqueda de mí
no soy
peldaño
mascara
paleta
una especie de mí
soy
furor fútil
pudoroso poderoso
de mí
es soy
busco encuentro

no busco
no encuentro


un ladrillo cae sobre mi cabeza en el recorrido parsimonioso de esa calle que recorro a diario
un ladrillo que detiene en un instante el furor pudoroso de la búsqueda
que
acontece
mecánicamente
cuando veo
en apenas una tenue perspectiva
la esquina que dobla bajo
el balcón de bordes redondeados
hierro caldeado
un balcón de rojos prominentes
a cielo abierto
no soy yo quien detiene con ese golpe el pensamiento bullicioso colmado de cotidiano
soy apenas brocato
seda en el viento
una serie de emociones etéreas surgidas por la interrupción intempestiva de ese ladrillo en mi cabeza
soy apenas un soplido que llega hasta la lejanía de la perspectiva de la esquina
soy quien da vuelta esa esquina bajo el sol victorioso de un balcón tan arrogante

me lleno de sol
me empapo de rojo
me estallan chispas y más chispas en el resquicio
de

soy
y

quién
me llueven nubes refrescadas en el jolgorio de la seda
roja
roja
roja
me encuentro alucinada en el resplandor furor del balcón
me encuentro soy
qué quién

brocato
fútil fulgor furioso
ligera
fuego de hierro caliente
naranja
amarillo
rojo
furor fuego
encuentro
seda balcón
doblez fulgurante
encuentro
seda
balcón
perspectiva
soy yo quien encuentra en mí soy yo quien encuentra
en
ese
recorrido cuasi automático
la línea de fuga
la lozanía
la templanza de la redondez púrpura de tu balcón abierto al cielo
encuentro
sentires ocres fútiles poderosos
encuentro en mí la savia de la mora en la vereda tropical
encuentro el rojo desgranándose en la esquina
a cielo abierto
palmo a palmo
encuentro infinidad de bemoles contrapuestos
y todos y cada uno
en vuelta inesperada



componen



esta palpitante melodía que irradia sol en mis retinas
bermella
laranja
punto de fuga en mí



te encuentro



bemoles
ocres
claroscuros
en la esquina
en la vuelta de la esquina
en la ceguera bulliciosa del sol en mis ojos
parpadeando
en el hierro firme de tu balcón colonial

manso
imponente


te encuentro
en el hexagrama dibujado de ensoñación por la inmediata detención
de mis pensamientos
más
falaces
te encuentro
brocato
te encuentro
seda
en el refrescante fulgor de sol del mediodía





Marcela Manuel, 2021.


Sakellaraki


miércoles, 5 de mayo de 2021

Ricardo en Ventana a la escritura

 


LAS CUATRO ESTACIONES



INVIERNO



Me da tristeza ver

en el amanecer gélido

esos espectros amenazantes

en el balcón.



Observo casi en sueños

abro la ventana

siguen húmedos

el sweater bordó y pesado

interminable pantalón negro

camiseta gris térmica

y el gorro de lana tan gris perla

ayer me lo calcé para una compra

de última hora, cuando era oscuro.



Los estrujé antes en un balde

ateridos los dedos

y ahora unos cuervos

negros como esta temporada

con ojos brillantes

se los pueden llevar.



Desde mi confort

calentito

no estoy seguro si haría algo

para impedirlo.



Puede que más bien

nada.



Primavera



Me gusta ver la ropa

recién colgada

en el tender del balcón



a mis prendas

las espío

cuando quedan chorreando agua

flamean como banderines

íntimas divisas coloridas

el buzo de correr verde flúo

mi pantalón corto gris de correr sin bolsillos

las medias negrirojasverdes

aquel slip1 a rayas negro y rojo

esa remera drifit turquesa

han llegado orondas desde la ducha

donde les di

contra mi cuerpo transpirado.

su merecido jabón blanco



Las cuelgo con respeto

ajusto bien los broches

porque temo

que mientras pierdan

su líquida gravidez

se enamoren de ellos

la brisa primaveral generosa

el sol gentil

y quieran fugarse

como yo lo haría

de esta mañana

enamoradas.



Verano



El sol

ha resecado

mi balcón



las prendas

ayer no tuvieron

ni un chapuzón



Ruegan clemencia:

la camisa de trabajo (sus axilas amarillas)

la remera otrora transpirada

las ojotas que quedaron allí del fin de semana

con la malla (unicolor)



prendas escasas

saben de mi aversión a la canícula

a mi cuerpo adheridas

se han enterado de mi hastío

ante la insoportable levedad vaporosa

de esta ciudad sin aire

agobiante.



Apenas se mecen bajo el hálito

que el río ha eructado y los caños de escape

recalentado a fuego lento en las tardes

abrasadoras, cuando el taladro neumático

hace de todo una masa

inescapable.



Por ello, no me importaría

que vuelen

o desaparezcan

lo único que ruego

es no tener que salir

a recogerlas.



Tengo mucho calor.

1 Extraño llamarlos calzoncillos. Eran castizos y bien nacidos. Así los siento tan extranjerizados.


Ricardo Czikk, 2021.



Arcimboldo