Contacto
Llevo conmigo mis recuerdos
como la piel de la mano
que me arde cuando me quemo.
Paso la yema de los dedos
por el borrón
de la llama de una vela
para ver si parpadea y se apaga,
o tan solo
retrocede, duda, vuelve.
Robin Myers, Lo demás.
Siempre de Viaje - Taller de escritura y lectura, edición de libros-objeto y pliegos artesanales, lecturas de poesía, producción de eventos culturales.
Contacto
Llevo conmigo mis recuerdos
como la piel de la mano
que me arde cuando me quemo.
Paso la yema de los dedos
por el borrón
de la llama de una vela
para ver si parpadea y se apaga,
o tan solo
retrocede, duda, vuelve.
Robin Myers, Lo demás.
Partir el pan
Comemos.
Él se tensa
sobre el hueso arqueado de su estatura.
Yo estoy desaforada, maltrecha, colorada,
poco fiable mi estómago.
Buscamos, cada vez que nos peleamos,
elegantes comidas extranjeras:
ensalada de algas, traslúcidas,
con engarces de sésamo;
espesos ñoquis a la crema de zapallo,
tan dulces que a la vez me calman y me caen mal;
carne argentina, su delicada sangre apenas más clara
que el vino.
Tomamos.
No tomamos lo suficiente.
Nos amamos,
pasamos hambre,
somos mezquinos.
Irrelevante la comida, extravagante,
prescindible, cara.
El cuerpo agradecido
por tener qué tragar
y desechar.
Volvemos en auto a casa.
Casi no hablamos.
Nos dormimos,
despertamos
con la panza vacía.
Robin Myers, Lo demás.
El fantasma
La última vez que lo vi
haciendo de sí mismo, le tiró un puñetazo
a una pared, el eco en el asfalto
como una piedra que se afloja y cae.
Una vez me lo crucé en la calle,
ahora barbudo, todavía rígidos
los ojos y los hombros, los huesos
y los músculos moviéndose al unísono.
Lo vi en un micro rumbo a Guatemala,
por la ventana de un bar en El Salvador,
con los labios hinchados mientras trapeaba pisos
en una iglesia de Nicaragua.
Lo veo por todas
partes, en todas partes,
a este hombre al que nunca quise ni toqué, pero al que reconozco
siempre
que no lo vea.
Robin Myers, Lo demás.