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domingo, 16 de agosto de 2020

Ventana a la escritura 149: paraguas de payaso






─Mira en lo que ha quedado nuestro paraguas de payaso de circo ─dijo el coronel con una antigua frase suya. Abrió sobre su cabeza un misterioso sistema de varillas metálicas─. Ahora sólo sirve para contar estrellas.
Sonrió. Pero la mujer no se tomó el trabajo de mirar el paraguas. "Todo está así", murmuró. "Nos estamos pudriendo vivos." Y cerró los ojos para pensar más intensamente en el muerto.


Gabriel García Márquez, El coronel no tiene quien le escriba.



Propuesta de escritura para hoy:


─Escribir sobre un objeto que tengas en el que ves reflejado el paso del tiempo.

Sumate a esta #ventanaalaescritura mandá tu texto a info@siempredeviaje.com.ar para que lo publiquemos en nuestro blog 

Libro recomendado de hoy: El coronel no tiene quien le escriba de #GabrielGarcíaMárquez

#ventanaalaescritura

¡Compartamos leer y escribir!

jueves, 18 de febrero de 2016

Mariel Fini * PD


PD: Esa mancha que ves no son lágrimas del tintero, son reflejos de mis ojos. Las gotas eran trasparentes, ahora son oscuras. Negras, porque esto que nos une está oculto. Brotan de mis ojos como cucarachas con textura líquida y algo espesa. Son de petróleo, ese que enchastra y pegotea, igualito a aquel que quita la vida. Me va llenando y me ensucia, es la podredumbre misma. 
Una me cayó encima, no me la pude quitar más. Esa era negra azabache, parecida al color de tus ojos, que como dos globos terráqueos me van persiguiendo a donde voy. Los extraño, a la vez que los odio, sobre todo cuando los dejas abiertos y me besás. 
Recuerdo que escondidos detrás de la puerta unimos nuestros labios por primera vez, mis labios eran color carmín. Ansío mandarte un beso de esos, pero hoy me maquille con petróleo. Soy una viuda negra y quiero que quedes atrapado en una de mis redes. Te imagino, sos una abeja que vuela buscando el polen. Esos vuelos circulares trazan tu destino, el nuestro. Quedas pegado a una red invisible, no te podés mover, yo te devoro. 
En mis sueños sos una araña, somos el uno para el otro, hasta que me doy cuenta de que sos el macho y yo soy la hembra. Entonces me alimento de vos, te como, tenés sabor a gusano. Una delicia te volvés, rogás y no me importa. No te oigo y te digo que si, continuo con mi labor, queda tu esqueleto. Es un secreto lo que sucede con tus huesos, todavía no podés saberlo.
Hablando de saber, no estoy segura de volver a rojo, tampoco sé si quiero volver a verte. Creo que por el momento te voy a dejar, me despido. Te aclaro, esa otro mancha, que anda por ahí suelta, conforma un beso negro que quisiera darte en la boca, pero no debo. El puntito es mi lunar, me lo arranque para que te lo lleves con vos. El lugar a donde vas ir a parar es muy solitario quiero que aunque sea tengas algo de compañía. 

 Mariel Fini, 2016.
Texto producido en los Talleres de Siempre de Viaje.


miércoles, 9 de diciembre de 2015

Esa mañana * Mariana Avendaño


Esa mañana sintió los jazmines trepar desde sus pies y florecer en su nariz, ocupándola por completo hasta pincharle los ojos. Primavera otra vez.
La noche llega más tarde, los pájaros cantan temprano, la lluvia se vuelve breve pero intensa. Disfrutar del aire libre, el peor de los mandatos que nuevamente no va a cumplir.
Empieza noviembre y el olor repugnante a flores le recuerda que es su cumpleaños. Un nuevo cumpleaños. Otro más. Parece que el tiempo pasara más rápido mientras ella no crece, envejece. Mira el celular por inercia, para que le diga lo que ya sabe no tiene mensajes nuevos.
Sale a trabajar. Su piel está demasiado blanca para tolerar el calor del sol. Mientras espera el colectivo en su demora, ruega que las vidrieras no adelanten los artículos navideños imponiendole un espíritu que no tiene.
Al caer la tarde cuando vuelve a su casa, atraviesa el patio observando de cerca las plantas. Se quita la ropa sudada.Todavía no oscurece. Por el contrario, aún se posa la suavidad del atardecer con su silencio, tan alejado del ruido y bullicio que queda afuera.
Deja su bolso sobre la mesa, y va al cuarto a cambiarse de ropa. Se detiene a tomar un vaso de agua mientras mira sus paredes blancas con algunos manchones oscuros de humedad. La casa está intacta. Ella no quiso pintar nada para que cuando él vuelva no se sienta extraño. ¿Cómo saber que colores le gustan ahora? No quiere que la casa pierda el equilibrio ni se vea femenina.
Es noviembre. Otra vez. Noviembre y el olor impregnante a jazmines le recuerdan todo lo que no tiene. Solo le resta esperar que noviembre pase rápido. No pinta las paredes de su casa y tampoco guarda ninguna flor.


Mariana Avendaño, 2015.
Texto producido en los talleres de Siempre de Viaje a partir del Club de Lectura de Gabriel García Márquez.


miércoles, 11 de noviembre de 2015

GABO + LISPECTOR * noviembre en el Club de Lectura



Club de Lectura
Coordinación: Virginia Janza, Eugenia Coiro y Karina Macció.
Dirección General: Karina Macció
Lugar: Guarida Literaria de Siempre de Viaje
fbk: siempredeviajeliteratura
@siempre_deviaje

Tel.: 4867-5964 

viernes, 6 de noviembre de 2015

El tiempo de la espera * Juanpi Ortigosa


Una de las cosas que amo de mi casa, es que vivo al lado de la parada del bondi que me lleva a la facultad. Salgo todas las mañanas exactamente a las 8:25 de mi casa. Y siempre llego temprano, a menos que me pase esto. Abrir la puerta y ver al 161 pasar por delante de mis ojos y no poder hacer nada para llegar a tiempo.
Comienza el momento más largo de mi día, esperar al próximo colectivo. Nunca sé qué hacer, desde que me robaron el celular hace dos semanas me da miedo sacarlo en la calle. No me queda otra que mirar.
Empiezo contando las personas de la parada, una por una, mirando sus rasgos raros. Aprovecho a revisar si alguna prenda me gusta para comprármela en el Unicenter. Hoy son veintiséis, y yo estoy diecinueve en la fila. Nunca sé qué bondi esperan, y siempre trato de adivinar, deduciendo de qué zona parecen ser.
Cuando no me queda más gente en la parada, siguen los que pasan caminando. Mientras los miro me distraigo con cualquier cosa que veo, desde una bolsita de Doritos en el piso cruzando la calle, hasta ese perro igual al de Juanchi que está paseando la vieja de la esquina.
Esos momentos son eternos, tener que quedarme viendo cualquier cosa solo para no morirme de aburrimiento, hasta que veo venir lo que todos esperamos. A partir de la quinta cuadra de distancia se empieza a notar y, por el color que tiene, me doy cuenta de que es el que yo necesito. 
Ahí es donde siempre se frena en bondi, en el primer semáforo. Sólo me queda seguir mirándolo, fijamente y durante el tiempo que sea necesario, hasta que empiece a moverse.
La velocidad lenta con la que viaja me asombra. Las cuadras las transita en un minuto aproximadamente, creo que yo podría hacerlas más rápido si fuera caminando, pero necesito tomármelo igual porque la facultad queda muy lejos. 
Así se mueve una, dos, tres cuadras, hasta que… segundo semáforo. Y ahora, teniéndolo a solo doscientos metros, me pongo a ver si está lleno o vacío, si vamos a entrar todos o va a hacer que alguno se quede en la parada hasta que venga otro. O, directamente, si tiene tanta gente encima que no va a parar y vamos a quedarnos puteando porque no nos dio pelota. Me pongo a contar y noto que voy a tener que viajar parado, cosa que no me molesta, pero sigue siendo incómodo (no soporto que las personas me toquen, necesito mi espacio personal). Después de analizar esto, rezo para que sólo pocos lo paren y, por último, me como mi barrita de cereal. Todo hasta que la luz cambie a verde y se acerque, a ver qué predicciones fueron correctas. 
Comienza a avanzar, hace la cuarta cuadra hasta cruzar la esquina, donde estiro la mano para frenarlo (al igual que dieciséis de las dieciocho personas que tengo adelante y, tal vez, otras detrás de mí). Por fin se frena y empezamos a subirnos, uno por uno, respetando los lugares de la fila. Todos desesperados por sacar sus subes, pagar y conseguir un asiento.
Después de esperar lo que parece un año a que la gente se acomode en el colectivo, arranca. Y, con la seguridad de estar adentro, saco el celular para ver la hora: 8:29.


Juanpi Ortigosa, 2015.
Texto producido en los Talleres de Siempre de Viaje. A partir de la lectura de El coronel no tiene quien le escriba, de Gabriel García Márquez..