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lunes, 3 de abril de 2023

Ventana a la escritura 724: hay lugar

 





Escribo porque no tengo nada que hacer en el mundo: estoy de sobra y no hay lugar para mí en la tierra de los hombres. Escribo porque soy un desesperado y estoy cansado, no aguanto más la rutina de serme y si no fuese la sempiterna novedad de escribir, me moriría simbólicamente todos los días. Pero estoy preparado para salir discretamente por la puerta del fondo. Experimenté casi todo, incluso la pasión y su desesperación. Yo ahora sólo querría tener lo que hubiese sido y no fui.



Clarice Lispector, fragmento de La hora de la estrella.


Propuesta de escritura para hoy:


─Escribí sobre algo que creas que no haya experimentado el narrador de este fragmento.

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Arte: #saccoramiro

jueves, 12 de agosto de 2021

María en Ventana a la escritura

 


         Ahora          es un instante

ahora 

o 

        Nunca

nunca está tan lejos

desalmado


ya es otro 

          ahora

    un instante


gestándose en presente imperceptible


vida que ya es 

                      futuro

que se hace pasado


como las cuentas

                            de una cadena de causalidades

destinadas


uróboros hambrientos en eternos comienzos


somos


abrumadora indomable marea

de momentos que me navegan


A través del tiempo    que     ya 

            fue

                                            ya 

            es

                  ahora






María de los Ángeles Raggio, 2021.
A partir de la lectura de Clarice Lispector.





miércoles, 7 de julio de 2021

Gabriela en Ventana a la escritura

                                                                                                      Lecturas de Clarice


+

Vos y yo 

                somos cuerpos heterogéneos

    nos multiplicamos

      a nuestra llegada

          se entrelazan 

con dureza, suave, pura fusión

 en carne bruta, nos mutilamos.


           +

 cocción de amor

      inquieta  

        la hora

         revela

       vacío feliz

            sutil

          tiempo 

           sencilla


en muerte sinuosa

         refleja 

  en verde mirada 

                                  a la que soy.







            +

Nos reímos al escribir

con pudor llegamos

al fondo del océano 

        peleamos

al estimulante rival, que poseemos

lo hacemos como jóvenes

he: ingenuos

      de carácter irritante

              duele 

                      la miseria

              (amada)

                       suspira: la cacería.


                                                        +

                                            agazapada espío

                                             cielo de tiburones

                                                                            rojo silencio

                                                               pesa

                                                  la   masa de agua

                                                                       sobre mi espalda       

                                                                      pesca salvaje

      

                                                   vacía en tinta

                                         ligera de cuerpo   

                                                                                    tibia

                                                           te pregunto 

                                                                                 ¿de qué huis?






                 +

Un momento hermoso

se carga de arte

     disparada 

en mi recompensa

    se ilumina

     fugaz

   en destellos 

trueno de sueño

para siempre onírica


cabeza ondulada de dulzura hechizada


       bailo

     despojo

cuerpos moribundos

abanico de voces 

cantan en este suelo


/el lado B

                 de mi sombra/


      



Gabriela Orlandi, 2021.

A partir del Club de lectura de Clarice Lispector.





miércoles, 17 de marzo de 2021

Ventana a la escritura 360: escritor

 



Autor.─Me cosifican cuando me llaman escritor. Nunca lo fui y nunca lo seré. Me niego a tener el papel de escriba en el mundo.

Odio cuando me mandan escribir o cuando esperan que escriba. Recibí una vez una carta anónima que me ofrecía espiritualmente un recital de música con tal de que siguiera escribiendo. Resultado: paré completamente. Quién me manda ─soy yo quien lo sé.


Clarice Lispector, Un soplo de vida. 


Propuesta de escritura para hoy:


─¿Qué pensás de la palabra escritor? ¿Te sentís escritor?

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 El libro recomendado de hoy es Un soplo de vida de #ClariceLispector

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viernes, 11 de diciembre de 2020

Ventana a la escritura 264: Fantasías

 


El libro desconocido


Estoy buscando un libro para leer. Yo lo imagino como un rostro sin rasgos. No sé su nombre ni el de su autor. Quién sabe, a veces creo que estoy buscando un libro que yo misma escribiría. No sé. Pero me hago tantas fantasías con respecto a ese libro desconocido y ya tan profundamente amado. Una de las fantasías es ésta: yo lo estaría leyendo y de pronto, a una frase leída, con lágrimas en los ojos diría en un éxtasis de dolor y de final liberación: "¡Pero es que yo no sabía que se puede todo, mi Dios!".


Clarice Lispector, Revelación de un mundo.



Propuesta de escritura para hoy:


─¿Imaginás un libro que quisieras leer y no sabés si existe? ¿Cómo sería?

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 El libro recomendado de hoy es Revelación de un mundo de #ClariceLispector

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viernes, 3 de abril de 2020

Ventana a las escritura 14: Desde las profundidades


Ishikawa



      ¿De profundis? Algo quería hablar... De profundis... ¡Oírse! Atrapar la oportunidad fugaz que danzaba con los pies ligeros a la orilla del abismo. De profundis. Cerrar las puertas a la conciencia. Al principio percibir aguar corrompida, frases tontas, pero después en medio de la confusión el hilo de agua pura temblando sobre la pared áspera. De profundis. Acercarse con cuidado, dejar resbalar las primeras olas. De profundis... Cerró los ojos, pero sólo vio penumbra. Cayó más hondo en sus pensamientos, vio inmóvil una figura flaca orlada de rojo claro, el dibujo con un dedo húmedo de sangre sobre un papel, cuando se había arañado y cuando su padre andaba buscando el yodo. En lo oscuro de las pupilas, los pensamientos alineados en forma geométrica, uno superponiéndose al otro como las celdillas de un panal de miel, algunas vacías, informes, sin lugar para una reflexión. Formas fofas y cenicientas, como un cerebro. Fuera de eso no veía realmente, intentaba imaginar quizá. De profundis. Veo un sueño que tuve: escenario oscuro abandonado, detrás de una escalera. Pero en el momento en que pienso “escenario oscuro” en palabras, el sueño se agota y queda la celdilla vacía. La  sensación marchita es sólo mental. Hasta que las palabras “escenario oscuro” vivan lo bastante dentro de mí, en mi oscuridad, en mi perfume, a punto de convertirse en visión de penumbra, desgarrada e impalpable, pero detrás de la escalera. Entonces tendré de nuevo una verdad, mi sueño. De profundis. ¿Por qué no viene lo que quiere hablar? Estoy dispuesta. Cerrar los ojos. Llena de flores que se transforman en rosas a medida que el animal se estremece y avanza en dirección al sol del mismo modo que la visión es mucho más rápida que la palabra, escojo el nacimiento del suelo para... Sin sentido. De profundis, después vendrá el hilo de agua pura. Vi la nieve temblar llena de nubes rosadas bajo la función azul de las vísceras cubiertas de moscas al sol, la impresión cenicienta, la luz verde y translúcida y fría que existe detrás de las nubes. Cerrar los ojos y sentir rodar la inspiración como una cascada blanca. De profundis. Dios mío, os espero. Dios, venid a mí. Dios, brotad en mi pecho, no soy nada y la desgracia cae sobre mi cabeza y yo sólo sé usar palabras y las palabras son mentirosas y yo sigo sufriendo, al fin el hilo sobre la pared oscura. Dios, venid a mí y no tengo alegría y mi vida es oscura como la noche sin estrellas y Dios, ¿por qué no existes dentro de mí?, ¿por qué me hiciste separada de ti? Dios, venid a mí, yo no soy nada, soy menos que el polvo y te espero todos los días y todas las noches, ayudadme, sólo tengo una vida y esa vida fluye por mis dedos y se encamina serenamente hacia la muerte y nada puedo hacer y sólo asisto a mi agotamiento a cada minuto que pasa, estoy sola en el mundo, quien me quiere no me conoce, quien me conoce me teme y yo soy pequeña y pobre, no sabré que existí dentro de pocos años, lo que me queda por vivir es poco y lo que me queda para vivir mientras tanto seguirá intacto e inútil, ¿por qué no te apiadas de mí?, que no soy nada, dadme lo que preciso. Dios, dadme lo que preciso y no sé lo que es, mi desolación es honda como un pozo y yo no me engaño a mi misma y a la gente, venid a mí en la desgracia y la desgracia es hoy, la desgracia es siempre, beso tus pies y el polvo de tus pies, quiero disolverme en lágrimas, de las profundidades clamo por vos, venid en mi auxilio que no tengo pecados, desde las profundidades clamo por vos y nada me responde y mi desesperación es seca como las arenas del desierto y mi perplejidad me sofoca, me humilla, Dios, ese orgullo de vivir me amordaza, yo no soy nada, desde las profundidades clamo por vos, desde las profundidades clamo por vos, desde las profundidades clamo por vos, desde las profundidades clamo por vos...


Clarice Lispector. Fragmento de “El Viaje”, último capítulo de Cerca del corazón salvaje.



Propuestas de escritura para hoy:


-En un momento el narrador o narradora pasa de la tercera intimista a la primera persona. ¿Te animás a escribir un texto así, en el que vayas de la tercera a la primera?


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El libro recomendado de hoy es Cerca del corazón salvaje de Clarice Lispector. 


#ventanaalaescritura
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jueves, 19 de julio de 2018

El libro desconocido * Clarice Lispector




Estoy buscando un libro para leer. Es un libro muy especial. Yo lo imagino como a un rostro sin rasgos. No sé su nombre ni el de su autor. Quién sabe, a veces creo que estoy buscando un libro que yo misma escribiría. No sé. Pero me hago tantas fantasías con respecto a ese libro desconocido y ya tan profundamente amado. Una de las fantasías es ésta: yo lo estaría leyendo y de pronto, a una frase leída, con lágrimas en los ojos diría en un éxtasis de dolor y de final liberación: "¡Pero es que yo no sabía que se puede todo, mi Dios!".


Clarice Lispector, Revelación de un mundo.



jueves, 14 de junio de 2018

¿Cómo se escribe? * Clarice Lispector




Cuando no estoy escribiendo, yo simplemente no sé cómo se escribe. Y si no sonara infantil y falsa esta pregunta que es de las más sinceras, yo elegiría a un amigo escritor y le preguntaría: ¿cómo se escribe?
Porque, realmente, ¿cómo se escribe? ¿qué se dice? ¿cómo se dice? Y ¿qué se hace con el papel en blanco que nos enfrenta tranquilo?
Sé que la respuesta, por más que intrigue, es esta única: escribiendo. Soy la persona que más se sorprende al escribir. Y todavía no me habitué a que me llamen escritora. Porque, salvo las horas en que escribo, no sé en absoluto escribir. ¿Será que escribir no es un oficio? ¿No hay aprendizaje, entonces? ¿Qué es? Sólo me consideraré escritora el día en que yo diga: sé cómo se escribe.


Clarice Lispector, Revelación de un mundo.




viernes, 21 de abril de 2017

Persona * Giselle Bouso




Algunas palabras aparecen en mi vida distintas cada tanto. Un día, se me presentan brillantes.
Me ha pasado: palabras que me rondan, me chistan. Me hacen luces.

Fuimos a almorzar. Ahí estaba esperando; mi palabra vibrante, en la etiqueta de la botella: 
— Mirá cómo se llama el agua, dije yo. 
— “Persona”, leyó Gala.

Aunque le pareció llamativo, no le dio importancia.
Le pasó de largo, se le metió de nuevo en el huracán ultra-veloz e infinito de las palabras ya pronunciadas.
En cambio a mí, se me quedó pegada. “ P E R S O N A ”, intenté repetir para adentro mientras miraba de nuevo la etiqueta azul y mi palabra-persona parecía saltar del plástico.
Y me sentí sola. Y me sentí agarrada, de la mano de mi palabra.
 Me vi  simple persona. A mi alrededor, las cosas recortadas. Cada objeto, cada ser. 
Yo misma. Recortada por los bordes con una tijera inexacta, humana. Pegada. Ahí, en mi sillita de exterior del puestito de la playa. 
Toda collage.
Soy simple:  adentro mío hay un mundo.
Era el primer silencio desde que habíamos llegado.
Verde - plateado- oscuro. 
Blanco - espuma.
Arena - playa. 
Brasil.
Gala se había dormido, con la gorra Nike puesta, en la reposera. Me alegré, podía leer: 
Página 58: 

Voy a hablar de la palabra persona, que la palabra “persona” recuerda.

Yo estaba leyendo a Clarice Lispector en Río de Janeiro.

Era una palabra latiendo. Se volvió criatura posada en mi hombro.



Giselle Bouso, 2017.
Texto producido en los Talleres de Siempre de Viaje.




domingo, 5 de febrero de 2017

Eternidad * Marcelo Trumper



En el fondo
éter
líquida sensación
leve idea
conciencia reveladora
autopercepción orgánica
del tiempo solo
late visceral
sólo el tiempo
efímera finitud
promesa 
de eternidad











Marcelo Trumper, 2017.
Producido en los Talleres de Siempre de Viaje a partir de la lectura de un fragmento de Corazón salvaje de Clarice Lispector.  


miércoles, 2 de diciembre de 2015

Pertenecer * Clarice Lispector

15 de junio 1968

Un amigo mío, médico, me aseguró que desde la cuna el niño siente el ambiente, el niño quiere: en él el ser humano desde la cuna ya comenzó. Estoy segura de que en la cuna mi primer deseo fue el de pertenecer. Por motivos que no interesan aquí, de alguna manera yo debía estar sintiendo que no pertenecía a nada ni a nadie. Nací sin motivo. Si en la cuna experimenté esa hambre humana, ésta sigue acompañándome en la vida, como un destino. Al punto de que mi corazón se contrae de envidia y deseo cuando veo una monja: ella pertenece a Dios.
Exactamente porque es tan fuerte en mí el hambre de darme a algo o a alguien, es que me volví muy arisca: tengo miedo de revelar cuánto necesito y cuán pobre soy. Lo soy, sí. Muy pobre. Sólo tengo un cuerpo y un alma. Y necesito más que eso. Quién sabe si no empecé a escribir tan pronto en la vida porque, al escribir, por lo menos me pertenecía un poco a mí misma. Lo que es un triste facsímil. Con el tiempo, sobre todo en los últimos años, perdí mi don de gentes. No sé ya cómo se es. Y una especie completamente nueva de la “soledad de no pertenecer” empezó a invadirme como hiedras a un muro. Si mi deseo más antiguo es el de pertenecer, ¿por qué entonces nunca formé parte de clubes o de asociaciones? Porque no es eso a lo que yo llamo pertenecer. Lo que yo quería, y no puedo, es por ejemplo que todo lo que viniera de bueno desde mi adentro yo pudiera darlo a aquello a lo que perteneciera. Incluso mis alegrías, qué solitarias son a veces. Y una alegría solitaria puede tornarse patética. Es como quedarse con un presente todo envuelto con papel de regalo en las manos —y no tener a quién decirle: tome, es suyo, ábralo. No queriendo verme en situaciones patéticas y, por una especie de contención, que evita el tono de tragedia, raramente envuelvo entonces con papel de regalo mis sentimientos. Pertenecer no resulta sólo de ser débil y necesitar unirse a algo o a alguien más fuerte. Muchas veces las intensas ganas de pertenecer me vienen de mi propia fuerza —yo quiero pertenecer para que mi fuerza no sea inútil y fortifique a una persona o cosa. Si bien tengo una alegría: pertenezco, por ejemplo, a mi país, y como millones de otras personas soy pertenencia de él a tal punto, que soy brasileña. Y yo que, muy sinceramente, jamás deseé o desearía la popularidad —soy demasiado individualista para poder soportar la invasión de la que una persona popular es víctima—, yo, que no quiero la popularidad, me siento sin embargo feliz de pertenecer a la literatura brasileña. No, no es por orgullo, ni por ambición. Estoy feliz de
pertenecer a la literatura brasileña por motivos que nada tienen que ver con la literatura, pues ni siquiera soy una literata o una intelectual. Feliz sólo de “ser parte”. Casi logro visualizarme en la cuna, casi logro reproducir en mí la vaga y no obstante apremiante sensación de necesitar pertenecer. Por motivos que ni mi madre ni mi padre podían controlar, yo nací y resulté tan sólo: nacida. Sin embargo, fui preparada para ser dada a luz de un modo muy bonito. Mi madre estaba ya enferma, y, por una superstición muy difundida, se creía que tener un hijo curaba a una mujer de su enfermedad. Entonces fui deliberadamente creada: con amor y esperanza. Sólo que no curé a mi madre. Y siento hasta el día de hoy esta carga de culpa: me hicieron para una misión determinada y fallé. Como si contasen conmigo en las trincheras de una guerra y yo hubiera desertado. Sé que mis padres me perdonaron por haber nacido en vano y haberlos traicionado en la gran esperanza. Pero yo, yo no me perdono. Querría que simplemente se hubiera cumplido un milagro: nacer y curar a mi madre. Entonces, sí: yo habría pertenecido a mi padre y a mi madre. Yo no podía confiar a nadie esta especie de soledad de no pertenecer porque, como desertor, tenía el secreto de la fuga que por vergüenza no podía conocerse. La vida me hizo de vez en cuando pertenecer, como para darme la medida de lo que pierdo al no pertenecer. Y entonces lo supe: pertenecer es vivir. Lo experimenté con la sed de quien está en el desierto y bebe sediento los últimos tragos de agua de una cantimplora. Y después la sed vuelve y es propiamente en un desierto donde camino.

Clarice Lispector. Revelación de un mundo.



CLUB DE LECTURA DE SIEMPRE DE VIAJE
Coordinación: Virginia Janza, Eugenia Coiro y Karina Macció.
Dirección General: Karina Macció
Lugar: Guarida Literaria de Siempre de Viaje
fbk: siempredeviajeliteratura
@siempre_deviaje
Tel.: 4867-5964



jueves, 26 de noviembre de 2015

Ya no sé escribir * Juanpi Ortigosa



Ya no se escribir, perdí el don. El don de usar las manos. Ese don que tienen todos los humanos de mover su cuerpo a voluntad. Lo perdí en mis manos. Ahora las controla alguien más. Siento que quisieran decirme algo, pero no estoy seguro de qué es. Y yo todavía siento mover las mías, pero sé que no está pasando, porque las veo y siguen quietas o yendo para cualquier lado, menos al que quiero.
Debí haber intercambiado las manos con alguien la otra noche que me puse re borracho. Por eso debo tenerlas vendadas. Seguro estoy moviendo las de otra persona, que debe estar pensando lo mismo que yo.
Pobres nosotros, dos boludos que tratan de mover sus manos unos a los otros.
Además siento que estoy tocando algo, en este momento es como cuero. Tengo miedo, puede ser una vaca, una campera, una funda de pistola. Cualquier cosa hecha de cuero en argentina.
Mejor busco a mi doctor, el ayudó a un amigo del primo de la tía de la hermanastra de Nico, al que le pasó algo parecido con los pies, y no podía controlarlos, entonces caminaba sin sentido.
Ahora estoy llegando tarde a la reunión del doctor, seguro me va a matar. El hecho de no poder mover las manos me complica todo.


Juanpi Ortigosa, 2015.
Texto producido en los Talleres de Siempre de Viaje a partir de la lectura de Clarice Lispector.



miércoles, 11 de noviembre de 2015

GABO + LISPECTOR * noviembre en el Club de Lectura



Club de Lectura
Coordinación: Virginia Janza, Eugenia Coiro y Karina Macció.
Dirección General: Karina Macció
Lugar: Guarida Literaria de Siempre de Viaje
fbk: siempredeviajeliteratura
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Tel.: 4867-5964 

martes, 18 de febrero de 2014

Anticipo del Club de Lectura de marzo - Fragmento de "Una gallina", Clarice Lispector

Una gallina
(fragmento)

Sola en el mundo, sin padre ni madre, ella corría, respiraba agitada, muda, concentrada. A veces, en la fuga, sobrevolaba ansiosa un mundo de tejados y mientras el chico trepaba a otros dificultosamente, ella tenía tiempo de recuperarse por un momento. ¡Y entonces parecía tan libre!

Estúpida, tímida y libre. No victoriosa como sería un gallo en fuga. ¿Qué es lo que había en sus vísceras para hacer de ella un ser? La gallina es un ser. Aunque es cierto que no se podría contar con ella para nada. Ni ella misma contaba consigo, de la manera en que el gallo cree en su cresta. Su única ventaja era que había tantas gallinas, que aunque muriera una surgiría en ese mismo instante otra tan igual como si fuese ella misma.

Finalmente, una de las veces que se detuvo para gozar su fuga, el muchacho la alcanzó. Entre gritos y plumas fue apresada. Y enseguida cargada en triunfo por un ala a través de las tejas, y depositada en el piso de la cocina con cierta violencia. Todavía atontada, se sacudió un poco, entre cacareos roncos e indecisos.


En marzo te esperamos en el Club de Lectura, le dedicaremos todo el mes a Clarice. 




Coordinación: Cecilia Maugeri, Virginia Janza y Karina Macció.
Dirección General: Karina Macció
Lugar: Guarida Literaria de Siempre de Viaje
fbk: siempredeviajeliteratura
@siempre_deviaje
Tel.: 4867-5964 // 11 50 56 36 95