Como un fideo flotando en el caldo". Pensó esa frase tres o cuatro veces y por fin la dijo en voz alta, remachando las sílabas con la sensación de que efectivamente el tedio y el silencio eran un caldo amarillo y él un pobre fideo dispuesto a cualquier cosa, aunque solo fuese pasar a la cuchara de un gigante para tener la oportunidad de explorar ignotas galerías. Podía servir para iniciar un poema extraño y atrevido (...).
Sara Gallardo, Pantalones azules.

