lunes, 26 de noviembre de 2018

La ciudad invisible * Katia




Y ahí estaba yo, al borde del llanto, en un hospital y sosteniendo su mano arrugada con fuerza. No quería que se vaya.

Tomás ¿por qué llorás? —me mira confundida.
Abuela no te vaya por favor, quedate conmigo —le rogué como si fuera a servir de algo.
No te preocupes, esta vieja ya tuvo mucho que vivir —dijo de la forma más calmada posible mientras tocía.
¡¿Cómo podés estar tranquila?! ¡Te estás muriendo! —le dije.
Porque sé que voy a volver a verte —la mire confundido.
¡¿Qué se supone que significa eso?! ¡La única manera en la que te podría ver es muerto, y para eso falta un montón! —comenté alterado. Recuerdo que no podía dejar de ver el monitor cardíaco.
Hay un lugar en donde me podes visitar—yo seguía sin entender.
No estoy de ánimo para bromas —le reproché llorando aún más.
No es broma. Escuchá, que no me queda tanto tiempo —me ordenó seria. —Existe un lugar, es una ciudad que nadie puede observar mientras está despierto—. No lo podía creer pero lo decía tan segura. —Cualquier ser humano puede acceder si tiene un propósito firme. Es un mundo que está entre la vida y la muerte, lo llamo la ciudad invisible. Solo podés ir mientras estás soñando, planteándote un objetivo con mucho deseo. La ciudad invisible es un espacio sin límites, podés hacer cualquier cosa, volar, viajar a cualquier país en su hora exacta sin ser visto por las personas, y visitar a seres queridos que no se encuentran vivos. Te tenés que cuidar a vos mismo, nadie te va a ayudar. Cuando estés ahí vas a notar que tenés un hilo blanco brillante que se une a tu muñeca —continuó—. Ese hilo es el camino de regreso a tu cuerpo.
Lo más importante es no tener miedo. Hay tres tipos de seres que habitan este sitio. Personas, los visitantes como vos que se animan a ir. Demonios, estos son creaciones de tu propio miedo, no tienen pensamiento propio ya que vienen de tu mente. Lo que tratan de hacer es absorber la esencia del hilo blanco para que te quedes atrapado. Los enfrentás imaginando algo inofensivo o preguntándoles ¿quién sos? Ya que no te van a poder responder y desaparecerán. Y por ultimo ángeles, estos te guían al objetivo, no te protegen, su único fin es guiar. No hables con ellos, son muy reservados y pueden castigarte —me contó ya con la voz débil—. Sé que vas a encontrar el camino, confío en vos —empezó a cerrar los ojos.
Te lo prometo —el monitor comenzó a dar las pulsaciones más rápido exaltándome.
Te veo en el otro lado Tomás —susurró soltando su agarre de mi mano.
¡Voy a visitarte, te lo prometo abuela! —logré decir antes del último pitido.

Le hice caso. Todo lo que ella me dijo era verdad. Los ángeles, los demonios y el hilo blanco. Es todo verdad. Tal como me contó. Ahora cada fin de semana la voy a ver y nos reunimos en un parque cerca del hospital.
Fue difícil llegar, intenté hacerlo por la noche. Pero no me podía concentrar gracias a mi vecino que estaba martillando a las nueve de la noche. Pasé meses intentándolo. Hasta que un día lo logré. La ciudad invisible es la misma ciudad en la que vivimos solo que hay seres que no se ven cuando estás despierto. Podrías pararte enfrente de alguien y no te va a notar.
Cuando llegué me recibió un ángel que no hablaba. Era petiso, con orejas chicas, llevaba puesto un vestido blanco que se parecía más a una bata y los ojos le brillaban, no tenía pupilas.
Solo me topé con un demonio. Este no tenía cara. Me seguía a todas partes. Pero al hacerle la pregunta se desvaneció. En cuanto a otras criaturas hay una que me provoca terror. Es blanco, tiene dos piernas puntiagudas las que utiliza para volar imitando a la hélice de un helicóptero, solo reputa de un ojo con diferentes colores. Debajo de sus piernas está su boca con millones de dientes afilados. Le llaman la atención los lunares ya sea los que se encuentran en la piel o ropa. Una señora poseía un lunar en la nariz. A este ser le atrajo tanto que se plantó en frente de ella mirándola fijamente. El ojo del fenómeno tomó la forma de una espiral de muchas tonalidades hipnóticas. Al tomar ese estado de hipnosis este se llevó a la mujer a quien sabe dónde. La hubiera ayudado pero me temo que soy demasiado cobarde.
Hay individuos que pueden ser buenos o malos. Unos de ellos son los espíritus, no disfrutan de un cuerpo físico, son como una pelota llena de luz. Algunos de ellos se escapan del inframundo y solo revolotean por ahí. La luz cambia según su ánimo. Hay que recordar que fueron personas en el pasado. Los ángeles se la pasan de un lado a otro tratando de capturarlos porque la mayoría son malignos y se fugan por venganza yendo a la vida real para molestar a la gente o lastimar.
Es increíble. Puedo pasar de estar en las playas de Brasil a la selva australiana. Noté que por la ciudad podés encontrar códigos o nombres escritos. Al leerlos se abren portales a mundos paralelos. Me atreví a entrar a muchos. Aunque no sabía lo que me iba a encontrar. Mi abuela me aconsejó que, para volver a la ciudad invisible, diga Creetos. Me sorprendieron bastante.
En uno de los mundos las malas palabras son buenas y la comida rápida es saludable. En otro, las personas son diferentes estilos de caricatura o dibujo. También hay uno en donde todos tenemos extremidades más grandes y algunas pequeñas. En el último que estuve la tierra no existe y vivimos en la luna sin ningún traje espacial.
Cada código es un planeta donde te permiten ver cómo sería el mundo si cualquier detalle hubiera ocurrido de otra forma. Cada cosa, cada criatura o suceso me terminó cautivando. A tal punto que nunca llegué a notar que la mayoría del tiempo estaba ahí. Cada vez más lejos de la sociedad. Y al final quedándome atrapado en esta ciudad.


Katia, 2018.
Editado en El club de la serpiente. Inspirado en: Las ciudades invisibles de Ítalo Calvino.


Goya


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