viernes, 16 de agosto de 2019

¿Por qué no te quedás? * Ricardo Czikk




Hace años que lo siento
al principio no lo sabía
pero era ese tic tac y tiquitac
que enlentecía
su ritmo y cadencia
la forma de hablar
como si se hiciera
pastosa


Ahora lo sé
porque la escucho
cuando se preocupa por mi salud
le digo tengo casi sesenta
y me responde
no te preocupes que cuando vos tengas setenta
ya no voy a estar
agregó
no quiero estar para molestarlos
ni a vos ni a tu hermano


Fue siempre modosa
desde chica nunca jorobó
a nadie
siempre en su lugar
prolija del medio
entre varones


tras la muerte de mi padre
desde entonces
también
se las arregla
solita


no resiste que me enferme
ni un poquito
entonces me llama tres veces al día
siente mi voz tomada
estos días están fríos Ricky
no salgas
¿para qué?
¿no podés quedarte con esta humedad?


la escucho paciente
habla cada vez más pausada
una palabra suspendida
finita de la siguiente
en espera
pero no impide
hablarme
tanto como sea necesario
hasta que la autorice a pasar por mi casa
se quede tranquila
verificar que su hijo
ya casisesenta
esté bien, porque dejo
no sé si estaré
cuando cumplas setenta
y
me
acongojó


fue un mensaje de audio
rubricado con risa
(un día se hizo moderna)
graba envía escribe como si fuera
natural
cada tanto mete lío
no sé qué le pasa a mi celular
lo arreglo (me enojo en chiste)
porque es como
si por fin
yo la cuidara
de virus que atacan
y podrían borrar
tu voz
que las memorias
se vacíen


un día se irá
no me llamará
cuando me enferme
me quedará una voz
que un día
comenzó a hablar cada vez
más
pausada


mil veces me pregunté
cómo hizo ya viuda
con la soledad
porque no podría yo
ella sí
sola y tan que está
siempre que uno se enferme
alma cuidadora conmigo
también con sus amigas
llama y me pregunta
¿por qué no te quedás adentro? mirá cómo está el día
me da angustia
cada vez que
me pregunta
me cuida
en cada mensaje llamado
no puedo dejar de perderme en la lentitud
que precede
al silencio.


hace diez años
cuando mi cadera falló
se instaló en un cuarto
que era para mis hijos
caminaba con bastón yo
me cocinaba ella
feliz de hacerlo
lo sé, pero me apenaba
por lo dos
como si nos hubiera soltado la mano
la vida


me prohíbo
sentir este cono sombrío
me aterro
en especial en estos días
de sinusitis que ataca mi cabeza
el moco me invade
invalidado e incapaz
entonces
no puedo imaginar
llegar a los setenta
que ella ya no me llame
ni se preocupe
con ritmo cada vez más lento
diga:


para qué vas a salir hoy
si hace frío
mucho.




Ricardo Czikk, 2019.




Elba Collective

jueves, 15 de agosto de 2019

En este mundo nada hay cierto * Matías Montero



Eran las diez y media de la noche de un jueves. Juan disfrutaba un rato de tranquilidad y esparcimiento armando un rompecabezas de 1000 piezas en el living de su casa. El Everest, el Matterhorn o alguno de esos. Era un modesto departamento de dos ambientes que aunque pequeño, le alcanzaba lo más bien para sentirse bastante solo. Cuando pensaba esto, solía contestarse algo odioso y, al hacerlo en voz alta, se sentía aún más solo. Hoy no le había pasado, era una buena noche. Había terminado rápido los impuestos de un cliente particular para cenar temprano, se sirvió una copa de vino, calentó unas lentejas congeladas. Después peló una mandarina, se dijo en tono sarcástico: pobre pero con postre, y se puso el piyama. En la calma total de luces tenues, fondo de copa de vino y soledad de la sala, inmerso en una montaña de piezas para armar otra montaña, de repente se escuchó:

—Hola Juan, ¿cómo estás?

—¡¡¡Aaaaaaahhhh!!! —gritó Juan desesperado de terror— ¡¡¡Aaaaaaahhhh!!! —su boca abierta tenía el mismo tamaño que su cabeza. 

—Sí, ya sé. Las presentaciones son complicadas para los nuestros —su voz era la misma de Juan con un poco de eco.

—Ss so… so… ¡sos yo!

—Técnicamente no soy vos, soy tu fantasma —el sonido se acercaba hasta que una figura hecha de luz salió caminando de la pared. Juan abrió los ojos tanto como la boca, parecía que se le iban a caer y rodar sobre la mesa. El espectro se detuvo frente a él mientras intentaba recomponerse para preguntar:

—Si vos sos mi fantasma, ¿quiere decir que yo estoy…?

—Nop.

—Ayyy.

—¿Ahora qué te pasa?

—Me pellizqué para ver si estaba soñando y tampoco.

—Tampoco.

—¿Me podés decir qué está pasando? 

—Vine del futuro para charlar un poco con vos…

—Ah, me voy a morir—interrumpió impaciente Juan.

—¡No seas pelotudo! Todos nos vamos a morir —se rieron los dos a la vez. 

—No lo puedo creer. Soy más gracioso muerto que vivo —se rieron de nuevo. 

Juan se puso contento de haber hecho un buen chiste. No pasaba seguido. Pensó necesito un té y le ofreció al fantasma que lo miró muy serio. Hizo un gesto entendiendo la problemática y señaló la puerta para retirarse. En la cocina buscaba el saquito, el azúcar y demás, cuando el espectro atravesó de nuevo la pared sobresaltándolo. No se acostumbraba aún a esta nueva dinámica hogareña. Mientras se hacía el té, el otro empezó a dar detalles sobre su visita. 

Resultó ser que la muerte había recibido un reclamo de la AFIP y precisaba ayuda con su declaración impositiva y los planes de pago. Juan escuchaba atónito, pensó en la frase “En este mundo nada hay cierto, salvo la muerte y los impuestos”. Le parecía todo muy increíble hasta que recordó con quién estaba hablando. 

—Y entonces me ofrecí a ayudarla, a cambio de un favor —dijo la figura con su eco.

—¿Cómo un favor?

—Sí, le dije que yo me encargaba de todo siempre y cuando me dejara tener una charla con vos. O conmigo. No sé bien cómo se diría. Es medio confuso…

—Naaa, te parece. —Juan se hacía el gracioso para agradar. O agradarse. 

—La cosa es así: como no mejora el panorama desde ahora hasta que ella te venga a buscar, se me ocurrió venir antes para tratar de hacer que nuestra vida valga más la pena. Y también que dure más.

Hasta ese instante, Juan no se había dado cuenta de que su versión muerta no era mucho mayor que él. Esto le provocó un inesperado escalofrío.

—¿Che, y no tendría que haber venido la muerte para hablarme de todo esto? Digo… no es por despreciar tu visita. Solo que me resulta poco serio que no se haga cargo ella de este tema. Para mí, es bastante importante.

—Sí, lo sé. Es más, me dijo que te transmitiera que le hubiera gustado estar pero tenía muchas cosas que hacer. Te imaginarás. 

—¿Y entonces? 

—Y entonces te tenés que animar un poco más, Juan. Menos mandarina y más flan con dulce de leche. Mucho dulce de leche. Crema también, si querés.

Terminó de decir esto y desapareció. Juan se quedó pensando un rato largo. Al día siguiente llamó a algunos clientes, consiguió varios nuevos. Dos años más tarde abrió su propio estudio. Contrató a un empleado. Empezó a pintar, conoció a una chica en el taller. Se casó. Llegó a los veinte empleados. Se compró un velero. Tuvo hijos, después nietos. Sonrió mucho y siguió con los chistes, hubo varios buenos. Una noche a los 83 años, cenó lentejas, flan, y lo vinieron a buscar.





Matías Montero, 2019.






lunes, 12 de agosto de 2019

La pulga * Carina Szwec




dame sangre
quiero sangre

no tengo miedo de romperte
la piel
atravesarte

dame sangre
quiero sangre

el punto rojo

entre tus
pelos
mi colchón
mi tierra
mi cuna
mi comida
mi próximo paso
el salto

dame sangre
quiero sangre

te siento
te veo
te calculo
sé que puedo fallar
sé que puede ser mi fin
no me importa

dame sangre
quiero sangre

salí de este capullo
atravesé la metamorfosis
de mi cuerpo
tu cuerpo
y todos mis cuerpos
no me olvidé
de donde vengo
ni el tiempo que me queda
¿cuánto son 100 días para vos?
solo trato que perdure
extiendo mis raíces
con cada piel que desgarro
succiono
néctar rojo
me vuelvo poderosa
salen de mi
todos mis hijos
a ellos
les deseo
sangre
pelos
heces de sangre digerida
restos orgánicos
que resistan
el próximo invierno
que puedan ser
en un otro
su mejor versión
de punto rojo

quiero sangre
dame sangre

solo soy
la razón
de tu piel herida
de tu picazón
la culpable
de tu
punto
rojo





Carina Szwec, 2019.



Ela Kurowoska

domingo, 11 de agosto de 2019

landscape/inscape * Andrea Larrieu

El sendero

En el medio del paseo costero se encuentra este camino. Es angosto y largo, no se llega a ver dónde termina. El piso está construido con piedras de tamaño irregular. Hay partes que se ven algo levantadas. A los costados hay unas hileras de troncos angostos que dividen el piso de piedras de la  tierra con pasto no muy crecido y muchos árboles, uno al lado del otro con un espacio prudencial entre ellos. Son altos, ya formados, típico de árboles de varios años de antigüedad. La corteza es oscura y rugosa, los troncos no son muy anchos Sus ramificaciones son sólidas y extensas, cubiertas de hojas verdes que se unen con las de enfrente generando sombra en el camino. Es un día soleado y luminoso, por eso los que van a pasear o hacer ejercicio, pueden usarlo para protegerse del calor. A la izquierda se alcanza ver el corredor ancho y un parque. La mayoría de la gente está haciendo su caminata en ese sector donde le da el sol de lleno, no debe ser un día de altas temperaturas, da toda la impresión de ser un día primaveral.
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Un camino angosto, el piso es de piedras unidas, irregulares. No te lleva a ningún lado.
Esperaba hallarlo
tras la curva del ancho paseo costero
atestado de cuerpos sudorosos
bicicletas incitando al viento
patines, niños corriendo, perros atados o sueltos
un sol en su esplendor que agobia
y el río tan ancho como un mar de aguas color tierra
sin arena en sus orillas
llego a la torcedura 
el paisaje
me encuentra.

El sendero tiene un aire nostálgico y mágico. Recto y extenso, parece afinarse al fondo, aunque es por efecto de la visión. 
Es largo
silencioso
casi solitario 
no llego a ver 
el destino
se achica
angosto
el final.

Habría más sol de no ser por los árboles que lo acompañan a los costados. Como un espejo, se reflejan en el camino. Se ven los troncos y las ramas en sombras reparadoras. 
Me alivian la luz
acalorada
formas de vida sin colores dibujadas en el suelo
piedras unidas
las piso
sin tropiezos que me frenen
atravieso las partes reflejadas
soy árbol.

Los troncos rugosos de madera oscura, sus copas color verde primavera, ese que tienen cuando las hojas están en su esplendor. Se unen con las de enfrente formando un techo con agujeros donde se cuela la luz. 
Los pies marchan
la respiración jadea
troncos altos de corteza viva
en un camino paralelo al mío 
penetran la tierra
raíces invisibles
intentan asomar entre las piedras
las copas se funden
un cielo verde con manchas celestes
me cobija.

A los costados, sosteniendo las raíces, hay tierra salpicada con pasto que intenta crecer. Es una incógnita imaginar si habrá un final. Solo se descubre con la marcha.
Como un triángulo
se ensancha en mi avance
siempre recto
se multiplica
¿qué habrá donde termina?
una carretera que lleve a un destino 
un banco para descansar las pisadas
un prado de pastos crecidos cubiertos de sol
o simplemente 
el placer de haberlo transitado
para luego
regresar.




Andrea Larrieu, 2019.



miércoles, 7 de agosto de 2019

Huelo pólvora * Teresina Papaleo





Huelo pólvora
inevitablemente sonrío
veo casquillos volar
y saltar en el piso
silenciosa danza metálica
de polígono

detrás de los tiradores
espero mi turno
comparo ritmos
juzgo calibres
adivino motivos
flagrante duelo
entre humano y cartón





Teresina Papaleo, 2019.



Joe Mannino

viernes, 2 de agosto de 2019

Araña roja * Paola Reina



Hilo catástrofes 
en el envés de las hojas 

en medio del diluvio 
la brisa 
es la exaltación de mi cuerpo rojizo 
deambulo 
en el edén de las violetas caídas 
mi tejido abriga a la única madreselva del jardín 
tanto 
que la asfixio en medio del ocaso 

no le queda más remedio que caer 
junto a las violetas 
junto a mí 
mientras la morada se descose 
no hay quien nos sujete 
todas están marchitas 
sangrando de atardecer 

mis patas se quiebran 
mi cuerpo es incierto 
me hice breve 
soy alma fugaz



Paola Reina, 2019.


Caitlin Cloninger