domingo, 20 de mayo de 2018

Osvaldo * Alejandra Malvotti


Una tarde pasé por la tienda más famosa de mi pueblo. Es famosa por su nombre “Todo tipo de cosas”. En una repisa estaba a la venta un huevo, pregunté que tenía adentro y me dijo: un ídolo.
Inmediatamente lo compré, lo puse al calor de una lámpara y a los tres días nació. A la semana, ya comía de todo. Amaba el brócoli. Le gustaba tomar leche con chocolate acompañada de churros. En su época escolar se anotó en un concurso de ping-pong en el que fue campeón. Ese mismo año ganó el concurso literario y fue elegido mejor compañero del aula. Salió abanderado con notas sobresalientes. La directora estaba orgullosa de tener un alumno así. De  adolescente le interesó el patinaje sobre hielo practicó y practicó. Hasta que fue becado. Por suerte no hubo problemas para acomodar los horarios de fútbol y natación. Apenas terminaba el entrenamiento, ayudaba a recoger las pelotas y los conos. Después se llevaba las pecheras a lavar a su casa. Pero nunca se retiraba antes de perfeccionar los tiros libres. Cuando salía a la cancha, era ovacionado por todo el estadio. Hasta el público visitante coreaba su nombre. Solía jugar un tiempo para cada equipo. El domingo pasado en el entretiempo, me dejó el proyecto que debía presentar el lunes en el congreso “como bajar la inflación”. 


Alejandra L. Malvotti, 2018.




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