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Zilberberg |
Autorretrato a orillas del río helado
Je ne donne
spectacle que de mon âme
L. Aragon
Diamantes
dientes
cal
Carrara
laja y granito
Un ajedrez caprichoso
sin reina ni peón
A veces
ni el río fluye
Alta la cresta al sol
al día claro y tibio
amenaza y reprocha
digna y necia
la ola detenida como el paso
en la hora de Pompeya
A veces
ni el río fluye
Faz crispada, puntas
agrestes
cuarzo
lechoso o ceniciento
trizas
de cúpula estallada
sal
añicos
ínsulas
lotos
rectilíneos
fauna quebradiza
de un trópico cándido y letal
(Lo compacto
níveo
estridente de la costa
le inventa
una playa enojosa)
A veces
ni el río fluye
Rompe el vuelo, blanca
una gaviota
Esbelta, desplegada
sobrevuela
la quietud
y el vuelo
se acompasa a lo inmóvil
A veces
ni el río fluye
De las peñas azules
los enebros
simulan
una flor horrorosa
bronquios
ahogados para siempre
una mano mendiga
y calcinada
A veces...
Incrustada en la inercia
como un dolor se encona
el negror de una rama
Mercedes Roffé, La noche y las palabras.
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