lunes, 12 de septiembre de 2016

Quién es Ariel * Andrea Larrieu



¿De quién hablás?
Lo nombrás en el título, luego
versos estáticos
oscuros de la noche, 
pasan a un
azul sin sustancia
mar espumoso.

Es el espíritu del aire
ser mitológico
León de Dios.
Un sacrificio,
el tuyo
en el nacimiento de la palabra.

Es un caballo
corre
sombras oscurecen.
Es el tuyo,
pequeña niña que se mezcla 
con sus muslos y sus pelos
flecos de tus talones
Vértigo,  te sentís Godiva
te despelás
rememorando tu infancia.

Ahora lo sé.

Sos vos
Leona de Dios,
ser sagrado en busca de
Espíritu del aire
que calma y enciende la tormenta,
ignoras todo 
aunque el niño grite.
Flecha que se clava 
en la pared.

Despertás del sueño
el pasado y el presente mezclados,
como el trigo espumoso y el fulgor de los mares.
Quietud,
en el rocío de la mañana
el impulso.
Tu yo
solo mira
la pared como hoja blanca.


Andrea Larrieu, 2016.
Texto producido en los Talleres de Siempre de Viaje a partir del Club de Lectura de Sylvia Plath.



jueves, 8 de septiembre de 2016

Paloma * Celia Marder


Barracas
mediodía tumultuoso.
Suárez y Arcamendia
CAMIONES y ACOPLADOS,
INMENSOS, GIGANTES
INTIMIDAN, RUGEN.


En la calle,
una pequeña paloma
intenta cruzar.


Patitas ligeras apuran su paso
acelera un motor
aletea y retrocede
vuelve a comenzar
sobrevive a los camiones
que cruzan, coreográficamente coordinados por luces rojas
los escapes y las bocinas musicalizan la escena.


Esa pequeña paloma,
sola, frágil,
en la mitad de la calle
intenta a medio vuelo atravesarla.


                                            Aletea, vuela bajo, avanza.
Cierro los ojos.
                                              Temo que su fragilidad termine sobre el pavimento.
Hasta que cruza del otro lado.
Respiro profundo
instinto para sobrevivir
para sortear los obstáculos.


Ese día, con mi desánimo a cuestas,
observando a la paloma
pensé que podía atravesar la vida.





Celia Marder, 2016.











Puente * Gabriela Aristegui

Puente
Ese puente es una araña
sostiene su tela hormigón
Transitar hacia el fuego
eso quiero yo
con este poco tiempo
con esta que soy
Conducirme a mí misma.
Ir. Viajar.
Encontrarte, por fin encontrarte
Cemento que sostiene mi transitar
atrapa mi sensación de amor
Manejo hacia lo bello, sencilla
cruzo el gris,
atravieso el río en tu compañía.
Animarme
Te siento acá cerca de mí y pienso:
es una lástima que dos cuerpos
no se crucen con el afecto
con el sexo que nos habita
¿Cómo serás desnudo?
¿Cómo seremos en la animalidad?
Construyámonos. Hilémonos.
Tejernos a nosotros mismos.
Vos y yo, atravesados por un puente
que podríamos usarlo para el amor.
Acá estoy, mírame.


Gabriela Aristegui, 2016.





miércoles, 7 de septiembre de 2016

Palabras oídas casualmente por teléfono * Sylvia Plath



Oh, este lodo, este lodo, ¡Fluyendo a mares!
Espeso como un café extranjero, y a un ritmo tan moroso.
¿Diga, diga? ¿Quién es?
Éste es el ritmo del intestino, tan amante de lo digerible.
Es él quien ha articulado estas silabas.

Pero ¿qué significan estas palabras, estas palabras
que borbollan como el lodo?
Oh, Dios, ¿Cómo voy a limpiar luego la mesilla del teléfono? Si no paran
de fuir de los miles de agujeros del auricular, buscando quien las escuche.

¿Él está ahí?

Ahora la habitación es un siseo continuo. El aparato
retira su tentáculo.
Pero la freza que deja penetra mi corazón. Sus huevas son fértiles.
Embudo de estiércol, embudo de estiércol:
Eres demasiado grande. ¡Deberían retirarte del mercado!

11 de julio de 1962.




Sylvia Plath.



martes, 6 de septiembre de 2016

he venido a decirte adiós * Nicolás Alonso



he venido a decirte adiós 
aunque no sepa bien
cuál es 
ese punto preciso
en el que deba irme
y aunque sepa también
que te traigo adherida
que te traigo ahuecada

he venido a decirte que hoy
ya no es tuya
esta angustia infantil
mi llanto indeseado

te lo digo sabiendo
que aunque una y otra vez
me despida
y te escupa de rabia
vas a seguir
embalsamada en mí
como una esfinge
una piedra

he venido a decirte adiós
para que quede claro
que no me resigno
a sentarme acá
que no me resigno
a llevarte conmigo
a tenerte ahí
a decirte adiós



Nicolás Alonso, 2016.
Texto producido en los talleres de Siempre de Viaje.


Beso tímido * Gabriel Brajterman



Beso tímido, sin lengua.
Beso tímido de adiós, de hasta luego.
Y los años.
Beso sin cuartel,
De lágrimas a trazos,
De caricias reprimidas.
Beso sin saber,
Desde el mechón quemado hasta tu rodilla.
Beso sin piedad,
por la orquesta de tus pechos
y la muralla de tu abdomen.
Beso en realidad.
Por todas tus matices y bordes.
Mientras vos estas acá o allá y mis besos se amontonan.
Beso como puedo, como sale, como ahora.



Gabriel Bratjerman, 2016.




domingo, 4 de septiembre de 2016

Los cazadores de conejos * Federico Castro Walker


Armé la última trampa en el borde del acantilado. Tal como había hecho las otras. Tal como hice siempre. Tal como me enseñaron mi padre y mi abuelo. Ascendí por la ladera tapizada de hojas secas. Desistí de encender la pipa. No quería prevenir a los conejos y desperdiciar el esfuerzo. Me ubiqué en un lugar contra el viento que venía del mar, para evitar que me olieran.
Después de un largo rato oí ruidos, que al acercarse sonaron para mi decepción como pasos descuidados de extraños, no de mi gente. Antes de verlos, escuché una voz femenina, demasiado fuerte, con acento foráneo. La vi aparecer con niños de la mano. Detrás, un hombre caminaba junto a una pequeña. 
Di un paso atrás aprovechando mi vestimenta y la sombra del bosque para hacerme invisible. Los observé mejor, era una familia para las fotografías. Los hijos hermosos, la madre bella y el padre alto, viril. Tenían el aspecto general de los turistas. Cuando él habló, sin embargo, escuché una pronunciación más familiar, de las ciudades cercanas.
Algo cambió en la mujer, que comenzó a gritar y agitar los brazos. Los niños se alarmaron. Miraban al padre, que parecía desconcertado. Ella señalaba, tapándose la boca, la última trampa. Una yankee delirante, pensé. No podía hacer semejante espectáculo por eso. No tenía derecho a espantar mi comida, mis pieles. El marido, sin éxito, intentaba calmarla. Los chicos lloraban. No se cómo, la mujer comenzó a descubrir y deshacer cada una de las trampas cercanas.
Estaba tentado de salir de mi escondite para que las cosas volvieran a la normalidad cuando reparé en los ojos desorbitados de ella. Tenían algo decididamente conocido. Un brillo. Desasosegado. Que yo había contemplado mil veces. No en miradas humanas, no. En las pupilas de los conejos atrapados. Sentí descender sobre mí una tristeza somnolienta.
Por fin cedió el ataque de la mujer. Dejó de llorar, se compuso el peinado y la ropa. Los niños la abrazaron. Me alivié.
Vi también algo familiar en los gestos de mudo reproche y paciencia del marido. En el modo de acercarse a ella y guiar a los hijos. Mis propios gestos. Los de preparar las trampas. Ese cuidado frío para crear el escenario exacto, invisible, fatídico. Me imaginé aprendiz ante un hechicero poderoso. Quedé congelado. Entendí su artilugio, armado, no con estacas, alambre y lazos de cuero, sino de palabras, rutinas y necesidades infantiles. Pensé en una casa perfecta como ellos, pozo de la trampa que el cazador manejaba desde las sombras.
Sentí piedad de la mujer. Asco de mi oficio.
Terror del hombre. 



Federico Castro Walker, 2016.
Producido en el Club de Lectura de Siempre de Viaje a partir de un poema de Sylvia Plath y otro de Ted Hughes.