lunes, 11 de octubre de 2021

Gabriela en Ventana a la escritura

 


*

Sola… 


                                                     domina el aliento

                                                     ternura de estafa

viste tu cuerpo—roto

        en piel seca, rash frenético


                                                         …tantas veces te nombre.




Gabriela Orlandi.
#ventanaalaescritura
#AnkaZhuravleva



Agustina en Ventana a la escritura

 


Me alumbraron en la grieta


grité 


me llené de llanto


de baba


nací del agua


caí de cabeza sobre dos manos


aún conservo el cordón 


umbilical en mi cabeza 


la tierra se resquebraja


arranca mis pelos


me caigo adentro de la bolsa 


el mundo me duele acá atrás 


 4 A.M. me duele


viajar sola 


con mis faltas expuestas


 con cicatrices


“El cuerpo tiene sus razones” dicen



¿cuál es mi razón, cuerpo?


¿de qué se trata? ¿por dónde la voz?



las palabras se me caen de los ojos


escarbo la humedad de mis huecos


no quiero ser pelada y muda


tengo miedo de cruzar de perderme


esta rutina de dormir chupando un caramelo


con restos de maquillaje del día anterior


¿afuera será mejor?


¿afuera de qué?


afuera, ¿dónde?


no sé 


pero en el medio


entre la espalda y el colchón 


tengo miedo.





Agustina Zaballa Moreno.

#ventanaalaescritura

#AnkaZhuravleva





domingo, 10 de octubre de 2021

Majo en Ventana a la escritura

 


deseo una soledad gozosa, dijiste

tuvo lugar de forma inmediata

una provocación al enunciado

suspendida entre signos de interrogación

cuando la habitación se volvió claustro

desertaste del contacto humano

anunciando a viva voz cada vez que pasabas

leprosa bíblica trasnochada

te habituaste a salir solo al ver de reojo

apagarse las luces por debajo de la puerta

deambulabas por la casa con el silencio

indicador de que no circulaba nada vivo

nada vivo que pudiera contagiarse 


fue así que metida en la guarida 

empezaste a relatar sucesos

como esa vez que despertaste de madrugada

sofocada por el ardor, agitada

en tu noche

horas de imágenes deslizándose 

cambiantes y extrañas

espuma en la boca 

al abrir los ojos

una araña caminaba por la almohada

quisiste matarla

se escabulló fugaz

no tuviste miedo

o preocupación alguna

seguiste durmiendo


cuando les dijiste a los lobos

uno de ellos contestó


la araña tejió en tu sueño

los colores saturados

los sonidos de las voces

los tamaños las distancias 

la rugosidad de las pieles

la salpicadura de la lluvia


observaste fijo la telaraña

te deslumbraste

de a poco empezaste a girar la mirada

de adentro tuyo los ojos se orientaron hacia el instante

sobrevino la calma

la araña y vos solas

la puerta sellada

por si la peste

por si las moscas


lobo 

mirá la tranquilidad con que envuelvo mi cuerpo


ahora

la noche precipita 

formas oraculares que mastico



María José Medei, 2021

#ventanaalaescritura

#AnkaZhuravleva





sábado, 9 de octubre de 2021

El amor es inefable * Ricardo Czikk

 El amor es inefable

En el agua se lo apreciaría, al amor, deslizarse, deshacerse, de a ratos provocar olas inexplicables, remolinos de profundidad inaudita, estelas sin objeto, desbordes. Podría convertirse en un pantano, un lodazal o simplemente secarse y desaparecer. La piel escocida por sal marina es la herida de amor. Una picazón intensa del roce entre las piernas hace arder al sexo.

Cuando el amor nos deja a la intemperie, solos o nos devuelve lo peor de nosotros en relaciones tortuosas, insoportables y devoradoras, sería una suerte de monstruo emergente de fauces abiertas y salivantes.

A veces efímero, ráfaga de luz, chispazo en la noche, se extiende por unos instantes en la cámara y no llega a ocupar toda la imagen, intenso inicio, a punto de explotar y languidecer triste.

El amor intemporal sería una imagen de infancia, primer amor de juventud y beso húmedo y tembloroso, cuando descubrimos el cuerpo conectado a otro, la piel que se deja poseer muy suavemente, tacto, pezón apenas excitado, sexo iniciático.

De verano el amor es la paradoja que nutrirá a un invierno melancólico, de recuerdos tristes, calor intenso y húmedo, pegote de cuerpos en tardes cuando la sombra se hace interminable y agota toda la luz disponible. Amor temporal.

Da miedo el amor, es un salto de fe, una cornisa al mar para quienes gustan retratar la naturaleza, o bien una persona de la cual se vería su paso al frente, una estampida de aves que se sueltan presurosas. El amor requiere coraje que el miedo empobrece.

La amistad es amor no exaltado, pura lealtad y cercanía; una foto mostraría la quietud de dos manos diferentes mientras se acercan lo suficiente para darse a entender de su mutua disponibilidad. La amistad, al ser entrega, podría ser pabellón de oído, caracol por donde las palabras van buscando su puerto seguro, el amigo cuando está y se lo puede encontrar.

El amor se desnaturaliza en la posesión, se vuelve obsesivo, se hace poder, dominio, recelo, desconfianza y deriva en la explosión; ojos bizcos por no poder ver al otro, solo a un rival. El amor de este modo es guerra y maldad, un campo de batalla de egos furibundos.

El amor no es otra cosa más que sueño y lo imagino como una escultura, bella, en tanto observa con indiferencia hacia otra parte. No me ignora pues solo pide ser seducida como Pigmalión. Solicita, sin decir palabra, ser convertida, carne y sangre, vivir en el hechizo de una mirada que la despierte de su existencia de piedra, mármol y pura cáscara.

El amor furtivo, el doblez, la entrada oscura a una puerta donde espera la otra o el otro, el amor escondido de la mirada ajena cuando es traición y nunca se dirá porque daña. Ojos mirando a los lados, una cama deshecha, excitación de lo prohibido.

Es Marqués de Sade con una Venus arropada en pieles, las piernas largas, látigo, negro, vómito, llanto y desesperación, penetración dolorosa, grito al cielo, diablo de cuero rojo llameante, perfecta consumación de la maldad. El lado más oscuro del amor.

Pintarse los labios, habitar los parques y esperar a la noche cuando oscurezca la ciudad: mírenme, personificación de la fatalidad, extraeré hasta el último jugo de tu alma y bolsillo, soy serpiente enroscada en tu cuello. Te invito sugerente a comer del árbol de la vida eterna. Soy el infamante amor simulado, tu no ser y no sido. Nunca.

Si dijera: el amor perdido es la pérdida, ¿cómo se fotografiaría al amor si nunca me fue otorgado? ¿No quiso ceder a mi deseo? Sería un agujero en la pared, un hoyo sin fondo en la tierra seca. Imposible imagen para una cámara se volvería entonces, ella misma, pérdida y fragmento elusivo.

El amor avergonzado de sí, sería un amor sin entrega, tacaño, corto, superfluo, una declaración sin sustancia. Podría ser un pergamino vacío, una hoja en blanco o letras en su pura forma sin nada sustantivo. Puro adjetivo.

El amor del amor verdadero, sería no enamorado, calmo y entregado al otro sin reverberaciones. Éxtasis o vocablos podrían correr el riesgo del entendimiento. En sus ojos se vería pura transparencia y un fiel reflejo del otro. 

En su mundanidad, sería un transeúnte viéndose orondo y leve en las vidrieras de moda, en plan de compras y despreocupado de la mezquindad del mundo allí exhibido, no se entrega nunca si no es a cambio de dinero.

En la intimidad podría ser un balconcito por donde el alma asoma y se deleita en el instante del comienzo de la mañana de otoño; una calle luminosa y fresca, una brisa que corre y un regreso feliz al interior, a la sombra donde una música lo recoge y deja caer, suave y mullido, en la vida.

Un moribundo mira al techo y, aunque los aparatos lo cuiden, está muy solo ante su muerte; viejo cascarrabias pasea un perro al que maltrata: un jefe ensañado con una mujer sin otra chance excepto aguantar, rebelarse sería su debacle. Ante estas escenas, el amor preferiría ser ciego.

La luz de vitrales, proyectan multicolores formas, y por los techos abovedados se eleva al cielo. Otros (no yo) buscan a Dios, diositomío, ohMiDios, diosdiosdios; ruegan para dar a nuevo, ser otros, soportar el afuera inclemente. Sitio favorito para los creyentes del amor. 

La prohibición ha sido clara en los mandamientos, por eso el deseo se encendió. El retrato enfocaría los ojos deseantes que buscan el cuerpo de aquella mujer, la del prójimo, pura codicia y lujuria y podría ser entonces el rey David cuando manda a la muerte al hombre de la bella Bezalel. Le había puestos los ojos encima mientras ella se bañaba, desnuda, ¿ingenua?, en las terrazas de Jerusalén.

Amor celebratorio y realización del amor desinteresado, podría ser un niño que ayuda sin saberlo a alguien necesitado, tiende una mano pequeña con el caramelo preferido de color rojo intenso y transparente y el sol traspasa la escena con un rayo de esperanza.

La pesadilla es la del desamor, la indiferencia, los ojos cuando miran ajenos y se desentienden de la humanidad del otro. Se alejan del rostro que ruega ser visto. 

Fotografiado.


Ricardo Czikk, Motivarte, Enero 2019.


Aydoğdu


viernes, 8 de octubre de 2021

Nicolás en Ventana a la escritura

 


Balbuceo

Balbuceos

Plagados de miedos 

Rodeados de amenazas 

Los amores nacen 

Confiar es una necesidad 

Es abrazar un tirano 

para matar a otro 

Es construir sobre arena 


Balbuceo

No verte trae llanto

No salir desesperanza 

Salir solo temor 


La muerte se parece a la nada 


Balbuceos


Acertar 

Alabanzas 

Ingerir 

Injertar 

             sensualidad musical 

Morder 

Frutal 

Brutal 

Arder 

Que me 

Esperes 



Nicolás Rossi, 2021.

#ventanaalaescritura

#AnkaZhuravleva




miércoles, 6 de octubre de 2021

María José en Ventana a la escritura

 



(des)articulación

*

dos tipos de dolores musculares

desarticulan ocasionalmente

estas rodillas de ferretería

 

con el paso de los años

una aprende a leer entre tendones

inserciones

inflamaciones 

la correcta identificación

es clave

cada molestia exige 

una respuesta específica

 

cuando es una lesión

conviene distinguir

cuál fue el movimiento 

sutilmente hiperbólico

desencadenante

hay que frenar todo 

pedir ayuda

saber que el médico

no va a asombrarse

cuando me vea llegar

ni cuando relate

tan atípico infortunio

con paciencia

entender cómo

dar hospitalidad

al tiempo

que el cuerpo tiene

 

otras veces

el dolor es el hueso

diciendo a gritos

no hay músculo suficiente

dame más

no alcanza lo que tenés

en tales ocasiones

aumentar la exigencia

no frenar

no quedarse quieta 

no alivianar la carga 

 

cualquiera sea la situación 

el cuerpo cuando duele

irrumpe

como todo encuentro

imprevisible

a contratiempo

siempre

me hace observar

desacelerar

         frenar

y en esa pausa analizar

esta otra sintaxis 

que un poco se me escapa.

 

*

tengo que aprender 

experimentar mi piel

souvenir sensible

a los cambios de clima

verla mutar 

ante los rayos naranjas

que le tatúan líneas efímeras de luz

 

tengo que aprender

esta escritura braille

de poros entrelazados

rugosidad imperceptible

texturizar la mirada

a punto

su humedad necesaria 

tengo que aprender

no es letargo esta quietud

a un costado de todo

por el momento

leo cicatrices 

en las rodillas

clavos ocultos

inscriben al hueso

alerta resaltada en flúo


el músculo al doler recuerda

en todo lo que respira

hay una cadencia que murmura


revelación inoxidable

en la intemperie

recorro con los dedos

cavidades de palabras

entreveo el goce

de estar sola




María José Medei, 2021

#ventanaalaescritura

#AnkaZhuravleva







Veo el sol, sabe * Andrea Larrieu



Veo el sol, sabe

soledades

suspendido en el vacío

de fingido celeste

quiero ser 

bola luminosa flotando

                       desde la lejanía de lo que

duele.


Encender el mundo

surcando luces

sonrisas frescas

pasto florecido 

manos entrelazadas

                         desde la lejanía que

inspira.


Ocultar en la línea del horizonte

mi cuerpo abrasado

en el deseo 

fugarse

            desaparecer de lo que

lastima.


Escuchar   me    impulsa

sin interferencias sin ruidos 

                      dejar de correr me

arroja 

                   rellenar la

hoja en blanco,

                    celeste

para mis ojos 

   soleados.



Andrea Larrieu, 2021.


Anka Zhuravleva