miércoles, 19 de octubre de 2016

Tomaste mi cuerpo * Belén Coluccio

Tomaste mi cuerpo como un instrumento.
Afinaste
para que se escuche un sonido íntimo.
La música y el placer tienen eso,
se tocan
Yo fui delicada como un piano,
la yema de tus dedos entró a buscar, pianista,
la música suave
que me habita.



¡Suena la música!



                                             el pianista por un momento deja de tocar y se detiene a escuchar



¿Por qué hay tanto silencio en tu casa,  pianista?
En tu casa cuando callan la guitarra, el saxo, el acordeón, la flauta, las maracas, los violines, los toctoc, el violonchelo, los platillos y la melódica…
entonces cesa el baile y los invitados se retiran, agitando aún la respiración.
Y ahí sucede



se oye! se oye!



suena el piano
suena el piano
suena el piano



El pianista toca, pero él no suena. Cabalga la música de otro cuerpo.
Es un jinete ciego que reconoce el camino por el sentido del oído.



Belén Coluccio




martes, 18 de octubre de 2016

Lorena Suez * No hay miedo

No hay miedo
hace tiempo ya no hay ni siquiera frío
ya imaginé         
     los colores traslúcidos
     mi vuelo circular
     la copa de los árboles
no hay dolor
ya no duele casi nada aunque persista
una línea difusa
cierta inquietud que aún
sigue latiendo
una pregunta
¿me olvidarán?
¿vendrán a mi encuentro luego de odiarme
por soltar la última cuerda que me tenía temblando?
es en el vuelo
que puedo
la cama blanca está lista y mi siesta será buena
no sentiré nada
excepto
dolerme el amor 
amarme
en el fin.

Lorena Suez, producido en el Taller sobre Sylvia Plath en el viaje al Festival Internacional de Poesía de Rosario 2016.



domingo, 16 de octubre de 2016

Tus ojos * Mariel Fini

“ABISMARSE: ataque de anonadamiento 
que se apodera del sujeto amoroso
 por desesperación o plenitud.”
                                                                                                                                                                     Roland Barthes                                         




Tus ojos
                 la duda  
                         la desesperación
cubierta de rojos
                       naranjas
                                amarillos
no reconocí 
en negro y blanco
                     tu intensidad
me ví
bañada en colores
                     sensaciones
                            atardeceres
frente al reflejo 
                 oscuro
                     con el dolor
que producen las mariposas
tomadas  de tu pelo
                             bosque
                                         boca    

intenté encontrarme 
                               en tus pupilas                     
pero no
eso mío 
            en vos 
se opacó

las ventanas de tus ojos se cierran

y yo 
    aún
       busco 
             ese brillo.
                     


                    
Mariel Fini, 2016.
Producido en los Talleres de Siempre de Viaje a partir del Club de Lectura de Roland Barthes.






viernes, 14 de octubre de 2016

Decir todo * Belén Coluccio


Decir todo lo invisible de mi cuerpo
Decir todo lo invisible de mi cuerpo
Decir todo lo invisible 
Decir todo lo invisible de mi cuerpo
Decir todo 
Decir 
Decir 
Decir todo lo invisible de mi cuerpo
Decir todo lo invisible de mi cuerpo
Decir todo lo invisible de mi cuerpo
Decir todo lo invisible 
Decir todo 
Decir todo lo invisible de mi cuerpo
Decir todo 
Decir todo
Decir todo lo invisible de mi cuerpo
Decir todo lo invisible de mi cuerpo
Decir todo lo invisible de mi cuerpo
Decir todo lo invisible 
Decir todo lo invisible de mi cuerpo
Decir  todo lo invisible
Decir 
Decir 
Decir
Decir todo lo invisible de mi cuerpo
Decir todo lo invisible de mi cuerpo
Decir todo 
Decir todo 
Decir todo 
Decir todo 
Debajo de mi ropa hay un páramo hay un desierto una ciudad asiática mil versiones de La Biblia una curtiembre hay un galope de caballo hay mil mártires de Cristo hay un idioma antiguo hay un día festivo un martirio de San Esteban una Magdalena llorosa un estribillo un mensaje en la botella un circo de animales una pared recién pintada un cajón lleno de remedios una aguja encontrada en un pajar una jaula de oro hay un pez muriendo por la boca una tormenta de Santa Rosa un segundo nombre un niño cayendo a un pozo el atentado una baldosa floja un día como hoy

hay alguien que cuenta una historia de cuerpos invisibilizados

¿por la sociedad?
¿por la arquitectura?
¿por la ceguera?

Si digo, 
¿vemos?
¿Funciona así, la sinestesia?

No puedo hablar de otro cuerpo que no sea el mio
Pero puedo encarnarlo
teatro bendición teatro

Partes de mi cuerpo invisibilizadas
Marginal de mí

Salirse de la piel 
para salirse de toda forma posible
salirse de todo cuerpo posible
desdibujar toda forma
geometría desandada desbandada
inventar otra vez lo que mide
estar
antes del lenguaje
o mucho mucho después
aparecer entre  lo espeso
del espacio
indiscernida
indisociada

Salirse de todo cuerpo posible
dictado
permitido
salir de la piel
para salirse de toda forma
ser lo que transpira
lo que secreta

Abrir la boca
o cerrar los ojos
o no tenerlos más

Ser periferia de mi
ser todos los otros

¿Qué tan cerca estoy del placer 
de hablar
del silencio 
de que duela
de la duplicación 
de la diferencia 
de la parte
de adentro 
de la que cubre 

cortar por accidente
por inconsciencia
el cuerpo en un lugar donde no pueda volver a coserse 
y sólo quede seguir rompiéndolo y desarmándolo
hasta ver
morir
la simetría.




Belén Coluccio.





La incertidumbre de los signos * Roland Barthes


SIGNOS. Ya sea que quiera probar su amor o que se esfuerce por descifrar si el otro lo ama, el sujeto amoroso no tiene a su disposición ningún sistema de signos seguros.


1. Busco signos, pero ¿de qué? ¿cuál es el objeto de mi lectura? ¿Es: soy amado (no lo soy ya, lo soy todavía)? ¿Es mi futuro lo que intento leer, descifrando en lo que está inscrito el anuncio de lo que me va a ocurrir, según un procedimiento que tendería a la vez a la paleografía y a la adivinación? ¿No es más bien, en resumidas cuentas, que quedo suspendido en esa pregunta, de la que pido al rostro del otro, incansablemente, la respuesta:cuánto valgo?

2. La potencia de lo imaginario es inmediata: no busco la Imagen, me llega bruscamente. De inmediato la examino en forma retrospectiva y me pongo a hacer alternar, interminablemente, el bueno y el mal signo: "¿Qué quieren decir esas palabras tan breves: tienes toda mi estima? ¿Es posible algo más frío? ¿Es un retorno perfecto a la vieja intimidad? ¿Es una manera cortés de salir al paso de una explicación desagradable?" Como el Octavio de Stendhal, no sé nunca lo que es normal; privado (lo sé) de toda razón, quiero refugiarme, para decidir acerca de una interpretación, en el sentido común; pero el sentido común no me suministra más que evidencias contradictorias: "¡Qué quieres, no es normal a pesar de todo salir en plena noche y regresar cuatro horas después!", "Es sin embargo muy normal dar una vuelta cuando se tiene insomnio", etc. A quien quiere la verdad no se le responde nunca más que por imágenes fuertes y vivas, pero que se hacen ambiguas, flotantes, en el momento en que se intenta transformarlas en signos: como en toda adivinación el consultante amoroso debe hacer él mismo su verdad.

3. Freud a su prometida: "Lo único que me hace sufrir es estar imposibilitado de probarte mi amor." Y Gide: "Todo en su comportamiento parecía decir: puesto que no me ama nada me importa. Ahora bien, yo la amaba todavía, e incluso nunca la había amado tanto; pero probárselo me era imposible, ahí estaba, sin duda, lo más terrible."
Los signos no son pruebas porque cualquiera puede producirlos falsos o ambiguos. De ahí es volverse, paradójicamente, sobre la omnipotencia del lenguaje: puesto que nada asegura el lenguaje, tendré al lenguaje por la única y última seguridad: no creeré ya en la interpretación. De mi otro recibiré toda palabra como signo de verdad: y cuando sea yo el que hable, no pondré en duda que recibe como verdadero lo que diga. De donde se deduce la importancia de las declaraciones; quiero permanentemente arrancar al otro la fórmula de su sentimiento y le digo incesantemente por mi parte que lo amo: nada es dejado a la sugestión, a la adivinación:para que una cosas sea sabida es necesario que sea dicha; pero también, desde que es dicha, muy provisionalmente, es verdad.


Extraído de "Fragmentos de un discurso amoroso", Roland Barthes.




miércoles, 12 de octubre de 2016

Frankestein * Julia Mariotti

FRANKENSTEIN
Dying
is an art, like everything else.
I do it exceptionally well.
“Lady Lazarus” Sylvia Plath
Renacer es mi especialidad
lo hago bien
aprendí
tengo una vocación para renacer
como un Frankenstein ¿aterricé?
me duele el cuerpo de tanto renacer
esta vez me inyectaron un líquido frío en la cabeza
se durmió por unos instantes
para relajar
la mano izquierda sigue dormida
no tiene fuerza
para doblar el barrote
salir
sonreír
labios rojos

cicatrices blancas


Julia Mariotti, de Driada.


Vivo de casualidad * Juanpi Ortigosa


―Hoy sólo quiero una cosa, y sólo tú puedes dármela ―me miraba fijamente a los ojos, mientras me apuntaba a la cabeza. 
―¿De qué hablás? Tranquilizate y baja el arma, no hagas algo de lo que te vayas a arrepentir ―no sabía qué decirle. Nunca me había pasado algo así con mis experimentos.
―Me escapé anoche, mientras dormías. Vi todo, vi a mis hermanos y hermanas muertos, mutilados. ¿Por qué hiciste eso?― Su mano comenzaba a temblar, si no lo calmaba iba a terminar muerto.
―Yo no hice nada, no tenés hermanos, lo que viste no es lo que crees. Es todo un producto de tu imaginación, pasás demasiado tiempo solo. 
―¿Jamás dejás que nada se te escape y siga su curso normal? Mis hermanos querían vivir como yo, no merecían ser despreciados así.
―Está bien, perdoname, te ofrezco cualquier cosa, es lo que viniste a buscar, ¿no? Elegí, todo es tuyo. ―esperaba que la distracción funcionara. 
―Me da igual lo que sea, ¿no te das cuenta? Nos abandonaste, nos trataste como si fuéramos nada. Vas a pagar por eso ―esta era mi oportunidad. Salté encima de él, lo agarré de las piernas y lo tiré al piso, la pistola salió volando. Quedó inmovilizado.
―Tus hermanos, como los llamás, son simples cadáveres, restos que usé para fabricarte. Sólo tuviste suerte, deberías estar como ellos ―ya tenía todo controlado, iba a encerrarlo de nuevo y, con su ADN, crear uno mejor.
―La suerte no existe, vos me enseñaste eso ―sacó su brazo de debajo de mi pierna y me pegó en la cara, derribándome. Cuando abrí los ojos estaba delante de mí, apuntándome directo a la frente. 
―¿Qué vas a hacer ahora? sos una simple rata de laboratorio. No tenés futuro en este mundo ―era demasiado cobarde para disparar. 
―Puede ser, pero ahora soy libre, voy a poder hacer lo que quiera. Después de todo, estoy vivo de casualidad ―y, mientras sonreía más feliz que nunca, apretó el gatillo.




Juanpi Ortigosa, 2016.
Texto producido en los Talleres de Siempre de Viaje a partir de la intervención del poema "Un regalo de cumpleaños" de Sylvia Plath.