Nankurunaisa
Necesito
escribir. Es urgente esto. Tengo que dejar en este absurdo papel algo
que me alivie.
Esta
mañana me levanté, literalmente, sin ganas de vivir. Desperté
increpado por el maldito sonido del despertador, me quedé en la cama
y dije: “¿Para qué? ¿Cuál es la idea de seguir sufriendo esta
absurda vida pandémica?”. Basta, que se acabe todo esto de una
buena vez.
Salir
de la cama, prender la compu, ir a mear, poner la pava a calentar,
darle de comer a los gatos, darme una ducha rápida, sacar la pava,
preparar el mate, ir hasta mi pieza, sentarme, escribir: “Buen día.
Sí, todo bien por acá, gracias”, contestar mails, armar informes,
cortar al mediodía, ir al chino, comprar fiambre, saludar al
verdulero, “Hola Carlitos, buen día, ¿todo bien? Sí, acá
también todo bien, nos vemos”, seguir camino, entrar a casa, TRA
GAR el fiambre, volver a la compu, seguir contestando mails y armando
informes, cerrar la compu, mirar la ventana y esperar la constante
incertidumbre.
Hoy,
mis días son así.
Yo
tenía una vida y un armario con ropa a mi medida. Salía, visitaba
amigos, iba a bares, fiestas, eventos, reía, comía, cada tanto
garchaba, salía a caminar, disfrutaba del sol, de la noche.
Disfrutaba.
Pero
#pandemia.
Escribo
esto vestido de negro, pantuflas viejas y pullover repleto de pelos
de gatos, outfit oficial de mi presente. Antes tenía un lado oscuro,
ahora soy el lado oscuro.
El
año pasado crucé el puente de la dignidad y mi aburrimiento burgués
pandémico me condujo a realizar las siguientes terapias
alternativas: registros akáshikos, carta natal y revolución solar,
curso primer nivel de reiki y tarot. En el taller de reiki me
encontré con un tipo que apagaba la pantalla para decirme a mí y a
mis compañeras que nos estaba enviando energía. Al finalizar me
puso en un grupo de whatsapp, del cual no podía escribir mensajes y
solo recibía bendiciones de él y auspicios sobre su próximo nivel
a realizarse con descuentos para los que se inscriban a la brevedad.
Salir
del grupo. Bloquear contacto.
En
el registro akáshiko, la médium comenzó diciendo que iba a estar
toda la sesión con los ojos cerrados para poder bajarme la
información del más allá. Los primeros cinco minutos interrumpió
cuatro veces el trance debido a que su celular sonaba. Cuando lo puso
en silencio (recién en la cojonera cuarta vez que sonó) continuó y
dijo que me esperaban hechos muy fortuitos. Aún los estoy esperando.
La
carta natal y revolución solar fue dada por un personaje muy
simpático que me dijo un montón de cosas hermosas para mi nuevo
año, que van desde el amor a la abundancia económica. Solo me hago
la paja y mi hermana me prestó guita para pagar la deuda de la
tarjeta.
En
el tarot salieron cartas de mucha posibilidad y prosperidad a futuro.
Bueno, gracias.
Del
amor ni hablemos, mi última novedad fue escribirle a la chica con la
que me estaba viendo para invitarla a cenar y recibí una agradable
respuesta: “Hola, estoy saliendo con alguien, te mando un beso”.
Le pedí ir a buscar mi bermuda negra, que es la única que me entra,
no me contestó.
Una
amiga me recomendó empezar a ser más consciente con mi respiración
y que intente meditar, acepté la sugerencia sabiendo que, al lado de
mi casa, pegada a mi habitación, se murió el vecino y unos gitanos
tomaron la casa, la tiraron abajo y están construyendo una nueva.
Esto implica que, desde las ocho de la mañana hasta las seis de la
tarde, mi pared retumba de golpes y mazazos. Siempre sonando de fondo
cumbia y cuarteto al palo.
Podría
ir al parque que tengo a unas cuadras, el frío y la escarcha me
esperan muy amablemente.
Mis
papás viven lejos y los extraño. Las harinas me llaman para
drogarme con ellas y así pasar a otros estados de conciencia y
evitar la realidad, sin embargo, mi celiaquía no me lo permite.
Tengo
una regla infalible: cuanto más quiero tener el control, mayor es el
desequilibrio en mi vida. Algo de eso me está pasando.
Me
quedo pensando que los gitanos de al lado destruyen para construir y
ese concepto puede que no esté nada mal.
Recuerdo
que hace mucho, pero mucho tiempo, estaba en mi pieza muy triste, mi
viejo se acercó y dijo: “Siempre que llueve, sale el sol”, acto
seguido, me abrazó. No sé por qué me acordé de esto.
Voy
hacia la cocina, pongo la pava de nuevo, agarro el celu y voy a
Instagram, si no soy feliz, al menos quiero ver cómo la gente es
feliz ahí. Chusmeo un poco y me aparece un posteo que es un fondo
verde con una palabra en grande, “Nankurunaisa”.
Nankurunaisa,
me llama la atención, jamás la vi ni mucho menos oí. Como en el
posteo no dice nada, voy a la compu y googleo “Nankurunaisa”.
Descubro
que es una palabra japonesa cuyo significado es: “El tiempo todo lo
cura”.
La
pucha.
Fernando Capece, 2021.
@fersacce